sábado, 31 de marzo de 2018

City and Colour - If I Should Go Before You


Durante el último año se han visto cosas muy extrañas. Regresos inesperados y, quizás, bandas que están brillando aún más por su ausencia. La buena noticia es que el mundo sigue girando y la gente sigue haciendo cosas, las conozcamos o no. Tal parece ser que conforme más nos llenamos de música excesiva, dígase dubstep, hardcore punk volátil, trap casi vomitivo, hay cada vez una cantidad mayor de músicos apostando por la quietud. Es más congruente reinventarlo todo y tener algo qué decir aunque nos tome años a tener que mimetizarse con lo que es basura perecedera. No hace mucho que que distintas bandas, entre ellas los War on Drugs y Queens of the Stone Age, empezaron a revitalizar estilos que parecían más lejanos cada vez. El boogie, el country, el funk rock, el sureño, el heartland fueron parte de toda esa red que ha experimentado un revival en lo que va de la década. También hay otras variantes de los mismos géneros un poco más experimentales pero que mantienen su esencia como si de eso dependiera todo. Y aquí entra Dallas Green.

El compositor canadiense ha estado ligado a diferentes proyectos en muchos estilos. City and Colour quizás sea su banda con material mejor logrado. Y es que If I Should Go Before You es casi un tratado de sonido y atmósfera. El folk estadounidense está presente en todo momento y no pierde latencia canción tras canción. Hay blues por todas partes, hay acordes country, hay guitarras de rock and roll. Hasta aquí no hay nada nuevo, los requisitos son básicamente los de siempre. La atmósfera es la que impresiona de entrada. Hay baterías new wave, por todos lados hay sintetizadores con ambiente muy refinado y guitarras con distorsiones tan bien procesadas que es un shoegaze que ni My Bloody Valentine ni Tom Petty imaginaron. Quitando las etiquetas, el disco es un híbrido que no suena a híbrido, que se desenvuelve perfecto y que mantiene esa línea de música norteamericana igual de agradable que siempre, cuando es agradable, claro.

If I Should Go tiene casi tres años que fue lanzado. Y aunque pasó casi desapercibido, no es necesario que mucha gente lo escuche para sentar precedente. “Woman” es una introducción tremenda. Oscura, épica como un regreso de batalla. Una oda a la mujer más que a una pareja en concreto, ni John Lennon pudo llegar a este nivel de contemplación por la figura femenina en su canción homónima. Con nueve minutos es un pasaje lento, que si se requiriera una imagen visual que representara tan sólo la música, bien puede ser la portada con sus nubes y su campo casi ruinoso. Aquí es donde digo que es un tratado de atmósfera, hay sonidos por todos lados, guitarras con efectos imprecisos y con teclados permeando todo, pero el resultado es magistral. Sí hay un toque muy sureño en la canción, pero nunca con esta oscuridad. Rodeada de crescendos y de momentos muy resonantes, también hay algo de post rock ahí. Las guitarras marcan el modo en el que se desenvolverán durante el resto de las canciones y con un coda que regresa a lo profundo, la primera pista ya quita el aliento. No recuerdo cuando fue la última vez que escuché por primera vez una canción que me remitiera a paisajes completos como los que evoca con la pura guitarra. Green canta con un registro alto, casi falsetto muy a lo Bon Iver, pero con voz ligera que encaja perfecto en este trabajo. Luego, “Northern Blues” viene a alegrar un poco los ánimos. Un rock más concreto pero no por eso más descuidado. La instrumentación es variada con pianos Rhodes aquí y allá y con baterías casi líquidas. La voz de Green es prácticamente igual a “Woman” y da la impresión de que arrulla por momentos. También es una pista muy bien ideada, casi como si los Black Keys se encontraran con el U2 de Brian Eno. El blues se ve más latente cada vez, y en “Mizzy C” como en la pista que da el nombre al álbum se nota de inmediato. En ésta última, encontramos una balada que no empalaga, sino todo lo contrario. “Killing Time” mantiene la misma línea que “Northern Blues” pero con una vibra más indie, más pop. La primera mitad del disco se ve un poco oscura, y es fácil notar la diferencia entre las dos partes porque terminando ésta última canción “Wasted Love” es más rock, con una base más movida y más alegre. Un blues rock con un coro pegajoso como sanguijuela. La onda indie también se nota más aquí, y la comparación con los Black Keys vuelve a ser inevitable, con una espina como de los White Stripes por ahí también, pero con vocales folk y country. Las siguientes pistas como “Runaway” y “Map of the World” son por mucho más americanas, más en la línea de Kings of Leon que de Bruce Srpingsteen pero con el estilo siempre característico que no he escuchado más que en este álbum en particular. Incluso “Lover Come Back” suena alegre a pesar de ser una balada lenta, con swing casi de vals. “Friends” también es alegre y al final encapsula un muro de sonido que termina en su punto, con coro, sintetizador, guitarras soberbias y un órgano envolvente. Para finalizar, “Blood” provee un alcance reposado, hecha casi con guitarra acústica, nunca sonó más como Bon Iver que aquí, con segundas voces y pianos que se toman su tiempo, la progresión de acordes del final estremece, llena de ambiente y con acabado muy fino. Después de todo un viaje entre la sombra y la luz, una pista como esta siempre se agradece.


Ahora bien, todo este rodeo lleva a una conclusión, tan simple como importante. No sólo es posible mezclar géneros completamente dispares, sino que puede sonar de maravilla. Es una obra de arte por sí misma. El ambient, el post rock, el shoegaze, el new wave, la psicodelia, el garaje rock confluyen como iguales con el folk, el blues, el country, el rock and roll, y el rock sureño. Y no termina aquí, la atmósfera es completamente etérea, casi inmaculada, pero con el sentimiento humano que hace que cualquier trabajo suene conciso y coherente. Todo aquí es orgánico, y aunque adopta cierta artificialidad, no la hace la columna vertebral y el resultado es una experiencia sonora más que placentera. Quizás sea necesario regresar a este tipo de grabaciones para recordar que no es necesario hacer la misma música siempre, ni vivir de las viejas glorias, sino que todavía podemos retomar la antorcha que nos dejaron hace más de treinta años y hacer lo que nos corresponde ahora. Tal vez podamos hacer algo casi tan bueno como éste disco. Y aún así, el mundo sigue girando. 

domingo, 18 de marzo de 2018

La Teoría del Todo


«Se han concebido muchos premios Nobel
por demostrar que el universo no es tan simple
como podíamos pensarlo»
‒Stephen Hawking.
Antes de que se llegue a pensar que esta reseña es una elegía (o una obra posser en tres actos), debo aclarar que compré el libro hace un par de semanas y tenía pensado leerlo en el momento en que acabara de leer el libro que me encontraba leerlo en ese momento. El libro que leía en ese momento lo acabé este martes y para el mundo llegó la noticia de que la vida de Stephen Hawking llegaba a su fin (una curiosa coincidencia que no esperaba). Decidí de todas maneras el día siguiente iniciar el libro. En fin, eso no es lo importante, si no que no quisiera gastar palabras para hablar de esto. Para aquellos que vieron la película y no leyeron el libro, les adelanto que este no es un libro en el que se hable de la vida de Stephen Hawking; el surgimiento de su enfermedad y de su genio, su vida social y su familia; como se hizo en la película (que no está basada en este libro, sino en «Travelling to Infinity: My life with Stephen» de su primera esposa: Jane), pero se habla acerca del universo que concibió en su mente, el universo en el que existe una matemática para todo, el universo en  el que poco a poco inician a verse reflejados esos descubrimientos fuera del papel.
El siglo XX fue un siglo donde un puñado de físicos se convirtió en estrellas pop debido a la magnitud de sus descubrimientos, y en gran medida a su vocación de divulgarlos. La lista quizá inicie con Einstein, pase por Feynman y desemboque ahora entrados en el siglo XXI con Stephen Hawking.  Sus apariciones en diversas películas y series de tienen una lista casi tan larga como sus reconocimientos. Su sentido del humor le valió para dejar de lado los impedimentos y consolidarse en su campo. Al final de cuentas con sus apariciones él perseguía un objetivo divulgativo, y si a través de estas se logró que muchos voltearan a ver que la ciencia seguía viva, entonces su legado aumenta significativamente.
El libro que ahora nos atañe es una recopilación de siete conferencias (Ideas sobre el universo, El universo en expansión, Agujeros negros, Los agujeros negros no son tan negros, La dirección del tiempo y La teoría del todo) donde nos lleva a explorar distintos aspectos del universo a través de la ciencia. Es un viaje de 2 mil años a través de la historia remota a la moderna, donde todos los avances de la ciencia se empequeñecen al mostrar que de entre todo lo que conocemos, hay aún más por conocer, y se encuentra oculto, sólo visible a la profunda investigación.
Cuando se habla de la ciencia moderna, es imposible no devolver la mirada hacia la antigua Grecia, por su método científico y su modelo cósmico que, aunque errados en algunas cuestiones, nos permitieron luego desarrollar las bases de la ciencia moderna, fuera también de la astronomía. De una manera similar a lo que sucede con los descubrimientos de los griegos, la teoría de la atracción gravitacional fue un avance importante para el desarrollo de la humanidad, de la mano de sir Isaac Newton. Un salto parecido a los dos anteriores en cuanto a magnitud sin duda lo encontramos ahora en el siglo XX con la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, quien sin quererlo así y además esta en contra de esto, con sus descubrimientos dio paso a la mecánica cuántica. A través de las primeras dos conferencias Stephen Hawking plantea estos como parte de los pilares principales de la física.
Pensar en una teoría universal parece algo pretencioso, irrisorio y hasta trucado, es por eso que a lo largo del libro el autor con cautela fue avanzando hasta llegar a la séptima conferencia, en la que suelta la sopa y plantea esta posibilidad. Él, junto con Roger Penrose lograron a través de sus descubrimientos mostrar que existe la necesidad de juntar la relatividad general con la mecánica cuántica (con lo que Einstein pudiera revolcarse en su tumba). Si dimensionamos esto, alguna vez J. C. Maxwell pensó en unificar el modelo existente de la electricidad y el modelo existente del magnetismo en un mismo campo (no fue él quien creó las ecuaciones, pero tuvo la visión de enlazarlas), sin pensar que por al menos 100 años se seguirían escribiendo tesis sobre eso y sus aplicaciones como una de las cuatro fuerzas fundamentales en el universo. Entonces el valor de esta séptima conferencia se da precisamente en eso, pensar en que es una maravillosa coincidencia matemática el hecho de tener un conjunto de ecuaciones matemáticas que describan todo, una coincidencia fantasiosa que, sin embargo con las uniones entre diferentes áreas se busca cumplir de a poco.
Ahora, el tema central del libro, que de hecho ocupa algo así como cinco conferencias (directa o indirectamente) es el de los agujeros negros. Primero hay que plantearnos un agujero negro como un cuerpo en el espacio con una masa inmensa. Para quienes hayan visto la película de Interestelar, recordará términos como «horizonte de sucesos», «colapso gravitatorio», y quizá algún otro. Ya en este punto no quiero entrar mucho en estos, sólo me limitaré a decir que en este libro Hawking hace gala de su habilidad divulgadora para ponerlos al alcance de todos nosotros los no sabedores del tema. Los agujeros negros fueron su principal objeto de estudio. él no los propuso, tampoco los descubrió, pero trabajó hasta el cansancio en su desarrollo matemático y ahora sabemos que tienen una muy alta probabilidad de existir, aunque no se hayan detectado (de lo contrario, Nobel seguro).

sábado, 17 de marzo de 2018

Bring Me The Horizon - That's The Spirit

Hace un par de años alguien auguraba que el Rock estaba muriendo. Nada menos el año pasado las ventas de discos se enfocaron por mucho en música relacionada al Hip Hop y R&B que al Rock por sí mismo. La pregunta que sale a la luz es natural: ¿de qué nos estamos perdiendo? Podemos responder de muchísimas formas esta cuestión y aún así creo que no daríamos con una respuesta que agrade a todos. Y ahí está el problema. Siempre es una cuestión de actitud. Las alas más extremistas del género (por decirles de alguna forma) siempre han sido aquellos asociados con el Metal, los intelectualoides van más al Progresivo y los adolescentes-en-búsqueda se conforman con el Alternativo. El poner de acuerdo a todas estas subculturas es un trabajo titánico. Creo yo que la verdad es un poco más dolorosa: las bandas de ahora no están haciendo casi nada por refrescar a todo el movimiento. Y cuando eso sucede llegan casos como el That’s The Spirit.

Bring Me The Horizon siempre han sido vistos como la parte más comercial en un género que ya de por sí es patito feo entre los metaleros. Siendo sinceros, me cuesta trabajo imaginar bandas que como ellos estén llevando al género a los límites sonoros que han encontrado en los últimos años. Dejémonos de cosas: son una muy buena banda. No terminan de convencer a los metaleros pura sangre y son demasiado pesados para los indie. Es una posición un poco injusta pero que es predecible. El heavy metal detesta las letras genéricas que tienen BMTH en sus canciones, demasiado drama, demasiada autocompasión. Las baladas incluso tienen que sonar rudas y hasta ellos mismos les llamaron power ballads para sentar diferencia. El That’s The Spirit es un disco controvertido, por muchas razones. Es un cambio de sonido casi diametral en una banda que se consagraba con un Sempiternal oscuro pero potente. Ya desde el There Is A Hell… (el nombre completo es una mentada de madre de escribir) se advertía un cambio de sonoridad, mucho más electrónica, progresiva, orquestal. El metalcore no se caracteriza por ser muy versátil y ellos habían encontrado la fórmula secreta. Poco a poco vimos como la voz de Oliver Sykes se fue suavizando un disco a la vez y, como dijo un crítico, a veces parece que hubiera cantado así desde siempre. Ahora bien, el álbum es controvertido porque no termina de gustar ni a los fans de BMTH ni a los metaleros. La razón es muy sencilla: la metamorfosis es demasiado grande y el sonido demasiado suave. Y es comprensible, la banda salió de un Count Your Blessings que si uno no es afecto al género es imposible de escuchar: ritmos acelerados, guitarras que parecen no estar en ningún lugar, tanta compresión que lo hace inaudible. De hecho, de no ser porque el libro del disco viene con las letras, uno no puede advertir palabra que se distinga en las voces de Sykes. De forma paulatina se fueron moderando, arropando lo mainstream, pero sonando impecable. Y aquí el That’s The Spirit viene a ser al culminación de ese giro de 180°. Ya no son metal propiamente, mucho menos metalcore. Son a lo mucho un rock electrónico con guitarras distorsionadas.

Abocándonos al disco, la producción es impecable. Es brillante en todo sentido. De principio a fin las baterías suenan en su punto y los electrónicos crean una atmósfera finísima. No miento, el disco es buenísimo. Desde “Doomed” intuimos como va a ser el tono del disco y la introducción hecha a base de sintetizadores y ritmos programados es perfecta. En un pre-coro que aumenta la intensidad entramos a un coro conmovedor, el muro de guitarras hace que el ambiente sea denso e impenetrable pero los toques electrónicos la llenan de emociones. La voz de Sykes es suave y es en esta parte de la canción en la que todas las melodías y caminos convergen casi como erupción volcánica. Para cuando termina el “I think we’re doomed...” con falsetto el disco ya tiene la pinta de enganchar otros cuarenta minutos, para luego regresar a lo oscuro pero con una batería firme que acelera un paso volátil y vertiginoso. La letra de “Doomed” es deprimente, sí, dramática, también, pero por mucho más optimista que cualquier otra cosa que hayan escrito hasta entonces. Los ánimos vuelven a lo profundo, pero “Happy Song” viene a subir el nivel. El riff principal es mínimo, es bastante sencillo, pero la forma en que está mezclada la guitarra hacen que se cree una mar de guitarras que, estoy seguro, avivarán cualquier concierto en cualquier estadio. El ritmo está lleno de breakdowns propios de la electrónica, la base es casi la misma, pero el sonido en general es impecable. Cruda, con un coro que atrapa y con un puente hecho con un sintetizador oscilando para dar pie a el breakdown más pesado de todo el trabajo, quizás sea la más abrasiva en todo el repertorio. Ya el último verso “Well, that’s the spirit. Yeah, that’s the spirit...” es el resumen perfecto de todo un álbum. “Throne” viene aquí también a continuar esta línea electrónica pesada, parece una segunda parte de “Happy Song” y está muy lejos de cansar al escucha. Hay que aclarar que ellos no han sido ni de cerca los primeros en mezclar metal con electrónica de esta forma, ni siquiera son los más extremos pero, carajo, nunca ha sonado tan bien esta combinación, no como ahora. “True Friends” es la primera en la que se escucha una orquesta más que una base sintética. Estremecedora, cruda y directa al punto, quizás sea la más predecible, aunque el break galopante casi al final la hacen imponente como pocas. Luego, aquí es donde la puerca torció el rabo, al parecer, “Follow You” es La balada. Cuando escuché el álbum, de eso hace más de un año, no me pareció algo fuera del otro mundo, es una balada en la que Oliver Sykes canta al amor incondicional mientras pasa por un momento difícil. No era nada que no se hubiera hecho antes de formas completamente más melosas y más, aceptémoslo, ridículas. Por eso mismo me pareció una pista emocional, trágica hasta cierto punto. Pero hasta ahí. No sabía yo que se armó desmadre y medio entre los fans de BMTH por ella. Y ahora que lo pienso también es comprensible, después de dos primeros discos arrasadores en ritmo y en riffs, esta pista parece polarizar a cualquier fan que la escuchara. Los más radicales la han escuchado una vez y ya, mientras que los más tibios apenas pueden vivir con ella cuando ponen el disco completo. Como dije antes, es cuestión de actitud. La pista es buena, tiene un acabado impresionante y la producción es limpia hasta los rincones. “What You Need” sigue más o menos la línea de “True Friends”, es una canción de rock pesado bastante convencional, pero muy bien armada. Y ahora, “Avalanche” le hace honor a su nombre, empieza con un un ritmo desenfrenado y el coro es igual, una montaña rusa prácticamente. “Run” es un pasaje lento, agresivo pero que se toma su tiempo, es quizás una de las canciones en donde más se nota la influencia electrónica. La línea sigue un camino bien definido, son pistas pesadas pero no para considerarse metal en sentido estricto, están más ligadas al rock alternativo, al nü-metal. “Drown” es la versión de BMTH de una canción de Fall Out Boy, aunque mantiene la atmósfera intacta, es quizás la más cercana al pop punk y al emo. Casi para finalizar, “Blasphemy” también es casi una segunda parte más alegre de “Run”, mantiene una base similar y los arreglos son bastante similares, pero no por esto es tediosa, aunque si tuviéramos que escoger la canción menos memorable en todo el disco, quizás sería esta. Ahora, el final inesperado. Nunca imaginé a una banda del estilo de BMTH haciendo dance punk, ni siquiera se me ocurrió por asomo. Recuerdo que cuando la escuché por primera vez la voz me era familiar pero no le presté atención, fue hasta que escuché el disco completo que el dejà vu vino a mí. Es muy probable que los fanáticos de la banda estén molestos por “Follow You” y por “Oh No”. La influencia House es inevitable, es una canción que pondrían en un club. La intención era crear, precisamente, una canción “anti-dance”, más como crítica a aquellas personas que buscan diversión en un desfase de edad. La pista tiene una producción impecable, con sintetizadores concisos y una batería atronadora. Es quizás una de las mejores piezas en todo el tracklist.


El debate viene aquí. El trabajo fue universalmente aclamado por la crítica. La producción es inmejorable y la composición está en su mejor momento. ¿Por qué es tan polémico? Para mí es una cuestión de fondo entre todos los subgéneros del rock, la misma desde hace ya varias décadas. Más que envidia es el constante desprecio al trabajo del otro. Los rockeros, como tribu urbana, tienen la tendencia a vivir de las glorias del pasado, dejan el trabajo de escuchar lo nuevo a grupos muy selectos de jóvenes que finalmente son los que compran los boletos para los festivales. El disco sí supuso un descenso en la agresividad del grupo, pero es que a mí parecer no se han dado cuenta del valor que tiene para estos tiempos tan escasos de creatividad. La fusión entre lo electrónico y lo pesado nunca había estado mejor planteada. Sí se habían hecho casos en donde lo sintético era un acompañamiento a las guitarras y al ambiente en general, o viceversa, en donde las distorsiones se agregaban como toque a la base de una canción House, pero nunca el efecto que aquí lograron. Jordan Fish hizo un trabajo increíble a la hora de encontrar ese equilibrio. Porque lo electrónico y el metal son dos géneros particularmente pomposos. Son muy celosos a la hora de aceptar influencias de otros lados, pero aquí el resultado es insuperable. Otro crítico dijo que era la declaración de rock más importante de la década. Es más seguro que la verdad sea otra, pero por lo pronto el disco es buenísimo. No culpo a los fans por preferir discos más pesados ni a los puristas por estar más ligados a su sonido de antaño. Lo que sí es que relegan un trabajo más que aceptable a gente que no se va encargar de revitalizar al género, o tal vez sí, y ahí tendremos la cachetada con guante blanco que el disco nos dará en unos años. Ha sido el éxito comercial más importante para Bring Me The Horizon y es su obra más ambiciosa y mejor lograda. El resultado sigue siendo el mismo, es probable que empecemos a notar la influencia que el That’s The Spirit ha dejado en la memoria colectiva hasta dentro de un rato, pero para entonces quién sabe qué será lo que estaremos escuchando. La piedra rodante no está muerta, sólo está debatiéndose consigo misma cosas que muy probablemente no vengan al caso, en lugar de seguir rodando y atrapar lo que más le sirva del camino. Tenemos un deber común en despertarla.

2Pac - All Eyez On Me

Cuenta la leyenda que cuando Tupac Shakur salió de la cárcel allá en 1995, él ya tenía prácticamente hecho el plan sobre el disco que serviría de regreso; que inmediatamente, en su primer día de libertad, ya había grabado la que sería su canción más recordada hasta entonces. Tupac fue el verdadero heredero del sonido de la costa oeste. Las letras eran inventivas, directas al punto. Fue uno de los protegidos de Dr. Dre y su sonido era el G-Funk más avanzado hasta entonces, sin la necesidad de haber sido producido por Dr. Dre mismo. Los beats demoledores de N.W.A. habían fundado una escuela de Djs que expandieron los límites de lo que el sampleo y la instrumentación en vivo eran capaces. Los discípulos de aquella corriente musical supieron hacer evolucionar al género y en All Eyez on Me estaba más fresco que nunca.

Quiero ser breve, una nota breve es lo mejor que puedo hacer para un disco de dos horas. En efecto, All Eyez on Me fue el primer disco doble en el Rap que era número uno en la lista de éxitos. Es un compendio de lírica por sí mismo y las bases que conforman cada pista hacen que uno pueda estudiarlo de ambas formas. Sin embargo, uno puede advertir un cambio ligero a la hora de la producción de un disco a otro, esto quizás porque en su mayoría las canciones de la primera mitad fueron creadas bajo la dirección de Daz Dillinger y en la segunda parte por Johnny J. Ahora, lo primordial: el disco es una obra maestra. Creado en plena guerra entre costas y augurando la caída de Death Row Records, la creatividad fluye hasta en los momentos más oscuros. “Ambitionz az a Ridah” es una declaración de principios que juega y sirve de principio a fin. Es quizás una de las canciones más conocidas de Tupac en la que la base mínima no opaca la capacidad del rapero. En ella habla sobre su condena por abuso sexual y se sincera con todos los demás, sin reparos y sin pelos en la lengua. En estos días es más común encontrar la dinámica en la que uno encuentra una introducción oscura para dar paso a pistas más superficiales, aquí fue el caso. Pero es que es una primera canción más que apropiada, la base es refinada y, si uno quita el hecho de que la maqueta aún tiene esa aura que suena a los noventas, ya suena avanzada incluso en estos días. Continuando con esta línea “All About U” y “Skandalouz” se escuchan de maravilla. Ambas tienen ese aire funk que es movido como el demonio y que suena impecable, hip hop en su estado más puro. Después de estas pistas el disco se empieza a poner un poco más oscuro conforme que pasan las canciones, los efectos son macabros y las letras se tornan inesperadamente sinceras. Los ánimos suben un poco cuando escuchamos un remix de ese ya himno “California Love”, aunque sin las cuerdas que caracterizaban el inicio de la misma, la conclusión es la misma, es un clásico de la década de los noventas, en todo sentido. “Whatz Ya Phone” termina con una onda Disco un primer álbum que ya sonaba adelantado a su época. Más aún, si el disco hubiese terminado aquí, igual sería una obra maestra. La atmósfera general es casi uniforme, no hay carencia de cohesión en cada segundo y si uno elige escuchar una canción completamente al azar puede estar seguro de que no encontrará ningún momento flojo o pasaje excesivo. El tema sigue siendo casi el mismo, la vida de gangster, el dinero, la fama, las mujeres. Aunque estos ya suenan clichés en el mundo del rap, si algo caracterizó a Tupac era lo cerca que estaba de la realidad afroamericana, y su forma de plasmarla era algo único, era una perspectiva cruda, sincera, pero que por momentos se tornaba poética.

En el segundo disco iniciamos con una base agresiva, cortesía de Dr. Dre. Un subidón de humor que parece hecho para sorprender de inmediato. Las canciones que conforman esta parte del disco no se diferencian mucho. Más elaboradas, menos crudas a la ahora de mostrar el acabado final. El avance en la tecnología para la grabación musical creció a pasos agigantados durante toda esa década, tanto que estoy seguro de que Tupac nunca se dio cuenta de que estaba creando uno de los discos más ambiciosos que se habían escuchado hasta entonces. Digo esto último porque existen pistas que sí son hip hop pero sus raíces parece que estuvieran en otro lado, “Holla at Me” por ejemplo, cuya base no difiere mucho de lo que habíamos escuchado en la primera mitad, pero en donde la ambientación es casi obra de Trent Reznor con ese toque industrial. Tupac se muestra dueño de sus recursos como si se jugara el pellejo en cada verso, es incisivo y no pierde el ritmo en absoluto. Esta segunda mitad es más abrasiva, más oscura aún, por momentos, pero mucho más intrincada y difícil de discernir. Los pasajes son un poco más largos y la instrumentación está mejor construida. Las últimas dos pistas son completamente contemplativas. Demasiado honestas. Ya en “Heaven Ain’t Hard 2 Find” vemos un Tupac moderado, pero a su manera. Casi parece un epitafio, fue el último disco que lanzó en vida y quizás por eso fue que se volvió un hito en la historia de los discos en los años noventa. Lejos de reavivar el mito de la muerte de Tupac, el trabajo por sí mismo es una genialidad. Tupac no tuvo que morir para que el disco ya fuera un clásico. Completamente adelantado a su tiempo, All Eyez on Me es una escucha obligada para todo aquel que se jacte de gustar de la música.


Tupac Shakur ha pasado la prueba del tiempo de muchas formas. Más allá de la trágica muerte que aún el día de hoy sigue sin resolverse y de su vida tan controvertida, fue la voz y el paso lógico que tenía que dar un género que cada vez ganaba más adeptos. All Eyez on Me es ese toque de aire fresco que el hip hop estaba esperando en aquellos días y que nunca pasará de moda. Podemos escucharlo aún hoy en día y sigue sonando brillante e inteligente. Tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiéramos encontrar un heredero digno, como muchos otros que los hay, de verdad. No por nada To Pimp a Butterfly iba a terminar en “Caterpillar” en vez de “Butterfly”, para que al hacer el acrónimo pudiera decir ToPAC. Se ha dicho muchísimo sobre la vida de Shakur y sobre el ejemplo y legado que nos dejó la misma. Cuando Snoop Dogg mencionó que Tupac vivía en sus discos como persona más que como cualquier otro papel en el que lo conociésemos, no sólo lo decía enserio, quería que lo entendiéramos. Nunca sabremos qué nos pudo deparar el futuro si Tupac Shakur siguiera viviendo, la verdad es que, si de algo ha servido el paso de los años, Tupac Shakur ya está en el olimpo de la historia de la música, allá donde las canciones hablan por sí mismas. Tupac Shakur, sí, el mejor rapero que haya vivido.

viernes, 9 de marzo de 2018

Childish Gambino - "Awaken, My Love!"


El 2017 fue un período turbulento en muchos sentidos. Nunca había visto un primer año para un presidente tan lleno de altibajos como el de Trump, México se volvió un polvorín mientras Hollywood se llenaba de escándalos de acoso. Una vez más, la verdad sea dicha, no fue el mejor año. Y en la música se notó de forma más que clara. A pesar de los tiempos que corrían, el estilo general de las corrientes de la década se asentaron y evolucionaron a pasos agigantados en poco más de 365 días. La línea que había iniciado Kanye West con My Beautiful Dark Twisted Fantasy en el 2010 y que se fundió perfectamente en los demás estilos afroamericanos con el Channel Orange de Frank Ocean en el 2012 tuvo un clímax con lanzamientos espectaculares de Tyler, The Creator, Run the Jewels, SZA, el mismo Kendrick, el 4:44 de Jay-Z de alguna u otra forma y, por supuesto, “Awaken, My Love!”. Fue un año de crecimiento increíble para la música afroamericana en días marcados por el racismo y discriminación en la sociedad estadounidense. Es casi imposible separar los lanzamientos del contexto en el que se lanzan, porque si de algo sirve el arte es para darnos esas instantáneas de los momentos en los que se creó. Como comentario extra, creo que aún no se ha medido la influencia que ese disco de Kanye tuvo en la cultura contemporánea, lo mismo el de Frank Ocean, pero de eso hablaremos más tarde, espero.

Ahora bien, Donald Glover decidió hacer aquí un disco oscuro instrumentalmente, pero lleno de optimismo en las letras. ¿Qué lo hace distinto de los demás discos del año? Pues, el meme aparte que supuso “Redbone”, el álbum mezcla de forma magistral los mejores estilos que han marcado la creciente ola de música negra. Desde “Me and Your Mama” apreciamos una obertura fuera de serie para un disco actual, con un arpegio de piano que parece canción de cuna, un coro gospel que hace crecer la tensión segundo a segundo, todo acompañado por un sintetizador estilo G-Funk de los noventa digno de Dr. Dre, para dar paso a un funk oscuro con una guitarra distorsionada que hace engrandecer la canción, pintando para ser una joya. La voz desgarradora de Glover y el coro de fondo aunado a la progresión de acordes le confieren un dramatismo que atrapa. El comienzo es un tour de force que termina con un coda digno de cualquier big band de los cincuentas. He utilizado muchas etiquetas que hacen referencia a géneros mínimo veinte años más viejos, lo heroico radica en que la producción y el retocado hacen sonar a la canción moderna, infinitamente nueva. Esta técnica de composición permanece durante todo el disco, en el que fluyen inspiraciones del pasado con instrumentación que no sólo suena actual, sino que marca pauta para lanzamientos futuros. Es por eso que en las pistas siguientes notamos el mismo sentimiento, el mismo talante y la misma decisión, haciéndolo sonar reposadamente nuevo. Y es que sucede algo curioso, la psicodelia, el soul, el funk, el space rock, el hip hop, el G-Funk, el jazz, tienen su lugar en todas y cada una de las canciones sin que parezca tedioso o saturado. La producción de Ludwig Göransson, que hizo también un trabajo deslumbrante en la banda sonora de Black Panther, hace que toda esta marejada de géneros y estilos tengan su lugar en el momento e instante adecuado. Porque aunque tengamos momentos álgidos y movidos como en “Boogieman”, aquellas pistas lentas como “Zombies” y la combinación que estos ritmos crean entre sí hacen que el álbum no sólo se mantenga a flote, sino que merezca más de la atención que ya le pusimos en un principio. Los bajos son envolventes, los teclados crean una atmósfera nocturna que bien puede sintetizar una noche de fiesta, con los cambios de humor, con el paso fugaz de las horas.

Es casi un lujo para los oídos escuchar algo tan bien estructurado. Lo digo en serio, dejando de lado los clichés de crítico pretencioso, el disco es una joya. “Redbone” es un ejemplo más que claro. Es funky, espacial, llena de soul (y de alma), muy sensual en todo sentido. Todo está en su lugar. Si pudiera pecar de algo este trabajo es de ambicioso. La composición en general es detallada hasta los rincones, con percusiones sordas pero precisas, bajos abrumadores y unos coros irreemplazables. Las guitarras pasan a un segundo plano, pero cuando salen a la superficie es para dejar fraseos y armonías concisas, procesadas con efectos muy parecidos a lo que hemos escuchado con Mark Ronson, y hasta con Tame Impala en ciertas ocasiones (“Redbone”, por ejemplo). Quizás el único punto débil de toda la maqueta es, y en esto parece haber consenso, es en el trabajo vocal. Antes había dicho que en “Me and Your Mama” la voz era desgarradora, el problema es que nunca hay una cohesión entre el modo de cantar entre una canción y otra. En “Have Some Love” parece haber una voz colectiva más que una individual, en “California” parecen más balbuceos que cantos; cuando por ejemplo tenemos “Terrified” con un estilo impecable, en “Redbone” un falsetto cae de maravilla pero ya no se escucha de la misma forma en “Baby Boy”. Es esta variedad, intencional en efecto, lo que hace que el disco parezca una gran mezcla de polifonías, pero en el mal sentido. No ayuda mucho la cuestión de que hablamos del mismo intérprete, entregando voces que se hacen pasar por diferentes personas. Un poco tedioso, sí, pero sólo un punto de flaqueza después de todo, que globalmente hasta parece nimiedad.

La verdad yo no estuve muy familiarizado con el trabajo de Childish Gambino hasta que escuché el “Awaken, My Love!”, comparado con lo anterior que ha lanzado esto parece un giro de 180° en su estilo personal. Algo curioso: lo más probable y lógico parece indicar que el meme de “Redbone” jugó un papel importante en el éxito del álbum. Los mil y un covers que le hicieron en redes sociales son casi un monumento a la creatividad. Por momentos sorprende la capacidad humana para crear fenómenos tan inútiles, el resultado es el mismo. Dejando esto de lado, el “Awaken” es un disco excelente. Sobrio, directo al punto. Uno de los mejores trabajos del año, que puso en perspectiva y revitalizó el estilo afroamericano en una amplia gama de sonidos. Tranquilo, vertiginoso, cual montaña rusa, haciendo justicia al año que se venía para entonces.



martes, 6 de marzo de 2018

Los relámpagos de agosto

«[…] Juan era un candidato perfecto,
tenía una promesa para cada gente y nunca lo oí repetirse…
ni lo vi cumplir ninguna, por cierto.»
‒Jorge Ibarguengoitia, Los relámpagos de agosto.
 
Jorge Ibargüengoitia ganó el Premio Casa de las Américas con esta novela en 1964. El premio es cubano y la novela tiene una historia mexicana en ella. La historia se desarrolla en una etapa posrevolucionaria, pero para los que han estudiado un poco de la historia de México advierten que esa historia ha pasado, está ocurriendo y ocurrirá en México y tal vez sólo cambien las circunstancias, la época y uno o dos nombres propios. Es la novela una parodia a las casi satíricas autobiografías escritas por los generales revolucionarios en la época posrevolucionaria a modo de demostrar que ellos tenían la razón. La novela se escribe en la época en que los últimos generales revolucionarios se encontraban en el poder, y es por eso que llegó en el momento correcto.
Esta fue la primera novela de Ibargüengoitia, y en ella cuenta la historia del general Arroyo, quien en un principio establece una dedicatoria hacia Matilde «que supo sobrellevar con la sonrisa en los labios el cáliz amargo que que significa ser la esposa de un hombre íntegro». Ellos viven en su hogar y con esto se encontraban felices, lejos de los horrores de la revolución, cuando su tranquilidad se perturba al recibir un telegrama del presidente electo Marcos González para invitarlo a formar parte del gabinete, en la Ciudad de México. Él acepta y al día siguiente aborda el tren, donde se encuentre con Macedonio Gálvez... Mientras viajaba en el tren se encuentra con la noticia de que el general González había fallecido a causa de una apoplejía. En este punto inicia una lucha electoral por varios frentes. Diversos personajes se enfrentan políticamente para poner a su candidato en la silla presidencial.
El general Arroyo es uno de los principales nombres que se escuchaba para ascender a la silla, y a pesar de ser un hombre de ideales no se consideraba la mejor opción, y a la vez tenía él a su candidato.
La realidad (la realidad de verdad) era otra, pues los partidos políticos anunciaban a sus candidatos que sólo desviaban la atención del candidato oficial. Alguna vez el autor expresó que la revolución fue un movimiento sin sentido alguno, pues no hubo líderes ni unión entre ellos, sólo desató regido por la opresión militar; al final del libro se nota que no hubo grandes cambios, pues se cambió de la oligarquía científica a una oligarquía militar. Una conclusión es que la revolución mexicana no existió, y únicamente consistió en un golpe de estado que permitió el crecimiento industrial y comercial del país.
Como les digo, si se quiere una historia de México con falsos héroes, verdaderos villanos y un contexto acorde a la realidad, entonces este es su libro de historia posrevolucionaria no oficialista de cabecera.




La Poesía en la Práctica


«¿cómo guardar y transmitir el silencio?
¿Cómo enriquecerlo, 
de generación en generación?»
‒Gabriel Zaid.

Es difícil encontrar un libro de Gabriel Zaid, y creo que se torna aún más complicado encontrar precisamente el que uno busca. Este libro llegó a mí como un préstamo de mi dealer de libros y por sus breves y profundos ensayos me atraparon. Gabriel Zaid es todo un icono en los círculos intelectuales de México por su severa y aguda crítica a todo. La Poesía en la Práctica es la historia no contada de la poesía y sus formas, con la sociedad y sus formas, así como las interacciones que puedan llegar a tener; y esa historia se puede leer a través de catorce pequeños ensayos que engloban un orbe de visiones en torno a estas dos cosas.
La ciudad y los poetas es la primera parte de este libro, aquí nos encontramos con la ciudad de Monterrey como núcleo a partir del cual empieza a surgir lo demás: empieza a surgir Gabriel Zaid, que se subió en hombros de gigantes como lo fueron Alfonso Reyes o Pedro Garfias (es tal el respeto hacia Garfias que llega a decir: «una de las cosas que hacen importante a Monterrey es que Pedro Garfias haya andado por aquí»)En Monterrey y en todo México la poesía no interesa, y esto es algo que pone de manifiesto Zaid al mostrar que de los mil ejemplares impresos de Subordinaciones de Carlos Pellicer y Libertad bajo palabra de Octavio Paz, con precio de lanzamiento de $10 y $8, no hayan sido agotados por 300 mil familias en quince años (claro, hasta la fecha en que se lanzó este libro); y agrega: «Si mañana, por una mutación sociológica, la gente hallara en Cervantes la pausa que refresca, surgiría toda una industria cervantina en cantidades industriales, de esta manera se superaría la barrera y la poesía interesará a las masas», y ahora parafraseando a Gabriel Zaid en su idea de un modelo comercial de la literatura, nos encontraríamos con ediciones del Quijote en salas de espera, con las hermanas Brönte en un cuarto de hotel como cortesía, Cortázar para el bolsillo o para la cama para el presumir... El trabajo podría mañana y tarde tener un Tolstoi-break. Las estaciones de radio no se darían abasto con las peticiones de leer a tal o cual autor. Leer bien Ulises traería una gran popularidad y no menos dinero en la radio y en la televisión. Y si la gente llegara a convencerse de que es una vergüenza tener el mismo modelo de biblioteca siempre, los mismos ejemplares: que habría que cambiar y obtener las ediciones más recientes...
Todos somos ignorantes. Como nosotros los ingenieros, los físicos, matemáticos, biólogos y otras áreas de la ciencia y la tecnología somos ignorantes en temas del área social-humanística; así también los historiadores, filósofos, literatos, humanistas y otros estudiosos de las ciencias sociales son ignorantes en temas del área científica-tecnológica: esto es a lo que él denomina Las dos inculturas. Y a pesar de eso, dice: «La cultura moderna es una sola, cada vez más inabarcable: nos vuelve a todos cada vez más incultos». 
Él mismo se encarga de brindar una definición que vale para definir y separar de una vez y por todas la poesía de sus hijos. «No hay móvil humano que no apunte en la dirección de unidad contemplable que nos mueve, nos atrae, nos inspira. No es algo que esté en el hombre, sino aquello sólo en lo que el hombre puede estar.» Aquí se logra distinguir la poesía de la prosa «como dos universos incomunicables». Y añade: «Los poetas son hombres que se niegan a utilizar el lenguaje [...] La prosa es utilitaria por esencia [...] La obra de arte tiene su propio mundo, pero además ensancha al mundo». La práctica, en cambio, tiene que ver con la manera en que se juega con el mundo «Lo práctico es algo más que lo meramente práctico [...] El arte no se opone a la vida práctica: es la forma suprema de la vida práctica». Si escribimos algo por ganar un concurso o premio, si queremos que sea publicado, si queremos que sea leído, o incluso si escribimos por escribir solamente, estamos convirtiendo todo lo que sale en total y utilitaria prosa; si en cambio se escribe por escribir y no importa en lo sumo el resultado se está escribiendo poesía, que es un vehículo para pasar a un estado real y pertenecer, así como él dice: «Si  alguien es capaz de leer lo que yo estoy leyendo al escribir, es que eso está ahí: es real y me hace real. Si yo creo en lo que hago, pero nadie más lo cree, quizá tenga razón, o quizá la perdí, sin darme cuenta».
La segunda parte del libro es literalmente una Máquina de cantar. En 1997 Kasparov era vencido por la IBM Deep Blue en ajedrez, en 2016 AlphaGo venció Lee Sedol en el Go, y sólo es cuestión de tiempo antes de que esa victoria se logre extender a, por ejemplo, el campo de la literatura. Desde un poema hecho a computadora, compuesto por 3,500 palabras y 128 modelos sintácticos se ha logrado avanzar en esa dirección hacia la derrota de nosotros los más débiles en este campo. Si observamos con detenimiento este poema, es notable que el camino es aún largo, pero ya se vislumbra la siguiente gran victoria.

Oh, panic not this docile juice
Finally, few of my jackets did distrust the goose
To those cell”s ho ashes, a raccon may sting
Ah, to rectify was black; to refuse is nourishing.


Que traducido puede leerse:

Oh, no te asustes de este dócil jugo
Finalmente pocas de mis chaquetas desconfiaron del ganso
Un mapache puede picar esas cenizas calientes de la celda
Ay, rectificar fue negro, negarse es alimenticio.

Así como este de aquí, bajo ciertas consideraciones, pudiera ser posible una máquina que trate de crear todos los sonetos del mundo (o cualquier otra composición). Se requiere de un teclado finito, además el número de combinaciones de siete teclas es finito e incluye todas las sílabas posibles en español, y el número de combinaciones de 154 sílabas es finito e incluye todos los sonetos habidos y por haber en español. Si se considera que el número de sonetos buenos será ínfimo en comparación con el número de sonetos malos lo que nos queda es una sombría predicción: «sólo hay un número finito de buenos sonetos posibles. Algún día, alguien estará escribiendo el último buen soneto de la literatura universal. A menos que ese día haya pasado y, por piedad  o por justicia, las musas guarden el secreto».