domingo, 24 de junio de 2018

Daft Punk - Random Access Memories


El enigma hace que nos interesen más las cosas. Es la verdad. Entre menos sepamos sobre algo, nuestra naturaleza humana nos hacer querer entenderlo más. No hay nada más contagioso que una idea, y nada más obsesivo que no tener información sobre ella en absoluto. En la música siempre pasa, cuando Radiohead lanzó el ahora famoso A Moon Shaped Pool hace dos años su táctica para venderlo fue inmejorable. Básicamente nunca supimos nada de la banda durante un año, borraron todo rastro de sus redes sociales, y sólo fueron dando información sobre el disco como si en algún momento fueran a lanzarlo, quién sabe cuándo. Al final, exactamente una semana antes, anunciaron que saldría un domingo, pero el título, el tracklist, y la portada seguían siendo un misterio. Sólo hasta llegado el momento todo fue revelado y la bomba explotó. Fue una idea brillante. No cabe duda de que entre menos nos den información sobre algo que nos interesa más nos apasiona, porque la falta de respuestas nos hace querer encontrarlas, ¿no? Sin embargo, aunque el ejemplo de Radiohead es bueno, la verdad es que la banda está muy lejos de ser enigmática a comparación de otros mitos. De ésta y muchas otras agrupaciones nos sabemos al derecho y al revés sus vidas, sus tribulaciones, su imagen no es ajena a nuestro acervo cultural. Existen, por el contrario, artistas de los que lo único que tenemos es solamente eso que ellos quieren que sepamos. Y en eso, Daft Punk son los auténticos artífices.

¿Qué no se ha dicho sobre Daft Punk que no se haya escrito ya? Desde hace casi veinte años nos hemos enfocado en encontrar pistas que nos acerquen a su forma de pensar, un poco más. El porqué no es sencillo de responder y, si lo fuera, estaría muy ligado al misterio que los rodea, pero sobretodo a su música. Desde 1997 nos han entregado trabajos que de una forma u otra han hecho cambiar nuestra manera de escuchar la música electrónica. Todos, absolutamente todos sus trabajos nos han retado. Homework fue una carta en la que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo hacían declaración de principios sobre lo que el House francés podía ofrecerle al mundo. El resultado fue un disco por demás influyente en la escena rave de aquellos años, aún buscando solvencia crítica, que catapultó al french touch en la mira global. Para muchos no es extraño escuchar “Around the World” o “Da Funk” en estos días, porque su legado es imperecedero. La razón también es sencilla, el disco simplemente es genial, en todo sentido. La composición desinteresada lo hace un trabajo no sólo divertido, sino también concreto y contenido en sí mismo. El claro ejemplo de que en Europa se refinaba todo lo que creaban los estadounidenses nunca había sido tan sólido. El House, como género americano, veía en Homework una reinterpretación que haría que todos pensáramos que no son sólo locuras de otro lado. Los visuales siempre fueron parte importante en la estética del dúo, y eso que en aquella época tenemos todavía las últimas fotografías públicas que se hicieron de la banda sin alguna clase de máscara. El siguiente salto nos haría verlos como los entes que en realidad son, robots, after all. Si en Homework habían captado la atención del más puritano anti-electrónica, con Discovery no había excusa para no ser un fanático. Ahí ellos mismos refinaron su mezcla francesa de house y le agregaron el toque Synthpop que era el paso más lógico. Es difícil encontrar a alguien que no haya escuchado “One More Time”, mucho menos a alguien que no sepa decir harder better faster stronger con la voz robotizada. Son pasajes que se han incrustado en nuestra memoria, que hasta sirven para el cotorreo del más ajeno a sus canciones. Los samples que utilizaron para ese álbum aún siguen dando de qué hablar a los fanáticos que los buscan, y aunque salió ya en el nuevo milenio fue un clásico instantáneo. A partir de entonces vimos a los robots que son tan familiares. Era el comienzo de una nueva era, su atención por los detalles de la producción los hicieron casi los reyes de la vanguardia dance. Pasó un tiempo y todo tuvo que cambiar. El golpe que supuso escuchar Human After All fue algo que aún desconcierta. La crudeza y la falta de cuidado en las composiciones hizo que muchos se decepcionaran, aunque “Robot Rock” es un rolón, la neta. Sin embargo, Daft Punk nos dio un elotazo en el hocico (perdón por lo ñero pero es la verdad) cuando se supo de los primeros minutos de la gira de Alive 2006/2007 en Coachella en 2006. Los que fueron parte de ella quedaron deslumbrados por lo intrincado del espectáculo, lo impresionante de los visuales y lo increíblemente atrayente del mix de éxitos viejos y nuevos. Daft Punk cumplía diez años de debutar y aún seguían en la cima, contra todo pronóstico.

Tuvieron que pasar muchos años, más de lo que uno pudiera imaginar, para volver a saber de ellos. Y es que detrás de esos cascos, sus proyectos son casi desconocidos para los que no están a su alrededor. Los vimos esporádicamente en ciertos lugares, haciendo “Stronger” con Kanye West y saliendo en los Grammy con la famosa pirámide. El sountrack para Tron: Legacy fue un proyecto que se quedó en un lugar un poco mínimo pero que no por eso es menos virtuoso, nos muestra a la banda sabiendo capturar atmósfera y eso siempre se había agradecido. Sin embargo, ese periodo de “inactividad” sólo logró que creciera más la expectativa. Porque esos años fueron la etapa de mayor auge del EDM, de David Guetta, de Avicii, de Afrojack, de Skrillex, incluso los Swedish House Mafia debutaron y se separaron y Daft Punk todavía no sacaba disco. La verdad es que el monstruo del House que ellos mismos habían creado había pasado a ser no sólo música mayoritaria, más que el Rock incluso, sino a ser la música más mecánica y poco imaginativa de la que se tiene memoria en años recientes. De repente la radio se saturó con la misma canción hecha una y otra vez, el beat atronador y los sintetizadores hechos con plugins de computadora no nos dejaban en paz, porque eran absurdamente repetitivos, todo era igual. Ya para cuando Martin Garrix, Zedd o Kygo llegaron ya no había mucho qué mejorar. De alguna forma, todos esos años de ausencia de Daft Punk nos hacía añorar un poco más esa escuela que se veía ya vieja en comparación. Porque aunque fuera hecha por robots, se sentía más viva que nunca. Tenía esa sensibilidad que se perdió en algún momento iniciando la década. “One More Time” se escuchaba moderna aunque tuviera ya más de diez años, ahí era nada. Muy pocos se preocuparon por tener noticia del dúo y saber cuál era su opinión respecto a la incipiente escena de EDM que hacía vibrar los festivales pero que estaba más carente de vida de lo que uno imaginaba.

Fue hasta un día de los primeros de marzo del 2013, aún lo recuerdo, que se anunció que Daft Punk acababa de lanzar un comercial de televisión durante el Saturday Night Live de esa noche. No se tenía más noticia que el hecho de ver por quince segundos el logo de la banda rotando mientras una música funk se oía de fondo, sin vocales, para luego ser tragado por una transición que mostraba una mitad de cada casco de la banda y que terminaría por ser la portada. ¿Misterioso? Muchísimo. ¿Novedoso? También. La noticia fue que se escuchaba lo que parecía ser una guitarra, un bajo y una batería, elementos que uno no escucharía jamás en una pista House, no siendo tocados con ese propósito, pues. No parecía ser sample de otra canción por lo que para saberlo teníamos que estar pendientes a nuevas noticias. Una vez más, el siguiente sábado salió durante SNL otra porción de quince segundos con otra parte de la canción y el título de Random Access Memories escrito en letras cursivas cual Thriller de Michael Jackson. No se tenía conocimiento absoluto sobre lo que esto fuera a significar, y los mixes de aficionados no se hicieron esperar. Pasó un mes y en la primera noche de Coachella de ese año pudimos ver un clip más largo, pero mucho más iluminador, literalmente. Se esuchaba la misma música que en los anuncios de SNL pero ahora pudimos ver a Pharrell cantando, con Nile Rodgers tocando la guitarra y a Daft Punk tocando el bajo y la batería, en unos trajes tipo bola Swarovski que brillaban muchísimo, y con el coro de lo que ahora es “Get Lucky”. Uno ve los videos que subieron de la transmisión de Coachella y la gente se vuelve loca, y es que la expectativa sólo estaba creciendo, para que al final, presentando una lista de “protagonistas” viéramos que entre los colaboradores iban a estar viejos amigos como Todd Edwards, Chilly Gonzales pero ahora con Julian Casablancas y Giorgio Moroder, entre otros, por supuesto Pharrell y Nile Rodgers. A partir de entonces no me quise involucrar mucho, sabía que los adelantos iban a suceder, que si Daft Punk no lanzaba nada, era cuestión de tiempo para que los fanáticos lo hicieran, como pasó con “Get Lucky” una semana después, al punto de que se tuvo que lanzar con una mezcla corta antes de que las pérdidas por la filtración fueran muy importantes. Escuché ese primer sencillo y ya, fue todo. Anunciaron la fecha de lanzamiento en México para el 21 de Mayo, mi cumpleaños, y no puedo estar más agradecido. Pasaron los días y yo impaciente tuve que esperar. Recuerdo que un amigo y yo estábamos en un congreso que nos pedía estar desde temprano en el centro de la ciudad, ambos éramos fanáticos de Daft Punk y tanto él como yo nos encargamos de hartar a nuestros a los demás al menos una vez con sus canciones cuando estábamos en secundaria, por lo que cuando iba de camino hacia el evento me detuve en el Sanborns y compré la única copia que había, al parecer el disco había llegado a tiempo y yo estaba más que feliz. No tenía computadora que me permitiera pasar el disco a mi celular hasta que una chava que no tenía la más mínima idea de lo que hablaba me dejó convertirlo a MP3 para irlo escuchando de regreso a casa. Recuerdo que aquel día era la cena baile de clausura del congreso, por lo que tenía que regresar un rato después. De camino al autobús puse play a la que era la primera pista. Rayos, hasta se me pone la piel de gallina de recordar.
Give Life Back To Music” era lo mejor que había escuchado en años, desde el primer riff sabía que esto iba a ser algo único. Para cuando regresamos al congreso, ese mismo días, ya nos sabíamos casi de memoria al menos la primera mitad del disco, y recuerdo que esperando en frente de un hotel en Plaza de Armas vimos que pasó un sujeto en una camioneta con “Lose Yourself to Dance” a todo volumen, y no pudimos evitar gritarle para saludarlo fuera quien fuera, él entendió de inmediato a qué nos referíamos y nos contestó igual de eufórico, se veía el efecto que las canciones habían causado en nosotros con tan sólo unas horas. El proceso de espera para estar en sintonía con la banda después de tanto tiempo había culminado en esto, y hasta entonces era indescriptible.

Ahora, a estas alturas no puedo hablar del disco como una escucha tal cual, normalmente doy un preámbulo y voy mostrando los elementos de las canciones una por una. Aquí es diferente, porque la experiencia se fue dando de forma muy gradual, tomó mucho tiempo internarme en el álbum y el dejarlo reposar fue algo brillante. Todo esto se basa en experiencia sensible. Pero en fin, creo que ya notaron que me encantó. “Give Life Back to Music” era perfecta, no había escuchado igual, algo que sonara tan auténtico y a la vez tan moderno, tan bien hecho. Era la declaración de principios que necesitaba esta década, ya desde el puro título. Porque cuando mencioné arriba que la música estaba perdiendo vida, Daft Punk pareció leerme la cabeza y la introducción era exactamente eso, música vuelta al mundo. Sonaba a una banda de Funk, de Disco, pero con una delicadeza en la producción que no he visto en ningún álbum de estos años, en ninguno. La pista conectó conmigo de inmediato, y aunque es una pieza más bien reposada, me dejó expectante de más. La guitarra, la batería, los teclados, el bajo, todo está en su lugar, y hasta las voces robotizadas se oyen más humanas, after all. Minimalista, es una pista brillante. Es por eso que “The Game of Love” parece que baja un poco la tónica de esto y entrega una balada tipo “Something About Us” que siempre queda bien. Las voces siguen igual de meticulosamente producidas y la instrumentación mantiene esa finura que atrapa al audiófilo serio. Hasta entonces no me había puesto a investigar sobre el proceso de grabación, pero cuando seguí con “Giorgio By Moroder” entendí que todo iba sobre una tónica muy simple, la música hablaba por sí misma, y el escucha lo captaría de inmediato porque la producción misma se basaba en eso, en que el resultado fuera tan impecable que uno lo pudiera notar. El monólogo de Moroder (con un pesado acento, la neta) sobre lo que significó su carrera y el proceso de hacerse leyenda es una analogía de lo que es el arte mismo, así de sencillo. Es por eso, y por lo que digo a continuación, que esta tercera pista es La canción. Con sus casi diez minutos de duración, es progresiva, con un tinte Funk impresionante y con ritmo que no flaquea. El sintetizador se vuelve protagonista y extra al mismo tiempo, porque vemos apariciones nada forzadas y momentos en los que se vuelve el esqueleto mismo. El elemento nuevo es aquí la orquesta, una orquesta que a leguas se oye gigante y que da paso a un frenesí de distorsión y desenfreno, por mucho la mejor canción de todo el disco. “Within” sigue en la línea de “The Game of Love”, una balada con piano interpretado por Chilly Gonzales, que encapsula de igual forma la misma atmósfera de las canciones que van hasta ahora. Por mucho esperé para escuchar lo que sería la colaboración con Julian Casablancas, es por eso que “Instant Crush” me dejó un poco sacado de onda. No era lo que esperaba, teniendo en cuenta los que los Strokes han hecho, aunque la pista es muy buena, es también inesperada. Julian Casablancas canta con un falsetto que no había escuchado antes, y los sintetizadores la hacen la más retro hasta entonces. Recuerdo que esa canción fue un mantra para mí, durante unos meses, cuando el vídeo musical todavía no salía. Es buenísima. “Lose Yourself to Dance” vuelve un poco a lo que la pista de Moroder nos había mostrado, pero ahora con la guitarra chic de Nile Rodgers y las vocales que habíamos escuchado en “Get Lucky” por parte de Pharrell, con las líneas robóticas de la banda mezcladas en distintos canales y haciendo tipo crescendo, se nota espacialmente, en verdad uno siente que se van acercando y alejando las voces conforme se reproduce la pista, una vez más los detalles son lo principal. Ahora, viene la épica. Cuando leí sobre el disco ya más en forma vi que hubo tracks que eran complejas como uno no se imaginaba antes, “Touch” es una de ellas. Hecha a base de 250 pistas de grabación, con orquesta, coro, piano, trompeta. Tiene ese aire de Nueva Orleans, de esa vibra dandy que tienen muchas canciones de ahora, pero suena moderna, es inevitable, el ambiente suena nuevo, suena fresco. La versión que salió en un principio de “Get Lucky” era dos minutos más corta que la que aparece en el álbum, y aunque los dos minutos no aportan mucho, la verdad es que suena igual de buena. Hasta ahora no he tenido adjetivos malos sobre las canciones, pero es que no puede ser de otra forma, al menos yo no veo cómo. Los restos de lo que fue la banda sonora para Tron dejaron secuela, porque en “Beyond” se aprecia la orquesta como nunca. Nocturna, la letra de la canción va pasando, verso a verso, a una capa más profunda de la existencia, por así decirlo: “close your rise and rise, higher still, endless thrill, to the land of love, beyond love...”. La producción aquí es mínima pero certera, de formas que sólo Daft Punk puede lograr. “Motherboard” sigue esta línea, y va por un sendero más instrumental en la que el ambiente se vuelve primordial, el detalle es exquisito y las texturas son ricas en dinamismo. “Fragments of Time” viene a sacarnos un poco de esa especie de oscuridad que comparten “Beyond” y “Motherboard” con una pista pop cantada por Todd Edwards y que evoca a “Touch” por momentos. También la producción es mínima y se enfoca en la melodía más que en la atmósfera. Ligera y reposada, una pequeña joya. Como dato, cabe aclarar que parece que la banda hace un guiño a la estructura de Discovery, de igual forma pasan varias pistas sin vocales, la gran mayoría en realidad, desde que termina “Harder Better Faster Stronger” hasta “Short Circuit”, para seguir con la penúltima canción, cantada por Edwards, “Face to Face”, como regresándonos a tierras más familiares antes de finalizar con otra épica. Aquí fue el mismo caso. “Doin’ it Right” es otra pista mínima, quizás la más electrónica, con una batería sintética y un bajo atronador, al estilo house. Panda Bear de Animal Collective canta muy adhoc y la canción deja una impresión genial. “Contact” sigue siendo inesperada. La canción nos prepara con un ritmo sincopado, que crece conforme los sintetizadores lo hacen, para terminar con un subidón que deja sin aliento. Lleno de distorsión, es el último empuje para un álbum que ya de por sí impresionaba con cada pista.

Me tomó mucho hacer el recuento de todo aquellos primeros meses. Lo escuché incesantemente, casi de forma adictiva. Me aprendí las canciones de memoria. Y es que entonces yo era alérgico al EDM, estaba en todos lados, era inevitable escuchar una canción de esas al menos una vez en el día. Por eso, cuando pensaba en la posibilidad de que Daft Punk se volviera un Afrojack me desanimaba un poco. Quizás fue por eso que me gustó tanto el Random Access Memories, porque ya desde el principio intentaba regresarnos a esas tierras que uno creía deshabitadas. Si nos estábamos saturando de tanta música desechable, lo lógico era volver al inicio, a lo básico. Lo que inspiró a la música House desde el principio fue aquella ola Disco que fue relegada cuando cayó de la gracia de todos, se volvió música marginal. Hasta que distintas bandas, distintos artistas, encontraron cierta alegre nostalgia y empezaron a samplear los vinilos de aquellos días, nacieron los DJs que ahora conocemos. Pero no sólo eso, nació también una nueva ola de Hip Hop, con Dr. Dre usando toda clase de samples para crear el G-Funk por ejemplo. Daft Punk no sólo quiso regresar al House de antaño, regresó al Funk, al Disco mismos. Regresaron a ese sonido de otra época pero le dieron su propio toque, aún se escucha francés aunque es puramente estadounidense. Tenemos aquí una muestra de eclecticismo que no ha sido igualada, porque las influencias que lo componen son tan variadas que uno las distinguiría, sin embargo aquí se escuchan perfecto, al unísono. La declaración de principios fue eso, ellos dijeron que estaban desencantados con los samples, y contrataron a todo un repertorio de músicos de sesión veteranos en la música de aquellos años, gente que trabajó Stevie Wonder, Michael Jackson, Prince, la lista sigue. El resultado fue un disco de manufactura exquisita que es un lujo para los oídos no sólo musical, también técnica y sónicamente. Le pusieron tanto cuidado a la mezcla y al rango dinámico que los ingenieros fueron acreedores al Grammy como mejor producción en el disco. Lo análogo convive con armonía en lo digital y una cosa no riñe con otra. La mejor forma de aterrizar todo lo que aprendimos en diez años de EDM fue que perdimos de vista la vitalidad de la música, y aquí Daft Punk vuelve a imponerse por mérito propio.

Quizás estemos ante el disco mejor producido en lo que va de la década. Los excesos sinfónicos que suponen crear una Banda sonora como la de Tron los inspiró para imaginar algo épico, una carta del pasado que se oye más nueva que nunca. La táctica de marketing no fue la excepción, y la banda optó por los viejos promocionales gigantes en las carreteras, como aquellos discos que se promocionaban en la era pre-internet. El empeño a la masterización del vinilo fue notada por muchos críticos que unánimemente lo nombraron uno de los discos del año. Para mí es la declaración más importante en lo que va de la década. Porque Daft Punk nos acostumbra a lanzamientos muy esporádicos pero que de alguna forma redefinen lo que entendemos por música electrónica en el momento que salen. Así pasó con Homework que atrajo a gente profana al género, con Discovery que hizo entender a los mismos Djs que el Synthpop y el New Wave siguen siendo fuente de inspiración para el Disco moderno, con Human After All que los excesos también cansan y ahora con Random Access Memories que la música debe tener espíritu y vivacidad para que sea imperecedera. Para mí sigue siendo el mejor disco para los 2010s, en una época llena de Hip Hop (que no necesariamente es malo), de Trap y de otros horrores, es un deber artístico aspirar a la grandeza, no importa que afán pretencioso de los artistas de ahora nos impongan, el arte tiene que aspirar a ser mejor cada vez, sino no sirve y digan lo que digan los que sólo saben hacer basura disfrazada de vanguardia, finalmente sólo esconden su mediocridad con afanes estéticos que ni ellos entienden.

Han pasado cinco años desde el regreso de Daft Punk y, aunque hemos estado inmersos en otra clase de eventos socioculturales que le dan más relevancia a otras expresiones, el disco no sólo envejece con gracia, no se ha perdido en la maraña de lo desechable. Porque representa al culminación de un año que vio el renacimiento de la ola de música afroamericana, desde Franz Ferdinand hasta Paul McCartney, pasando por Arcade Fire y los Arctic Monkeys. No tiene que ser necesariamente recordado y escuchado cada fin de semana, hemos visto su influencia en la nueva ola de Nü Disco, en un regreso de Nile Rodgers a las colaboraciones, a Giorgio Moroder de vuelta en los festivales rompiendo la pista con sets impresionantes, a The Weeknd creando hitazos instantáneos con Thomas y Guy-Man, a Kanye West pidiendo inspiración al dúo, en fin, en un sin fin de formas. No hemos visto de nuevo a la banda en vivo, y es comprensible, después de el Alive 2006/2007 sólo han aparecido en vivo en ocasiones que se cuentan con los dedos de la mano, una de ellas fue cuando recibieron todos los Grammy a los que fueron nominados en el 2014, presentando “Get Lucky” con un mash up de otras canciones, de Chic y de Stevie Wonder, contando con la colaboración de Pharrel, Nile Rodgers (por supuesto) y el propio Stevie Wonder. No he visto en vida una mejor presentación en los Grammy (salvo las de Kendrick, pero ahí va mezclado otro rollo más político que igual queda impecable), porque la interpretación fue brillante, con “Another Star” sirviendo de grand finale, una belleza. Es también curioso como con ciertos artistas nos aferramos sólo a lo que nos dan, porque de Daft Punk sólo sabemos lo que ellos mismos presentan, el mito y la leyenda que han creado detrás de esos cascos de robot es lo mismo que ellos decidieron hacer, argumentan que no creen en el culto a la imagen, sin embargo sus disfraces y su estética los ha vuelto íconos, por su hermetismo, pero también por la calidad de su música. En el documental Daft Punk Unchained todos los artistas que han colaborado con ellos y los que se han inspirado sólo tienen de referente lo que han pasado juntos y lo que muestran de resultado, los que no los conocen ni siquiera eso, sólo tienen el impacto que sus canciones han generado en ellos y en tantos otros. Las leyendas hacen eso, las leyendas no necesitan más.

Corren tiempos buenos para la gente marchosa, dijo Serrat, y el año en que salió RAM no era menos inquieto. Fue un año impresionante para la música, lleno de nuevas expresiones, del comienzo de una nueva forma de escucharla, del inicio del final de otras carreras, de una visión más amplia para la industria. Aquel disco fue uno de los más influyentes en mi vida, y aunque los demás lo olviden, que no creo, el trabajo por sí mismo es una joya. Aprendí otra manera de hacer música, de escucharla. Espero tengamos noticias de ellos pronto, ya viene siendo tiempo de una nueva declaración de su parte. Los excesos están regresando y a veces uno necesita aterrizar. De cualquier forma, y hagan lo que hagan, lo que han hecho hasta ahora habla por sí mismo, y siempre vale la pena volver a aquellos días. Siempre. Igualmente de eso se trata esto, con la banda o el artista que sea. A todos ellos, gracias.

miércoles, 13 de junio de 2018

Arctic Monkeys - AM




Sí, es otra nota sobre los Arctic Monkeys. No es para menos, algo tenía que decirse, viendo en retrospectiva, sobre lo que su discografía pasada ha significado para que tengamos un Tranquility Base.
Han estado en la mayoría de nuestras reuniones sociales, casi de facto, querámoslo o no. Pero, antes del Alex Turner crooner-a-lo-Sinatra, hubo una banda de cuatro chavales que querían hacer música, de la forma que sea, con nada más que guitarras, bajo y batería. El ideal era sencillo, un grupo común, que misteriosamente pegó como ninguna otra en la juventud de esta época. No decían nada que no se hubiera dicho antes, sin embargo esa mezcla entre el aspecto apático y la música enérgica pero desinteresada cayó como meteoro en la escena mundial de los años 2000. Después de todo el espíritu juvenil huele a eso: a apatía y vitalidad, llena de contrariedades como la juventud misma. Aquel Whatever People Say I Am That’s What I’m Not ya se considera uno de los mejores discos de la década (aunque no me guste para nada, personalmente) y catapultó al grupo como un fenómeno global, fresco y esencial en su escucha. La ventaja, y es algo que yo agradezco, es que Alex Turner y compañía no se durmieron en sus laureles y al año siguiente ya entregaban un Favourite Worst Nightmare que por mucho (muchísimo) refinó el sonido de su predecesor y abrió el paso a más influencias, con un sample de Ennio Morricone en “505” y la inclusión de un dance marcado. La intensidad se ve en la duración de las canciones y, por supuesto, logran enganchar. La novedad también fue que, aunque el álbum es vívido, se nota cierta introspección, como nocturna, que a partir de entonces iba a permear los siguientes lanzamientos. Humbug y Suck It And See fueron buenos trabajos, el primero mejor que el segundo, y que contó con la producción de Josh Homme de Queens of the Stone Age para desencasillar un poco el sonido que la banda estaba tendiendo a reciclar. El resultado fueron discos mucho más contemplativos, más enfocados en la canción misma que en el ritmo y la intensidad y que crecen en producción, con teclados, a veces sintetizadores, eclécticos aún más en sus influencias. La banda nunca había sido tan activa, y me cuesta encontrar a otra que haya evolucionado tanto con cuatro lanzamientos en poco más de cinco años (Axl Rose tardó dieciocho y no notamos mucho la diferencia, Tool es un enigma) y que mantuvieran más o menos la calidad y el arrastre de sus primeras grabaciones.

Y es aquí cuando Leviatán atacó, porque cuando AM salió a la venta fue para cuestionarlo todo. La agrupación dejó los estudios y la comodidad europea y se mudó definitivamente a Los Ángeles, ciudad del mal (no por nada David Bowie dijo que debería ser borrada de la faz de la tierra) y la influencia es más que evidente. Recuerdo que cuando salió “Do I Wanna Know?” como primer sencillo todo voló. Era un cambio, quizás no tan radical, contundente. Las guitarras eran gruesas y la batería había sido mezclada casi como un beat de rap. La letra era sincera, demasiado, y se volvió un himno (sí, emblemática) del despecho. La introspección que inició en el Favourite Wirst Nightmare nunca se había visto tan oscura, y cuando anunciaron el título del disco y la portada, entendimos que sería un disco para la noche. Alienó a muchos fans, sí, pero ganó otros por montones. Se presentó a la banda como dandies del indie rock, el Alex Turner todo ñoñazo de “I Bet You Look Good on the Dance Floor” se había ido para siempre y daba pauta al Elvis que marcó esa etapa. La canción es buenísima, cruda (lírica y musicalmente) hasta los rincones pero no por eso no está bien producida, James Ford ha sido el artífice de esta evolución y nadie más que él entiende la misma dinámica. Para haber sido lanzada en el verano apuntaba a algo completamente ajeno a esos hits de temporada. Tres meses después del lead single vimos por fin con todo detalle qué había pasado. El giro diametral fue lo que se esperaba y mucho más.

En su momento no fue un disco fácil de escuchar. Aunque muchos digan lo contrario. Apuesta por una mezcla sonora muy alejada a lo que una banda de indie rock acostumbra a hacer. “Do I Wanna Know?” ocupa el lugar que le compete por excelencia y abre el disco abrumadoramente. Es un choque de nostalgia rabiosa, acentuada por el hecho de que Alex Turner rompió con la modelo que era entonces su pareja, y que ya de por sí deja un amargo sabor de boca. En aquel año también vimos el regreso de QOTSA en ...Like Clockwork que también es oscuro y que contó con Turner como invitado especial, uno no hubiera pensado que la influencia del stoner rock mermara tanto en la grabación del AM pero la verdad es que sí, y mucho. “R U Mine?” es quizás la más pesada de todo la grabación, con guitarras aún más gruesas que la pista anterior y con riffs certeros que dan espacio para respirar sólo cuando escuchamos la voz (ebria acaso) de Turner para repetir el coro en acapella. Es una de las pistas mejor logradas, con la batería galopante que, no es broma, crea esa imagen perfecta de ir en el desierto en un Cadillac al atardecer. Cuando Alex turner dio imagenes muy suerralistas para describir el disco no se equivocaba, es exactamente lo que evoca uno cuando lo escucha. Los versos empiezan a tener un tono irónico, sentimental (no ardido) llenas de las fases contradictorias del post-rompimiento. En otra entrevista Turner mencionó que el disco tendría cierta vibra que recuerda los beats de Dr. Dre, pero, y cito, “le dimos un corte de hongo tipo Ike Turner y lo mandamos a galopar en el desierto con una Stratocaster”. Les digo, imágenes muy concretas. Y es en “One for the Road” donde ese ambiente hip-hop se nota más. Las armonías que recuerdan a un coro soul de mujeres empiezan tomar una parte importante del trabajo y el resultado es una canción de bajo calibre pero increíblemente atrayente. Lenta y concisa, un momento bajo que da un descanso un poco adelantado. Para cuando “Arabella” entra en escena es para juntar todos los sonidos que hemos escuchado hasta entonces y los derrite mezclando la influencia stoner con las bases de Dre. Es pesada, es directa, es reposada. Quizás una segunda parte mejor hecha de “One for the Road”, las letras son muy provocadoras, con un Alex Turner cantando: “she wraps her lips ‘round a Mexican coke and makes you wish you were the bottle”, una frase sensual por montones que graba la imagen en nuestras cabezas de inmediato, como veremos más adelante con otros ejemplos. Y sí, los Arctic plagiaron a Black Sabbath, yo no veo el pedo ahí. Las siguientes pistas quizás sean la parte más flaca del disco, con “I Want It All” y “Fireside” mostrando un punto medio entre esa agresividad que enganchaba de las pistas iniciales, que no termina de cuajar, y “No. 1 Party Anthem” y “Mad Sounds” como baladas casi folk que juntas dividen al disco en dos mitades. Para bien o para mal, creo que esas canciones son necesarias, pero definitivamente pudieron ser mucho mejor producidas. Para cuando “Fireside” llega lo hace de forma tan predecible que ya no sorprende tanto, al final. Y ahora, los hitazos. “Why’d You Only Call Me When Your High?” es oro puro. Es un beat pegajoso con guitarras que hacen juego perfecto y con un bajo en esteroides que resalta lo más importante, el ritmo. El coro es divertido y las imágenes de sus letras vuelven a ser sugerentes, en extremo reales. Es una de las mejores pistas de todo el disco y aunque se aleja completamente a lo que han hecho hasta entonces el resultado es inmejorable, también es casi un himno de juventud. Igualmente nocturna, por supuesto. “Snap Out of It” es un piano rock bien logrado. Con un coro pegajoso y un puente con las armonías ya mencionadas, Alex Turner tiene cierto aire de crooner, como anticipando al Tranquility Base. “Knee Socks” es la joya de la corona, por derecho propio. Toda la esencia del disco está contenida ahí y en “Arabella”, la última ejemplifica el lado distorsionado que evoca el desierto y la primera es la imagen de la noche misma. Y es que ya la letra es impresionante, deja más preguntas que respuestas, y aunque uno puede decir con justa razón que parece más bien desvaríos de un excéntrico, la verdad es que las instantáneas que creó en mi cabeza son difíciles de olvidar. “When the zeros line upon the twenty-four hour clock, when you know who’s calling even though the number is locked” es un coro más que memorable, porque recuerda esas sensaciones que hemos tenido todos cuando pasamos por lo que Turner pasaba entonces, las premoniciones, la paranoia, el deseo irremisible. “When you walked around the house wearing my sky blue Lacoste and your knee socks” es una línea que ya se merece todos los premios. Joselo Rangel de Café Tacuba le agradecía por la imagen que le creó ese verso, y en vista de esto la verdad yo también. Josh Homme hace su aparición cantando unos coros gigantes y lejanos que hacen a la pista todavía más intrigante. Una colaboración magnífica aunque dure sólo el último coro. Para finalizar “I Wanna Be Yours” es una balada inusual para la banda, pero no por eso es menos interesante. Aunque la letra no es de ellos, el poema que musicalizaron ya es muy del estilo. If you like your coffee hot, let me be your coffee pot”, ¿lo ven? A esto me refiero. La canción cierra perfecto, con una sensación de inexplicabilidad que es ya la que inunda toda la grabación, de por sí.

Por supuesto fue un lanzamiento controvertido. Tenía que ser. Es un giro de 180° a lo que había hecho la banda hasta entonces. Aquí no existe el frenesí de “Brainstorm” o la melancolía de todo el Suck It And See, es algo completamente distinto. Es un buen disco para cuando se está solo, pero también lo es para cuando uno está acompañado, casi siempre en plan de fiesta. Son situaciones que a priori no quedan juntas en contexto alguno. Porque aunque tiene el humor de parranda segura, las letras dicen casi lo contrario. Es un álbum que explora distintos humores pero generalmente con la misma actitud. Se ha vuelto emblemático por distintas razones, cayó en un momento un poco heterodoxo a la hora de escuchar música, con el EDM en su mejor momento, con esta ola de rap empezando a despegar y con el rock más estático que nunca. Sí redefinió un poco lo que uno podría esperar de una banda así. Recordemos que nos tenían acostumbrados a lanzamientos que tardaban máximo dos años, uno muy seguido del otro y que iban marcando pauta cada cual. No era tan sencillo digerir algo así. La controversia polarizó a los fanáticos, todavía es común escuchar gente que detesta al disco sin más y gente que lo pone en sus fiestas a como dé lugar. Era también predecible. Y es que como digo, ya encapsula un tiempo muy preciso, es casi el disco que marcó el año, bueno o malo. Los críticos lo amaron, el consenso fue casi general. La producción voluptuosa pero confidente le daba un carácter muy extraño, como algo que no entendemos del todo pero nos gusta, tal vez porque la verdad lo entendemos tan bien que nos cuesta trabajo verlo. Así funciona con discos como éste, la mayoría son arriesgados y caen al precipicio, otros envejecen con gracia, y aunque algunos dicen que es uno de los trabajos con menos inventiva en lo que va de la década, yo veo que ya la etiquetó.

El tiempo apremia y es probable que tengamos mucho de qué hablar todavía más en los años venideros sobre los Arctic Monkeys. Ahora estamos inundados de publicaciones porque, no los culpo, tardaron cinco años en hacer el sucesor del AM. Supongo que era previsible, cinco discos en siete años se dice fácil. Pero no sólo es eso, también la banda tuvo que reinventar de alguna lo que tenía que hacer para tener la solvencia musical que siempre los ha caracterizado. Es complicado. En AM vimos un poco la transformación de la banda a un conjunto de músicos que tocan las canciones que Alex Turner les da. El disco es de los Arctic Monkeys pero está muy arraigado al mismo Alex Turner. No me malentiendan, siempre habrá líderes en las bandas, pero de eso a volverla un proyecto casi solista es algo muy distinto, que vimos culminado en el Tranquility Base, donde Turner toca prácticamente todo con Jamie Cook y Nick O’Malley haciendo rara vez aparición. Por lo pronto, quizás la banda original haya terminado aquí, en el AM, porque quién sabe cuándo volvamos a ver esta creatividad juvenil que hizo de la agrupación una de las últimas que marcaron toda una generación. En este mundo perecedero es difícil encontrar algo así, y a como va la década no se me ocurre aquella que sea La Banda, la que haga que todos canten al unísono discos enteros y no sólo creen una experiencia de cuarenta-y-tantos minutos, sino que en realidad se impregne en nuestra memoria colectiva. Simplemente ya no hay grupos así, al menos no en estos últimos diez años. Josh Homme escribió en “...Like Clockwork”: “One thing that is clear is all down hill from here”. Si una frase pudiera resumir lo que nos toca por ver para los Arctic Monkeys quizás sería esa. De todas formas, discos como el AM siempre se agradecen. Siempre.

viernes, 1 de junio de 2018

Foals - Holy Fire



El rock alternativo ha cambiado tanto que no se sabría ni por dónde empezar. Desde que R.E.M. y los Smiths dieron un salto a lo fugaz con sus canciones el panorama ha evolucionado irremisiblemente a lo incalculable. Y es que no ha sido para menos, todas estas bandas han estado muy ligadas a la contracultura, a la libertad creativa. De alguna forma los grupos y los artistas de aquel entonces nos demostraron que no se necesitaba seguir una línea de marketing voraz para que la música fuera exitosa, lo era por sí misma. Después de eso hemos visto pasar una cantidad gigantesca de discos memorables, otros no tanto, que han moldeado géneros y generaciones completas. Desde Nirvana, My Bloody Valentine, Radiohead, Muse, los Strokes, Interpol, Arcade Fire, Franz Ferdinand y, claro, los Foals.

Quizás en menor grado que otras bandas, cuando los Foals salieron a escena con su singlar debut Antidotes, el indie rock volv a saborear el sonido de una banda que mantenía intactos sus principios creativos de sus inicios. Era math rock amigable, con síncopas y ritmos cambiantes que armonizaban unas guitarras, jugando con armonías casi infantiles. Tenía momentos épicos, agresivos, pero al mismo tiempo fríos y reposados. Era una combinación bastante concreta y que prometía muchísimo. Con el tiempo y un par de discos, la banda consolidaría ese sonido y lo sabría llevar de una manera impresionante en los conciertos en vivo. Y es que, aquel debut es un Franz Ferdinand, un Funeral, un Turn on the Bright Lights, atemporal, siempre moderno. Por eso mismo, y como aquellas agrupaciones, el despegue los catapultó a lo que fue su cumbre y, como dijo Serrat, tuvo a ser cuesta abajo el resto del camino. Era muy difícil mantener ese ritmo, esa intensidad, y el resultado fue un Total Life Forever que se relegó a un lanzamiento menor. Sin embargo, y aquí entramos, después de unos años Holy Fire vino a llenar de combustible ese cohete que caía a la deriva.

Holy Fire es genial, así de sencillo. Por muchas razones. Para empezar fue producido por Flood y Alan Moulder, ambos productores veteranos que desde los ochentas han ayudado a crear obras maestras, desde un Violator de Depeche Mode o un Downward Spiral de Nine Inch Nails, a un Sam’s Town que ha sido injustamente infravalorado. Ellos de alguna forma han moldeado el sonido alternativo desde los noventas con una visión sónica muy distinta a lo que se acostumbraba, y también hicieron que podamos escuchar trabajos fantásticos completamente ajenos a todo eso que inunda la radio. La hazaña que hicieron en Holy Fire es palpable y se nota a leguas la distancia entre su debut y ésta entrega. Luego, aunque el disco mantiene una simpleza y un sonido reposado, más ligero, el groove y la atmósfera se mantienen impecables y ninguna choca con la otra. La banda se fue alejando de los excesos del math rock y nos regalaron algo que le puede gustar tanto al más puritano como al ajeno sin remedio. La dinámica se mueve entre ritmos fáciles y coros para las arenas. Es una montaña rusa que no da espacio a la predicción fácil, y sin embargo suena bastante uniforme durante los más de cuarenta minutos que ensalza. Desde la introducción en “Prelude” vemos esa agresividad pasiva de la que hablo y logran con creces sentar precedente al crear expectativa. Ahora, “Inhaler” llega aprovechando el subidón y lo lleva a otro nivel, con un coro tan abrasivo que no da lugar para respirar, es una de las mejores pistas del disco, es intensa y a la vez brillante. Aquel 2013 estuvo muy marcado por la influencia disco y funk en las grabaciones, “My Number” es el primer ejemplo de esto, un éxito total, y es que el ritmo es bailable pero recuerda a otra época; aquí la guitarra es la que guía toda la cosa y cumple la proeza de crear un coro para grandes conciertos. Aunque el disco tiene varias pistas que pudieran considerarse baladas, “Bad Habit” no es mero sentimentalismo, da un descanso a lo grandilocuente. Luego, vemos que “Everytime” continúa con lo que “My Number” dejó, una versión tranquila de “Inhaler” por decirlo de alguna forma, y que llega a un clímax que asombra. Cuando pasamos a “Late Night” sólo confirmamos el aire funk que apadrina a toda la grabación, porque es un funk lento (de esos que no se bailan hace tiempo) que con un solo de guitarra menos catártico controlan la atmósfera y entregan una pista impresionante, algo que nunca hubiera imaginado a alguien que los escuchó por primera vez hace diez años. Si bien, “Late Night” es un poco oscura, “Out of the Woods” sale a ver la luz del día y es otra canción muy buena, que funciona como fondo o como escucha consciente. Y ahora, mi favorita personal, “Milk & Black Spiders” combina lo mejor de todas estas partes; con un ritmo rápido pero agradable, con una letra directa al punto y un puente que genera un arranque inmejorable, el final es arrollador y una belleza, ahí es nada. Dedíquensela a alguien, que valga mucho la pena, háganlo. Después de unos momentos de tranquilidad (hotel y casino), “Providence” regresa a lo agresivo, con la que probablemente sea la más abrasiva de todas las canciones del disco. Por momentos recuerda a los tiempos de sus primeras grabaciones. Para finalizar, “Stepson” y “Moon” resumen lo que he tratado anteriormente, con la primera siendo un modo tribal de mostrarlo, y la última como una conmovedora balada cuyos arreglos ambient son magníficos.

Ahora bien, el disco es buenísimo por las razones que mencioné antes. Pero no sólo por eso. Es así porque logra encapsular todo lo que un buen disco debe tener. Tiene sus momentos álgidos, aquellos que no lo son tanto, y otros en los que la tranquilidad sienta bien. Es algo que no se da siempre, la cohesión entre las canciones permiten que podamos escucharlo en cualquier momento que nos encontremos y el resultado viene siendo el mismo. Es difícil encontrar una obra así, que no sólo se mantenga por sí misma, sino que sea fiel a lo que en un principio proponían como banda. Es complicado de seguir y, sobretodo, de lograr. Aquel año fue cumbre para los Foals, porque entendieron todo aquello que necesitaban para lograr un trabajo completo y contenido en sí mismo. Para cuando What Went Down llegó, la fórmula no sólo había sido descubierta, también fue perfeccionada. Nada más sencillo e imposible de lograr.

Cuando los escuché por primera vez yo era alérgico al indie rock, estaba cansado de la pretensión de las bandas, o quizás de quienes los escuchaban, y prefería buscar otras cosas. Fue hasta que una amiga me los recomendó y me atrapó. A partir de entonces empecé a buscar más bandas y entendí que tuve siempre en mis narices todo un mundo por conocer. Que en cierta medida ha estado marcado por el exceso, los ideales de juventud o la carencia de ellos, la experimentación y la repetición descarada. De alguna forma aquel disco fue muy importante para lo que pude escuchar después, porque entendí que las influencias variaban y era cuestión de suerte encontrar algo que de verdad valiera la pena. El sólo acto de escucharlo significó abrir una puerta que no entendía del todo y que había pasado por alto. Como he dicho antes, el 2013 fue un año impresionante para la música, porque nos libramos de cosas que no necesitábamos escuchar, pero encontramos otras que en estos cinco años terminaron hartándonos. No imagino la música actual sin estos lanzamientos.

Supongo que nunca podré pagarle aquella amiga el favor que me hizo al hacerme escuchar a los Foals por primera vez. Quién hubiera dicho que estaría escribiendo esto sobre ellos cinco años después, ya más viejo, en teoría. La vida es así, supongo. Y siempre se agradece.