Comencé a bosquejar las primeras palabras de esta entrada allá por el ocho de diciembre, cuando en esos días John Lennon fue Trending Topic en Twitter; ahora que el mes se prepara para decir adiós con las manos es probable que no tenga sentido hacer una reseña del libro de noviembre. El caso es que desde finales de noviembre todo se puso raro y diciembre sólo consiguió perpetuar la extrañeza. No tiene caso explicarlo, todo este año estuvo empapado de una otredad que no despierta interés.
La importancia de mencionar a John Lennon es que en las cercanías del ocho de diciembre todo el mundo recuerda el aniversario de la muerte de este personaje. A lo mejor todo el mundo lo recuerda cuando el frío le susurra a la piel que llega diciembre, aunque sinceramente esta sensación de piel de gallina es indistinguible de la que provoca la próxima llegada de la vacuna del Covid-19. Vacuna de la otredad. Pfizer parando la cosa como siempre.
Ahora, cuando mencioné ya a Lennon y al ocho de diciembre, es inevitable que entre en el juego Mark David Chapman, trayendo consigo John Hinckely Jr. y Robert John Bardó. Estamos hablando de la relación de algunos asesinos con el libro que parece ser un manual de misantropía. Aquí está escribiendo un seudo-adulto que hace unos años (quizá ayer) era un completo Holden Caulfield. Estoy escribiendo para un eventual interlocutor que en algún momento (quizá ayer) era un Holden Caulfield. Y es que no me equivoco si digo que es un libro diferente a cualquier otro, por su lenguaje, por sus personajes y por una serie de peculiaridades que uno sólo entiende cuando lo va leyendo.
Así es, me estoy refiriendo a El guardián entre el centeno, y para quienes ya lo conocen, estas afirmaciones de seguro les provocarán un movimiento vertical de la cabeza en signo de aceptación. Nos encontramos con una verdadera novela adolescente, para el momento en que uno ha vivido realmente poco y ha leído aún menos, la novela de iniciación, la novela de angustias y contradicciones. La novela es una cachetada con la que nos damos cuenta que los patos de Central Park no van a ningún lado y de todas maneras la vida seguiría con su andar sinsentido, y está bien. La verdad es que no recuerdo todo lo que hizo Holden a lo largo de la historia, no existe algo reseñable en el libro que merezca que se le haga un libro entero, y sin embargo es un libro increíble; pero recuerdo mucho a Holden, como a La Maga de Cortázar, o el monstruo de Frankenstein de Mary Shelley. A lo mejor el encanto se deba a que la historia es más real que la propia vida.
..........
La reeleré algún día, espero que me toque releerla cuando vuelva a la adolescencia.
