martes, 28 de enero de 2020

Los 20 Discos Favoritos de la Década por El Joaqui - Parte 2

Siguiendo con la programación de mis discos favoritos de la década. Les traigo la segunda y última parte de esta lista. Aquí me doy el lujo de escribir largo y tendido. El Rock iberoamericano tiene más presencia, y también está mi disco favorito de la década. Al final les dejo una paylist en Spotify para que disfruten un poco las que fueron mis canciones favoritas de estas grabaciones. Entonces, sin más qué decir por ahora, sigamos.




Arcade Fire – Reflektor (2013)
También lo sé, The Suburbs es mejor. Pero, mi razón también aquí es válida. Arcade Fire nunca alcanzó un nivel de concepto intelectual (más que narrativo, como pasa en los otros tres discos) ni una producción tan refinada e innovadora como en Reflektor. James Murphy aquí hace su trabajo impecablemente y la da un respiro al Pop barroco que la banda pudo haber empezado a desgastar después de repetir la fórmula. Los temas sobre enajenación de masas, sobre la hipocresía de las personas en el día a día y sobre un mundo en crisis lo vuelve un álbum difícil de escuchar. Aunque, eso sí, deja espacio para cierto optimismo en un mundo en llamas como en “Afterlife” o “I’ts Never Over (Oh Orpheus)”. Y aunque el método funcionó de maravilla, fue precisamente la repetición desmedida lo que hizo de Everything Now no sólo el peor disco de la banda, sino que la posibilidad de tener a Thomas Bangalter produciendo no es garantía de no volverte una parodia de ti mismo. Aun así, que no paguen justos por pecadores, Reflektor es una belleza.

Pistas Favoritas: “Reflektor”, “We Exist”, “Normal Person”, “Joan of Arc”, “Afterlife”.

Reseña original en el Blog.




Jack White – Lazaretto (2014)
Jack White siempre ha sido un purista que ve primero por la música y luego por todo lo demás. Desde sus tiempos dorados con los White Stripes ha intentado llevar su arte a lugares más allá de los que la industria y los convencionalismos le permitieron. No sólo tienen sus influencias claras, las deja pulcras para que su música se vierta en ellas y sea una parte cruda que el rock sigue necesitando en estos años. La producción analógica a veces tan lo-fi es no sólo una declaración de principios, nos recuerda que la tecnología si sirve para algo es para revitalizar y no para enajenar. Lazaretto fue una prueba concluyente de que White no sólo estaba en un punto cumbre en su madurez como compositor, sino de que la creatividad ya no residía en adjetivos o etiquetas como “indie rock”. Eran compositores en solitario que hacían valer precisamente los estándares que el Rock estaba perdiendo como género masivo. La amalgama Country, Blues, Hard Rock, Folk, Punk y hasta Hip Hop aunado a sintetizadores y efectos de guitarra abrumadores no sólo lo lanzaron a una experimentación más que necesaria, nos regaló la caja de Pandora de las posibilidades a todos nosotros para siempre escuchar y siempre encontrar cosas distintas en cualquier momento. Lo que hace clásicos a los clásicos, por supuesto que sí.

Pistas Favoritas: “Three Women”, “Lazaretto”, “Would You Fight for My Love?”, “The Black Bat Licorice”, “I Think I Found the Culprit”.



Telescopios – Doble de Riesgo (2018)
La verdad sea dicha, no fue una muy buena década para el Rock latinoamericano. Se habló mucho del estancamiento de la escena frente a las propuestas de todos los demás países. Y es que no fue un problema de crear música por toneladas, porque hubo, y muchísima, fue más bien un problema de originalidad. Durante todos estos años las bandas latinoamericanas se dedicaron a prácticamente imitar (porque ni siquiera emular) a las bandas que estaban saliendo del Indie rock internacional. Por ende, fue muy complicado encontrar propuestas con cierto grado de creatividad genuina y con un sello de identidad asociado a su contexto geográfico. Eso siempre se agradece cuando sucede, como ocurrió cuando me topé con Doble de Riesgo de los argentinos Telescopios. Un disco con un éxito menor que no ha sonado para nada aquí, pero que es una obra concreta y completa de principio a fin. Con tan sólo 31 minutos (ve la referencia, Cap, por favor), tiene prácticamente todo lo que un disco clásico debe tener. Existe una primera fase en la que la influencia de Tame Impala es más que obvia, con canciones llenas de espacio, reverberación y capa tras capa de sintetizadores, para dar paso a una más experimental pero que no harta porque dura precisamente lo necesario para simplemente sentar el giro hacia un nuevo lugar. Son canciones cortas pero que llegan directo al punto, con un eclecticismo que ya quisiera tener cualquier banda “progresiva” de por aquí. Hay reggaetón en “Tus Amigos de la Cia”, el post punk cálido de “La Párticula de Dios”, un beat inmenso casi de Hip Hop en “Androides” y la oscuridad necesaria en “Año Nuevo”. Y mientras la música experimenta interminablemente, las letras se vuelven crudas y reales sobre el hastío y la enajenación del hombre moderno. Un tratado sobre lo que un álbum debe tener y decir, y que no sólo apela a esta época, sino que se deja escuchar perfecto en cualquier momento y con la impresión de una vejez agraciada. Ojalá nos toque verlos por aquí pronto, que un aire fresco (rollin’ down the window) ya era más que necesario para la música cantada en español.

Pistas Favoritas: “Viña del Mar”, “Tus Amigos de la Cia”, “La Partícula de Dios”, “Año Nuevo”, “Se Quebró en la Vida Real”.




Kids See Ghosts – Kids See Ghosts (2018)
La década debió ser muy complicada para Kanye. Pero, descontextualizando un poco todos estos años para él, el 2018 fue sin duda el más caótico. En la época de la viralización digital, Kanye decidió volverse su mejor retrato y su parodia al mismo tiempo y en la misma proporción. Nadie había hablado tan abiertamente de su salud mental como lo hizo cuando lanzó Ye, ni fue blanco de críticas por cuestiones políticas cuando habló abiertamente sobre su apoyo a Trump. Entonces, a eso aunémosle el tren bala que fue publicar un disco producido por él cada semana durante medio mes de Mayo y todo Junio de ese año. Kanye estaba en un pico de creatividad que no tenía desde hacía mucho tiempo y, aunque no todos los discos fueron tan buenos, como el de Nas, hubo otros más modestos como el de Teyana Taylor y el Ye, y otras obras maestras como el Daytona de Pusha y, obviamente el Kids See Ghosts. Es sabido ya que todos duran menos de treinta minutos, algunos apenas pasan los veinte, pero, logran algo inigualable, y es que se vuelva la experiencia de un álbum de forma completa en tan poco tiempo. Están contenidos en sí mismos, son concretos, y no les falta ni les sobra nada. Por eso, el Kids See Ghosts figura por sobre todos los demás, porque tiene un nivel de oscuridad y de eclecticismo que nadie tuvo en ese año. Casi podríamos decir que la grabación en general ni siquiera es Hip Hop como tal. Hay partes pesadas como “Freee” y samples grunge como en “Cudi’s Montage”. Momentos tan abrasivos y tan perfectamente bellos como el intermedio de “Feel the Love” y otros tan enajenantes como “Kids See Ghosts”. De las mejores cosas que ha hecho Kanye, en años en los que cayó de la gracia de muchos al ganar la de Dios. Pero esa es otra historia.

Pistas Favoritas: “Feel the Love”, “Fire”, “Reborn”, “Kids See Ghosts”.




Leiva – Monstruos (2016)
La esencia clásica del rock guitarrero está un poco perdida. No que no exista, en verdad es que no sabemos dónde está. Por eso, cuando Leiva inició una carrera solista en el 2012, creo que teníamos más qué agradecerle, incluso sino supiéramos de quién se trataba. Pereza siempre fue una banda impresionante dentro del rock iberoamericano. Tenían una dosis intravenosa de indiferencia ante las poses que ahora más que nada nos hace falta. Así, Leiva sale después de la disolución y comienza una jornada un poco más modesta con Diciembre. Y, a medida que fue incrementando en soltura con su propio mensaje, en Monstruos llegó a una madurez que le permitió ser dueño ya de su bagaje musical. Este disco tiene una historia conmigo muy arraigada, desde el momento en el que escuché los primeros acordes en Palermo No Es Hollywood supe que estaba escuchando uno de mis discos de cabecera para mucho tiempo más. Porque con ese “Al otro lado de las vías estoy, el Sol se esconde, Palermo, Hollywood, siempre es de noche”, había algo que me remontaba a la impresión que tenía cuando escuchaba música de niño. Fue un balde de agua fría en tiempos en los que creía que lo había escuchado todo. Nos saturamos de música tan complicada y tan extravagante, que escuchar un álbum sincero como este siempre es un choque frontal contra el auto de las primeras impresiones. Sin embargo, fuera de lo personal, el disco tiene una de las virtudes que casi ninguna de las otras grabaciones que conforman esta lista tiene: la melodía es su pilar fundador, la piedra angular. Los coros y los versos se cantan como las mejores canciones clásicas, porque Leiva tiene una habilidad rara para escribir melodías en los compositores de ahora. Se incrustan en la cabeza y no salen por días. Con coros como “te quiero cuando me destrozas, te quiero con indecisión”, que dejan a cualquier pulmón seco de aire, hay todavía un amor por los versos cantables que yo creía que se había perdido. Una grabación de rock puro, sin pretensiones, sin interés de nada más allá de la música misma. El arquetipo perfecto de una piedra rodante, en medio de un pantano de música perecedera.

Pistas Favoritas: “El Último Incendio”, “Sincericidio”, “Hoy Tus Ojos”, “San Sebastián – Madrid”, “Palermo No Es Hollywood”.




Café Tacuba – El Objeto Antes Llamado Disco (2012)
Cuando Café Tacuba lanzó Sino en el 2007 había algo en él que dejaba un poco qué desear. No me malentiendan, es un disco que yo tengo muy cerca en mi santoral de música. Pero, viendo la carrera de la banda de forma global, parecía ser el único disco, desde el debut, que no aportaba un toque de innovador en su trayectoria. Entonces, cuando sale El Objeto cinco años después, parecía que teníamos algo de qué hablar después de todo. El cambio de sonido volvió a ser radical, y nos deja no sólo su disco más corto hasta la fecha, sino uno de los más intrigantes y accesibles al mismo tiempo. Con crossovers inesperados como la emulación electrónica de Quilapayún y la canción latinoamericana en “Olita De Altamar”, hasta la decadencia brillante en “De Este Lado del Camino”. Café Tacuba siempre ha tenido un papel creador en la escena latina más importante del que usualmente se le da. Y, a pesar de los años, con El Objeto demostraron que siguen explorando. Y eso siempre se agradece.

Pistas Favoritas: “Andamios”, “De Este Lado del Camino”, “Olita de Altamar”, “Tan Mal”, “Volcán”.




Nicolas Jaar - Sirens (2016)
Nicolas Jaar tuvo un papel mucho más importante en el sonido de esta década del que usualmente se le da. No sólo creó un estilo propio muy particular inspirado en los compositores vanguadias del siglo XX y en el House de los noventas, también acercó una electrónica muy oscura o restringida a un úblico muy reducido a una popularidad de la que pocos productores gozaron en estas épocas. Desde su Space is Only Noise logró crear estructuras minimalistas en ritmo y armonía pero infinitamente ricas en texturas y contrastes. Sin embargo, aunque parecía la banda sonora de una película negra por demás europea y de culto, fue en Sirens en donde encontró su mejor momento de musicalidad y de concepto. Nicolas Jaar es estadounidense hijo de chilenos, con mezcla entre Francia y el Medio Oriente en sus venas. Existe una pluriculturalidad en Sirens que Jaar nunca había hecho patente. Mientras que, al mismo tiempo, paralelamente vierte una queja velada a la cultura estadounidense. La portada ya de por sí es una queja velada, con una toma de Times Square un poco difusa y en la que se puede leer a la mitad: "This is Not America". La respuesta clara es de un Jaar atado a muchos lugares a la vez, desde Francia, un Nueva York que le tendió sus brazos para inmiscuirse de lleno en la electrónica, y un Chile muy arraigado en costumbres y a un pasado político convulso. La dictadura militar de Augusto Pinochet es algo que se retoma y se desmenusa desde el punto de vista de un ciudadano de a pie cuando dice: "Y fue ese día que yo me vi a mí mismo en veinte años, y nada cambia, no nada cambia [...] por estos lados." Cuando efectivamente en Chile ganó el referéndum por el No a ocho años más de dictadura, la postura política de un "No" fue mucho más que poderosa. Nicolas Jaar toma este mensaje y lo recrea mediante una pista que no sólo tiene la única letra cantada por él en español del disco, lo hace de la forma latina más lógica en estos tiempos: con Reggaetón. Peor no me malentiendan, no es ni de cerca el Reggaetón que se acostumbran los fines de semana, más bien es algo parecido a lo que yo llamaría, un Micro-reggaetón. Tiene el ritmo y la cadencia, pero está tan vertido en filtros y tiene un enfoque tan mínimo y tan experimental que lo aleja por completo incluso de la música urbana menos comercial. Jaar juega con el ritmo sincopado para introducir a un eclecticismo a su manera, mediante la mezcla de ritmos y técnicas de producción completamente ajenas una de la otra. Una de las ventajas que tuvo Sirens con respecto a su anterior trabajo fue el uso desmedido de pasajes sonoros varios. La introducción de "Killing Time" ya es de más de diez minutos y contiene al menos tres partes muy bien definidas. Espejos rompiéndose en un mar de arpegios de piano lo vuelven una sacudida inesperada, mientras que el nuevo tratamiento a la voz de Jaar como instrumento fundamental para la atmósfera se vuelve protagonista en la última parte, cuando parece que canta como, efectivamente, una sirena. Los tempos son lentos y la atmósfera gélida y sombría la mayoría del tiempo. "A Coin in Nine Hands" es una parte importante ya que mantiene el lado menos experimental y al mismo tiempo el más político, con una historia y crítica sobre las invasiones en oriente medio. Casi para finalizar (la verdad es de que aquí termina la edición original), "History Lesson" toma una canción bastante convencional y la rehace al estilo de Jaar con un solo de guitarra inesperado. Y, ahora sí, "America! I'm for the Birds" viene a terminar la edición completa con un loop de batería y de piano eléctrico hipnótico, y tranquilizador. La voz de Jaar una vez vuelve a tocar el tema de su extraña relación con la cultura americana cuando dice "The reason we don't see you, the reason's just a sound. But you don't know you'r just a sound [...] It's not complicated, I'm for the birds, not for the cages". 

Quizás uno de los mejores álbumes de Electrónica de esta década. Se toma a su manera, como desde el principio dice en "Killing Time": "He was just building his own sense of time. He was just building... time." El tiempo funciona diferente aquí, sin relojes, sin estaciones. Y un álbum perfecto.

Pistas Favoritas: "Killing Time", "A Coin in Nine Hands", "No", "History Lesson", "America! I'm for the Birds".




Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)
Una vez más, no hay mucho sobre My Beautiful Dark Twisted Fantasy que no se haya dicho ya. Aquí la cosa cambia, un poco. Porque no hay forma de entender al Hip Hop moderno sin este disco. Básicamente moldeó toda la tendencia, la forma de producir, y las temáticas que iban a tener los discos de Rap en esta década. No hay un Drake, un Kendrick, Travis Scott, Tyler, Frank Ocean, Chance, Migos, Nicki Minaj, y la lista sigue, sin este álbum. Kanye llevó hasta el límite la capacidad de producir algo y lo volvió su mejor disco hasta la fecha. Hay tratados completos sobre la sociedad actual de menos de cuatro minutos, como “Power” y “Lost in the World”. Las letras se vuelven crudas, pero como se mezclan con una producción maximalista y refinada hasta los rincones, se dejan escuchar como una carta al futuro. Está claro que el Kanye que conocemos actualmente nace aquí. Después de su afrenta con Taylor Swift, el exilio lo hizo regresar recargado para dejar su declaración de principios más importante de años recientes. No escatima en recursos musicales, y los lleva hasta su última consecuencia. Y, también, lleva sus letras hasta este nivel. “Dark Fantasy” sigue siendo la mejor introducción que escuché en estos años. Porque aparte de ser sincera, deja claro que las debilidades y flaquezas deben formar parte de nuestro menú para utilizarlas como nuestro mejor escudo. A partir de aquí, casi me atrevo a decir que los discos siguientes de Kanye son notas al pie de página de MBDTF. Toma ciertos elementos y los extiende. Y, siguiendo esta lógica, sigue siendo su álbum más completo. Tiene todo y sigue siendo una fuente de inspiración infinita para todos nosotros. O eso me gusta creer.

Pistas Favoritas: “Dark Fantasy”, “Power”, “All of the Lights”, “Monster”, “Lost in the World”.




Bring Me The Horizon – That’s the Spirit (2015)
Yo siempre fui muy renuente al Metalcore. Más bien a todo lo que terminara en core. Tampoco fui muy metalero en años pasados. Lo mío era cierta afición hacia algunas bandas, cortesía de mi maestro de guitarra cuando intenté aprender a tocar un instrumento. La versatilidad no es una característica muy común en ninguna de esas dos vertientes, la verdad. Sus instrumentales suelen ser bastante predecibles, pero eso es precisamente lo que pudiera gustarnos. Durante toda esta década el Metal estuvo bastante falto de evolución. Las bandas clásicas se habían estancado, cuando no muerto, en un sonido ya muy gastado, mientras que las nuevas apun estaban intentando definir un sonido en medio de un panorama musical muy incierto. En estos años de “tómalo o déjalo” usualmente lo dejaban. No es para menos, más allá de buscar nuevos escuchas, las bandas de rock pesado se fueron marginando cada vez más, haciendo la brecha entre ellos y el público en general mucho más distinguible.

Cuando en el 2013 Bring Me The Horizon se armó de valor para llevar más allá lo que habían alcanzado en su oscuro There is a Hell…, las cosas parecían claras y sin tanto rodeo. Iban a ser una muy buena banda de Metal, moderno y bastante fresco. Sin embargo, la sorpresa vino cuando dos años después tuvimos el gusto de escuchar un That’s the Spirit que contra todo pronóstico se volvió su disco más controvertido. Por muchas razones, pero la primera y más importante: era exactamente lo opuesto a lo que Bring Me The Horizon había hecho casi diez años atrás con Count Your Blessings. Cuando lo escuché “Happy Song” por primera vez fue muy curioso. Había pasado ya un año del lanzamiento y sin embargo no paraban de hablar de él en redes sociales. Eran como un My Chemical Romance de esos años. Entonces, si uno escucha esa canción en particular, encontramos que a la mitad hay un sintetizador en bucle, modulando, distorsionado y yendo de arriba abajo como un columpio. Ahí fue donde me di cuenta de que estaba ante terreno no sólo desconocido, estaba ante una mina de oro que se abría ante mis ojos. Esto último quizá sea exceso de adulación, pero denme una oportunidad de redimirme. La verdad es un disco muy bien hecho. Desde “Doomed”, con un intro a lo Trip hop, y un bajo sintetizado en una secuencia muy acorde a la atmósfera, podemos escuchar que no será un disco de rock con tintes más bien fariseos del pasado, desde el primer minuto es un disco moderno en todo sentido. Oliver Sykes hace sus líneas con voz limpia, por completo, abandonando las voces guturales de discos pasados, y da una introducción a lo que él llamó “una celebración de la depresión”. Desde el coro ya hay mucha más esperanza que en sus discos anteriores, y el optimismo, aunque más bien entre líneas, se deja ver de alguna u otra manera. Los pasajes épicos y los coros hechos para estadios se funden en un disco gigante. Pistas como “Throne” o “Avalanche” fueron hechas para cantarse enfrente de grandes masas, su encanto reside precisamente en el dinamismo que tienen para hacerse no sólo accesibles, sino para sentir que una y otra vez las escuchamos por primera vez. La controversia también vino con varias canciones, dos en particular. Hasta hace muy poco entendí por qué “Follow You” ocupa el lugar en el tracklist que le corresponde, aparte de ser una balada, es lo más lejano que la banda ha hecho de cualquier clase de rock pesado. “Follow You” es una balada pop, así tal cual. Pero, eso sí, una balada pop muy bien hecha. Con sólo tres acordes logra crear un tono y un ambiente inmejorables que en cualquiera de las power ballads que salieron en esta época. La voz de Sykes cambia por una más lúgubre y fatalista, con un coro que intenta redimir al amor en momentos complicados. Hasta ese entonces era su pieza más comercial, Amo llegó a decirnos precisamente lo contrario. La otra canción controvertida fue “Oh No”, la canción “Anti-dance” que hicieron para cerrar el disco. La letra me mercó demasiado cuando la escuché, porque, aunque quizás no diga mucho, la moraleja es bastante sencilla, debemos dejar de buscar la diversión en lugares que ya no corresponden. “So be careful what you wish for” sigue siendo un buen mantra para la adultez.

La producción aquí llegó a alturas nunca antes pisadas. Oliver Sykes y Jordan Fish hicieron un trabajo impecable puliendo y entregando estas canciones. Una nota también para la alta fidelidad que era tan necesaria en una grabación de rock. Un crítico, de una revista que no recuerdo, dijo que quizás fuera la mejor declaración de rock en esta década, y aunque aquí este disco brilló por su ausencia en lo mejor de los 2010s, la verdad es que al menos deberíamos dejarle el beneficio de la duda a esa afirmación. Su influencia y su legado sin inmejorables aún hoy día.

Pistas Favoritas: “Doomed”, “Happy Song”, “Follow You”, “Avalanche”, “Oh No”.



Daft Punk – Random Access Memories (2013)
Para principios de la década la tendencia estaba más que clara. La época Disco y los sonidos ochenteros estaban de regreso. Y aunque las cosas dieron un giro inesperado hacia el Trap muy dramáticamente, se quedó cierta parte de su esencia un poco escondida en las canciones del final. Sin embargo, muy a pesar de eso, la alta fidelidad que era tan característica de las grabaciones de aquellos años era una de sus mejores virtudes, la producción y su calidad bajó hasta niveles que ni James Cameron en un submarino podría alcanzar. Le electrónica estaba pasando por su peor momento desde su concepción hacía ya casi veinte años, con el auge del EDM, DJs como David Guetta, Avicii, los Swedish House Mafia, Martin Garrix o Skrillex, lograron popularizar el género a costa quizás de su propia esencia. La revolución electrónica que se creó durante los finales de la década pasada y los principios de esta inundó la radio a niveles insoportables. El ritmo era el mismo, las líneas melódicas eran prácticamente iguales, no había mucha creatividad de por medio y aunque era música, por momentos ni siquiera daban ganas de hacerlo, las canciones estaban tan carentes de vida como nunca. Hubo pioneros en este sonido que rehicieron fortunas produciendo o sumándose directamente a la fórmula, otros duraron muchos años en silencio. Daft Punk es famoso por su hermetismo, por las escasas o nulas fotos que hay de ellos sin los cascos, o por sus esporádicas apariciones en público. Y de todos los que guardaron silencio entonces, el que quizás más brillaban por la añoranza, eran precisamente ellos. Daft Punk con tres discos y un concierto habían creado lo que ninguna banda logra con veinte o treinta. Revolucionaron el género al menos dos veces, y crearon un estándar para las voces robotizadas para la posteridad. Kraftwerk también lo hizo, claro, pero la encarnación moderna se la debemos a estos dos. Con Homework entregaron la parte pop de un género que aún se mantenía underground y que era marginado a salones de baile para minorías. Los ritmos pegajosos y los sintetizadores a veces minimalistas a veces abrasivos confluían en perfecta armonía para dejarnos más que satisfechos. Discovery fue la refinación pura, con el Synth pop y el Disco más patente que nunca como pilar de fondo, los clásicos están aquí y aún hoy suena moderno. El Alive 2007 vino a “reparar”, por decirlo de alguna forma, lo polarizador que había sido un Human After All crudo y sin miramientos. Skrillex dijo que ese concierto en Coachella había prácticamente creado la estética del EDM moderno, las luces, las pantallas, lo gigantesco del espectáculo. Y después de un tiempo, nos dejaron con más preguntas que respuestas, y un mar de dudas. El futuro se veía incierto para el dúo. Entonces, la campaña publicitaria más setentera que uno pudiera imaginar empezó a emerger de ciudades clave. Espectaculares con la mitad de los cascos y el sello de Columbia Records, poco a poco fue saliendo más información relacionada con nueva música. Y así, Random Access Memories vio la luz. Cuando lo compré, los discos salían los martes todavía, y desde el primer segundo supe que no iba a ser parecido a lo que había escuchado antes. El intro subí de inmediato a otro plano que no esperaba, “Give Life to Music” es una de las mejores introducciones que he escuchado nunca. Las guitarras, los sintetizadores, la batería tan perfectamente grabada y mezclada, la parte técnica ya sonaba a obra de arte.

Random Access Memories vino a probar en esos años que la mecanicidad de las composiciones en la música electrónica estaba desgastando al género de formas incontrolables. Con pistas tan atronadoras y exquisitas como “Giorgio By Moroder” y “Contact”, la alta fidelidad estaba de regreso y, a mi parecer, nunca volvió como aquí. Sí veo con un poco de desdén que este disco fue el único intento de verdad por regresar a la producción fina. Jack White, Danger Mouse, Adrian Younge y demás productores aún intentan utilizar la parte análoga lo mejor que pueden, pero nunca una parte tan orgánica como lo fue la instrumentación en vivo sonó tan bien como en RAM. El estilo viaja entre Fleetwood Mac y los Eagles, hasta Chic y los mismos Blondie. La parte Funk y Disco suena inmejorable y más allá de ser una apropiación cultural, lo que sea que eso signifique, la revitalización es impresionante. Desde las líneas “let the music in tonight, just turn on the music, let the music of your life, give life back to music”, el objetivo es claro. Porque, aunque está cantada mediante vocoders, hasta las voces procesadas suenan mucho más humano que cualquier cosa que intentaron los DJs y productores hasta entonces. Piezas lentas y contemplativas como “The Game of Love” o “Instant Crush” manejan la montaña rusa que debe ser un disco así de la mejor manera. El logro de Daft Punk fue crear quizás su obra más ambiciosa, en cuanto a producción y a composición, y aún así salir triunfantes sin un rasguño. La colaboración con Julian Casablancas resultó ser mejor de lo que esperaba, Pharrell no abruma tanto con su falsetto, y hasta Panda Bear y Todd Edwards hacen un buen regreso a las grabaciones de Daft Punk. La orquesta se vuelve el ingrediente final para volver precisamente a un disco que intentó caracterizarse por su grandilocuencia, ambición y epicidad, en una obra magistral. Dramática como una película, se mueve y cuenta historias sin necesidad de tener letra. Casi de la misma manera que hizo de Interstella 5555 la adaptación lógica para un disco también cinemático.

Una grabación robusta que permeó en influencia más de lo que los críticos han admitido, la verdad este disco brilló por su ausencia en las listas de las mejores grabaciones. También es un reflejo de los tiempos que corren y de la percepción que le dan al consumo musical. Mientras que las revistas dan preferencia al torbellino de música que es un poco más digerible en estos días, las cosas complejas y meticulosas tienen su lugar, pero no del todo. Los mejores discos de esta década, según los críticos, no se caracterizaron por tener una producción compleja, o refinada, más bien es por el mensaje. Con todo y que a veces el mensaje no está muy claro tampoco, lo visceral pero intrascendente se volvió objeto de adoración por los fanáticos, que buscaban un mensaje aparentemente intenso y profundo en obras que quizás eran sólo reflejo en un rush-of-blood-to-the-head y un momento de inercia y efusividad que de un mensaje verdadero.
La década marcó la pauta para esta clase de mensajes, perecederos como todo lo que es desechable, y reciclables como todo lo que se hace simplemente para imitar. Por eso, cuando Random Access Memories salió a la luz, agradecí muchísmo la idea de que alguien todavía se preocupara por los oídos del consumidor, aunque, es verdad, el 2013 se ve tan lejano como en un año se verá este escrito. Daft Punk nos entregó un álbum, un cuerpo de trabajo concreto y contenido en sí mismo, más allá de sencillos comerciales, de colaboraciones pedantes. Lo último que hemos escuchado de ellos, no hubo un Alive 2017, ni una adaptación cinematográfica como sucedió con sus anteriores trabajos. No sabemos qué esperar, pero ya esperar es algo.

Pistas Favoritas: “Give Life Back to Music”, “Giorgio By Moroder”, “Instant Crush”, “Beyond”, “Contact”.

La música revivió por un segundo, y será suficiente al menos por los años venideros. Hasta que nos toque escribir una vez más qué vimos y que nos hizo rememorarla, dentro de otros diez años.

Ojalá así sea. 
Hasta entonces.

Los 20 Discos Favoritos de la Década por El Joaqui - Parte 1


La década ha terminado y con ello, un huracán de géneros y discos más que memorables. Aquí crecí yo, di el paso de la adolescencia a la adultez, y más allá de ser los mejores disco de la década, son una mezcla entre mis favoritos y los que debieron ser los mejores. Sin orden cronológico o del peor al mejor. Así pues, sin más preámbulos, la primera parte de mis discos de los 2010s.


Queens of the Stone Age - …Like Clockwork (2013)

La oscuridad siempre ha sido una parte importante en la mente atribulada (de excesos, obviamente) de Josh Homme. Sin embargo, los rumores sobre sobre una larga y profunda depresión debido a una sobredosis o un accidente trágico que lo dejó postrado en cama durante meses corrieron rápido antes del lanzamiento de …Like Clockwork. La llamarada desembocó en una obra intrigante pero sobre todo más humana que cualquier otra cosa que hubiera hecho hasta la fecha. La parte personal se mezcla con un intento de salir a la superficie de una manera por demás existencial pero llena luz, eso sí. Josh Homme tenía en el pasado un catálogo crudo musicalmente, desde Kyuss hasta su magnífico superdisco con The Crooked Vultures, por lo que el verse expuesto de esta manera, tanto musical como personalmente sigue siendo motivo de admiración, o al menos debería serlo. La crudeza ya no radicaba en el sonido, sino en su coraza de emociones y reflexiones sobre su propia mortalidad. “The Vampyre of Time and Memories” sigue siendo una declaración de antecedentes inesperada: “I want God to come and take me home. ‘Cause I’m all alone in this crowd”. La obra más íntima e increíblemente concebida que la banda jamás hará y sin dudas una de sus mejores. Para sentar un precedente en un movimiento musical que empezaba a carecer de expresión y de humanidad.

Pistas Favoritas: “I Sat By the Ocean”, “The Vampyre of Time and Memories”, “If I Had a Tail”, “…Like Clockwork”.



Run the Jewels – Run the Jewels 2 (2014)

Lo sabemos, hasta el hartazgo, pibe: fue la década del Hip Hop. Run the Jewels fue la culminación de un proyecto que Killer Mike y El-P debieron hacer hace mucho. Su primer disco homónimo fue un meteorito que impactó sin previo aviso en la forma y el estilo de hacer música. Justo cuando la década ya estaba bien entrada y el Hip hop empezaba a tenderse monótono. Muy a pesar de eso, cuando salió su siguiente entrega, aún faltaba un torrente que no dejara respirar todavía. Un tratamiento casi punk que sirviera de tour de forcé para un género que dominaría absolutamente todo en años venideros. No fue necesario decir que Run the Jewels 2 no sólo cumple ese propósito, sino que con sus menos de cuarenta minutos creó un avance en producción del que no teníamos registro. Ningún elemento está fuera de lugar, y aunque parece que estamos tratando con beats y producción avanzados, no deja de sonar orgánico en todo momento, cortesía de El-P. Killer Mike lanza sus mejores versos y las colaboraciones son robustas e inmejorables. El final de “Angel Duster” con un solo de piano de casi dos minutos es un pasaje que aún no ha sido superado hasta ahora, mientras que el coro psicodélico de “Early” es algo que Travis Scott está aún a varios años de igualar. Menudo golpeteo de cabeza para nosotros que aún queremos todo ya digerido.

Pistas Favoritas: “Jeopardy”, ”Close Your Eyes (And Count to Fuck)”, “Early”, “Angel Duster”.



Deftones – Diamond Eyes (2010)

Es verdad y no los culpo, Koi No Yokan fue mejor disco de los Deftones que Diamond Eyes. Pero aquí encuentro algo que necesitaba decir y espero que se me disculpe esta excepción (la primera de unas cuantas que verán en esta lista). Y es que, mientras la banda aún estaba expectante por la mejora de su bajista Chi Cheng que quedó en coma (y posteriormente murió) debido a un accidente, Chino Moreno y compañía necesitaban desenajenarse del sonido clásico de la banda e intentar algo diferente. Aunque no lo lograran del todo, si pudieron regalarnos un mar de guitarras y riffs pesadísimos con pasajes electrónicos formidables sin perder en absoluto la integridad original de la banda. Aún existe ese sonido característico de Around the Fur y de White Pony en pistas como “CTRL / CMND” o “This Place is Death”, pero el Shoegaze es la puerta liberadora en “Diamond Eyes” o “Beauty School”. Chino Moreno encontró una forma increíble de procesar su voz como nunca. Todo esto no sólo repetirían en Koi No Yokan o en Gore, lo mejorarían y lo llevarían a un punto de equilibrio que le permitió a la banda darse un segundo aire más que necesario. Y a nosotros tres discos inmejorables al hilo. Quizás Diamond Eyes peque de ser simplón y un poco carente de emoción, lo que sin duda es falso, pero su figura como parteaguas en una nueva etapa de la banda es indiscutible, y puede ser que aquí se encuentre la esencia original de lo que hicieron estos últimos años. Así ya suena mucho mejor.

Pistas Favoritas: “Diamond Eyes”, “Beauty School”, “Sextape”, “This Place is Death”.





Bon Iver – 22, A Million (2016)

El paso de estos años fue bastante bizarro en comparación con la década pasada. No sólo el Rock fue relegado a un plano secundario muy inferior al que estaba acostumbrado, sino que tuvimos una evolución astronómica en cuanto al Folk. Por supuesto, Justin Vernon fue quien nos dio el avance y el respiro que necesitaba. Desde su debut, Bon Iver era una banda fuera de lo común. Con su Bon Iver demostraron que las melodías primorosamente hechas no eran casualidad, y en 22, A Million lograron dar el salto a un sonido que aún ahorita sigue adelantado a su época. El uso de samples, de los beats casi Hip Hop, y de la voz de Justin Vernon como fuente inagotable de atmósfera volvieron a este disco el mejor ejemplo de composiciones por demás personales pero con una entrega épica y desmedida. Los sintetizadores se mezclan con los pasajes Soul como peces en el agua y en ningún momento se sienten forzados. Hay baterías gigantes y guitarras mínimas como si sólo entregaran melodías de lejos. La tercera parte en su tetralogía de las estaciones, 22, A Million era el verano tan necesario en la vida de Vernon, y que acabó resposada y desinteresadamente en i,i hace unos meses. También una epopeya en la vida, o en un año, de la vida de cualquiera de nosotros.

Pistas Favoritas: “22 (Over Soon)”, “29 #Strafford Apts”, “666 (Upsidedowncross)”, “0000 (Million)”




Michael Kiwanuka – Love & Hate (2016)

De entre todos los crossovers posibles para estos años, los más exagerados siempre fueron los que tuvieron más atención. Cuando Kiwanuka llegó con un Soul reposado y un tanto neblinoso, la verdad es que no tuvo la repercusión que uno esperaría de una obra de esta calidad. La razón es sencilla, Kiwanuka crea piezas que son maravillas de la composición pero que figuran en un plano mucho más minimalista. Bueno, si diez minutos de “Cold Little Heart” es minimalismo, está a la opinión de cada quién. Pero volviendo a esta canción, sin duda una de las mejores de esta década fue, precisamente, “Cold Little Heart”. Con un intro de Big band que deja helado a cualquiera durante más de cinco minutos, la voz melódica y el Folk se mezcla con la producción no ortodoxa de Danger Mouse. Con coros abrumadores, guitarras crudas, y efectos casi infantiles de acompañamiento, por decir algo. Love & Hate no sólo tiene ese aire de que estás hablando posiblemente con una leyenda de antaño del Soul, sino que tiene ese elemento moderno que lo vuelve algo atemporal. La alta fidelidad estuvo muy abandonada en estos días, y Kiwanuka la retoma para crear piezas concisas y, ciertamente entrañables. Pequeñas cartas al corazón, indelebles. Y muy gratificantes, también.

Pistas Favoritas: “Cold Little Heart”, Black Man in a White World”, “Love & Hate”, “Father’s Child”.





Enrique Bunbury – Las Consecuencias (2010)

Bob Dylan estuvo presente en esta década de maneras que nadie se imaginó. La menos obvia, creo yo, fue con este disco de Bunbury. Tengo un gusto por los discos de Bunbury que siempre me ha costado defender. Yo sé que el tipo puede caer mal, que peca de pretencioso, pero nadie ve que la calidad de sus discos debería hablar por sí misma. Bunbury inició una nueva etapa mucho más orientada al Rock convencional cuando fundó Los Santos Inocentes en el super álbum que es el Hellville DeLuxe. Entonces, dio un giro de ciento ochenta dos años después con Las Consecuencias. Es difícil grabar al trovador con su guitarra americana y que siga sonando perfecto, eso sólo en la cuestión técnica, si las canciones son buenas en todo aspecto es cosa aparte, y el reto se intensifica. Bueno pues, Las Consecuencias cumple estos dos requisitos, y con creces. Hay brillantez, como en “El Boxeador”, y explosión catártica como en “Es Hora de Hablar”. Todos en su justa medida. Los momentos tranquilos son también pequeñas joyas, como el piano ligero de “Nunca Se Convence del Todo a Nadie de Nada”, o la guitarra de “Frente a Frente”. Podrán criticarle lo que quieran, pero Enrique aún puede hacer discos buenísimos. Por supuesto, Expectativas no fue la excepción.

Pistas Favoritas: “Las Consecuencias (Asustar Un Poco)”, “Frente a Frente”, “Es Hora de Hablar”, “Nunca Se Convence del Todo a Nadie de Nada”.





Foals – Holy Fire (2013)

Foals ha tenido un lugar un poco extraño dentro del panteón del indie rock de estos años. Han hecho música de manera continua durante diez años y toda ha tenido un sello estándar de calidad que los deja como una banda de la que no se puede esperar nada malo. Sin embargo, con Holy Fire aún estaban en la expectativa de todos y no sólo renovaron su propio sonido math rock abriéndolo a espacios más convencionales, también nos dejaron su obra más completa hasta la fecha. Con sencillos potentes, licks de guitarra pegajosos y una batería infranqueable, el álbum completo tiene una organicidad y un aire de ingenuidad que, a pesar de que es una mera apariencia, jugó a su favor como no lo volvió a hacer en sus próximos trabajos. Los ritmos bailables y las baladas (nada melosas) dan una secuencia muy buena para un indie rock que en cualquier otra banda hartaría de inmediato. Aún hoy suena fresco, y sigue siendo una postal de que los tiempos vertiginosos para la música aún estaban por venir.

Pistas Favoritas: “Inhaler”, “My Number”, “Late Night”, “Milk & Black Spiders”.



Nick Cave and The Bad Seeds – Ghosteen (2019)

La canción de autor estuvo muy abandonada en estos años. Vimos la pérdida de Leonard Cohen, Lou Reed, y Bob Dylan lleva ya muchos años haciendo sólo discos de versiones de Sinatra y compañía. Con un Nobel, sí, démosle el beneficio de la duda. Por eso, cuando Nick Cave inauguró un nuevo sonido en el Abattoir Blues después de un infructífero Nocturama, esta década vio no sólo una refinación, sino una propuesta impresionante. En una revista leí, cuando salió Ghosteen, que si uno tenía la sensación de que Nick Cave llevaba ya varios años haciendo el mismo disco no era fortuito. Pero la afirmación es engañosa, porque, aunque desde el Push the Sky Away hemos visto a Cave en un estado de trance, ni de cerca Skeleton Tree o Ghosteen son el mismo. El mismo Cave dijo que eran una trilogía, con dos de ellos permeados por la muerte de su hijo. Por eso, con una culminación con Ghosteen, Nick Cave entregó el que es el mejor disco que ha hecho casi en décadas. Los pasajes ambient y la voz en falsetto de Cave lo vuelven un álbum muy peculiar. Disco doble, porque, aunque cabe perfectamente en un solo CD, está estructurado de esa manera, es un hueso duro de roer, muy a pesar de su encanto hipnótico. Una parte relacionada con “los niños”, otra con “sus padres”, y fue descrito como un “espíritu en migración”. La verdad es que no es un álbum fácil de escuchar. En los tiempos volátiles en los que vivimos, Ghosteen necesita prácticamente toda nuestra atención. Desde “Spinning Song” y sus referencias a Elvis: “It was a spinning song about the King of Rock and Roll”, hay cierto tono en la voz de Cave aparte de la obvia familiaridad, y más bien intenta decir algo por sí misma. No es la habitual vigorosidad de su talante de siempre, y para el final, con su falsetto inesperado, podemos abandonar toda certeza de que estemos ante el Nick Cave de siempre. “Bright Horses” tiene uno de los mejores versos que jamás haya escuchado en todas sus grabaciones, y tanto “Ghosteen” como “Sun Forest” tienen unos de los mejores pasajes instrumentales que haya hecho en su carrera. Monolito difícil de digerir, pero cálido y esperanzador en su debido momento, eso es Ghosteen.

Pistas Favoritas: “Spinning Song”, “Bright Horses”, “Sun Forest”, “Ghosteen Speaks”, “Ghosteen”.




The War on Drugs – Lost in the Dream (2014)

“Lost in the dream, or just the silence of a moment… it’s always hard to tell.” Vaya frase para casi despedir un disco. Es cierto que, al igual que la canción de autor, la innovación en cuanto a la instrumentación estuvo muy abandonada en el mundo del rock. Es por eso que, cuando Adam Granduciel inauguró un sonido por demás inusual en una grabación de esta década, aún había cosas que detallar. En sus grabaciones pasadas, The War on Drugs tenía una esencia muy particular, un sonido con raíces profundas del blues, sí, y una coraza clavada en el Shoegaze y el Dream pop completamente inesperada. Uno era casi la antítesis del otro y, aún así, emergió un estilo que aparte de necesario, era revitalizador. Cuando el Lost in the Dream llegó a mis manos, no fue precisamente un ejercicio intelectual de encontrar nuevas y exóticas cosas, fue casi una confesión de fe, con perdón de Fitzgerald. Tenía la referencia de hacía unos meses, y me tomó años en volvérmelo a topar. Para entonces, ya casi estaba todo dicho. Porque fue difícil encontrar un disco que empatara con un momento y un lugar tan exactamente con mi vida como lo hizo este. Sentimentalismos de lado, el álbum es una obra maestra. Los pasajes densos, cargados de instrumentos, de efectos, de filtros, son una maravilla. Cada canción se toma su tiempo para desglosarse, y la atmósfera melancólica vertida por la depresión de Granduciel sólo lo hacen tan enigmático como imponente. Desde las primeras notas de la guitarra en “Under Pressure” y el piano que da inicio a la parte rítmica, hay una sensación de belleza y de vaguedad muy profunda y tranquilizadora. Sus casi nueve minutos pueden sonar a exceso, y aunque al final casi lo es, casi, ojo aquí, no obstruye ni cansa como uno lo esperaría. Uno de los talentos de Granduciel en esta grabación fue precisamente lograr que una sucesión de canciones muy larga se sintiera como un respiro. Los sintetizadores arrasan en el subidón que es “Red Eyes” y la calma vuelve para “Suffering”. Los loops de batería se fueron haciendo convencionales en la industria poco a poco, por eso en “Disappearing” el mismo patrón de ritmo se repite infinitamente, mientras una armónica procesada le da el toque orgánico necesario para embellecer la pista. Lost in the Dream tiene dos partes muy importantes, una orgánica y otra artificial. Una y otra se pueden ejemplificar con las influencias que Granduciel puso para este álbum. Desde Bruce Springsteen, Fleetwood Mac, Tom Petty y los clásicos del Heartland rock, hasta el New wave y el Post punk de Tears For Fears, Joy Division, My Bloody Valentine, Spacemen 3. El estilo brilla por sí mismo, y logra un sonido difícil de emular nuevamente, salvo por Granduciel. Cualquier intento por hacerlo sonará a imitación por demás barata. La fórmula funcionó bastante bien, al punto de que en A Deeper Understanding el sonido no cambió demasiado, y quizás sólo se volvió una entrega más amigable y compleja de lo que Lost in the Dream fue en su momento. De cualquier manera, los discos y las bandas hechas por un solo artista brillaron más que cualquier otro tipo de agrupación. Tame Impala, Jack White, Nine Inch Nails, Ghost, Bon Iver, etc. Son el ejemplo más claro de que quizás el concepto de grupo como lo conocemos también está mutando. En fin, Lost in the Dreams se merece más flores que las que le dieron después de que salió. Un retrato de una era, que suena orgánico y robótico, extraño y deslumbrante, como un clásico en todo su esplendor.

Pistas Favoritas: “Under the Pressure”, “Disappearing”, “Burning”, “Lost in the Dream”, “In Reverse”.

Reseña de A Deeper Understanding original en el Blog.





Kendrick Lamar – To Pimp A Butterfly (2015)

A estas alturas ya no hay mucho que no se haya dicho sobre To Pimp A Butterfly. Que es una obra maestra de esta generación, sí. Que es el mejor disco de Rap en muchos años, pudiera ser. Que Kendrick es el mejor rapero vivo, pero claro que sí. En verdad, las listas de lo mejor de la década estaban encabezadas por este disco. Y es que, el componente artístico es algo que se fue por los cielos con este álbum. Siempre hay un problema con la falta de identidad en las grabaciones. Hay una idea de la pertenencia que tienen todas las bandas pero que muy pocas veces sacan a relucir. Está en una primera etapa la identidad de la música que tocan los intérpretes, el músico tiene que creerse lo que está tocando. Luego está la compenetración con la banda misma, si es que la hay, no sólo tiene que haber una interacción coherente, los músicos tienen que funcionar como una sola entidad. Esto es más difícil de conseguir. Luego, está la cuestión del género musical, los artistas tienen que estar dentro de no sólo que hacen con sus instrumentos, la existencia de un estilo y de su pertenencia a él es algo que ni el más pretencioso de los pedantes puede negar por más que se harte de las etiquetas. Logramos un nivel de pertenencia del estilo y vamos más arriba. Entonces, llega la parte difícil. La pertenencia con una cultura se trastoca cuando no tenemos idea de cuál es el contexto en el que nos movemos. Por eso muchos músicos se oyen falsos como el invierno en Monterrey cuando tocan, porque aunque conecten entre ellos, con su estilo, no conectan con una cultura, que es a lo que apela cualquier forma de arte, o debería hacerlo. El contexto sociocultural es de lo más importante, porque garantiza una sinceridad ante los demás necesaria para lo que le llaman, afinidades selectivas. Y, finalmente, la conexión con un tiempo y un espacio determinados. El arte es un reflejo de su tiempo, y más allá de ser una mera imagen a semejanza, debe también ser parte del motor que lo haga avanzar. Bueno, pues después de todo esto, Kendrick no sólo conecta con cada parte de la identidad musical que enlisté, crea su propia identidad. Le da nombre a un tiempo, lo describe, lo contempla. Pero no queda ahí, lo expone como parte de su propio contexto personal, el cómo más allá de lo que uno cree que le aporta a la sociedad misma, el exterior nos moldea para ser quienes somos en realidad. Las políticas raciales en Estados Unidos durante estos años, la retrospectiva de la cultura afroamericana no sólo como raza en un espacio particular, sino como mismo motor de la historia. Y motor de Lamar, más allá de cualquier otra cosa. Porque en Good Kid m.A.A.d. City Kendrick ya nos daba un retrato de su vida en Compton, de forma casi cinemática. Bueno, pues en To Pimp A Butterfly nos da el retrato de una época completa. Imperfecta. Y de cómo no sólo crea y recrea la cultura afroamericana, sino de cómo tiene que ponerse en contexto para entender lo que en verdad está pasando para alguien como Kendrick en estos tiempos convulsos. No es sólo una reafirmación u homenaje barato de la identidad, es precisamente la imagen de toda una raza puesta en perspectiva, aunado con el mensaje de salud mental y de la fotografía (o varias) de la psique de Lamar en ese momento. Más allá del cóctel de música negra que Kendrick escoge para transmitir, porque, y no es broma, prácticamente toda la música afroamericana tiene un lugar aquí. Con sus altos y bajos, con su pertenencia a la misma como potencia creadora, como debe ser para crear no sólo clásicos, sino precisamente, la instantánea que dice más de mil palabras.
Eso es To Pimp A Butterfly. Probablemente el mejor álbum de toda esta década.

Pistas Favoritas: “Wesley’s Theory”, “King Kunta”, “These Walls”, “Alright”, “i”.

lunes, 27 de enero de 2020

Hace 50 años que nos quedamos sin los 60's


«Prohibido prohibir.»
«Es necesario explotar sistemáticamente el azar.»
«El que habla del amor destruye el amor.»
«Pensar juntos no, empujar juntos sí.»
«Decreto el estado de felicidad permanente.»
«Cambiar la vida. Transformar la sociedad.»
«El arte ha muerto, liberemos nuestra vida cotidiana.»
«Todo es dadá.»
«La imaginación toma el poder.»
«En los exámenes responda con preguntas.»
«Exagerar, esa es el arma.»
«La poesía está en la calle.»
«La belleza será convulsiva o no será.»
«Sean realistas: pidan lo imposible.»
Pintas realizadas en las paredes durante el mayo francés.

No quiero entrar en una discusión acerca del fin de la década. Para la cultura pop, la década es ese periodo de 10 años al que se la nombra por el dígito de las decenas en el año, y como ejemplos tenemos a los 50’s, los 60’s, los 70’s, y lo que sigue. Hablando de décadas (así, con el apóstrofo y la s), la de los 60’s se trata de la década de los Swinging Sixties, la década que definió al mundo, y lo digo con el peso de esas palabras. En este complejo de la edad de oro que me cargo, no niego el presente en forma de nostalgia a algo que no me tocó vivir, en su lugar le doy su sitio a una época que definió lo que estoy viviendo, y por eso algunas acciones las escribo en primera persona aunque no haya estado ahí ni por asomo. Hay una canción que describe los acontecimientos de esos diez años centrándose en lo que ocurrió en el ya lejano 1968, y es de Joaquín Sabina; se hará referencias a ella a lo largo de esta entrada, como decir «...tú y yo acabábamos de nacer», pues en ese 1968 nacieron mis papás.
El momento histórico
Se iniciaron los años sesenta con un sismo en Valdivia, el mayor terremoto que se haya experimentado. Más allá de los movimientos telúricos, la década que se recibió fue una muy diferente a la que se entregó diez años después. Es fácil que al revisar los periódicos de la época uno pueda leer cómo surgen encabezados que hacen referencia a descolonizaciones que provocan que países como España, Bélgica, Francia y el Imperio Británico recojan sus últimos tiliches de naciones emergentes como la República Democrática del Congo, Samoa, Burundi, Ruanda, Jamaica, Uganda, Argelia, Kenia, Gambia, Guyana o Lesoto.
Lo cierto es que las descolonizaciones fueron más allá de las guerras independentistas (aleluya, qué retrógrado seguir con colonias al inicio de la segunda mitad del siglo XX), e incluyeron movimientos influenciados por el reciente triunfo de la Revolución Cubana, o la Revolución Cultural lograda por Mao en 1965. La década se caracterizó por haberle estallado en la cara a una sociedad de cultura rígida que imperaba, todo en favor de una mayor libertad individual. Por un lado, los ánimos en el mundo inician por caldearse con el encarcelamiento de Nelson Mandela en su lucha contra el maldito apartheid, y creo que lo que terminó de alimentar el fuego de la hoguera fue el asesinato del Che Guevara en 1967 («Mientras Che cavaba su tumba en Bolivia...»), de forma que en el año de 1968 se volvió inevitable que toda la juventud saliera a las calles («Marx prohibió a sus hijos que llegaran tarde») buscando un cambio y una venganza simbólica a través de manifestaciones multitudinarias como el Movimiento feminista («la poesía salió a las calles»), el Mayo Francés («aquel año mayo duró doce meses»), la Primavera de Praga («en medio de Praga crecían amapolas» […] «pisaban los tanques las flores de Praga»), y nuestro 2 de Octubre («en México lindo tiraban a dar»), por supuesto. El mundo estaba cambiando a sus dirigentes, y la juventud francesa se hartó de Charles De Gaulle («sufrió mal de amores hasta De Gaulle»), el general condecorado que salvó a Francia en la segunda guerra mundial… pero el mundo era otro y hasta Estados Unidos se adelantó a todos al realizar un giro liberal cuando eligieron a Kennedy (aunque luego fue removido por la fuerza), y el propio mundo vio cómo la religión católica buscaba una reforma con la elección de Pablo VI y el segundo Concilio Vaticano, esto último poco antes de que se televisara el asesinato del presidente JFK a todo color. Los gobernantes perdieron credibilidad conforme fueron perdiendo vergüenza al sostener relaciones extramaritales con celebridades, más allá de los rumores de Kennedy con Monroe, y la verdad detrás del caso Profumo.
En febrero de 1945 se encontraron los tres grandes durante la conferencia de Yalta, y para muchos la icónica foto de la reunión representa el inicio de la Guerra Fría. Nunca se disparó una bala entre el bando rojo y el bando azul, pero las hostilidades nos tuvieron siempre frente a una guerra. Se recibió al año 1960 con la crisis del avión U2 derribado por la URSS en su territorio, y el bando azul tuvo un gran fracaso en la fallida invasión de la Bahía de Cochinos en Cuba. Al bando rojo le dio por colocar misiles en Cuba (descubiertos por otro avión U2) y no sé qué fuerza asesinó a Keneddy en Dallas aquella tarde. La guerra fría nos entregó a un Vietnam liderado, por Ho Chi Minh, que se enfrascó en una guerra («mascaba la muerte chicle en el Vietnam») y con ello una de las más terribles masacres de las que se tenga memoria, mientras los activistas por los derechos afroamericanos luchaban una guerra en su propio país por derechos que se les debieran otorgar por el simple hecho de ser humanos, y que no recibían por el simple hecho de ser negros; después vimos cómo fueron asesinados de una manera tan cobarde Malcolm X y Martin Luther King. En Alemania nos desconocíamos como hermanos cuando se construía un muro que separaba nuestro lado más humano del resto de nuestro ser. Hubo guerra de guerrillas en Colombia, al final también alcanzó a Bolivia y Venezuela; cerca de ellos Brasil sufría un fuerte golpe de estado poco antes de que lo mismo le sucediera a la Argentina. Cuando en Grecia se conformaba una junta de gobierno militar, en Medio Oriente se peleaban las naciones de la Liga Árabe contra Israel en la Guerra de los seis días. Ya sobre el final, en Libia Gadafi encabezó la revolución que le daría a ese país prosperidad en lo que quedaba del siglo; al final, todo esto representó una serie de inspiraciones ideológicas que lograron el triunfo del allendismo en la década siguiente.
Con la Guerra Fría llegó también la Carrera Espacial. Una escalada de hechos llevaron a la humanidad de caminar sobre la Tierra a caminar sobre la Luna en el mismo siglo que se logró volar con un aparato más pesado que el aire y se domó el cielo con el gigante 747. En menos de diez años la hazaña de Yuri Gagarin se quedó atrás con la de Neil Armstrong. La libertad alcanzada por Valentina Tereshkova en gravedad cero no es muy diferente de la que pudieron alcanzar todas las mujeres con el lanzamiento de la píldora. El corazón del mundo estaba sano, en especial el de Louis Washkansky, quien había recibido el primer transplante de corazón en la historia. Estamos hablando de que en la década en que se inventaron las cintas de cassete también se inventó el código de barras y se dio pie a un muy primitivo internet; es el momento histórico en que el silicio tomo papel en la revolución informática y el láser apareció en todos los aspectos de la vida; Unix aparecía para quedarse a la vez que Dennis Ritchie comenzaba a desarrollar el lenguaje de programación C y los autómatas empezaban a tomar por asalto las industrias.
Los años sesenta fueron una época de contracultura, apareció el movimiento hippie que se extendió en todo el mundo. El mundo se sostenía sobre los pilares del feminismo, el ambientalismo, el desarme nuclear, las drogas y la liberación del amor gay, con lo que en ocasiones el amor y paz dejó de ser pacífico si de defender sus propias creencias se trataba (¿ya mencioné las drogas?). El joven boxeador Muhammand Ali fue parte de los personajes que alzaron la voz en favor de la paz mundial cuando se le llamó a ser reclutado para Vietnam, y se le unió todo el mundo en una de esas marchas con olor a mariguana que inundaron las calles. Borís Spaski era proclamado campeón mundial, preparando el escenario para la el encuentro del siglo y el futuro rompimiento de la hegemonía soviética en el tablero de ajedrez. La cultura pop se fundó en este tiempo, Andy Warhol fue parte del movimiento en su taller denominadoThe factory, donde se produjeron algunas de las pinturas que son íconos estadounidenses, como la serie de Latas de sopa Campbell y el Díptico de Marilyn (Monroe ¿quién más?). Por aquella época la televisión comenzó a adoptar su papel como una niñera para la nueva niñez, surgen algunos de los programas que seguimos disfrutando en sus versiones originales más que en sus versiones modernas: El fantasma del espacio y dino boy, El oso Yogi, Los picapiedra, Los supersónicos, Don gato y su pandilla, Birdman, Scooby-Doo y La Pantera Rosa.
Una de las líneas evolutivas más impresionantes fue cómo el Jazz se convirtió en Blues, que tras influencia de Country, Folk, Swing, Góspel y otros géneros dio pie al Rock & Roll, mismo que más tarde se convertiría en Rock. Sobre el final de la década de 1950, no existía una separación clara entre la música Rock y la música Pop, de hecho eran lo mismo. Surge la Beatlemanía como una manera de rebeldía hacia los géneros conservadores existentes: fueron más grandes que Jesucristo y menos que Los Borbotones; la banda influyó de manera incomensurable en la música, la cultura y hasta la política de todo el mundo, y yo me quedo con Yesterday, Yellow Submarine, Nowhere man, Day Tripper, Love me Do, Help!, Here comes the Sun, Sgt. Pepper’s, Strawberry Fields Forever, With a little help from My Friends, Lucy in the Sky with Diamonds, And I love her, Girl, Paperback Writer, Don’t let Me Down, Revolution, Penny Lane, Come Together, While my guitar Gently Weeps, Across the Universe y Let It Be para definir a The Beatles. Además de la banda de escarabajos, se formó un movimiento impresionante al que se le denominó Invasión británica, al que pertenecían también grupos como The Rolling Stones, The Monkees, The Animals, Led Zeppelin, Pink Floyd, The Doors, The Yardbirds, Cream, y muchísimas más. Los viajes en carretera no pudieran ser memorables si no contaran con la música Folk de Leonard Cohen, Bob Dylan y Joan Baez para darles esas tonadas de melancolía a cada kilómetro (quién soy yo para juzgar que Bob Dylan le dieran recientemente el premio Nobel de literatura por su poesía). Es mucho que pudiera decir acerca de la música de los sesenta, y después de la Invasión Británica y del Folk, he de llevar mucho menos de una cuarta parte de lo más importante que se escuchó en cuanto a música; aquí en México, por ejemplo, sobresalió José Alfredo Jiménez como uno de los compositores de las más bellas canciones del haber mexicano, gracias a esas canciones Chavela Vargas se nacionalizó mexicana, y creo que también por esa época iniciaba José José a deslumbrar con su voz (la mejor voz que ha dado México); Agustín Lara se encontraba componiendo sus últimas caciones y Antonio Aguilar le daba vida al género ranchero. Se cerró esta época de la mejor manera: Woodstock, que se ha vuelto incluso un adjetivo al describir un bacalar tan lleno de música y drogas como lo fue éste, en el que 400000 personas estuvieron a lo largo de tres días en el espectáculo, enclavado en medio del verano del amor.
La literatura es uno de los entes que más se benefició de la retórica de la década. La lista de los libros publicados es grande y mi memoria corta, así que me limitaré a enumerar unas pocas: 2001: Odisea en el espacio de Arthur C. Clarke, Matar a un ruiseñor de Harper Lee, La naranja mecánica de Anthony Burguess, El hacedor de Jorge Luis Borges, y el premio Nobel mexicano, Octavio Paz, presenta Libertad Bajo Palabra y Salamandra. Gracias a la década es que pudimos conocer el más maravilloso movimiento de la literatura: el boom latinoamericano, que nos entrega a Gabriel García Márquez con sus obras El Coronel no tiene quién le escriba, La mala hora, Cien años de soledad, Los funerales de mamá grande; Mario Vargas Llosa también incursiona con La ciudad y los perros, Conversación en La Catedral; a Julio Cortázar nos presenta Los premios, Rayuela, 62 Modelo para armar, Todos los fuegos el fuego, Historias de cronopios y de famas, La vuelta al día en ochenta mundos, o Último round; desde México Carlos Fuentes revela las novelas La muerte de Artemio Cruz, Aura, Zona Sagrada, Cambio de piel, Cumpleaños. En esos diez años conocimos la verdadera ciencia ficción de la mano de la odisea espacial, también nos entretejimos entre las distopías de La naranja mecánica. Después de haber conocido Comala, ahora Macondo entra en nuestro imaginario con el realismo mágico que aparece en las historias de García Márquez, a la vez que Vargas Llosa nos mostraba lo podrido de la sociedad desde sus historias. Carlos Fuentes nos adentró en ese mundo de los seres imaginarios que es narrado en segunda persona, y Cortázar nos hizo pensar en el absurdo como un país en el que está bien vivir.
Algunos de los indicios que nos recuerdan que los sesenta ya estuvieron aquí vienen del cine. Existen bastantes directores que dieron grandes películas que seguimos viendo de manera directa o a través de todas las películas que se basan en ellas, y quiero enumerar a Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, David Lean, Roman Polanski, Federico Fellini, Luis Buñuel, Mike Nichols, Robert Stevenson, Woody Allen, Orson Wells. En el extenso internet hay una gran cantidad de listas de las películas de la década, yo quiero remontarme a mi propia lista y a mi propia memoria para decirles cuáles son las películas que me hacen pensar en esa época. El tiempo en tus manos fue la película original de viaje en el tiempo mientras esperábamos por el DeLorean, Cleopatra nos dio una falsa imagen de la no tan bella reina, las películas buenas y palomeras también fueron importantes, y de ahí rescato a James Bond y El planeta de los simios. Fueron adaptados grandes clásicos literarios en lo que luego serían clásicos cinematográficos; mis favoritos son: Doctor Zhivago, Matar a un ruiseñor, Lolita, El proceso, Fahrenheit 451, 2001: Una odisea en el espacio. O las grandes películas infantiles que se convirtieron en un deleite para chicos y grandes: 101 dálamatas, La espada en la piedra, El libro de la selva, Mary Poppins. Para finalizar, me quiero quitar mi sombrero imaginario para rendirle honores a las que, en mi opinión, son las mejores películas de este listado, y de la década por añadidura. El apartamento, Toma el dinero y corre, El ángel exterminador, El graduado, Los pájaros, Viridiana, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, Ocho y medio, La semilla del diablo, Lawrence de Arabia, Desayuno con diamantes, Bella de día, Psicosis, La dolce vita, Espartaco. Amén.
El deporte se enriqueció de una manera increíble. Por primera vez las olimpiadas se emitieron por televisión en Roma durante el año de 1960, sólo para ver cómo la URSS se imponía al resto del mundo con una amplia ventaja. Es curisoso que casi 50 años después volvamos a tener a los juegos olímpicos en Tokio, en aquella ocasión Larisa Latynina alcanzó 18 medallas y fueron necesarios algo así como cuarenta años para sólo igualar su record. En México también recibimos a las olimpiadas, se trató de uno de los eventos deportivos más recordado y querido para la posteridad; a pesar de los esfuerzo realizados en la ruta de la amistad, la arquitectura paisajista no pudo contener las balas de la opresión, y el saludo del poder negro tampoco pudo hacer mucho contra el racismo imperante, aunque al final los juegos resultaron revolucionarios al incluir a Enriqueta Basilio para encender el pebetero olímpico. En el 62 Chile recibía al mundo para jugar futbol y otra vez ganaba Brasil; en el 66 Inglaterra hacía lo propio al coronarse campeón en su casa.
Las huellas de los 60’s
Este es un texto ya por demás largo, llevo un tiempo releyendo mis recortes de periódico, apuntes de libros y pláticas de quienes vivieron en ese tiempo, aunque nunca será suficiente para considerar todos los elementos que contienen estos dos años. El homenaje que me parece más justo a los actores de la década es un pequeño obituario en forma de homenaje.
Obituario
Bertrand Rusell (2 de febrero del 70), Jimi Hendrix (18 de septiembre del 70), John Dos Pasos (28 de septiembre del 70), Janis Joplin (4 de octubre del 70), Jim Morrison (3 de julio del 71), Ezra Pound (1 de noviembre del 72), Pablo Picaso (8 de abril del 73), Tin-Tán (30 de junio del 73), José Alfredo Jiménez (23 de noviembre del 73), José Revueltas (14 de abril del 76), Vladimir Nabokov (4 de julio del 77), Elvis Presley (16 de agosto del 77), Groucho Marx (19 de agosto del 77), Charlie Chaplin (26 de diciembre del 77), Alfred Hitchcock (14 de abril del 80), Jean Paul Sartre (15 de abril del 80), Alejo Carpentier (24 de abril del 80), Henry Miller (7 de junio del 80), John Lennon (8 de diciembre del 80), Marshall McLuhan (31 de diciembre del 80), Bob Marley (11 de mayo del 81), Luis Buñuel (29 de julio del 83), Joan Miró (25 de diciembre del 83), Julio Cortázar (13 de febrero del 84), Michel Foucault (25 de junio del 84), Ítalo Calvino (19 de septiembre del 85), Juan Rulfo (7 de enero del 86), Jorge Luis Borges (14 de junio del 86), Andy Warhol (22 e febrero del 87), Marguerite Youcenar (17 de diciembre del 87), Salvador Dalí (23 de enero del 89), Samuel Beckett (22 de diciembre del 89), Johnny Ray (24 de enero del 90), Del Shannon (3 de febrero del 90), Steve Ray (27 de agosto del 90), Miles Davis (25 de septiembre del 91), Freddie Mercury (24 de noviembre del 91), Isaac Asimov (6 de abril del 92), Federico Fellini (31 de octubre del 93), Charles Bukowsky (9 de marzo del 94), Kurt Cobain (8 de abril del 94), Émile Cioran (25 de junio del 95), Michael Ende (28 de agosto del 95), José Donoso (7 de diciembre del 96), Jacques Cousteau (26 de junio del 97), William Burroughs (2 de agosto del 97), Octavio Paz (19 de abril del 98), Carlos Castaneda (27 de abril del 98), Frank Sinatra (14 de mayo del 98), Stanley Kubrick (7 de marzo del 99), Jaime Sabines (19 de marzo del 99), Harry Crane (14 de septiembre del 99), Pita Amor (8 de mayo del 2000), Héctor Azar (11 de mayo del 2000), Douglas Adams (11 de mayo del 2001), George Harrison (29 de noviembre del 2001), Juan José Arreola (3 de diciembre del 2001), Camilo José Cela (17 de enero del 2002), Augusto Monterroso (7 de febrero del 2003), Abraham Zabludovsky (9 de abril del 2003), Gustavo Montoya (12 de julio del 2003), Roberto Bolaño (15 de julio del 2003), Johnny Cash (12 de septiembre del 2003), Alvin Baltrop (1 de febrero del 2004), Mercedes McCambridge (2 de marzo del 2004), Ronald Reagan (5 de junio del 2004), Ray Charles (10 de junio del 2004), Marlon Brando (1 de julio del 2004), Arnold Denker (2 de enero del 2005), Gonzalo Gavira (9 de enero del 2005), Consuelo Vázquez (22 de enero del 2005), Philip Johnson (25 de enero del 2005), Arthur Miller (10 de febrero del 2005), Rigo Tovar (27 de marzo del 2005), Salvador Elizondo (22 de marzo del 2006), Juan Pablo II (2 de abril del 2005), Steve Irwin (4 de septiembre del 2006), Valentín Elizalde (25 de noviembre del 2006), Augusto Pinochet (10 de diciembre del 2006), Saddam Husein (30 de diciembre del 2006), Brad Delp (9 de marzo del 2007), Tito Gómez (12 de junio del 2007), Antonio Aguilar (20 de junio del 2007), Edmund Hillary (11 de enero del 2008), Gabriel Manelli (12 de enero del 2008), Bobby Fischer (17 de enero del 2008), Emilio Carballido (11 de febrero del 2008), Arthur C. Clarke (19 de marzo del 2008), Paco Ignacio Taibo I (13 de noviembre del 2008), Ricardo Montalbán (14 de enero del 2009), Mario Benedetti (17 de mayo del 2009), Michael Jackson (25 de junio del 2009), Mercedes Sosa (4 de octubre del 2009), Claude Lévi-Strauss (30 de octubre del 2009), Jim Hutton (1 de enero del 2010), Sandro (4 de enero del 2010), J. D. Salinger (27 de enero del 2010), José Saramago (18 de junio del 2010), Carlos Monsiváis (19 de junio del 2010), Helen Escobedo (16 de septiembre del 2010), Peter Yates (9 de enero del 2011), Ernesto Sábato (30 de abril del 2011), Osama Bin Laden (2 de mayo del 2011), Leonora Carrington (25 de mayo del 2011), Facundo Cabral (9 de julio del 2011), Steve Jobs (5 de octubre del 2011), Dennis Ritchie (12 de octubre del 2011), Pedro Armendáriz Jr. (26 de diciembre del 2011), Luis Alberto Spinetta (8 de febrero del 2012), Carlos Fuentes (15 de mayo del 2012), Ray Bradbury (5 de junio del 2012), Chavela Vargas (5 de agosto del 2012), Neil Armstrong (25 de agosto del 2012), Rubén Bonifaz Nuño (31 de enero del 2013), Hugo Chávez (5 de marzo del 2013), Soraya Jiménez (28 de marzo del 2013), Lou Reed (27 de octubre del 2013), Nelson Mandela (5 de diciembre del 2013), José Emilio Pacheco (26 de enero del 2014), Paco de Lucía (25 de febrero del 2014), Luis Villoro (5 de marzo del 2014), Gabriel García Márquez (17 de abril del 2014), Gustavo Cerati (4 de septiembre del 2014), Joan Rivers (4 de septiembre del 2014), Aurora Bernárdez (8 de noviembre del 2014), Chespirito (28 de noviembre del 2014), Vivente Leñero (3 de diciembre del 2014), Julio Scherer (7 de enero del 2015), Leonard Nimoy (27 de febrero del 2015), Terry Pratchett (12 de marzo del 2015), Jacobo Zabludovsky (2 de julio del 2015), Javier Krahe (12 de julio del 2015), David Bowie (10 de enero del 2016), Alan Rickman (14 de enero del 2016), Harper Lee (18 de febrero del 2016), Umberto Eco (19 de febrero del 2016), Prince (21 de abril del 2016), Muhammad Ali (3 de junio del 2016), Rubén Aguirre (17 de junio del 2016), Ignacio Padilla (20 de agosto del 2016), Juan Gabriel (28 de agosto del 2016), Leonard Cohen (7 de noviembre del 2016), John Glenn (8 de diciembre del 2016), Eugene Cernan (16 de enero del 2017), Chuck Berry (18 de marzo del 2017), Juan Bañuelos (29 de marzo del 2017), Adam West (9 de junio del 2017), Jerry Lewis (20 de agosto del 2017), Hugh Hefner (27 de septiembre del 2017), Charles Manson (19 de noviembre del 2017), Nicanor Parra (23 de enero de 2018), Stephen Hawking (14 de marzo del 2018), Sergio Pitol (12 de abril de 2018), Stan Lee (12 de noviembre del 2018), Fernando del Paso (14 de noviembre del 2018), Notre amour (18 de marzo del 2019), Alberto Cortez (4 de abril del 2019), Perro Aguayo (3 de julio del 2019), Mami te extraño (14 de agosto del 2019), Celso Piña (21 de agosto del 2019), Camilo Sesto (8 de septiembre del 2019), José José (28 de septiembre del 2019), Miguel León-Portilla (1 de octubre del 2019).