viernes, 21 de diciembre de 2018

The National - Sleep Well Beast



Ha tomado mucho remontar el paso del Rock en estos días. En otras ocasiones he mencionado esto, y es que los discos que han salido en esta década casi presagian un naufragio seguro para el género. Hace unos días estaba con unos amigos y estábamos intentando encontrar cuáles eran los artistas de Rock más importantes de este periodo y fue muy difícil. Porque las bandas que iniciaron en el pasada nos han decepcionado terriblemente: Arcade Fire, Arctic Monkeys, Muse, The Killers, The Strokes, Franz Ferdinand, Interpol, Coldplay. El “Rock joven” ya no lo es en realidad, y las nuevas bandas la verdad es que no prometen mucho, casi nada, más bien. El auge de la Electrónica, lejos de anunciar una nueva forma de entenderlo, lo polarizó muchísimo más, pudiera ser que la respuesta estaba en el música dance menos comercial, como Aphex Twin, Boards of Canada, Autechre, Burial; como ya lo mostró Radiohead en el Kid A. Es sólo hasta tiempos muy recientes que hemos visto una mezcla que no cause escepticismo inmediato entre Rock y los samples sintetizados. Radiohead aparte por ejemplo, ellos ya lo hacían bastante bien. Y aquí entra The National.

Porque, ha costado entender que no se tiene que hacer música con ritmo dance y guitarras para volver electrónico algo que no lo era. No, el equipo y el enfoque es lo que le costó mucho esfuerzo a los artistas entender, y aunque el crecimiento y la frescura apenas se palpan en estos años, ha sido un buen comienzo. Su Sleep Well Beast es un ejemplo claro de esto. No es muy difícil de entenderlos, tampoco. The National se una a la lista anterior de bandas que en los años 2000 iniciaron una nueva ola de Rock fruto de la agonía del Brit Pop de Blur y de Oasis. Con el paso de los años se han mantenido más discretamente alejados de los reflectores, pero no por eso menos relevantes. Han mantenido un sonido bastante coherente y que en Sleep Well Beast adquiere un nuevo tono, más oscuro, más envolvente. Trouble Will Find Me ya tenía tintes electrónicos, y se mantenía más en el revival del New Wave que ha permeado un poco estos días. Entonces, este último disco viene a concretar la producción más sintética, mucho más artificial, pero más atrayente. Y sí, mantiene la nube oscura que hizo al New Wave tan interesante, pero a la vez tan presto al sarcasmo, allá hace más de treinta años.

Y es que, Sleep Well Beast es un caso un poco extraño. En el buen sentido de la palabra. Porque la voz de Matt Berninger no le permite llegar a momentos de desenfreno total muy característico de las bandas de hoy. No, su voz tiene un registro bajo que se oye muy bien en pasajes que no abundan en aceleración a ultranza. Quizás en ese sentido, es que todo éste álbum navega en esta línea contemplativa que inicia en “Nobody Else Will Be There”. Los teclados ya forman una parte importante de la grabación, y las guitarras son mínimas, aunque están en el lugar correcto. No hay exceso de nada, toda la instrumentación está donde debe estar. Es una introducción muy larga, que sienta el humor del disco desde entonces, con la voz de Berninger, recordando a los mejores años de Interpol con un toque electrónico muy a lo que hacen The XX. Cuando pasamos a “Day I Die” tenemos su sonido tan característico una vez más, Post-punk casi en su totalidad, con el aparatejo de banda de Rock original y los arreglos sintéticos que no van a faltar. Luego, “Walk It Back” regresa a la producción que inició en la primera pieza. Aquí, la voz de Berninger es tan baja que casi parece que está recitando la letra, y aunque hay acordes mayores en su mayoría, Lou Reed vino a dejar su huella casi inconsciente. Podemos empezar a advertir lo que será más o menos la idea musical del disco. Las bases rítmicas pasan de un lado a otro entre el Rock más convencional y los samples artificiales que van a colonizar buena parte de la pista. En buena medida, casi hasta parece que estos dos estilos de producción se saltan uno y uno, porque “The System Only Dreams in Total Darkness” vuelve a la convencionalidad. Y así sucesivamente, el disco tiene dos partes, una rockera centrada en la guitarra y la batería acústica, y la otra que está llena de melodías más atmosféricas hechas con sintetizador y scratches de sonidos prefabricados. “Born To Beg” está más cerca del primer lado que del otro, pero los loops constantes lo ponen en un punto medio, porque el piano es más cálido y la voz juega muy bien con esto. Luego, esta idea continúa con “Empire Line” y “I’ll Still Destroy You”. La primera es una joya, porque aunque parte de un beat electrónico, el ambiente y el cómo lo resuelve es una genialidad. Es Post-rock sin los crescendos (ya sé, es contradictorio) alarmantes y con las vocales más confidentes. La última es más cercana al Drum and Bass, pero con líneas melódicas melancólicas encima de unas baterías atronantes. Ésta sí parece bastante prescindible, porque tiene un final casi épico, pero en general es bastante repetitiva y poco inspirada. Luego, “Guilty Party”, que toma su curso también de una base industrial, en general continúa con la directriz de la pista anterior, que ya de por sí quedaba claro cuando ésta apareció. Entonces “Carin at the Liquor Store” regresa a la programación habitual, muy necesaria a estas alturas. Una balada concisa y clara, centrada en el piano, que es un momento estelar en el disco, sin dudas. El solo de guitarra es inmejorable en tiempos en los que es casi un sacrilegio hacer algo así. Después de quince minutos artificiales, se agradece un regreso de lo profundo así. “Dark Side of the Gym” continúa esto, y el resultado también es buenísimo. Aunque la estructura algo insistente en el ritmo hacen pensar que pudo durar un poco menos, sin quitar el final, porque ese cuarteto de cuerdas (sampleado por supuesto) es cumbre. Para entonces, llegamos al final con “Sleep Well Beast” que otra vez trae la base electrónica. No aporta mucho musicalmente, y también pudo durar mucho menos de los seis minutos que ya alcanza. La verdad se queda en medio de esa suite que comenzó con “Empire Line”. Si la banda hubiera querido sentar precedente con estas pistas, quizás puedo quedarse sólo con estas dos y la más atmoférica entre “I’ll Still Destroy You” y “Guilty Party”, ahí sí hubiera quedado en coherencia perfecta.

Bien, aquí no es muy difícil entender el concepto. No es un disco particularmente complejo. La producción es variada y ecléctica, aunque por momentos da la sensación de que nos encontramos en el mismo mar que no arriesga mucho, porque existe una cierta atmósfera que está presente en todo momento, entre las líneas vocales que se quedan en un registro nada variado, las guitarras pasaron, como ya dije, a un segundo plano. Aquí lo impresionante es la instrumentación y la noción de espacio que generan con los sintetizadores. Es un disco envolvente, aunque no abrasivo, que queda perfectamente con la etiqueta de contemplativo. El gran avance es que, a comparación de Trouble Will Find Me, el salto al vacío que dan con este nuevo enfoque es, a mi parecer, el mayor logro de Sleep Well Beast. Como casi siempre, hubo momentos que eran perfectamente prescindibles, porque el álbum dura una hora, pero en parte gracias a que intentaron lograr una cohesión entre las pistas electrónicas sin que se perdiera de vista la parte tradicional. Es complicado lograr un disco que tenga todas nuestras ambiciones y que no pierda coherencia, misma que sólo te puede dar tu zona de confort, para bien o para mal.

Aquí, The National hace una prueba para el resto de los años. Porque, en verdad, costó mucho hacer entender a los roqueros que quizás el futuro para volver a darle frescura al género está en los electrónicos. Hace no mucho le preguntaron a Enrique Bunbury qué opinaba de lo que decían de que el Rock estaba muriendo, y él, afable, dijo que quizás había dejado de ser un género mayoritario, pero que disco como el que sacó The National iban a hacer que las bandas fueran cabezas de carteles de los festivales. La solución no es fácil de obtener. Cuando Bowie lanzó Blackstar a principios del 2016 dejó una Piedra de Rosetta que sería el traductor de muchos otros géneros fundidos en uno solo, y es que el Rock necesitaba eso, que alguien se arriesgara a dar el paso al eclecticismo y nos dejáramos de falsas poses. The National logró pues, iniciar un proceso interno que desembocará en algo completamente distinto a lo que ellos mismos siquiera estaban contemplando hacer, y aunque el ejercicio es redituable más para ellos, un precedente se necesita para volver a hacer rodar a la piedra. Sleep Well Beast es, entonces, una especie de carta al futuro, y así, que ojalá nos respondan los que pudieron entenderla.

martes, 11 de diciembre de 2018

Kendrick Lamar - Damn



En este año más que en ningún otro, se viven tiempos convulsos para la música popular. Este 2018 ha estado plagado de muchas sorpresas, en el sentido más neutral posible. Porque hemos visto el auge del desenfreno total, de la masificación desmedida del consumo de arte, de las tendencias casi extremistas de las bandas y los artistas, de lo volátiles que han sido nuestros gustos en lo que ha sido este año. Y es que ha sido un maldito caos, sí, un caos. Estamos viviendo una época prolífica y democratizadora de los medios y los recursos musicales, con cada vez más artistas accesando y subiendo sus creaciones casi inmediatamente que los terminaron. ¿Es malo? La verdad es que no. El problema viene cuando la saturación es excesiva. La rapidez de los lanzamientos han permitido a bandas y cantantes llegar a un público más grande y de forma más eficaz, esto logrado por supuesto gracias a los servicios de streaming. Spotify y Apple Music han sido los catalizadores de esta bomba nuclear que es el mercado musical en estos años. Porque nos han permitido escuchar, literalmente, millones de canciones de forma inmediata, prácticamente todos los artistas que uno busca están en estos servicios, sus discos, colaboraciones, etcétera. El impacto es tan grande que la compra de discos físicos se ha visto mermada, al punto de que, estoy seguro, muy pronto vamos a ver cerradas las tiendas de discos de las provincias en todos los países. Paradójicamente, el vinilo ha regresado junto con el cassette, algo que es otro tema, pero que es igual de insólito.

En toda esta maraña de consumismo, hemos visto el realce del Reggaetón, nos guste o no, y del Hip Hop. Éste último ha jugado un papel importante en todo lo que vemos y escuchamos en los medios de comunicación. Por nuestra condición de latinos, el Reggaetón es más fácil de notar, pero en sí los dos géneros tienen algo en común: su fácilidad de producción. Y es que es verdad, los dos siguen exactamente el mismo procedimiento: un músico (llamémoslo en este contexto productor) crea una pista instrumental, baterías electrónicas con bombos atronadores y hi-hats rápidos y sintéticos, a ésto agreguemos unos cuantos acordes, mayores en su mayoría, un sample de alguna canción de rock y casi terminamos. Luego agregamos unos cuantos sintetizadores y listo, tenemos un beat. El beat es esta parte instrumental que no involucra la voz. Este productor entonces buscará a alguien a quien vender su nueva pista, alguien que ponga voces en ella y la vuelva un producto de consumo. Ahí entran los Malumas, los J Balvins, los Bad Bunnys (en el caso latino) y los Drakes, los Migos, los Lil Pumps, los XXXTentacion en todo lo demás. Y todo esto sin salirse de la computadora o incluso de la tablet. No hubo músicos de sesión, ni horas de ensayo prolongadas, ni estudios de grabación carísimos, ni burocracia vorágine de por medio. ¡Es por eso que estamos rodeados de Rap y Reggaetón! Porque en dos días de trabajo podemos tener el pŕoximo éxito de radio y volvernos millonarios. Y es que la inmediatez ha permitido casos tan extremos como Kanye West lanzando cinco discos en poco más de un mes. ¡Cinco discos! ¡CINCO! La duración de los mismos es cuestionable, porque ninguno dura más de treinta minutos y algunos pasan rozando los veinte. Si eso es un “larga duración” para mí es más que dudoso. Pero así estamos. Y con todo y que Kanye es productor y rapero al mismo tiempo. ¡Que también estaba por lanzar el sexto en noviembre! Drake también lleva una racha de lanzar discos dobles por año. Pero es que son muy fáciles de hacer. Los discos de Hip Hop en general, no hablo de que lo sean precisamente los de Kanye y Drake, ahí la afirmación se ve pretenciosa, pero no deja de ser cierta hasta cierto punto. Es una barbaridad la cantidad de música que se lanza y a la que tenemos acceso. La trascendencia monetaria de la nueva ola de Hip Hop es tal que las canciones que están en los Top 10 de Spotify o de Apple Music producen, semanalmente, 25 millones de dólares. Ahí es nada.

Todo este panorama ha dado pie a que exista lo que coloquialmente se le conoce como mumble rap. Canciones y beats que prácticamente no tienen sentido y que nunca fue ese su propósito original. La verdad es que es casi abominable. Así pues, el disco no sólo como formato físico sino como obra completa y contenida en sí misma se ha visto afectada, casi ignorada. Porque la inmediatez nos da la posibilidad de escuchar una canción y olvidarla todo en un sólo día. Es por eso que, en medio de toda esta ola de negligencia por lo estéticamente “correcto” sobresale un personaje singular, un rapero que tiene toda la pinta, o tenía, de ser uno como los demás. Porque los productores con los que trabaja son los mismos, porque sus beats no son la vanguardia tampoco, musicalmente hablando. No, es singular porque tiene esa artisticidad que lo vuelve alguien completamente distinto a los demás. Y sí, ese es Kendrick Lamar. La pregunta obvia es qué lo vuelve especial, y la respuesta no es fácil de obtener. Nos tenemos que remontar a cuando Kendrick era un aspirante a rapero que llegaba a publicar ciertos mixtapes esporádicamente. Hasta que un día, bendito entre los benditos, lanzó de forma independiente aquel Section.80 que a su vez fue encontrado por el mismísmo Dr. Dre, santo entre los santos. Section.80 es un disco “común” pero que tiene algo que parece distinto. Quizás la respuesta entonces era la narrativa que utiliza para contar historias, pero uno se tarda en entender eso. Luego, vino un año después ese pedazo de disco que es el good kid mA.A.d city. Ya de la mano de Dr. Dre como productor ejecutivo, vino uno de los mejores discos, sí, en lo que va de la década. Aquel GKMC es una obra de arte. Y es que, dos oriundos de Compton se encontraron de forma nuclear, como una explosión épica de proporciones inestimables. Aquí, Kendrick da un retrato de lo que es vivir en una ciudad como Compton, y crecer, sobretodo crecer. Porque en algunos lapsos nos encontramos con episodios del rapero viendo morir a sus amigos, en otros el cómo tuvo que lidiar con el alcohol, el qué implica crecer en un lugar que está lleno de prácticamente todo tipo de desesperanza. Kendrick parte de ahí, porque la ruina trajo consigo y de la mano a las musas, el disco es una obra conceptual, contenida en sí misma, coherente y completa, que ya es un clásico. La narrativa ya era excepcional, al punto de que cuando leí la letra de “Swimming Pools (Drank)” me veía a mí mismo atado a una copa de alcohol, hastiado, y mágicamente al instante ya estaba nadando en una piscina llena de licor. Tal y como pasó cuando era más joven, exageraciones poéticas de lado pues. Por aquel entonces no veíamos la tormenta de canciones y hits que se volvería el 2018, pero nadie hubiera imaginado que el formato álbum estaba por extinguirse, y menos con una obra tan monumental como lo fue el Good Kid. Aunque el disco es más bien introspectivo, la temática personal abrió un parteaguas en un género que se caracteriza por la presunción de dinero, mujeres y drogas. Y aunque la tendencia era a acelerar los ritmos, éste era más bien un disco downtempo que carecía de falsas pretenciones y de retoques innecesarios. Kendrick era una promesa. Luego vino la obra cumbre, To Pimp A Butterfly. Es la obra cumbre porque así es, es su disco más complejo hasta la fecha, el mejor hecho, en el que es dueño de sus recursos, musical y líricamente. Es casi un compendio de música afroamericana, todo en 78 minutos de viaje interno sobre la identidad negra en Estados Unidos. Es mi mejor resumen, porque obviamente el disco es mucho más que eso. Aquí Kendrick hace un cóctel de todo: Jazz, Funk, R&B, Soul, Hip Hop. Mientras que en la parte narrativa todo se vuelve un viaje por la psique de Lamar, combinado con el ambiente sociopolítico que era entonces Estados Unidos, con todo y que Trump aún no llegaba al poder. Aquí es necesario hacer la pausa. Porque ya en pleno 2015, Kendrick volvía a reafirmar la necesidad del disco, por eso el Pimp A Butterfly se vuelve icónico. Las canciones, aunque hubo sencillos promocionales, están hechas para escucharse en conjunto, y por eso el disco se vuelve un viaje más interesante, artísticamente. Lo sobresaliente también es que aquí Kendrick incrusta en sus letras referencias literarias cada vez más variadas, en este caso todas relacionadas con la identidad afroamericana.

Luego de toda esta larga introducción, hace un año y medio nos sorprendió, y bastante, con el que sería el sucesor de lo que yo pensaba que iba a ser un insuperable, Pimp A Butterfly. Por Marzo él mismo lanzó “Humble”. Lo primero que pensé fue un “ya valió madres”. Porque el beat era Trap, con todo y lo que detesto esa clase de instrumentales. La letra y su forma de rapearla me hizo ver que quizás estaba viendo al Kendrick venderse al monstruo comercial. Era una lástima, porque Kendrick tenía todo para ser el artista de la década. Así pues, lanzó Damn y no tuve mucho que decir. Porque me pareció muy incoherente aquella primera escucha. En principio duraba casi media hora menos que el TPAB y tenía sólo tres colaboraciones. Aunado al hecho de que sonaba mucho más moderno. Era experimental, me pareció un Life of Pablo que no necesitábamos de su parte. Así fue durante un tiempo, escuché “DNA” y como era también Trap, me pareció que quiźas no era para mí. Así pues, era el disco al que estaba más renuente de escuchar, porque no lo entendí y sentía que no me aportaba nada. Entonces, pasó algo curioso. Estaba en Cholula, Puebla, cansado por las desveladas y muriéndome por tirarme a la cama, cuando en el camino de regreso a Puebla, en el camión decidí cerrar los ojos un poco, ponerme los audífonos y esperar a que terminara el viaje. Quise darle una oportunidad, después de todo no perdía nada, y aunque ya me empezaba a gustar un poco más “Humble” y “DNA”, el disco por sí mismo no me daba buena espina. Así que lo puse, con “Blood” como preludio. Ese “Is it wickedness? Is it weakness?” aún resuena muy profundo en mi memoria. Aquella voz medio Soul daba un aire un poco extraño, pero como dura muy poco, no fue para tanto, aunque la rareza seguía ahí. Luego empieza un instrumental como de Big Band y Kendrick procedió a contar una historia. Ahí, narra como fue a dar un paseo un día y en el trayecto se topó con una mujer ciega, que parecía estar buscando algo, como si lo hubiera perdido. Luego nos cuenta que se acercó a ofrecer su ayuda diciendo: “Seems to me that you’ve lost something”. Para que esta le responda: “oh yes, you’ve lost something, you’ve lost your life”. Y un disparo en seco se oye. Mi fatiga se esfumó y, como si algún mecanismo hubiera sido accionado de improviso, todo tuvo sentido. Pasaba por unos días un poco malos por allá, y ese disparo fue un detonante que iluminó algo que no entendía del todo. Sorprendido, dejé que la música siguiera, escuché ese reportaje sampleado donde un conductor de Fox News se queja de las letras de Kendrick, y que da paso a “DNA”. Aquellos dos minutos y los que siguieron a “Blood” han sido unos de los más sorprendentes que he pasado últimamente, con música pues. Entonces me pareció magistral, de eso hace más de un mes.

Luego de buscar información sobre “Blood”, que no hay mucha, un comentario confirmado por Lamar fue particularmente interesante: según leí, la Maldad (“wickedness”) y la Debilidad (“weakness”) son los dos caminos descritos por el Libro del Deutoronomio como los que llevan a la condena. El alma está condenada (“damned” pues) debido a uno de estos dos defectos, uno por ingenuo y el otro por mala persona. Entonces, uno bien podría hacer la asociación con el resto de las canciones, la temática de algunas pueden ser, o bien “malvadas” o “ingenuas”. “DNA” entra pues, con toda esa agresividad y crítica, como una pieza malvada. De ésta no hay mucho que decir que no se haya publicado ya, que es una genialidad de rola en la que Mike Will Made It hace un beat inmejorable, lleno de textura y con una atmósfera siniestra. La crítica musical, la crítica social son los temas principales. El concepto ya de entrada me alucinó. Y aunque estaba muy renuente a que me gustara, quizás entonces era el momento adecuado, porque la canción quedó perfecta después de ese disparo. En “Yah” empieza lo curioso. Porque el disco, como ya mencioné, contiene muchas referencias al cristianismo. Kendrick, cristiano por sí mismo, hace una mezcla muy extraña sobre estos temas, en los que se ve a sí mismo como un condenado, pasando el camino de la purga hasta el Paraíso, o bien directo al Infierno. La palabra Yah es una abreviatura del hebreo Yahweh, el nombre original de Dios. Eso e introduciendo a su nuevo personaje Kung Fu Kenny. Los excesos se hacen presentes en esta parte, en donde habla de ciertas “nigga conditions” y habla de hacer despilfarro. Como si éstos elementos fueran inherentes en la vida afroamericana. El ritmo es lento, introspectivo por mucho, pero nuevo, contrario a los tempos bajos del Pimp a Butterfly, en los que el jazz y la instrumentación de estudio eran predominantes. Así entonces, “Yah” es una versión “ingenua” de “DNA”. Y el disco sigue así su curso. El alardeo se mantiene en “Element”, un alardeo a ultranza que cae mal desde el principio. El mismo sujeto que presenta a Kung Fu Kenny, añade ciertas lineas que apoyan al concepto general del álbum: “Ain’t nobody praying for me, Y’all know what happens on Earth stays on Earth”. Y aunque la temática se mantiene igual en toda la pieza, el beat es oscuro, inexplicable si tomamos la letra de la canción fuera de contexto. Es introvertido, con una instrumentación mínima, y aunque no es precisamente más elaborado, es casi siniestro. En “Feel” ese “nobody praying for me” se vuelve el tema recurrente, sin embargo, en el contexto de lo que le ha causado el estrellato. Kendrick analiza el como parece que la vida pública y la industria musical lo está consumiendo, porque aunque parezca lo contrario, sus demonios siguen habitándolo. Esta clase de confidencia no era común en el Hip Hop, en donde las debilidades no se tocaban. Aquí, parece casi el tronco común. En este punto del álbum las canciones parecen un tanto caóticas, como si no llevaran a ninguna parte, en parte por el beat, y por los constantes elementos que la contienen y que parecen nunca resolverse. La voz de Kendrick parece cansada, como anestesiada, por llamarle de alguna forma. “Loyalty” y “Pride” no son la excepción, porque, muy a pesar de que la primera tiene la primera colaboración con Rihanna, las dos mantienen la misma vibra un tanto oscura, ajena. La primera es una reflexión (continuamos con la introspección) sobre la lealtad (obviamente) y pureza en las relaciones que tenemos cotidianamente. La segunda continúa con las referencias bíblicas en la misma línea que teníamos antes. “Pride” menciona el hecho de que el orgullo, de alguna forma, es la causa de todos los males. Para dar paso, como un muy buen chiste, a “Humble”. La pista es exactamente opuesta a lo que se esperaría dado el contexto en que viene, después de “Pride”. Porque, “Humble” es también un alardeo al puro estilo “DNA” pero en un momento un poco extraño en el disco, de modo que a partir de aquí podemos ver un ligero cambio en el humor del disco. Es muy probable que el álbum tenga una segunda parte, mucho más oscura, que empieza en “Humble” y continúa con “Lust” y “Love”. Muy cierto es que tanto el amor como la lujuria están muy relacionados uno con el otro, y, aunque se repita el concepto, una es la parte “malvada” de la otra. Por eso “Lust” es oscura, con un beat en reversa, que justo a la mitad de la canción toma su curso habitual. Así, “Love” es una pista más abierta, más R&B que Hip Hop, muy al estilo Drake. Siguiendo con la crítica al la cultura racial estadounidense, tenemos “XXX” que, sorpresa, cuenta con U2 como colaboración. Eso también fue algo inesperado, porque U2 nunca ha dado colaboraciones fuera de sus discos, ni las ha tenido en los de nadie tampoco. Es por eso que no deja de ser aún más raro todavía este pasaje. Cuando escuché “XXX” por primera vez, que fue cuando salió, no me gustó tampoco, aunque definitivamente era lo mejor que había hecho U2 desde el Achtung Baby. Sí, lo dije, no me arrepiento de nada. Pero es que creo que resume muy bien la esencia del disco, porque Kendrick habla de asesinatos e inseguridad de manera claustrofóbica, el pasaje de U2 es lento, tranquilo y mínimo con esa frase que ya me gustaba de entrada por parte de la voz de Bono: “it’s not a place, this country is to me a sound of drum and bass...”. Un muy buen momento R&B, casi Soul. Entonces, “Fear” vuelve a ser otra vez nublinosa, mostrando tres etapas de miedo, cada una con diez años de diferencia, en la vida de Kendrick empezando por los siete años. En todos los versos reina una falta de seguridad tremenda, pero confidente, por contradictorio que esto suene. Casi para terminar, “God” es como su nombre, casi redentora. Es una pista con aires Gospel, aunque en realidad es Kendrick hablando de cómo ha llegado a ser lo que es, comparándolo a estar a cargo como Dios, relegando a los demás raperos que se sienten así como meros subordinados. El viaje termina en “Duckworth”, una historia de como Anthony Tiffith, fundador de Top Dawg Entertainment, la disquera de Lamar, casi pudo matar al padre de Kendrick en un asalto que él mismo hizo en un KFC donde el otro trabajaba, de haber pasado así, Lamar nunca hubiera nacido y Tiffith hubiera ido a la cárcel por asesinato. De cualquier forma, si uno muere y el otro está en la cárcel, ninguno hubiera logrado que Kendirck pudiera existir siquiera, menos su carrera en Top Dawg Entertaiment.

La historia del disco no termina ahí, porque escuchamos el disparo final que alegóricamente mata al padre de Kendrick y termina la música, para después empezar de ahí un rebobinado en reversa, en donde parece que se recapitula al disco de forma invertida, para terminar con el “I got I got” y el “So I was taking a walk the other day...” que inicia en “Blood”. Cualquier persona normal pudo haber terminado ahí, y dejarlo tal como está, para reflexionar sobre el disco después. Sin embargo, no podemos tener nada tranquilo con el Internet, y de inmediato empezaron a salir las teorías conspirativas sobre el concepto. Algunas bastante locas como que era la Biblia sintetizada, que era profético casi. Unas menos escatalógicas hablaban del orden correcto de escucha de las canciones. La teoría partía de la premisa de lo que ocurre en “Duckworth” al principio, porque alguien grita “just remember, what happens on Earth stays on Earth, we gon’ put it on reverse!”. Eso aunado al hecho de la pasada en reversa que termina el álbum. Por lo que de pronto empezaron surgir teorías que, en principio, decían que el disco se debía escuchar al revés, empezando con “Duckworth” y terminando en “Blood”, y que el álbum adquiría un nuevo mensaje, más revelador, al ser escuchado así. La idea escaló tanto, que el mismo Lamar la confirmó en una entrevista, y el meme cobró vida cuando la edición de colección salió así, con el orden de las canciones invertido. Porque Kendrick decía que el disco debía ser escuchado así, para empezar, y que la dualidad de la que se hablaba en el disco sobre la maldad y la debilidad era correcta, que el disco se trataba efectivamente de una lucha constante entre el bien y el mal, aunque nunca dio muchos detalles sobre eso. Si bien, el concepto original parte del hecho de que Kendrick es el condenado desde el principio y muere tan pronto como inicia la grabación, con este hecho, el que muere al principio es el padre y la condena adquiere un nuevo hilo narrativo. El disco abunda en la frase, como ya dije, de “ain’t nobody praying for me”, casi como letanía. Según la tradición Cristiana, cuando alguien muere, se le ofrecen plegarias para que el alma del difunto suba al cielo, y aunque pareciera que el Damn está repleto de referencias a esto, la idea pues es que Kendrick muere y que el viaje que hace para llegar con Dios en “God” requeriría que alguien rezara por él. Es una jornada, visto desde esta manera, un tanto extraña. Porque la jornada de la muerte aquí es más bien un viaje por la psique y las emociones más profundas del rapero, desembocando entonces en la gloria después de hacer la purga interior que uno tiene que hacer siempre que pasa por un estado parecido. “Duckworth” es más un epílogo que no aporta mucho a la grabación por sí misma, salvo por el hecho de que propone la idea de escucharlo en reversa, y aquí viene lo ingenioso. Porque si el disco acaba con un Kendrick Lamar renacido y que inicia con su propia defunción, de esta otra forma el disco empieza precisamente con la condena por las malas acciones, la maldad, y termina con un Kendrick muriendo a causa de esto. Y así la historia está contenida en sí misma, sin necesidad de recurrir a explicaciones externas, porque lo natural es que el camino a la condena empiece con una pérdida del “camino de la luz” como Dante, y termine efectivamente sin redención en su muerte.

Bien, teorías aparte, el disco es complejo. No es fácil de entender al principio. Porque la vaguedad con la que se presenta ante la primera escucha es inaudita, uno no entiende cómo es que Kendrick pudo caer a un nivel de desconeptualización tan efímero, cuando él ya es un maestro en la narrativa introspectiva, muy cerca del más acá que del más allá, que es realidad aparte. La verdad es que no, Kendrick nunca pretendió hacer algo así, y la vaguedad aparente de la que hablo es sólo eso, apariencia. Porque aunque las ideas parezcan tan inconexas unas con otras, el hilo conductor que las une es el más importante: el viaje que hace Kendrick por su psique, de forma críptica y poco clara. Haciendo referencias a Dios, a la religión, al conflicto racial, a la epopeya moderna de vivir con estas debilidades. Es el disco más flaco musicalmente, el más oscuro y poco franqueable, pero el que conceptualmente atrapa más. Esta idea de la salvación y la redención como parte del quehacer diario de todos nosotros cuando admitimos nuestras debilidades debió ser un proceso casi terapéutico para él, porque lo vemos más expuesto que nunca, más asustado, más divagado y más consciente de ello. No es fácil nunca admitir las debilidades, y aunque parezca mentira, el empezar por ahí puede dar siempre más luz de la que uno cree. Estamos probablemente ante peor disco de Kendrick, musicalmente, pero una obra maestra conceptual por antonomasia, ahí es nada. Fue de todos sabido que por este disco Kendrick recibió el premio Pulitzer de Música, un premio que el mismo Hemingway ganó, en literatura claro, y que fue un acto insólito cuando se anunció. Fue como legitimar el Rap y el Hip Hop de forma casi académica. Y aunque el antecedente lo había tenido Bob Dylan con el Nobel de Literatura, llegamos al punto en el que al Rap ya se le ve con otros ojos, como lo que es, un género con mucho potencial.

Vivimos tiempos curiosos para la música popular, nunca había tenido tanto reconocimiento, y nunca había sido tan mal vista por igual. No es para menos, se han hecho cosas que valen mucho la pena y que se merecen todos los reconocimientos que haya, e igualmente se han hecho barbaridades que habría que olvidar cada vez más pronto. En ambos casos han sido bastante rentables, vendibles y comerciables. Y, queramos o no, para bien o para mal, es el turno del Rap de crear obras así, que trasciendan y le den un nuevo aire a un género que necesita legitimidad, hoy más que nunca. Aunque si con discos como este aún no la tiene, el problema a solucionar es otro, algo que ni mil Kendricks van a poder hacer, que abramos nuestra mente a lo que es verdaderamente bueno, sea como sea. Porque aunque habrá quien diga lo contrario, vivimos tiempos de obras maestras, y de genios de la composición, en parte gracias a Kendrick Lamar. Y, por eso, nosotros los condenados, lo saludamos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

POWER (o Las Tribulaciones de Nuestras Capacidades)



"No one man should have all that power"

México siempre ha pasado momentos extraños con respecto al poder. Las recientes elecciones han sido un balde de agua fría en muchos aspectos a la vieja clase política del país, y fueron una de las más insólitas en la historia. La gente se ha visto inmersa en un mar de opiniones y disputas en el imperio de las comunicaciones que son las redes sociales. La opinión se divide y contrae una y otra vez cuando alguien tiene la atención de todos debido a un suceso sobresaliente, para bien o para mal. La gente que hace valer su opinión y que resalta de entre todos por esa razón, tiene en sus manos una pequeña dosis de poder. Y no hablemos de la aldea global, ahí el concepto se trastoca y se ridiculiza adquiriendo formas regionales que nosotros ni imaginamos. El poder es un arma de doble filo sí, pero sobre todo es un estado mental. En cualquier caso, uno mismo estando solo no tiene efecto. Lo lógico es que si no hay alguien sobre el cual ejercer el poder, nada de esto tiene sentido. Así pues, el poder nos lo dan los demás. Uno no elije poseer el poder, no es decisión nuestra tenerlo, siempre es de los que nos rodean. Los líderes saben utilizar la dinámica del grupo en el que se desenvuelven e inconscientemente los miembros del mismo le han dado la facultad de tomar decisiones, por ellos. No es algo fácil de distinguir, aunque el ejemplo más claro sea una elección consensuada y popular, quien tiene el verdadero poder es el que ejerce sus decisiones con éxito sobre los demás. Lo vemos todos los días incluso, cuando hacemos a alguien famoso por alguna expresión musical o visual también le estamos dando poder, porque ha influido en nuestros gustos y se ha hecho presente en nuestra toma de decisiones. La celebridad es poder. Cuando nos disociamos del mundo que nos rodea también le estamos dando el poder a alguien de que utilice nuestra aparente falta de atención, obteniendo beneficio propio. Así de borroso es el matiz del poder. Y con esto, Kanye West hizo uno de los mejores manifiestos artísticos, en tiempos modernos, sobre exactamente eso.

Cuando dije arriba que el poder es un estado mental me refería a la intangibilidad del mismo. Finalmente el hombre es un animal social, y el poder requiere la aceptación de los que nos rodean para efectuarse. Sin embargo, incluso el odio es poder. La animadversión hacia alguien es también una señal de poder. Y la historia de “Power” inicia exactamente de esa forma. Fue sabido por muchos el incidente que Kanye pasó en los MTV Video Music Awards del 2009 cuando le arrebató el micrófono a Taylor Swift para decir que Beyoncé se merecía el premio en lugar de ella. Suena a chisme de TV y Notas, sí, pero éste sí influyó, y mucho, en una de las canciones más importantes de la década. A partir de ese suceso Kanye canceló su gira con Lady Gaga para promocionar su ahora aclamado 808s & Heartbreak y se recluyó en Hawái durante un año para trabajar de lleno en lo que sería una de sus obras cumbres, el My Beautiful Dark Twisted Fantasy. Ahí, Kanye hizo del estudio un campo de guerra donde los ingenieros de sonido laboraban las veinticuatro horas del día y en el que él mismo sólo tomaba siestas como descanso. No escatimó en gastos y llevó a quien se le antojó para colaborar en el disco. El resultado fue un grandilocuente y eṕico viaje hacia los más recónditos espacios en la mente de Kanye West. La música era grande, resaltaba a kilómetros y estaba permeada por la carencia de flaquezas, porque hasta las mismas eran maximizadas. Kanye pasó todo ese tiempo reflexionando sobre muchísimas cosas, en solitario no precisamente, pero siempre dirigidas hacia adentro.

Durante el trabajo extenuante que implicaba el Dark Twisted Fantasy, West entrevió una de las reflexiones modernas más impresionantes sobre el poder. “Power” fue lanzada como el primer sencillo y significó el regreso triunfal de Kanye a los reflectores y, sobre todo, a la aceptación pública. Casi podemos decir que el Kanye pedante y ególatra que conocemos ahora y que siempre ha sido, vio la luz y vino a quedarse durante esa época. No es para menos, ahora que después un incidente que fue visto como algo grotesco por los demás, Kanye se redimía poniendo su ego por encima de todo, y el ver que la gente aplaudía aquello debió ser música en sus oídos. “Power” está construida en base a un sample de King Crimson, “21st Century Schizoid Man”, en el que la banda criticaba a aquellas autoridades en el poder que creaban sin cesar guerras como la de Vietnam. De muchas formas, todas las influencias en “Power” vienen de distintas facetas y hasta parece que no tienen relación entre sí, sin embargo tienen la más importante, su relación con el poder. Según el propio Kanye, le tomó al menos unas cinco mil horas el proceso creativo para la canción, y el trabajo se ve desde el primer instante.
La canción ya por sí misma trae una carga potente desde la primera línea:

I’m living in that 21st century, doing something mean to it.
Do it better than anybody you’ve ever seen do it.
Screams from the haters, got a nice ring to it.
I guess every superhero needs its theme music

Ya en ese momento Kanye hace partícipe su lugar en el mundo y da cuenta del odio que no sólo le tienen, sino que lo vuelve un manifiesto. Y es que Kanye era consciente de lo que había hecho, y sobre eso trabajó durante todo el proceso concepción, lo volvió el esqueleto principal de su composición. Está al tanto de su talento y lo hace a uno encararlo en cada verso que tiene la pieza. En eso él hace latente el poder. Conforme avanza la canción Kanye tiene un ritmo agitado, casi abrasivo, en el que entrega cada línea como si fuera la última. Kanye afirmaba que trabajó en este álbum como si se estuviera jugando la carrera entera, porque era su único boleto para regresar al estrellato. Estamos frente a una movida que arriesga mucho y que triunfó como nunca nadie lo había hecho. El odio del que se había hecho partícipe era una forma de comunicar su mensaje, que aprovechó como el segundo filo del arma que le dejaba su capacidad.

Del mismo modo, Kanye va enlistando en cada estrofa una reflexión que tiene sobre el mundo que lo rodea, sobre el gobierno, sobre las celebridades, sobre el egocentrismo. Para ser desecha y celebrada por igual en un coro que dice:

No one man should have all that power,
the clocks’ ticking I just count the hours.
Stop tripping, I’m tripping off the power.

Con estas palabras Kanye acaba de resumir la esencia del tópico que trata. En ese primer verso él hablaba de sus “haters” y les hacía entender que si lo odiaban era porque estaba haciendo las cosas bien, por la razón que fuera. Aquí vemos como no sólo no se retracta, nos dice que nadie debe estar en esa situación, es un ataque certero a ese puesto incómodo que significa tener su poder. Cuando Kanye compuso esa primera línea del coro, se basaba en un reportaje que hizo la policía sobre Malcolm X cuando, después de un incidente sobre abuso policial contra dos musulmanes, juntó a más de cuatro mil personas en frente de la estación de policía y las dispersó con una sola señal de mano, ahí un ofical dijo al periódico: “no one man should have that much power”. El “tripping” del que habla se refiere al acto de cortar el suministro de energía cuando un circuito está siendo llevado al borde de su capacidad física. La analogía es clara, el poder consume, nos lleva al borde de nuestras facultades. Para finalmente cerrar ese primer coro con el “21st century schizoid man” del sample de King Crimson, la genialidad está presente hasta de forma figurada. En el siguiente verso, Kanye entrega otra línea directa:

The system broken, the school is closed, the prison’s open.
We ain’t got nothing to lose, motherfucker we rolling […]
In this white men world, we the ones chosen
So goodnight cruel world I’ll see you in the morning.
Huh? I’ll see you in the morning.
This is way too much, I need a moment.

La parte sociopolítica aquí se hace presente, de una forma muy peculiar. Kanye escribió la canción para tiempos convulsos, para un estado en crisis como lo era Estados Unidos cuando él grabó MBDTF. Una frase atribuida a Víctor Hugo dice que: “Aquel que abre la puerta de una escuela, cierra una prisión”. Sin embargo, aquí no aplica, Kanye es consciente de que Estados Unidos ha venido cerrando numerosas escuelas y ha mantenido todas sus prisiones abiertas. En ese sentido los niños crecen para ser criminales en lugar de gente educada. Tomando esto, él dice que no tenemos nada que perder. Sabe del problema del que es testigo y ve que, de cualquier forma, el mundo es de él y, por eso, se ve a sí mismo como un elegido entre los demás, en un mundo hecho para la gente blanca. Y, resumiendo, regresamos al coro, para atacar esta misma postura. Nadie debe tener este poder, nos consume. La diferencia con respecto al primer coro es que agrega una línea, después del “tripping off the power”, menciona: “’Till then fuck that, the world’s ours”.

El ritmo es vertiginoso. Va casi galopando y es difícil analizar una línea concreta porque todas están llenas de significado. El patrón va igual, la letra es una exaltación y un ataque mismo al poder que otorgan ciertas cuestiones en nuestro día a día. El siguiente verso es un ataque a Saturday Night Live por haber permitido que Taylor Swift y Taylor Lautner (el entonces novio de Swift) se expresaran así de él e incluso de que el cast hiciera preguntas sobre su madre a modo de broma, de ahí la frase: “I’m an asshole? You niggas got jokes”. Haciéndolos ver que sus bromas son de mal gusto y que siguen a un ejecutivo que tiene complejo de Napoleón. Las referencias a sí mismo y hacia los demás son arrolladoras. Al finalizar esta estrofa, Kanye habla de como intenta abstraerse del mundo y obtener las ideas que rondan en su cabeza pero que la adultez y las responsabilidades que le imputan están terminando con su niño interior. Es un tour de force en donde las preocupaciones y los tiros a quemarropa van de la mano en versos que atraviesan a cualquiera de los señalados. Después de todo, la mayoría de nosotros pasamos por esos momentos, todos somos Kanye de alguna forma. Una vez más, el coro regresa para deshacer y/o enaltecer el reclamo en cuestión. Como dije antes, la celebridad y el odio o aversión que puede tener una persona es cuestión de poder. El último verso va dirigido a todos de una forma inesperada: “Lost in translation with a whole fucking nation, the say I was abomination of Obama’s nation. Well, that’s a pretty bad way to start a conversation.” También fue noticia cuando Obama en un detrás de cámaras antes de una entrevista se enteró de lo que había pasado con Taylor Swift y lo llamó un “jackass”. Kanye nunca ha sido abiertamente simpatizante de Obama, y con las recientes declaraciones que hizo sobre Donald Trump, todo parece apuntar a que tiene su origen ahí. Para terminar con este “ser-parte-de-la-fama” que igual proclama que merece, las líneas antes del coda son:

At the end of the day, god damn it I’m killing this shit
I know damn well y’all feeling this shit
I don’t need your pussy, bitch, I’m on my own dick
I ain’t gotta power trip, who you going home with?

How 'Ye doing? I’m surviving
I was drinking earlier, now I’m driving

Where the bad bitches, huh? Where you hiding?
I got the power to make your life so exciting.


El outro hace un giro extraño:

Now this will be a beautiful death
I’m jumping out the window, I’m letting everything go
Letting everything go

You got the power to let power go?




En esa primera línea habla sobre matarse, saltando de la ventana. Tal pareciera que el poder lo ha orillado a eso. Renunciando a la fama y al poder que le otorgan, prefiere quitarse la vida. La salida fácil era terminar en la cumbre de su carrera con su existencia. Sería un final de película, contrario a todo lo que un rapero haría. La presunción y la opulencia se vienen abajo cuando tu mismo decides terminar con todo de una vez y para siempre. El verso final antes del último “21st century schizoid man” es casi una consigna de vida. Final de monumento.

El video es mucho más ilustrativo. Dura poco más de un minuto y medio y es, en palabras de su director, una pintura móvil. Está hecho de forma que aparente ser una obra como las que se hicieron durante el Renacimiento, con Kanye en el centro y a su alrededor distintas mujeres que simbolizan distintas cosas. En el video él lleva una cadena gigante con un busto del Horus, el dios egipcio. Representaba el inicio de la cultura egipcia y es visto como el dios en el que iban a reencarnar los faraones para gobernar. A menudo se creía que los faraones eran las representaciones terrenales de los dioses del panteón egipcio. La imagen concuerda en absoluto con la representación casi en el Olimpo de Kanye y su gente. A su lado, se encuentra una mujer vestida como el ave Fénix, simbolizando el resurgir de entre sus cenizas del mismo rapero. Arriba de su cabeza, podemos ver una espada apuntando siempre a él. La Espada de Damocles es una leyenda de la vieja Italia, en la que Damocles era un lamebotas del entonces tirano Dinisio I de Siracusa y fue puesto a prueba cuando éste último hizo que cambiaran roles por un día. Damocles iba a ser tratado como un rey durante ese lapso. Él accedió al instante y después del banquete en su honor se dio cuenta de que una espada pendía de un único pelo de crin de caballo, sobre su cabeza. De inmediato Damocles desistió de los lujos a los que era acreedor y dejó el puesto una vez más al tirano. Ésta leyenda tiene como reflexión principalmente el peligro constante que conlleva para aquellos que ostentan el poder. Kanye es consciente de que el poder corrompe y consume, y la Espada de Damocles es su forma de demostrarlo. Es por mucho uno de los mejores videos de Kanye. Es exuberante de brillo y contraste, las imágenes son muy sugerentes y llevan una carga artística impresionante.




Kanye West es todo menos un pedante disfuncional. Es una figura controvertida que provoca repulsión y admiración casi al mismo tiempo. Sin embargo, ésta canción logra lo que a artistas más importantes les tomó carreras enteras. Ahí es nada. Todas estas metáforas y situaciones con respecto al poder son motivo de discusión seria, porque el poder lo permea todo. Es una obra maestra por sí misma, porque estamos acostumbrados a ver el poder en base a lo administrativo de nuestro sistema político y estatal. El poder no sólo está en las oficinas, está en el día a día. Kanye mencionó que escribió su canción para un “nosotros” en lugar de un ego personal. Porque invita a todos a dejarnos de las ataduras que deja la incomprensión, la falta de interlocutores válidos. De algún modo, Kanye es uno de los más grandes incomprendidos, y en eso él basa su postura de vida, el poder que ejerce sobre nosotros se cimenta en eso, en la falta de entendimiento. Algunos lo llaman genio por esto, y aunque eso aún está por verse, su forma de materializarlo es impresionante. Elon Musk mencionaba que Kanye no necesita caer en falsas molestias, porque sabe que su talento lo hace valer por todo lo demás. También siempre hemos sido Kanye, porque todos fuimos incomprendidos alguna vez, de nosotros dependió ser fieles a nuestra postura y llevarla a cabo a toda costa, sólo muy pocos lo logran, y en el camino se logran los genios. Más que nada, el poder es eso, la capacidad de ejercer nuestras decisiones, sí, pero sobretodo la capacidad de salir de la incomprensión. Kanye es el experto en eso, y como epitafio, “Power” es ya una tesis entera sobre nuestra relación con el poder. Nuestros miedos, nuestras flaquezas y momentos de preocupación se resumen en nuestra capacidad de volverlos arte para que los demás admiren nuestro legado. Y ahí, sólo ahí, el poder es nuestro.



domingo, 15 de julio de 2018

De la Tierra a la Luna. Alrededor de la Luna.

 «Cuando a un americano se le pone una idea en la cabeza, nunca falta otro americano que le ayude a realizarla. Con sólo que sean tres, eligen un presidente y dos secretarios. Si llegan a cuatro, nombran un archivero, y la sociedad funciona. Siendo cinco se convocan en asamblea general, y la sociedad queda definitivamente constituida».
—De la Tierra a la Luna. Capítulo I.

«Fue Julio Verne quien me decidió a la astronáutica».
—Yuri Gagarin. Primer ser humano en llegar al espacio.

Julio Verne es una figura que no podemos quitarnos de encima 100 años después de que se encontraba viviendo en nuestro mundo. Ahora a partido a quién sabe dónde a seguir trayendo historias, o a huir de la realidad. Julio Verne es uno de ese franceses de los que el pueblo celebra cada 14 de julio aunque no interviniera para nada en el evento de la toma de la Bastilla, pero este personaje llena de Francia al mundo con la incursión de sus obras en cada latitud del globo y por la inclusión de al menos un personaje paisano suyo en la mayoría de ellas. No vamos a desdeñar sus predicciones que a lo mejor han sido tan acertadas como equívocas, sin embargo se atrevió a hablar en pro del ingenio humano de una vez y por todas para catapultarnos al mundo de ahora. Él no fue inventor, es cierto; ah pero si lo fuera...
Yo no sé qué poderes tenía Verne, que además de poder predecir que el ser humano se aventuraría a explorar su vecindad, también adivinó así que los que llevaban el temple para lograrlo eran nuestros vecinos del norte; esto a pesar e estar recuperándose de una cruel guerra en contra de la esclavitud (como vemos: un país de contrastes).
La necesidad de explorar ese planeta es algo que puede pasar a segundo plano porque no existen beneficios de la explotación de sus selénicos terrenos cuando en realidad todo son suposiciones que hacen los selenógrafos de su época cuando comparan sus observaciones con lo que se encuentra aquí en la Tierra. Si se comparan los parajes de la Luna con un queso es evidente la similitud y el porqué mucha gente considera la composición de nuestro satélite como de queso. Por el bien de la ciencia y de la historia que aquí transcurre, esa hipótesis banal se desecha e inmediatamente Barbicane y Nicholl le muestran a Ardan la verdadera selenografía. En este punto quiero hacer un gran paréntesis acerca de la historia, y en general de Verne. Julio Verne es un hombre que no se toma para nada sus historias a la ligera, y es por esto que a través de estas y otras novelas la justificación científica de todos los aspectos de la historia sale a relucir. Aquí tenemos a Barbicane y a Nicholl, quienes están adoctrinados científicamente y con precisión matemática son los encargados de calcular cuestiones de vital importancia para el desarrollo de la misión, como lo es la cantidad de combustible a utilizar, y de la misma manera la cantidad de distintos insumos necesarios, así como las dimensiones ideales del proyectil y del cañón que dispararía a este proyectil hasta nuestro astro. De la misma manera en que sirven de calculadoras humanas en la primera parte de la misión, sirven a la vez de divulgadores de la ciencia para dar luz a Ardan y a nosotros como lectores acerca de los diferentes fenómenos que ocurren en el trayecto. Mi conclusión favorita a la que llegaron estos genios se da después de algún tiempo después de salir de la tierra, cuando se preguntaron la razón de no haber escuchado el disparo del cañón: viajaban más rápido que la velocidad del sonido. Es por esta razón de precisión que me atrevo a decir que de seguro Von Braun o Buzz Aldrin tenían este para novelas para cumplir el sueño mortal de llegar a la Luna; y en general de cualquier pionero de lograr su meta científica tecnológica.
Julio Verne contó con un aliado científico para poder escribir estas dos novela. Tenemos aquí de asesor científico al observatorio de Cambridge en Inglaterra. El motivo de que el grupo de científicos que ahí laboraban eran la autoridad científica de la mano de ellos es que Verne anota otro gol cuando se establecen las latitudes entre las cuales es recomendable su uso para la colocación de las bases de lanzamiento espacial. En Florida se ubica actualmente Cabo Cañaveral, que es usado tanto por la NASA como por la fuerza aérea de EEUU y por Elon Musk por sus cualidades cuasi-ecuatoriales. Pues bien, como en este punto lo habrán adivinado (o si tal vez ya son conocedores de la historia), la base del cañón se encuentra en Florida, y también los ojos del mundo se colocaron en ese punto cuando Barbicane, Nicholl y Ardan se embarcaron en su viaje como cuando Neil, Buzz y Edwin lo hicieron una centuria después. No dejan de asombrarme estos paralelismos entre la verdad y la ficción que inspiró a esa verdad, y acaso otro paralelismo se da cuando ambas naves llegan al océano para culminar su aventura como verdaderos héroes.

domingo, 8 de julio de 2018

La destrucción de todas las cosas. Hugo Hiriart

«...tal vez si México no fuera un país tan injusto, Los otros no hubieran decidido conquistarlo.»

Mientras navegaba a dos pies por la biblioteca, tuve la suerte de encontrarme con un libro de Hugo Hiriart que se encontraba en lo más alto de un estante. A Hiriart tuve el gusto de conocerlo hace poco más de un año y tuve también el gusto de recibir su firma en su libro «El arte de perdurar». Me costaba trabajo creer que ese hombre tuviera tan incisiva crítica, de manera que acabé ese libro habiendo conocido a través de la prosa a uno de los ensayistas más importantes de México en el siglo XX y lo mucho que nos dure en el siglo XXI.
Conociendo a Hiriart como ensayista, tomé el libro «La destrucción de todas las cosas» porque en mi mente sonaba como una gran crítica a, bueno, todas las cosas que importan y que no importan. Fue grande mi sorpresa al leer que se trataba de una novela y quise más leerlo.
Desde las primeras clases de historia de la primaria es que llegamos a saber la manera en que sucedió el choque de dos de las más importantes culturas del momento con quizá los dos líderes más importantes de la época: Moctezuma y Hernán Cortés (con perdón de Pizarro y Atahualpa). El choque del que hablamos sepultó la gran Tenochtitlán con una lápida del México moderno, mismo que en distintas ocasiones estuvo a punto de ser conquistado y destruido por españoles (como los últimos síntomas de una gripe), franceses (en dos ocasiones), gringos (en al menos otras dos ocasiones) y no quiero ponerme a numerar todas las veces que nosotros mismos casi lo llevamos a la destrucción. Es por eso que llegando ya al mundo globalizado y sin enemigos expresos del que gozamos, nos resulta difícil pensar que exista otra horda dispuesta a destruirlo. Es por eso que la lectura de esta novela es importante, pues nos lleva a pensar en esa posibilidad impensable...
Pongamos que el sueño de Hollywood se realiza y llega a la tierra una civilización más avanzada. Olvidemos los parajes que se extienden como escenario en nuestro vecino del norte y comencemos por proponer la invasión en un país que no es una potencia mundial, como México. El tiempo no importa, realmente el autor fue cuidadoso de primero lograr que bajo los seudónimos de los personajes no importe el tiempo. Mucho se ha dicho de el choque de culturas y su similitud con lo que experimentaron las culturas ancestrales hace medio milenio, es por eso que responder las preguntas lleva a una aterradora respuesta. ¿Qué pasaría con el choque de culturas? Los otros, como los llaman, hacen su aparición a través de algunos intérpretes y terminan imponiéndose a la fuerza de a poco. Es muy difícil que culturas con eones de diferencia en su desarrollo evolutivo se logren poner de acuerdo, y es por eso que terminan chocando y llegamos a una crónica de un spoler anunicado... Lo interesante es entonces la pulpa, lo que se encuentra en medio de este inicio y de este final de los que les hablo.
Existen varios papeles gubernamentales que se asumen en la novela a través de ingeniosos seudónimos, como lo mencioné. Incluso Los otros en un primer momento fueron llamados marcianos, ya sea un poco por ignorancia, ya sea también por la influencia de la cultura popular. Lo cierto es que no podían encontrarse más equivocados, pues Los otros no pertenecían a esta dimensión. Ese fue el primer error del flamante secretario de gobernación, el segundo fue ver con ojos en forma de signo de pesos ($) al contacto como una oportunidad económica para el país y/o su bolsillo. El México en el que se sitúa la novela se encuentra satirizado, por lo que no es de sorprender la injusticia proverbial en este sistema sumergido en una larga conquista que va más allá de un proceso de mestizaje histórico, lo que provoca que exista una amplia división en la sociedad que se encuentra conquistada. Siempre existen los traidores al yugo del opresor: hace 500 años los tlaxcaltecas, en este contexto los más desfavorecidos. Todos estos, quienes vieron en el invasor una oportunidad para una ventaja futura una vez liberados.
Hace 500 años las balas y el metal vencieron a la obsidiana. En esta invasión las armas que ahora denominamos convencionales son vencidas por armas que se encuentran fuera de la comprensión del ser humano. Es cierto que Los otros llegaron a cambiar nuestra concepción del mundo, y por lo mismo impusieron ellos mismos sus mismas reglas, que relegaron a las nuestras sobremanera. Califican de aberrante la distribución de nuestras casas, consideran el hábito de fumar una aberración de aberraciones y nuestra formar de bailar una expresión de salvajes.
En la novela tenemos personajes como Comezón y Puchurreta que se presentan como falsos héroes por su incompetencia, y espere a leerla para enterarse de su cargo y la relación con esto.

domingo, 24 de junio de 2018

Daft Punk - Random Access Memories


El enigma hace que nos interesen más las cosas. Es la verdad. Entre menos sepamos sobre algo, nuestra naturaleza humana nos hacer querer entenderlo más. No hay nada más contagioso que una idea, y nada más obsesivo que no tener información sobre ella en absoluto. En la música siempre pasa, cuando Radiohead lanzó el ahora famoso A Moon Shaped Pool hace dos años su táctica para venderlo fue inmejorable. Básicamente nunca supimos nada de la banda durante un año, borraron todo rastro de sus redes sociales, y sólo fueron dando información sobre el disco como si en algún momento fueran a lanzarlo, quién sabe cuándo. Al final, exactamente una semana antes, anunciaron que saldría un domingo, pero el título, el tracklist, y la portada seguían siendo un misterio. Sólo hasta llegado el momento todo fue revelado y la bomba explotó. Fue una idea brillante. No cabe duda de que entre menos nos den información sobre algo que nos interesa más nos apasiona, porque la falta de respuestas nos hace querer encontrarlas, ¿no? Sin embargo, aunque el ejemplo de Radiohead es bueno, la verdad es que la banda está muy lejos de ser enigmática a comparación de otros mitos. De ésta y muchas otras agrupaciones nos sabemos al derecho y al revés sus vidas, sus tribulaciones, su imagen no es ajena a nuestro acervo cultural. Existen, por el contrario, artistas de los que lo único que tenemos es solamente eso que ellos quieren que sepamos. Y en eso, Daft Punk son los auténticos artífices.

¿Qué no se ha dicho sobre Daft Punk que no se haya escrito ya? Desde hace casi veinte años nos hemos enfocado en encontrar pistas que nos acerquen a su forma de pensar, un poco más. El porqué no es sencillo de responder y, si lo fuera, estaría muy ligado al misterio que los rodea, pero sobretodo a su música. Desde 1997 nos han entregado trabajos que de una forma u otra han hecho cambiar nuestra manera de escuchar la música electrónica. Todos, absolutamente todos sus trabajos nos han retado. Homework fue una carta en la que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo hacían declaración de principios sobre lo que el House francés podía ofrecerle al mundo. El resultado fue un disco por demás influyente en la escena rave de aquellos años, aún buscando solvencia crítica, que catapultó al french touch en la mira global. Para muchos no es extraño escuchar “Around the World” o “Da Funk” en estos días, porque su legado es imperecedero. La razón también es sencilla, el disco simplemente es genial, en todo sentido. La composición desinteresada lo hace un trabajo no sólo divertido, sino también concreto y contenido en sí mismo. El claro ejemplo de que en Europa se refinaba todo lo que creaban los estadounidenses nunca había sido tan sólido. El House, como género americano, veía en Homework una reinterpretación que haría que todos pensáramos que no son sólo locuras de otro lado. Los visuales siempre fueron parte importante en la estética del dúo, y eso que en aquella época tenemos todavía las últimas fotografías públicas que se hicieron de la banda sin alguna clase de máscara. El siguiente salto nos haría verlos como los entes que en realidad son, robots, after all. Si en Homework habían captado la atención del más puritano anti-electrónica, con Discovery no había excusa para no ser un fanático. Ahí ellos mismos refinaron su mezcla francesa de house y le agregaron el toque Synthpop que era el paso más lógico. Es difícil encontrar a alguien que no haya escuchado “One More Time”, mucho menos a alguien que no sepa decir harder better faster stronger con la voz robotizada. Son pasajes que se han incrustado en nuestra memoria, que hasta sirven para el cotorreo del más ajeno a sus canciones. Los samples que utilizaron para ese álbum aún siguen dando de qué hablar a los fanáticos que los buscan, y aunque salió ya en el nuevo milenio fue un clásico instantáneo. A partir de entonces vimos a los robots que son tan familiares. Era el comienzo de una nueva era, su atención por los detalles de la producción los hicieron casi los reyes de la vanguardia dance. Pasó un tiempo y todo tuvo que cambiar. El golpe que supuso escuchar Human After All fue algo que aún desconcierta. La crudeza y la falta de cuidado en las composiciones hizo que muchos se decepcionaran, aunque “Robot Rock” es un rolón, la neta. Sin embargo, Daft Punk nos dio un elotazo en el hocico (perdón por lo ñero pero es la verdad) cuando se supo de los primeros minutos de la gira de Alive 2006/2007 en Coachella en 2006. Los que fueron parte de ella quedaron deslumbrados por lo intrincado del espectáculo, lo impresionante de los visuales y lo increíblemente atrayente del mix de éxitos viejos y nuevos. Daft Punk cumplía diez años de debutar y aún seguían en la cima, contra todo pronóstico.

Tuvieron que pasar muchos años, más de lo que uno pudiera imaginar, para volver a saber de ellos. Y es que detrás de esos cascos, sus proyectos son casi desconocidos para los que no están a su alrededor. Los vimos esporádicamente en ciertos lugares, haciendo “Stronger” con Kanye West y saliendo en los Grammy con la famosa pirámide. El sountrack para Tron: Legacy fue un proyecto que se quedó en un lugar un poco mínimo pero que no por eso es menos virtuoso, nos muestra a la banda sabiendo capturar atmósfera y eso siempre se había agradecido. Sin embargo, ese periodo de “inactividad” sólo logró que creciera más la expectativa. Porque esos años fueron la etapa de mayor auge del EDM, de David Guetta, de Avicii, de Afrojack, de Skrillex, incluso los Swedish House Mafia debutaron y se separaron y Daft Punk todavía no sacaba disco. La verdad es que el monstruo del House que ellos mismos habían creado había pasado a ser no sólo música mayoritaria, más que el Rock incluso, sino a ser la música más mecánica y poco imaginativa de la que se tiene memoria en años recientes. De repente la radio se saturó con la misma canción hecha una y otra vez, el beat atronador y los sintetizadores hechos con plugins de computadora no nos dejaban en paz, porque eran absurdamente repetitivos, todo era igual. Ya para cuando Martin Garrix, Zedd o Kygo llegaron ya no había mucho qué mejorar. De alguna forma, todos esos años de ausencia de Daft Punk nos hacía añorar un poco más esa escuela que se veía ya vieja en comparación. Porque aunque fuera hecha por robots, se sentía más viva que nunca. Tenía esa sensibilidad que se perdió en algún momento iniciando la década. “One More Time” se escuchaba moderna aunque tuviera ya más de diez años, ahí era nada. Muy pocos se preocuparon por tener noticia del dúo y saber cuál era su opinión respecto a la incipiente escena de EDM que hacía vibrar los festivales pero que estaba más carente de vida de lo que uno imaginaba.

Fue hasta un día de los primeros de marzo del 2013, aún lo recuerdo, que se anunció que Daft Punk acababa de lanzar un comercial de televisión durante el Saturday Night Live de esa noche. No se tenía más noticia que el hecho de ver por quince segundos el logo de la banda rotando mientras una música funk se oía de fondo, sin vocales, para luego ser tragado por una transición que mostraba una mitad de cada casco de la banda y que terminaría por ser la portada. ¿Misterioso? Muchísimo. ¿Novedoso? También. La noticia fue que se escuchaba lo que parecía ser una guitarra, un bajo y una batería, elementos que uno no escucharía jamás en una pista House, no siendo tocados con ese propósito, pues. No parecía ser sample de otra canción por lo que para saberlo teníamos que estar pendientes a nuevas noticias. Una vez más, el siguiente sábado salió durante SNL otra porción de quince segundos con otra parte de la canción y el título de Random Access Memories escrito en letras cursivas cual Thriller de Michael Jackson. No se tenía conocimiento absoluto sobre lo que esto fuera a significar, y los mixes de aficionados no se hicieron esperar. Pasó un mes y en la primera noche de Coachella de ese año pudimos ver un clip más largo, pero mucho más iluminador, literalmente. Se esuchaba la misma música que en los anuncios de SNL pero ahora pudimos ver a Pharrell cantando, con Nile Rodgers tocando la guitarra y a Daft Punk tocando el bajo y la batería, en unos trajes tipo bola Swarovski que brillaban muchísimo, y con el coro de lo que ahora es “Get Lucky”. Uno ve los videos que subieron de la transmisión de Coachella y la gente se vuelve loca, y es que la expectativa sólo estaba creciendo, para que al final, presentando una lista de “protagonistas” viéramos que entre los colaboradores iban a estar viejos amigos como Todd Edwards, Chilly Gonzales pero ahora con Julian Casablancas y Giorgio Moroder, entre otros, por supuesto Pharrell y Nile Rodgers. A partir de entonces no me quise involucrar mucho, sabía que los adelantos iban a suceder, que si Daft Punk no lanzaba nada, era cuestión de tiempo para que los fanáticos lo hicieran, como pasó con “Get Lucky” una semana después, al punto de que se tuvo que lanzar con una mezcla corta antes de que las pérdidas por la filtración fueran muy importantes. Escuché ese primer sencillo y ya, fue todo. Anunciaron la fecha de lanzamiento en México para el 21 de Mayo, mi cumpleaños, y no puedo estar más agradecido. Pasaron los días y yo impaciente tuve que esperar. Recuerdo que un amigo y yo estábamos en un congreso que nos pedía estar desde temprano en el centro de la ciudad, ambos éramos fanáticos de Daft Punk y tanto él como yo nos encargamos de hartar a nuestros a los demás al menos una vez con sus canciones cuando estábamos en secundaria, por lo que cuando iba de camino hacia el evento me detuve en el Sanborns y compré la única copia que había, al parecer el disco había llegado a tiempo y yo estaba más que feliz. No tenía computadora que me permitiera pasar el disco a mi celular hasta que una chava que no tenía la más mínima idea de lo que hablaba me dejó convertirlo a MP3 para irlo escuchando de regreso a casa. Recuerdo que aquel día era la cena baile de clausura del congreso, por lo que tenía que regresar un rato después. De camino al autobús puse play a la que era la primera pista. Rayos, hasta se me pone la piel de gallina de recordar.
Give Life Back To Music” era lo mejor que había escuchado en años, desde el primer riff sabía que esto iba a ser algo único. Para cuando regresamos al congreso, ese mismo días, ya nos sabíamos casi de memoria al menos la primera mitad del disco, y recuerdo que esperando en frente de un hotel en Plaza de Armas vimos que pasó un sujeto en una camioneta con “Lose Yourself to Dance” a todo volumen, y no pudimos evitar gritarle para saludarlo fuera quien fuera, él entendió de inmediato a qué nos referíamos y nos contestó igual de eufórico, se veía el efecto que las canciones habían causado en nosotros con tan sólo unas horas. El proceso de espera para estar en sintonía con la banda después de tanto tiempo había culminado en esto, y hasta entonces era indescriptible.

Ahora, a estas alturas no puedo hablar del disco como una escucha tal cual, normalmente doy un preámbulo y voy mostrando los elementos de las canciones una por una. Aquí es diferente, porque la experiencia se fue dando de forma muy gradual, tomó mucho tiempo internarme en el álbum y el dejarlo reposar fue algo brillante. Todo esto se basa en experiencia sensible. Pero en fin, creo que ya notaron que me encantó. “Give Life Back to Music” era perfecta, no había escuchado igual, algo que sonara tan auténtico y a la vez tan moderno, tan bien hecho. Era la declaración de principios que necesitaba esta década, ya desde el puro título. Porque cuando mencioné arriba que la música estaba perdiendo vida, Daft Punk pareció leerme la cabeza y la introducción era exactamente eso, música vuelta al mundo. Sonaba a una banda de Funk, de Disco, pero con una delicadeza en la producción que no he visto en ningún álbum de estos años, en ninguno. La pista conectó conmigo de inmediato, y aunque es una pieza más bien reposada, me dejó expectante de más. La guitarra, la batería, los teclados, el bajo, todo está en su lugar, y hasta las voces robotizadas se oyen más humanas, after all. Minimalista, es una pista brillante. Es por eso que “The Game of Love” parece que baja un poco la tónica de esto y entrega una balada tipo “Something About Us” que siempre queda bien. Las voces siguen igual de meticulosamente producidas y la instrumentación mantiene esa finura que atrapa al audiófilo serio. Hasta entonces no me había puesto a investigar sobre el proceso de grabación, pero cuando seguí con “Giorgio By Moroder” entendí que todo iba sobre una tónica muy simple, la música hablaba por sí misma, y el escucha lo captaría de inmediato porque la producción misma se basaba en eso, en que el resultado fuera tan impecable que uno lo pudiera notar. El monólogo de Moroder (con un pesado acento, la neta) sobre lo que significó su carrera y el proceso de hacerse leyenda es una analogía de lo que es el arte mismo, así de sencillo. Es por eso, y por lo que digo a continuación, que esta tercera pista es La canción. Con sus casi diez minutos de duración, es progresiva, con un tinte Funk impresionante y con ritmo que no flaquea. El sintetizador se vuelve protagonista y extra al mismo tiempo, porque vemos apariciones nada forzadas y momentos en los que se vuelve el esqueleto mismo. El elemento nuevo es aquí la orquesta, una orquesta que a leguas se oye gigante y que da paso a un frenesí de distorsión y desenfreno, por mucho la mejor canción de todo el disco. “Within” sigue en la línea de “The Game of Love”, una balada con piano interpretado por Chilly Gonzales, que encapsula de igual forma la misma atmósfera de las canciones que van hasta ahora. Por mucho esperé para escuchar lo que sería la colaboración con Julian Casablancas, es por eso que “Instant Crush” me dejó un poco sacado de onda. No era lo que esperaba, teniendo en cuenta los que los Strokes han hecho, aunque la pista es muy buena, es también inesperada. Julian Casablancas canta con un falsetto que no había escuchado antes, y los sintetizadores la hacen la más retro hasta entonces. Recuerdo que esa canción fue un mantra para mí, durante unos meses, cuando el vídeo musical todavía no salía. Es buenísima. “Lose Yourself to Dance” vuelve un poco a lo que la pista de Moroder nos había mostrado, pero ahora con la guitarra chic de Nile Rodgers y las vocales que habíamos escuchado en “Get Lucky” por parte de Pharrell, con las líneas robóticas de la banda mezcladas en distintos canales y haciendo tipo crescendo, se nota espacialmente, en verdad uno siente que se van acercando y alejando las voces conforme se reproduce la pista, una vez más los detalles son lo principal. Ahora, viene la épica. Cuando leí sobre el disco ya más en forma vi que hubo tracks que eran complejas como uno no se imaginaba antes, “Touch” es una de ellas. Hecha a base de 250 pistas de grabación, con orquesta, coro, piano, trompeta. Tiene ese aire de Nueva Orleans, de esa vibra dandy que tienen muchas canciones de ahora, pero suena moderna, es inevitable, el ambiente suena nuevo, suena fresco. La versión que salió en un principio de “Get Lucky” era dos minutos más corta que la que aparece en el álbum, y aunque los dos minutos no aportan mucho, la verdad es que suena igual de buena. Hasta ahora no he tenido adjetivos malos sobre las canciones, pero es que no puede ser de otra forma, al menos yo no veo cómo. Los restos de lo que fue la banda sonora para Tron dejaron secuela, porque en “Beyond” se aprecia la orquesta como nunca. Nocturna, la letra de la canción va pasando, verso a verso, a una capa más profunda de la existencia, por así decirlo: “close your rise and rise, higher still, endless thrill, to the land of love, beyond love...”. La producción aquí es mínima pero certera, de formas que sólo Daft Punk puede lograr. “Motherboard” sigue esta línea, y va por un sendero más instrumental en la que el ambiente se vuelve primordial, el detalle es exquisito y las texturas son ricas en dinamismo. “Fragments of Time” viene a sacarnos un poco de esa especie de oscuridad que comparten “Beyond” y “Motherboard” con una pista pop cantada por Todd Edwards y que evoca a “Touch” por momentos. También la producción es mínima y se enfoca en la melodía más que en la atmósfera. Ligera y reposada, una pequeña joya. Como dato, cabe aclarar que parece que la banda hace un guiño a la estructura de Discovery, de igual forma pasan varias pistas sin vocales, la gran mayoría en realidad, desde que termina “Harder Better Faster Stronger” hasta “Short Circuit”, para seguir con la penúltima canción, cantada por Edwards, “Face to Face”, como regresándonos a tierras más familiares antes de finalizar con otra épica. Aquí fue el mismo caso. “Doin’ it Right” es otra pista mínima, quizás la más electrónica, con una batería sintética y un bajo atronador, al estilo house. Panda Bear de Animal Collective canta muy adhoc y la canción deja una impresión genial. “Contact” sigue siendo inesperada. La canción nos prepara con un ritmo sincopado, que crece conforme los sintetizadores lo hacen, para terminar con un subidón que deja sin aliento. Lleno de distorsión, es el último empuje para un álbum que ya de por sí impresionaba con cada pista.

Me tomó mucho hacer el recuento de todo aquellos primeros meses. Lo escuché incesantemente, casi de forma adictiva. Me aprendí las canciones de memoria. Y es que entonces yo era alérgico al EDM, estaba en todos lados, era inevitable escuchar una canción de esas al menos una vez en el día. Por eso, cuando pensaba en la posibilidad de que Daft Punk se volviera un Afrojack me desanimaba un poco. Quizás fue por eso que me gustó tanto el Random Access Memories, porque ya desde el principio intentaba regresarnos a esas tierras que uno creía deshabitadas. Si nos estábamos saturando de tanta música desechable, lo lógico era volver al inicio, a lo básico. Lo que inspiró a la música House desde el principio fue aquella ola Disco que fue relegada cuando cayó de la gracia de todos, se volvió música marginal. Hasta que distintas bandas, distintos artistas, encontraron cierta alegre nostalgia y empezaron a samplear los vinilos de aquellos días, nacieron los DJs que ahora conocemos. Pero no sólo eso, nació también una nueva ola de Hip Hop, con Dr. Dre usando toda clase de samples para crear el G-Funk por ejemplo. Daft Punk no sólo quiso regresar al House de antaño, regresó al Funk, al Disco mismos. Regresaron a ese sonido de otra época pero le dieron su propio toque, aún se escucha francés aunque es puramente estadounidense. Tenemos aquí una muestra de eclecticismo que no ha sido igualada, porque las influencias que lo componen son tan variadas que uno las distinguiría, sin embargo aquí se escuchan perfecto, al unísono. La declaración de principios fue eso, ellos dijeron que estaban desencantados con los samples, y contrataron a todo un repertorio de músicos de sesión veteranos en la música de aquellos años, gente que trabajó Stevie Wonder, Michael Jackson, Prince, la lista sigue. El resultado fue un disco de manufactura exquisita que es un lujo para los oídos no sólo musical, también técnica y sónicamente. Le pusieron tanto cuidado a la mezcla y al rango dinámico que los ingenieros fueron acreedores al Grammy como mejor producción en el disco. Lo análogo convive con armonía en lo digital y una cosa no riñe con otra. La mejor forma de aterrizar todo lo que aprendimos en diez años de EDM fue que perdimos de vista la vitalidad de la música, y aquí Daft Punk vuelve a imponerse por mérito propio.

Quizás estemos ante el disco mejor producido en lo que va de la década. Los excesos sinfónicos que suponen crear una Banda sonora como la de Tron los inspiró para imaginar algo épico, una carta del pasado que se oye más nueva que nunca. La táctica de marketing no fue la excepción, y la banda optó por los viejos promocionales gigantes en las carreteras, como aquellos discos que se promocionaban en la era pre-internet. El empeño a la masterización del vinilo fue notada por muchos críticos que unánimemente lo nombraron uno de los discos del año. Para mí es la declaración más importante en lo que va de la década. Porque Daft Punk nos acostumbra a lanzamientos muy esporádicos pero que de alguna forma redefinen lo que entendemos por música electrónica en el momento que salen. Así pasó con Homework que atrajo a gente profana al género, con Discovery que hizo entender a los mismos Djs que el Synthpop y el New Wave siguen siendo fuente de inspiración para el Disco moderno, con Human After All que los excesos también cansan y ahora con Random Access Memories que la música debe tener espíritu y vivacidad para que sea imperecedera. Para mí sigue siendo el mejor disco para los 2010s, en una época llena de Hip Hop (que no necesariamente es malo), de Trap y de otros horrores, es un deber artístico aspirar a la grandeza, no importa que afán pretencioso de los artistas de ahora nos impongan, el arte tiene que aspirar a ser mejor cada vez, sino no sirve y digan lo que digan los que sólo saben hacer basura disfrazada de vanguardia, finalmente sólo esconden su mediocridad con afanes estéticos que ni ellos entienden.

Han pasado cinco años desde el regreso de Daft Punk y, aunque hemos estado inmersos en otra clase de eventos socioculturales que le dan más relevancia a otras expresiones, el disco no sólo envejece con gracia, no se ha perdido en la maraña de lo desechable. Porque representa al culminación de un año que vio el renacimiento de la ola de música afroamericana, desde Franz Ferdinand hasta Paul McCartney, pasando por Arcade Fire y los Arctic Monkeys. No tiene que ser necesariamente recordado y escuchado cada fin de semana, hemos visto su influencia en la nueva ola de Nü Disco, en un regreso de Nile Rodgers a las colaboraciones, a Giorgio Moroder de vuelta en los festivales rompiendo la pista con sets impresionantes, a The Weeknd creando hitazos instantáneos con Thomas y Guy-Man, a Kanye West pidiendo inspiración al dúo, en fin, en un sin fin de formas. No hemos visto de nuevo a la banda en vivo, y es comprensible, después de el Alive 2006/2007 sólo han aparecido en vivo en ocasiones que se cuentan con los dedos de la mano, una de ellas fue cuando recibieron todos los Grammy a los que fueron nominados en el 2014, presentando “Get Lucky” con un mash up de otras canciones, de Chic y de Stevie Wonder, contando con la colaboración de Pharrel, Nile Rodgers (por supuesto) y el propio Stevie Wonder. No he visto en vida una mejor presentación en los Grammy (salvo las de Kendrick, pero ahí va mezclado otro rollo más político que igual queda impecable), porque la interpretación fue brillante, con “Another Star” sirviendo de grand finale, una belleza. Es también curioso como con ciertos artistas nos aferramos sólo a lo que nos dan, porque de Daft Punk sólo sabemos lo que ellos mismos presentan, el mito y la leyenda que han creado detrás de esos cascos de robot es lo mismo que ellos decidieron hacer, argumentan que no creen en el culto a la imagen, sin embargo sus disfraces y su estética los ha vuelto íconos, por su hermetismo, pero también por la calidad de su música. En el documental Daft Punk Unchained todos los artistas que han colaborado con ellos y los que se han inspirado sólo tienen de referente lo que han pasado juntos y lo que muestran de resultado, los que no los conocen ni siquiera eso, sólo tienen el impacto que sus canciones han generado en ellos y en tantos otros. Las leyendas hacen eso, las leyendas no necesitan más.

Corren tiempos buenos para la gente marchosa, dijo Serrat, y el año en que salió RAM no era menos inquieto. Fue un año impresionante para la música, lleno de nuevas expresiones, del comienzo de una nueva forma de escucharla, del inicio del final de otras carreras, de una visión más amplia para la industria. Aquel disco fue uno de los más influyentes en mi vida, y aunque los demás lo olviden, que no creo, el trabajo por sí mismo es una joya. Aprendí otra manera de hacer música, de escucharla. Espero tengamos noticias de ellos pronto, ya viene siendo tiempo de una nueva declaración de su parte. Los excesos están regresando y a veces uno necesita aterrizar. De cualquier forma, y hagan lo que hagan, lo que han hecho hasta ahora habla por sí mismo, y siempre vale la pena volver a aquellos días. Siempre. Igualmente de eso se trata esto, con la banda o el artista que sea. A todos ellos, gracias.