domingo, 26 de junio de 2022

Los niños perdidos

Vengan todos, hagan una rueda en torno a esta fogata que es mantenida por nuestra imaginación. Llegaron aquí porque escucharon la caracola y se las pasaré a cada uno para darles turno de hablar. Ahora la tengo yo y tengo algunas cosas que decirles. 

De seguro muchos de nostros nos adentramos antes a Los Simpsons que a la lectura, entonces puede ser ese el motivo por el que descubrimos esta historia de Golding a través de las animaciones de Matt Groening y su equipo. No hay problema si no han visto el episodio, o si no han leído el libro, incluso no debe haber problema si no han visto algunas de las dos películas. Pero ya que estamos aquí, hablemos del libro, y en el camino vamos a toparnos con otro libro que tiene todo que ver con esto. Pero ¿qué significa? A lo mejor al autor sólo se le zafó un tornillo, o quizá el libro es sólo un resquicio de la guerra.


La película la vi en la secundaria, me causó horrores tan solo pensar en la inocencia que se vio interrumpida por esas circunstancias y entonces un montón de cosas pasaron por mi cabeza, pero entre una y otra cosa la pregunta era ¿es el ser humano malo por naturaleza? De esa manera, quizá este actuar de manera civilizada se trate sólo de un mecanismo contra la extinción.

Digamos que esto transcurre allá por la Segunda Guerra Mundial, entonces el Pacífico, con su montonal de islas, era el lugar más hostil del mundo; por otro lado, levante la mano quien sepa de alguna isla desierta en el Atlántico porque a lo mejor esta historia transucrrió allí. No sé cómo ni de qué manera estos niños llegaron y entonces se esfumaron los adultos en un fenómeno al que estos infantes no estaban acostumbrados: la muerte. Oscilo el discurso entre niño e infante, quizá también más adelante con otro sinónimo, porque las edades de estas personitas quizá se encuentran entre la edad para y al preescolar y también la edad para ir a la secundaria. Cuando se dieron cuenta de que tendrían que valerse por sí mismo, ellos sacaron su caja de herramienta: los conocimientos que habían adquirido del mundo hasta ese corto momento de su vida, y comenzaron a trabajar.
Con muchísimo miedo y sin mayor autoridad que la dada por su fecha de nacimiento, empiezan por organizarse y fundan una utopía de niños. Me quedé corto, y es que el último indicio de autoridad era una caracola que usa el jefe para llamar a asamblea, y quien la tenga tienen la palabra.
Cuando la flojera empieza a apoderarse de su grupo y la mangonea la envidia, empiezan a surgir aquí los problemas. El miedo contribuyó, y no sé si quiero ahondar en esto para evitar lastimar el descubrimiento de los que apenas están por leerla. La caracola inicia a perder su don de autoridad cuando el rescate tarda en llegar y los niños se vuelven náufragos salvajes. La isla se vuelve peligrosa y es aquí donde ellos descubren su lado más terrible cuando el número de náufragos desciende violentamente. Le voy a parar para evitar, de nuevo, lastimar el descubrimiento de los que aún no lo leen.


Aquí inician las historias paralelas, y aquí va la nota introductoria. Leí este libro un poco después de El señor de las Moscas. Fue una casualidad muy grande que lo haya encontrado, pero ¿quién soy yo para pelear con estas casualidades? En un principio este libro no tiene nada que ver con el otro. Una pareja: documentólogo y documentalista, que comparten un gusto por el registro sonoro del mundo que los rodea, comparten también una vida, y con esa vida se incluyen un par de niños. Es un libro cuyo propósito es hablar acerca del término de las relaciones. Ese momento que a todos nos trae malos recuerdos y que nos llega algunas veces en la vida. Traigo a este lugar este libro por lo que viene, un viaje a través del gabacho para hacer un cambio de vida, en donde ahora una pareja que se encargaba de recopilar y estudiar los sonidos del mundo, ahora debía hacer lo mismo con los silencios mientras se alejan el uno del otro, y entonces lo que les queda es el eco. Es un libro acerca de las migraciones, acerca del sueño americano y cómo se convierte en pesadilla; los sonidos de las pesadillas quedan registrados y el libro no sobrevive sin ellos. Permítanme hacer un adelanto en esta historia, y es que los niños se pierden en el desierto más grande de nuestro continente americano, y su guía de supervivencia son los momentos que pusieron atención a los audiolibros que sus padres ponen en el vehículo familiar. Adivinaron, uno de esos libros es El señor de las moscas, narrado con Golding. Pero también en el libro vemos cómo la mamá y el niño hacen un registro sonoro de los capítulos del libro.

Cada vez que el libro entra en escena en la historia, la autora se pregunta qué está mal en la humanidad que hace de este libro algo tan fiel a la realidad. Yo no me aventuro a suponer más allá de lo que sé, y no sé nada.