martes, 30 de julio de 2019

Load & ReLoad: los años oscuros de Metallica.



“I’m pushing to stay with something better,
With something better.”

-Bleeding Me

Mucho se ha opinado sobre los años noventa en el Metal. Es una época muy complicada que anunciaba un futuro incierto para el género. Los noventas, sí, la época de gloria en la que inició la electrónica rave, la pluriculturalidad por fin parece asomarse en las radios de todo el mundo y la masificación de los medios musicales hicieron de esta década un tiempo de transición que aún hoy en día es difícil de definir. ¿De qué iba todo? Muy fácil: iba a todos lados. El Hip Hop tendría su boom aunado al hecho de que existía una campaña rapaz por censurarlo, ya lo dijo Eazy-E: “toda publicidad es buena publicidad”; veíamos el ocaso del Glam rock que comenzó a dormirse sin pena ni gloria y los DJs rentaban Disneylandia para hacer fiestas monumentales infestadas de toda clase de drogas experimentales. Al igual que los narcóticos, la música estaba mutando.

No recuerdo qué canción decía que quizá sea muy ingenuo seguir las reglas cuando todos te siguen a ti. Y, aunque ellos no hicieron las primeras tablas de la ley del Metal, Metallica sí redefinió lo que significaba seguir y nadar contra corriente.

Nunca me ha gustado hablar de Metallica como la banda de Metal más grande de todos los tiempos. Es una aseveración poco informada que hace enojar a prácticamente todos los metaleros a los que se la digamos. Pero es que, si no son ellos, ¿quiénes lo son? Pregunta seria. Metallica es una salida fácil. Nunca han sido el pináculo de la creación estética entre sus congéneres, ni se han caracterizado tampoco por mostrar desinterés ante la tajada mediática ni por volverse una marca. Son demasiado gigantes, en un sentido casi grotesco. Pero quitándolos del debate, la verdad es que el género se queda muy pobre de atención. Durante la década de los ochentas, Metallica fue la cara más visible en un género que era considerado aberrante entre la comunidad musical. Siempre han sido extraños, aceptémoslo. Son una comunidad que, aunque son perfectamente visibles por utilizar playeras negras y chaquetas de piel en pleno mediodía de julio, se han visto marginados y han preferido mantenerse como un gremio autoexiliado. Metallica es exactamente lo contrario. Son mediáticos, son exhibicionistas y no tienen reparo en llamar la atención. Porque, esto es cierto, lo fariseo de su mensaje musical es algo que irrita a cualquier introvertido que no le apetece estar bajo reflectores. También es cierto que, de no ser por Metallica quizás no estaría yo escribiendo algo musical en primer lugar. Ellos me introdujeron en el Rock y la música pesada, y todavía estoy agradecido por ello.

Como dije, durante los ochentas la banda lideraba comercialmente el barco que estaba llevando los riffs y las tarolas como metralletas a terrenos que nunca pensaron que podrían escucharlos. Ya es tiempo de aceptar que prácticamente todos sus discos de esa época son obras maestras del género. Punto final. Desde un Kill ‘Em All crudo y pesado como plomo, pasando por un Ride the Lightning refinado y que no pierde continuidad, un Master of Puppets que culminaba la apreciación por las tendencias progresivas y que es unánimemente aceptado como una cumbre para el avance rockero, hasta un …And Justice for All complejo y comúnmente mal entendido. Son gemas de la historia del rock, es momento de aceptarlo. Pedantes y absurdamente contenidos en sí mismos, tampoco se niega. Quizás la banda más atrevida en un género que lleva ya décadas estancado, también. La década terminó bien para unos años que auguraban desconcierto. Y se venían muchas mejores cosas.

Aquí empieza mi problema. No podemos entender a Metallica como lo que son sin saber de qué fue el año de 1991. Estaban ya en la cima del mundo, volviendo masivo algo que era ya de por sí muy difícil de vender. Me cuesta mucho poder ver qué pasaba por las cabezas de James y Lars cuando se trataba de escribir el Metallica. No me lo explico. Hay entrevistas, documentales, y archivos hasta para regalar, pero hay cosas que siguen sin cuadrar. Empezando por el primer factor importante: Bob Rock. Antes de Iron Maiden con Martin Birch nadie se había preocupado por el papel del productor en las grabaciones de Heavy Metal. No es para menos, los metaleros siempre han creído que el Metal se produce sólo. Los productores del género se cuentan con los dedos de la mano y tienen un estilo muy bien definido. Sin contar el hecho de que todos son de la década pasada. Debe ser un indicador el hecho de que no haya productores de los 2000 o de esta década haciendo Metal. Bueno, Andy Sneap sí, por supuesto que sí. Quizás Slayer y Rick Rubin, pero paremos de contar. Ahora, Bob Rock nunca ha sido propiamente un productor de Metal, lo último que supe fue que produjo un disco de Nelly Furtado. Entonces, ¿cómo forma parte de la ecuación en Metallica? Simple, Metallica a partir de entonces deja de ser una banda de Thrash Metal y comienza a ser una banda Pop. Sí, así es. Y puede que Bob Rock no sea un productor de Pop, la verdad es que, con Mötley Crue y Bon Jovi como currículum, es fácil entender cómo todos podemos hablar de la parte más comercial en un Rock que no terminaba de entender a su hijo rebelde que encabezaban Hetfield y compañía. Es por eso que, cuando salió “Enter Sandman” ya hablábamos de experimentación, y mucha materia lucrativa.

Lo que escuchamos en el Black Album no sólo es un signo de madurez. Es una refinación total. La batería suena impecable, las guitarras y las voces están en una mezcla que es inmejorable y que aún hoy suena adelantada a su época. “Sad But True”, “Wherever I May Roam” y “Of Wolf And Man” son ejemplos clarísimos de un perfeccionamiento sonoro más que evidente. Pero, ¿cómo Metallica cometió su primer acto de arrebato y ambigüedad? Se volvieron más lentos, menos agresivos, y más cercanos a las tendencias del mainstream. ¿Es eso un pecado? No debería. Pero lo fue, para nuestros amigos que mantienen la industria de la ropa oscura rentable. Obviamente lo fue. Es un cambio radical de sonido, no es Thrash Metal, a lo mucho es Heavy Metal. Es Hard Rock en estado puro, pero ni siquiera en la manera que uno esperaría. Es quizá lo más cercano a “limpieza” que el género haya podido llegar. Era de esperarse que el disco fuera el más vendido de toda la década. Puso al rock pesado en el mapa, y a partir de entonces, si alguien sabe algo de Metal es porque ha escuchado “Enter Sandman” y quizás no necesite más.


Entonces vino la pregunta fundamental que cualquier persona se hace cuando gana la lotería: ¿ahora qué? De forma paralela Nirvana regresaba a lo crudo y hasta negligente que el rock había perdido en el camino, mientras Nine Inch Nails hacía precisamente eso, pero aterrorizando los oídos de los padres de familia cuando sus hijos cantaban I want to fuck you like an animal como obsesionados. Soungarden, Alice in Chains, Red Hot Chili Peppers hacían lo suyo mientras Korn ya empezaba a infectar la vena más puritana con el Nü Metal. ¿Qué te queda por hacer cuando eres la banda de rock pesado más comercial de esa década? No hay respuestas claras, y de sólo pensar en la expectativa y tener que considerarla me aterro. La banda se encontraba justo en medio del cambio entre la grabación análoga y digital, no lo olvidemos. Sin embargo, este siguiente paso no está muy documentado en la prensa ni en la promoción, por lo que prácticamente tenemos que conformarnos con que las canciones hablen por sí mismas. Y se hizo la luz. Con Bob Rock nuevamente a la cabeza de la producción, “Until it Sleeps” salió como primer sencillo de Load el 21 de mayo de 1996. Habían pasado casi cinco años desde el lanzamiento del Black Album y este primer adelanto dejó a todos con más preguntas que respuestas. Lo que quedaba por hacer era esperar, me imagino. Para cuando el álbum se lanzó un mes después, la clásica decisión de “tómalo o déjalo” nunca había sido tan difícil de responder en una banda de rock. Sigue impactando a más de tres que estaban acostumbrados a la digestión fácil en el consumo musical. En serio, la dinámica no fue sencilla.

“Until it Sleeps” cambiaba completamente el sonido. Era un giro de 180° para todo lo que se había hecho con la banda hasta entonces. Era lenta, oscura pero accesible, con una letra encausada en la parte más personal de James Hetfield. El uso en los efectos de las guitarras era algo único (usar la palabra innovador hará enojar a muchas personas) en las tendencias técnicas de aquella época. La banda sufría un tumulto interior que acabó siendo documentado magistralmente en Some Kind of Monster media década después. Los excesos, las inseguridades, todo hecho un coctel que aún hoy en día es complicado de explicar. Tal fue la polarización que generó este lanzamiento que cuando era más pequeño y escuchaba a Metallica por primera vez, un primo me regaló una copia del álbum porque me aseguró que nunca más lo iba a escuchar. ¿Era para tanto una actitud ante el disco? La verdad es que no los culpo. En verdad es un hueso duro de roer.

Pero, ¿por dónde empezar? Como dije, “Until it Sleeps” era una prueba muy acertada para mostrar al mundo el nuevo camino que iban a tomar. La batería empieza a tomar ritmos convencionales, para dar paso a tempos más lentos y líneas de fraseo menos extenuantes. Dejemos de lado los riffs pesados y demos paso a ostinatos definidos en una escala pentatónica que recuerda mucho al modelo que usaron Guns N’ Roses con los Use Your Illusion, un sentimiento lleno de Blues que permea toda la grabación. Nunca entendí bien el problema que la mayoría de la gente tenía con este cambio en estilo. Después de todo yo empecé a escuchar a partir del Death Magnetic y cuando Juanes los presentó en los Premios MTV que se celebraron en Guadalajara. “Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy”. El consenso general es que la mayoría de los fanáticos que pasan de un encuentro casual con la banda saben que existen, pero es poco probable que se tomen la molestia de escuchar estas grabaciones. Un segundo acercamiento lo tuve con el S&M en el que las versiones sinfónicas se juntan para crear un híbrido majestuoso, en todo sentido. Ahí fue cuando escuché “Bleeding Me”, “Hero of the Day”, “The Outlaw Torn”, “Fuel”, “Devil’s Dance” y “The Memory Remains”. Uno no nota la diferencia cuando escucha el ambiente general de ese concierto, la verdad es que esas pistas se derriten perfectamente con las demás, desde las más antiguas hasta las que se reencontraban en el Black Album. Me tomó casi diez años en darme cuenta de cómo es que funcionaba todo eso. Con “Ain’t My Bitch” uno no puede esperar cualquier cosa. Si es que existe la música para motociclistas, éste debería ser un himno. Es rápida, aunque ajena a la intensidad de los tempos de Thrash. Las guitarras y su abrasiva, pero no ruidosa, presencia la vuelven una pista sin duda más pesada que muchas de las que estaban en el Black Album. Las voces se oyen mucho más potentes cuando se tratan de ritmos más convencionales, porque Hetfield nunca perdió capacidad de crear su propia catarsis, aunque se traten baladas Country como “Mama Said”. Después de esa primera pista tan cargada de agresividad lírica, las siguientes se ocupan de llenar un tono entre pesado y oscuro. Con un ambiente lleno de mala vibra pero que no se vuelve tedioso. “King Nothing” sigue siendo una de las mejores canciones en todo el catálogo de Metallica, aunque su epicidad radique en su salto a lo profundo y en una letra llena de resentimiento. La comparación con Guns N’ Roses es adecuada, pero el camino que toman no es tan accesible ni tan grandilocuente como “November Rain” o “Estranged”. No me malentiendan, Load no es ni de cerca un disco fácil de escuchar. Dura una hora y veinte minutos, es excesivo para una escucha casual. Nuevamente, el fango malvibroso que alimenta a estas canciones no lo hacen mucho menos sencillo. “Hero of the Day” es lo más cerca que estaremos de escuchar un optimismo ligeramente errático. Y, aunque exista una atmósfera pantanosa, es un disco lleno de contrastes. Canciones que rondan los diez minutos, con otros impulsos metaleros que apenas llegan a los cuatro. Baladas convencionales y bastante bien definidas como “Mama Said”, como pistas lentas sin una línea concreta y que duran casi lo doble como “Bleeding Me”. Vemos que James y Lars le prestaron mucha más atención a la escritura de las canciones como un todo, que a cargar tres clases de ritmos diferentes con riffs complicadísimos y breaks de batería intrincados como en ...And Justice for All. También la personalidad introspectiva de Hetfield se ve reflejada en el tiempo que le toma desenvolverse en sus propias canciones, como “Wasting My Hate” que con 3:57 minutos dice prácticamente todo, en contraste con “The Outlaw Torn” que con sus 10:48 minutos originales tuvo que ser cortada un minuto para que pudiera caber en un CD. Como dije, es un álbum de contrastes. Mientras que en “Bleeding Me” crean una atmósfera casi relajante antes de que inicie el primer coro, “The House That Jack Built” no deja de tener algo dentro de sí que hace poner incómodo a más de dos. Mientras sucedía esta grabación, la banda pasaba por un momento bajo en el que los problemas personales se habían mezclado con los del grupo. Las drogas, los excesos que deja la fama, todo estaba convergiendo en una necesidad de cambiar que el grupo quiso constatar a toda costa. Como dije, James Hetfield evolucionó considerablemente en la escritura de las letras y los temas personales que se tratan siguen siendo un momento impresionante en la historia de Metallica.

Entonces, el Metal estaba cambiando. Y Metallica, en vez de dejarse llevar por la corriente sin más, apostó por un sonido propio en el que existen influencias de muchas partes, pero se vuelven mucho más memorables que la gran mayoría de los discos que salieron en esos años. El Metal Alternativo tomaba partida de manera impresionante con Tool y Faith No More, pero es también válido darle una oportunidad a la visión que tuvo Metallica con estas canciones. La verdad es que han envejecido mucho mejor que otras de aquella época. El cambio de sonido pudo ser mucho peor.


Lars mencionó en una entrevista que él y James llevaron al estudio los demos para treinta canciones cuando comenzaron la grabación. Cuando se hace un disco normalmente se desecha más de la mitad para crear un cuerpo de trabajo consistente y que no se pierda en la escucha para las personas que no tiene forma o tiempo de hacerlo. Sin embargo, con todos los recursos financieros y mercantiles del mundo, Metallica apostó por mejorar y pulir la otra mitad de canciones que se quedaron varadas cuando Load comenzó a gestarse. Y, una vez más, se hizo la luz. “The Memory Remains” se lanzó el 11 de noviembre de 1997 para preceder el lanzamiento de ReLoad una semana después, a tan sólo un año y medio de la publicación y promoción de Load. Por desgracia, el primo que me regaló este último, no quiso comprar el otro y por lo tanto lo tuve que conseguir por mi cuenta.

El resultado es básicamente el mismo. Es la misma atmósfera que tiene el Load. Oscura y neblinosa, pero con riffs atrayentes en tono Blues. Los mismos contrastes, todo igual. Sin embargo, teníamos canciones mucho más cortas. O, mejor dicho, no había una diferencia radical entre las mismas. Todas las pistas rondan entre los cinco minutos y los ocho. Por lo tanto, hay pistas que duran mucho más de lo que deberían, y otras increíblemente elevadas como “Fuel”, “Devil’s Dance” y hasta la nada conocida “Fixxxer”. Los pasajes largos y atrayentes que ejemplificaban en “Bleeding Me” o “The Outlaw Torn” se quedaban a un lado para dejar a otros más cortos pero redundantes como en “Slither” o “Prince Charming”. Creo que aquí se empieza a ver el exceso, el repetir un disco que de por sí ya era difícil de digerir mediante una reiteración de fórmula. Sin embargo, sigue habiendo momentos que no encontraremos en el predecesor. Las letras pudieran parecer más agresivas, pero mantienen una temática bastante parecida a las anteriores. Existen también momentos completamente inesperados como “Low Man’s Lyric”, en el que el Blues se hace cargo de todo para dejar una canción impresionante y personal que nunca ha sido valorada como se debe. “Where The Wild Things Are” puede quedar como un punto medio entre la indulgencia y la complejidad pero que suena bastante bien. Por momentos parece que encontraron nuevos caminos en un año y medio, aunque entendamos que los planes empezaron incluso antes que el anterior. Una vez más, es un disco largo, con 76 minutos. Metallica mencionó en una ocasión que planeaba lanzarlo como un disco doble. Si sumamos la duración de Load, tendríamos más de dos horas y media de música y 27 canciones de un solo golpe. Quizás fue una mejor idea publicarlos con un año y medio de diferencia o si no hubiera sido uno de los fracasos más catastróficos ante la crítica de aquellos años. Tal vez pareció algo innecesario que se debió quedar en el baúl. O bien, se pudo elegir entre las mejores canciones de ambos y lanzar uno solo que valiera por sí mismo la pena. Pero es que, quitando lo que la gente considera paja, tampoco podríamos hablar de un disco mejor. En absoluto. Me es complicado poder hablar de estos álbumes como algo que se pudo filtrar para quedar más corto y mejor. No es así de fácil. La verdad es que, a mi parecer, las dos partes de este proyecto han envejecido mejor que otros de sus contemporáneos precisamente de esta manera, como un disco doble de dos horas y media. Con la densidad y carácter intenso que eso implica y el reto que conlleva escucharlo y adentrarse en ese fango y arena movediza. Como dije, son los contrastes.

La razón de esta nota es sencilla. Últimamente he notado una revalorización en los discos de Metallica que la crítica y los fanáticos han dejado en el olvido. Y es que, es difícil ver lo que éstos dos álbumes significan en la carrera de Metallica. Quizás estemos ante la etapa musical más larga de toda la banda. Porque en los ochentas cada disco tenía su personalidad, pero aquí hablamos de toda una era estética que desembocó en el Garage Inc. un año después de ReLoad, y el S&M el año siguiente. Obviamente una cuestión creativa que la gente no da por hecho cuando escucha o habla de estos cuatro álbumes. Recordemos que “No Leaf Clover” y “Minus Human” fueron creadas específicamente para su rotundo concierto sinfónico, y las raíces puede que estén en esas sesiones del 1995 en las que Lars y James planeaban lo que sería la etapa más infravalorada en la historia de la banda. Luego vinieron los problemas reales dentro de la banda cuando en el 2001 comenzaron la grabación de St. Anger, pero esa ya es otra historia. Es curioso como se habían relegado al olvido y precisamente en estos años volvieron a surgir como tema de conversación. Quiero encontrar una respuesta correcta al porqué de este fenómeno, pero sólo se me ocurre que es gracias a los tiempos que corren. La democratización musical nos ha permitido abrir la cabeza a tantos géneros y posibilidades que estos discos se entreven como una joya cubierta de polvo por el paso del tiempo. Una vez tuve una conversación con un amigo precisamente sobre estos dos discos, yo le dije que, en palabras de Tobias Forge, cantante de Ghost, cuando le preguntaron su opinión sobre el Metallica de los noventas, decía que casi nadie valora del todo el atrevimiento de la banda cuando decidió experimentar de esa manera en estos discos. Mi amigo me respondió, siendo él metalero de la vieja escuela, que él sigue creyendo que no tiene valor en absoluto y que no se lo toma tan en serio. A lo que yo respondí que es más probable que yo, que no soy parte del gremio, encuentre algo interesante en estas canciones que alguien que da por sentado que debemos escuchar a Metallica como una banda puramente de Metal. En sentido estricto lo son, pero es muy difícil encontrar a un grupo que haya tratado de llevar la experimentación a ese nivel siendo lo mediáticos y lo infinitamente acercados al mainstream que ya eran. Han cometido suicidios artísticos al menos tres veces y parece que de eso se trata. Metallica es una banda Pop, como lo son los mismos Ghost, o como intentan ser las demás bandas que quieren utilizar su estilo.

Load y ReLoad fueron un punto de inflexión en la carrera de Metallica y, para bien o para mal, un balde de agua fría para una escena que comenzaba a perder credibilidad y que lleva muchísimo tiempo buscando un signo de identidad. Es menos difícil explicar lo que estos discos representan en su carrera, si tenemos en cuenta que su última grabación, el Hardwired… to Self-Destruct, es precisamente la versión Thrash que debió ser esta etapa de la banda. Las similitudes y los elementos que recuerdan a estos años se oyen frescos y pertinentes en el 2016 que salió. Es un guiño más que nostálgico y que sigue sonando perfecto. Es curioso como las bandas de estos días han admitido que encontraron la solución a problemas creativos hurgando en las profundidades de estos álbumes. Son los tiempos que corren sí. Del mismo modo que los noventa y sus excesos figuraron como los años de transición que desembocaron en todas las cosas que ya nos gustan hoy. Son muy buenos tiempos para estar vivo y escuchar música.


miércoles, 17 de julio de 2019

El incidente

«Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.»
‒Jorge Luis Borges en «Emma Zunz», de El Aleph.

«Modificar el pasado no es modificar un solo hecho: es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas».
‒Jorge Luis Borges en La otra muerte de El Aleph.



Antes de este fin de semana yo tampoco creía en la existencia de películas de ciencia ficción mexicanas. Fue un azar del destino el que me llevó a encontrar a El Incidente, y se debe a otro azar que decidiera ver esta película. Debo decir que Isaac Ezban se la rifó al escribir el guión de esta película y a lo largo de la película al dirigirla, al ubicar las locaciones, los personajes y hasta las tomas; tengo desacuerdos con unas pocas pizcas de la trama, pero en general me ha dejado gratamente sorprendido. No estamos hablando de una película que por su calidad cinematográfica pueda colocarse al lado de grandes películas nacionales como Macario, Amores Perros o Roma, sin embargo cuenta con un gran mérito al tratar temas que no son fáciles de llevar a un formato audiovisual. 
Por sus temas, la película se puede observar desde una lente Borgiana. Aquí, dentro de cada incidente (fenómeno inexplicable que sumerge a los involucrados y sólo a ellos en un castigo cíclico), nos encontramos con historias que se debaten entre lo paralelo y lo secuencial para mostrar a los individuos en un bucle de escaleras y una carretera que pareciera situarse sobre del asteroide B-612.
Lo cierto es que los involucrados dentro del incidente, están condenados a permanecer hasta que mueran o tengan que provocar otro incidente, y no es necesario llegar al final de la película para ver cómo los personajes se van transformando en representaciones de Prometeo, Sísifo o Atlas mientras su castigo es saltar de incidente en incidente; escuchar explosiones y fingir (sin saber que fingen) no saber lo que está a punto de ocurrir... volviendo a mencionar los castigos cíclicos, estos suceden una y otra vez, creyendo que cada vez es diferente, cuando la ironía es que la misma águila los destripa, la misma roca cae por la colina y la misma Tierra se niega a sostenerse sola.