El
enigma hace que nos interesen más las cosas. Es la verdad. Entre
menos sepamos sobre algo, nuestra naturaleza humana nos hacer querer
entenderlo más. No hay nada más contagioso que una idea, y nada más
obsesivo que no tener información sobre ella en absoluto. En la
música siempre pasa, cuando Radiohead lanzó el ahora famoso A
Moon Shaped Pool hace dos años
su táctica para venderlo fue inmejorable. Básicamente nunca supimos
nada de la banda durante un año, borraron todo rastro de sus redes
sociales, y sólo fueron dando información sobre el disco como si en
algún momento fueran a lanzarlo, quién sabe cuándo. Al final,
exactamente una semana antes, anunciaron que saldría un domingo,
pero el título, el tracklist, y la portada seguían siendo un
misterio. Sólo hasta llegado el momento todo fue revelado y la bomba
explotó. Fue una idea brillante. No cabe duda de que entre menos nos
den información sobre algo que nos interesa más nos apasiona,
porque la falta de respuestas nos hace querer encontrarlas, ¿no? Sin
embargo, aunque el ejemplo de Radiohead es bueno, la verdad es que la
banda está muy lejos de ser enigmática a
comparación de otros mitos. De ésta y muchas otras agrupaciones nos
sabemos al derecho y al revés sus vidas, sus tribulaciones, su
imagen no es ajena a nuestro acervo cultural. Existen, por el
contrario, artistas de los que lo único que tenemos es solamente eso
que ellos quieren que sepamos. Y en eso, Daft Punk son los auténticos
artífices.
¿Qué
no se ha dicho sobre Daft Punk que no se haya escrito ya? Desde hace
casi veinte años nos hemos enfocado en encontrar pistas que nos
acerquen a su forma de pensar, un poco más. El porqué no es
sencillo de responder y, si lo fuera, estaría muy ligado al misterio
que los rodea, pero sobretodo a su música. Desde 1997 nos han
entregado trabajos que de una forma u otra han hecho cambiar nuestra
manera
de escuchar la música electrónica. Todos, absolutamente todos sus
trabajos nos han retado. Homework
fue una carta en la que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de
Homem-Christo hacían declaración de principios sobre lo que el
House
francés podía ofrecerle al mundo. El resultado fue un disco por
demás influyente en la escena rave de aquellos años, aún buscando
solvencia crítica, que catapultó al french touch
en la mira global. Para muchos no es extraño escuchar “Around the
World” o “Da Funk” en estos días, porque su legado es
imperecedero. La razón también es sencilla, el disco simplemente es
genial, en todo sentido. La composición desinteresada lo hace un
trabajo
no sólo divertido, sino también concreto y contenido en sí mismo.
El claro ejemplo de que en Europa se refinaba todo lo que creaban los
estadounidenses nunca había sido tan sólido. El House,
como género americano, veía en Homework
una reinterpretación que haría que todos pensáramos que no
son sólo
locuras de otro lado. Los visuales siempre fueron parte importante en
la estética del dúo, y eso que en aquella época tenemos todavía
las últimas fotografías públicas que se hicieron de la banda sin
alguna clase de máscara. El
siguiente salto nos haría verlos como los entes que en realidad son,
robots, after all. Si
en Homework habían
captado la atención del más puritano anti-electrónica, con
Discovery no había
excusa para no ser un fanático. Ahí ellos mismos refinaron su
mezcla francesa de house y le agregaron el toque Synthpop
que era el paso más lógico. Es difícil encontrar a alguien que no
haya escuchado “One More Time”, mucho menos a alguien que no sepa
decir harder better faster stronger
con la voz robotizada. Son
pasajes que se han incrustado en nuestra memoria, que hasta sirven
para el cotorreo del más ajeno a sus canciones. Los samples que
utilizaron para ese álbum aún siguen dando de qué hablar a los
fanáticos que los buscan, y aunque salió ya en el nuevo milenio fue
un clásico instantáneo. A partir de entonces vimos a los robots que
son tan familiares. Era el comienzo de una nueva era, su atención
por los detalles de la producción los hicieron casi los reyes de la
vanguardia dance. Pasó un tiempo y todo tuvo que cambiar. El golpe
que supuso escuchar Human After All
fue algo que aún desconcierta. La crudeza y la falta de cuidado en
las composiciones hizo que muchos se decepcionaran, aunque “Robot
Rock” es un rolón, la neta. Sin embargo, Daft Punk nos dio un
elotazo en el hocico (perdón por lo ñero pero es la verdad) cuando
se supo de los primeros minutos de la gira de Alive
2006/2007 en Coachella en
2006. Los que fueron parte de
ella quedaron deslumbrados por lo intrincado del espectáculo, lo
impresionante de los visuales y lo increíblemente atrayente del mix
de éxitos viejos y nuevos. Daft Punk cumplía diez años de debutar
y aún seguían en la cima, contra todo pronóstico.
Tuvieron
que pasar muchos años, más de lo que uno pudiera imaginar, para
volver a saber de ellos. Y es que detrás de esos cascos, sus
proyectos son casi desconocidos para los que no están a su
alrededor. Los vimos esporádicamente en ciertos lugares, haciendo
“Stronger” con Kanye West y saliendo en los Grammy con la famosa
pirámide. El sountrack para Tron: Legacy
fue un proyecto que se quedó en un lugar un poco mínimo pero que no
por eso es menos virtuoso, nos muestra a la banda sabiendo capturar
atmósfera y eso siempre se había agradecido. Sin embargo, ese
periodo de “inactividad” sólo logró que creciera más la
expectativa. Porque esos años fueron la etapa de mayor auge del EDM,
de David Guetta, de Avicii, de Afrojack, de Skrillex, incluso los
Swedish House Mafia debutaron y se separaron y Daft Punk todavía no
sacaba disco. La verdad es
que el monstruo del House
que ellos mismos habían creado había pasado a ser no sólo música
mayoritaria, más que el Rock
incluso, sino a ser la música más mecánica y poco imaginativa de
la que se tiene memoria en años recientes. De repente la radio se
saturó con la misma canción hecha una y otra vez, el beat atronador
y los sintetizadores hechos con plugins de computadora no nos dejaban
en paz, porque eran absurdamente repetitivos, todo era igual. Ya para
cuando Martin Garrix, Zedd o Kygo llegaron ya no había mucho qué
mejorar. De alguna forma, todos esos años de ausencia de Daft Punk
nos hacía añorar un poco más esa escuela que se veía ya vieja en
comparación. Porque aunque fuera hecha por robots, se sentía más
viva que nunca. Tenía esa sensibilidad que se perdió en algún
momento iniciando la década. “One More Time” se escuchaba
moderna aunque tuviera ya más de diez años, ahí era nada. Muy
pocos se preocuparon por tener noticia del dúo y saber cuál era su
opinión respecto a la incipiente escena de EDM que hacía vibrar los
festivales pero que estaba más carente de vida de lo que uno
imaginaba.
Fue
hasta un día de los primeros de marzo del 2013, aún lo recuerdo,
que se anunció que Daft Punk acababa de lanzar un comercial de
televisión durante el Saturday Night Live de esa noche. No se tenía
más noticia que el hecho de ver por quince
segundos el logo de la banda rotando mientras una música funk se oía
de fondo, sin vocales, para luego ser tragado por una transición que
mostraba una mitad de cada casco de la banda y que terminaría por
ser la portada. ¿Misterioso? Muchísimo. ¿Novedoso? También. La
noticia fue que se escuchaba lo que parecía ser una guitarra, un
bajo y una batería, elementos que uno no escucharía jamás en una
pista House,
no siendo tocados con ese propósito, pues. No parecía ser sample de
otra canción por lo que para saberlo teníamos que estar pendientes
a nuevas noticias. Una vez
más, el siguiente sábado salió durante SNL otra porción de quince
segundos con otra parte de la canción y el título de Random
Access Memories escrito en
letras cursivas cual Thriller
de Michael Jackson. No se tenía conocimiento absoluto sobre lo que
esto fuera a significar, y los mixes de aficionados no se hicieron
esperar. Pasó un mes y en la primera noche de Coachella de ese año
pudimos ver un clip más largo, pero mucho
más iluminador, literalmente. Se esuchaba la misma música que en
los anuncios de SNL pero ahora pudimos ver a Pharrell
cantando,
con Nile Rodgers tocando la guitarra y a Daft Punk tocando el bajo y
la batería, en
unos trajes tipo bola Swarovski que brillaban muchísimo, y con el
coro de lo que ahora es “Get Lucky”. Uno ve los videos que
subieron de la transmisión de Coachella y la gente se vuelve loca, y
es que la expectativa sólo estaba creciendo, para que al final,
presentando una lista de “protagonistas” viéramos que entre los
colaboradores iban a estar viejos
amigos como Todd Edwards, Chilly Gonzales pero ahora con Julian
Casablancas y Giorgio Moroder, entre otros, por supuesto Pharrell y
Nile Rodgers. A partir de entonces no me quise involucrar mucho,
sabía que los adelantos iban a suceder, que si Daft Punk no lanzaba
nada, era cuestión de tiempo para que los fanáticos lo hicieran,
como pasó con “Get Lucky” una semana después, al punto de que
se tuvo que lanzar con una mezcla corta antes de que las pérdidas
por la filtración fueran
muy importantes.
Escuché ese primer sencillo y ya, fue todo. Anunciaron la fecha de
lanzamiento en México para el 21 de Mayo, mi cumpleaños, y no puedo
estar más agradecido. Pasaron los días y yo impaciente tuve que
esperar. Recuerdo que un amigo y yo estábamos en un congreso que nos
pedía estar desde temprano en
el centro de la ciudad, ambos
éramos fanáticos de Daft Punk y tanto él como yo nos encargamos de
hartar a nuestros a los demás al menos una vez con sus
canciones cuando estábamos
en secundaria, por lo que cuando iba de camino hacia el evento me
detuve en el Sanborns y compré la única copia que había, al
parecer el disco había llegado a tiempo y yo estaba más que feliz.
No tenía computadora que me permitiera pasar el disco a mi celular
hasta que una chava que no tenía la más mínima idea de lo que
hablaba me dejó convertirlo a MP3 para irlo escuchando de regreso a
casa. Recuerdo que aquel día era la cena baile de clausura del
congreso, por lo que tenía que regresar un rato después. De camino
al autobús puse play a la que era la primera pista. Rayos, hasta se
me pone la piel de gallina de recordar.
“Give
Life Back To Music” era lo mejor que había escuchado en años,
desde el primer riff sabía que esto iba a ser algo único. Para
cuando regresamos al congreso, ese
mismo días, ya nos sabíamos
casi de memoria al menos la primera mitad del disco, y recuerdo que
esperando en frente de un hotel en Plaza de Armas vimos que pasó un
sujeto en una camioneta con “Lose Yourself to Dance” a todo
volumen, y no pudimos evitar gritarle para saludarlo fuera quien
fuera, él entendió de inmediato a qué nos referíamos y nos
contestó igual de eufórico, se veía el efecto que las canciones
habían causado en nosotros con tan sólo unas horas. El
proceso de espera para estar en sintonía con la banda después de
tanto tiempo había culminado en esto, y hasta entonces era
indescriptible.
Ahora,
a estas alturas no puedo
hablar del disco como una escucha tal cual, normalmente doy un
preámbulo y voy mostrando los elementos de las canciones una por
una. Aquí es diferente, porque la experiencia se fue dando de forma
muy gradual, tomó mucho tiempo internarme en el álbum y el dejarlo
reposar fue algo brillante. Todo esto se basa en experiencia
sensible. Pero en fin, creo que ya notaron que me encantó. “Give
Life Back to Music” era perfecta, no había escuchado igual, algo
que sonara tan auténtico y a la vez tan moderno, tan bien hecho. Era
la declaración de principios que necesitaba esta década, ya desde
el puro título. Porque cuando mencioné arriba que la música estaba
perdiendo vida, Daft
Punk pareció leerme la cabeza y la introducción era exactamente
eso, música vuelta al mundo. Sonaba a una banda de Funk,
de Disco,
pero con una delicadeza en la producción que no he visto en ningún
álbum de estos años, en ninguno. La pista conectó conmigo de
inmediato, y aunque es una pieza más bien reposada, me dejó
expectante
de más. La guitarra, la batería, los teclados, el bajo, todo está
en su lugar, y hasta las voces robotizadas se oyen más humanas,
after all.
Minimalista, es una pista brillante. Es por eso que “The Game of
Love” parece que baja un poco la tónica de esto y entrega una
balada tipo “Something About Us” que siempre queda bien. Las
voces siguen igual de meticulosamente producidas y la instrumentación
mantiene esa finura que atrapa al audiófilo serio. Hasta entonces no
me había puesto a investigar sobre el proceso de grabación, pero
cuando seguí con “Giorgio By Moroder” entendí que todo iba
sobre una tónica muy simple, la música hablaba por sí misma, y el
escucha lo captaría de inmediato porque la producción misma se
basaba en eso, en que el resultado fuera tan impecable que uno lo
pudiera notar. El monólogo de Moroder (con un pesado acento, la
neta) sobre lo que significó su carrera y el proceso de hacerse
leyenda es una analogía de lo que es el arte mismo, así de
sencillo. Es por eso, y por lo que digo a continuación, que esta
tercera pista es La canción. Con sus casi diez minutos de duración,
es progresiva, con un tinte Funk
impresionante y con ritmo que no flaquea. El sintetizador se vuelve
protagonista y extra al mismo tiempo, porque vemos apariciones nada
forzadas y momentos en los que se vuelve el esqueleto
mismo. El elemento nuevo es aquí la orquesta, una orquesta que a
leguas se oye gigante y que da paso a un frenesí de distorsión y
desenfreno, por mucho la mejor canción de todo el disco. “Within”
sigue en la línea de “The Game of Love”, una balada con piano
interpretado por Chilly Gonzales, que encapsula de igual forma la
misma atmósfera de las canciones que van hasta ahora. Por
mucho esperé para escuchar lo que sería la colaboración con Julian
Casablancas, es por eso que “Instant Crush” me dejó un poco
sacado de onda. No
era lo que esperaba, teniendo en cuenta los que los Strokes han
hecho, aunque la pista es muy buena, es también
inesperada. Julian
Casablancas canta con un falsetto que no había escuchado antes, y
los sintetizadores la hacen la más retro hasta entonces. Recuerdo
que esa canción fue un mantra para mí, durante unos meses, cuando
el vídeo musical todavía no salía. Es
buenísima. “Lose Yourself
to Dance” vuelve un poco a lo que la pista de Moroder nos había
mostrado, pero ahora con la guitarra chic de Nile Rodgers y las
vocales que habíamos escuchado en “Get Lucky” por parte de
Pharrell, con las líneas
robóticas de la banda mezcladas en distintos canales y haciendo tipo
crescendo, se nota espacialmente, en verdad uno siente que se van
acercando y alejando las voces conforme se reproduce la pista, una
vez más los detalles son lo principal. Ahora, viene la épica.
Cuando leí sobre el disco ya más en forma vi que hubo tracks
que eran complejas como uno no se imaginaba antes, “Touch” es una
de ellas. Hecha a base de 250 pistas de grabación, con orquesta,
coro, piano, trompeta. Tiene ese aire de Nueva Orleans, de esa vibra
dandy que tienen muchas canciones de ahora, pero suena moderna, es
inevitable, el ambiente suena nuevo, suena fresco.
La versión que salió en un
principio de “Get Lucky” era dos minutos más corta que la que
aparece en el álbum, y aunque los dos minutos no aportan mucho, la
verdad es que suena igual de buena. Hasta ahora no he tenido
adjetivos malos sobre las canciones, pero es que no puede ser de otra
forma, al menos yo no veo cómo. Los restos de lo que fue la banda
sonora para Tron
dejaron secuela, porque en “Beyond” se aprecia la orquesta como
nunca. Nocturna, la letra de la canción va pasando, verso a verso, a
una capa más profunda de la existencia, por así decirlo: “close
your rise and rise, higher still, endless thrill, to the land of
love, beyond love...”. La
producción aquí es mínima pero certera, de formas que sólo Daft
Punk puede lograr. “Motherboard” sigue esta línea, y va por un
sendero más instrumental en la que el ambiente se vuelve primordial,
el detalle es exquisito y las
texturas son ricas en dinamismo. “Fragments of Time” viene a
sacarnos un poco de esa especie de oscuridad que comparten “Beyond”
y “Motherboard” con una pista pop cantada por Todd Edwards y que
evoca a “Touch” por momentos. También la producción es mínima
y se enfoca en la melodía más que en la atmósfera. Ligera y
reposada, una pequeña joya. Como dato, cabe aclarar que parece que
la banda hace un guiño a la estructura de Discovery,
de igual forma pasan varias pistas sin vocales, la gran mayoría en
realidad, desde que termina “Harder Better Faster Stronger” hasta
“Short Circuit”, para seguir con la penúltima canción, cantada
por Edwards,
“Face to Face”, como regresándonos a tierras más familiares
antes de finalizar con otra épica. Aquí fue el mismo caso. “Doin’
it Right” es otra pista mínima, quizás la más electrónica, con
una batería sintética y un bajo atronador, al estilo house. Panda
Bear de Animal Collective canta muy adhoc
y la canción deja una impresión genial. “Contact”
sigue siendo inesperada. La canción nos prepara con un ritmo
sincopado, que crece conforme los sintetizadores lo hacen, para
terminar con un subidón que deja sin aliento. Lleno de distorsión,
es el último empuje para un álbum que ya de por sí impresionaba
con cada pista.
Me
tomó mucho hacer el recuento de todo aquellos primeros meses. Lo
escuché incesantemente, casi de forma adictiva. Me aprendí las
canciones de memoria. Y es que entonces yo era alérgico al EDM,
estaba en todos lados, era inevitable escuchar una canción de esas
al menos una vez en el día. Por
eso, cuando pensaba en la posibilidad de que Daft Punk se volviera un
Afrojack me desanimaba un poco. Quizás fue por eso que me gustó
tanto el Random Access Memories,
porque ya desde el principio intentaba regresarnos a esas
tierras que uno creía deshabitadas. Si nos estábamos saturando de
tanta música desechable, lo lógico era volver al inicio, a lo
básico. Lo que inspiró a la música House
desde el principio fue aquella ola Disco que fue relegada cuando cayó
de la gracia de todos, se volvió música marginal. Hasta que
distintas bandas, distintos artistas, encontraron cierta alegre
nostalgia y empezaron a samplear los vinilos de aquellos días,
nacieron los DJs que ahora conocemos. Pero no sólo eso, nació
también una nueva ola de Hip Hop, con Dr. Dre usando toda clase de
samples para crear el G-Funk por ejemplo. Daft
Punk no sólo quiso regresar al House de antaño, regresó al Funk,
al Disco mismos. Regresaron a ese sonido de otra época pero le
dieron su propio toque, aún se escucha francés aunque es puramente
estadounidense. Tenemos aquí una muestra de eclecticismo que no ha
sido igualada, porque las influencias que lo componen son tan
variadas que uno las distinguiría, sin embargo aquí se escuchan
perfecto, al unísono. La
declaración de principios fue eso, ellos dijeron que estaban
desencantados con los samples, y contrataron a todo un repertorio de
músicos de sesión veteranos en la música de aquellos años, gente
que trabajó Stevie Wonder,
Michael Jackson, Prince, la lista sigue. El resultado fue un disco de
manufactura exquisita que es un lujo para los oídos no sólo
musical, también técnica y sónicamente. Le pusieron tanto cuidado
a la mezcla y al rango dinámico que los ingenieros fueron acreedores
al Grammy como mejor producción en el disco. Lo análogo convive con
armonía en lo digital y una cosa no riñe con otra. La mejor forma
de aterrizar todo lo que aprendimos en diez años de EDM fue que
perdimos de vista la vitalidad de la música, y aquí Daft Punk
vuelve a imponerse por mérito propio.
Quizás
estemos ante el disco mejor producido en lo que va de la década. Los
excesos sinfónicos que suponen
crear una Banda sonora como la de Tron
los inspiró para imaginar
algo épico, una carta del pasado que se oye más nueva que nunca. La
táctica de marketing no fue la excepción, y la banda optó por los
viejos promocionales gigantes en las carreteras, como aquellos discos
que se promocionaban en la era pre-internet. El empeño a la
masterización del vinilo fue notada por muchos críticos que
unánimemente lo nombraron uno de los discos del año. Para mí es la
declaración más importante en lo que va de la década. Porque Daft
Punk nos acostumbra a lanzamientos muy esporádicos pero que de
alguna forma redefinen lo que entendemos por música electrónica en
el momento que salen. Así pasó con Homework
que atrajo a gente profana al género, con Discovery
que hizo
entender a los mismos Djs que el Synthpop y el New Wave siguen siendo
fuente de inspiración para el Disco moderno, con Human
After All que
los excesos también cansan y ahora con Random
Access Memories
que la música debe tener espíritu y vivacidad para que sea
imperecedera. Para mí sigue siendo el mejor disco para los 2010s, en
una época llena de Hip Hop (que no necesariamente es malo), de Trap
y de otros horrores, es un deber artístico aspirar a la grandeza, no
importa que afán pretencioso de los artistas de ahora nos impongan,
el arte tiene que aspirar a ser mejor cada vez, sino no sirve y digan
lo que digan los que sólo saben hacer basura disfrazada de
vanguardia, finalmente sólo esconden su mediocridad con afanes
estéticos que ni ellos entienden.
Han
pasado cinco años desde el regreso de Daft Punk y, aunque hemos
estado inmersos en otra clase de eventos socioculturales que le dan
más relevancia a otras expresiones, el disco no sólo envejece con
gracia, no se ha perdido en la maraña de lo desechable. Porque
representa al culminación de un año que vio el renacimiento de la
ola de música afroamericana, desde Franz Ferdinand hasta Paul
McCartney, pasando por Arcade Fire y los Arctic Monkeys.
No tiene que ser necesariamente recordado y escuchado cada fin de
semana, hemos visto su influencia en la nueva ola de Nü Disco, en un
regreso de Nile Rodgers a las colaboraciones, a Giorgio Moroder de
vuelta
en los festivales rompiendo la pista con sets impresionantes, a The
Weeknd creando hitazos instantáneos con Thomas y Guy-Man, a Kanye
West pidiendo inspiración al dúo, en fin, en
un sin fin de formas. No hemos visto de nuevo a la banda en vivo, y
es comprensible, después de el Alive
2006/2007 sólo
han aparecido en vivo en ocasiones que se cuentan con los dedos de la
mano, una de ellas fue cuando recibieron todos los Grammy a los que
fueron nominados en el 2014, presentando
“Get Lucky” con un mash up de otras canciones, de Chic y de
Stevie Wonder, contando con la colaboración de Pharrel, Nile Rodgers
(por supuesto) y el propio Stevie Wonder. No he visto en vida una
mejor presentación en los Grammy (salvo las de Kendrick, pero ahí
va mezclado otro rollo más político que igual queda impecable),
porque la interpretación fue brillante, con “Another Star”
sirviendo de grand finale, una belleza. Es también curioso como con
ciertos artistas nos aferramos sólo a lo que nos dan, porque de Daft
Punk sólo sabemos lo que ellos mismos presentan, el mito y la
leyenda que han creado detrás de esos cascos de robot es lo mismo
que ellos decidieron hacer, argumentan que no creen en el culto a la
imagen, sin embargo sus disfraces y su estética los ha vuelto
íconos, por su hermetismo, pero también por la calidad de su
música. En el documental Daft
Punk Unchained
todos los artistas que han colaborado con ellos y los que se han
inspirado sólo tienen de referente lo que han pasado juntos
y lo que muestran de resultado, los que no los conocen ni siquiera
eso, sólo tienen el impacto que sus canciones han generado en ellos
y en tantos otros. Las leyendas hacen eso, las leyendas no necesitan
más.
Corren
tiempos buenos para la gente marchosa, dijo Serrat, y
el año en que salió RAM
no era menos inquieto. Fue un año impresionante para la música,
lleno de nuevas expresiones, del comienzo de una nueva forma de
escucharla, del inicio del final de otras carreras, de una visión
más amplia para la industria. Aquel disco fue uno de los más
influyentes en mi vida, y aunque los demás lo olviden, que no creo,
el trabajo por sí mismo es una joya. Aprendí
otra
manera
de hacer música, de escucharla. Espero
tengamos noticias de ellos pronto, ya viene siendo tiempo de una
nueva declaración de su parte. Los excesos están regresando y a
veces uno necesita aterrizar. De cualquier forma, y hagan lo que
hagan, lo que han hecho hasta ahora habla por sí mismo, y siempre
vale la pena volver a aquellos días. Siempre. Igualmente de eso se
trata esto, con la banda o el artista que sea. A todos ellos,
gracias.


