Debe
ser muy difícil para un artista haber creado la que será su obra
maestra y tener que seguir complaciendo el apetito insaciable de
aquellos que consumen su arte. Serrat lo dijo: bienaventurados
los que alcanzan la cima porque será cuesta abajo el resto del
camino.
A eso súmele el haber concebido esa misma obra justo en el debut, en
los primeros años. La presión debe ser terrible: el ver cómo todos
aclaman el fruto de nuestro primer esfuerzo y encima tener que
superarlo entrega tras entrega. No es tarea fácil y la mayoría de
los artistas prefieren dejarlo como está; otros continúan dando
trabajos medianamente aceptables porque, y esto es válido en todo
caso, ellos siguen teniendo algo qué decir, no importa que no sea
tan bueno como fueron en su momento aquellos pasos a gatas del
comienzo de sus carreras. A éstos últimos la memoria se encarga de
irlos relegando a un lugar no cerca del olvido pero sí muy por
debajo de lo que pudieron saborear si el camino hubiese terminado
antes. No me malentiendan, mi intención no es decirles a esos
artistas que se retiren antes de que todo se salga de control, sino
que nos demos cuenta de que a veces el destino es un poco injusto con
ellos, que el público como crítico no perdona y que es probable que
no tengamos la mínima preparación para emitir un juicio tan sumario
como el que muchos hacemos a diario. Sin embargo, la vida es así. Si
usted que lee esto ha oído hablar de Justice y se enteró del
reciente lanzamiento de Woman
creo que sabrá por donde va la cosa.Justice
en su momento fueron el futuro de la música dance. Así, ni más ni
menos. El toque de aire fresco que necesitaba el movimiento antes de
la llegada de lo ahora pomposamente llamado EDM. Y es que tenían
algo que volvía a la electrónica casi una “experiencia
religiosa”, como dijo Fantano muy acorde con su icónica cruz
presente en las portadas de todos sus discos. Cross
fue un abrasivo intento de recrear lo que fue la música disco en los
años ochenta, con un ambiente lleno de distorsión y breakbeats
inesperados llegando en el lugar y en el momento perfectos. No sólo
eran pegajosos, eran variados en muchos aspectos y lograban que gente
no adepta al género les diera al menos una escuchada. Se volvió en
un clásico instantáneo y pavimentó el camino a un dúo que le
prometía a la escena un futuro buenísimo. La comparación con Daft
Punk era inevitable, ambos eran dúos, franceses y con líneas de
composición muy parecidas. Varios críticos dijeron que a la luz de
un álbum tan sólido como lo fue Cross,
Daft Punk debería tener pensado la retirada. El tiempo siguió su
marcha, y mientras Daft Punk se sumergió en un silencio que duró
ocho años antes de la llegada del Random
Access Memories,
Justice lanzó Audio,
Video, Disco.
Fue
aquí donde las comparaciones entre ambas bandas llegaron a su fin.
El porqué es muy sencillo: Audio,
Video, Disco
definitivamente no fue lo que la gente esperaba. No había
distorsiones ni ritmos que dieran ganas de bailar, no había mucha
variación y pareciese que la producción se descuidó como lo hizo
Human
After All
en años anteriores. Incluso a mí, siendo sincero, me pareció un
mal proyecto: mecánico, repetitivo y mucho muy comprimido. No fue
sorpresa que la gente añorara con nostalgia, porque tardaron cuatro
años en lanzarlo, una segunda parte de Cross.
Por las razones que fuesen, el público comenzó a comerse a Justice.
Pasaron cinco años, una eternidad en tiempos de Facebook, para que tuviéramos noticias de ellos. Así, en verano de este año, se anunció “Safe and Sound”. Si el Random Access Memories tuvo un mérito fue el de redefinir lo que se entendía por música house. La revelación vino de un dúo pionero en el house francés que decidía no hacer más música que no se sintiera viva. Después de esto no debe sorprender que varios discos posteriores fueran comparados con el enfoque que tuvo éste: el Currents de Tame Impala y ahora Woman. Y es que Woman puede tener ese calificativo de “retro” que reciben todos aquellos álbumes que suenan a años ochentas. Sin embargo, existe una gran diferencia: no vivimos en los años ochentas y no estamos tratando con los Bee Gees. A primera impresión “Safe and Sound” promete un entorno disco y bailable en todo sentido: un bajo slap impecable, sintetizadores a manera de orquesta, un coro cantando letras que no tienen porqué ser profundas y una producción limpia y concisa. Parece que se abandonó la sucia maqueta de su predecesor y crean un ambiente festivo que deja un muy buen sabor de boca. El horror viene después, porque Woman no es sólo “Safe and Sound”. En este punto también vemos cómo la brecha entre Daft Punk y Justice se hace más grande cada vez. La razón es simple: Woman tampoco es el Random Access Memories. El último fue una declaración de principios en tiempos en los que todas las canciones parecían estar hechas con una Mac, una declaración en la que la música habla por sí sola y no requería una explicación de trasfondo que no fueran las canciones mismas. Ahora, Woman falla por la misma razón que falló el rock progresivo al entrar la década de los años ochentas: su exceso. El disco está plagado de canciones perdidas en un muro de sonido que no permite al escucha adentrarse en él, divaga en líneas melódicas que se repiten infinitamente y flaquea con vocales que lejos de ser una nostálgica remembranza de Chic o de Donna Summer parecen una parodia de lo que ellos mismos hicieron en Audio, Video, Disco. Lejos de ser la declaración de principios que fue el Random Access Memories, Woman pierde vuelo en un mar de sintetizadores y máquinas de ritmo que no proponen algo nuevo y que abusan de lo que se hizo hace más de treinta años. Canciones como “Pleasure”, “Stop” y “Love S.O.S.” tienen una producción rica en dinámicos pero con esas vocales y líneas que se reiteran como si no hubiera final y que llegan a ser abrumadoras. La gran mayoría de las canciones en la lista requiere un tijeretazo a fin de que no divague tanto en su propia autocomplacencia. Luego, pistas como “Randy” y “Alakazam!” levantan un poco el vuelo en un disco que no pide que le prestemos atención, no es que no la merezca, simplemente parece ser olvidable. A pesar de esto, el disco como un todo tiene una gran gama de sonidos y atmósferas, pero se pierde, de forma continua, en clímax que nunca llegan y en melodías que deben durar menos de lo que duran en el corte final. Woman tiene todo para llegar a grandes canciones, porque la producción, como ya dije, es impecable; tiene muchos brazos de dónde agarrarse para lograr su cometido. No obstante, se suelta y se queda a medio camino, regresando a lo profundo.
No es una decepción pero sí algo un poco desalentador. Y entra nuestra premisa del principio: después de Cross parece que hemos escuchado todo de Justice. Es muy injusto que así sea, porque después de todo se agradece siempre el toque humano en días en los que la música es la misma desde David Guetta; pero de Justice siempre se va a pedir más. Y así las cosas, con lanzamientos como este, veremos cómo el dúo es desplazado lentamente hacia un Olimpo que recordará su debut más como un clásico en solitario que como el inicio de una carrera brillante en la música de los últimos años. Una vez más, nos comimos a Justice.
Pasaron cinco años, una eternidad en tiempos de Facebook, para que tuviéramos noticias de ellos. Así, en verano de este año, se anunció “Safe and Sound”. Si el Random Access Memories tuvo un mérito fue el de redefinir lo que se entendía por música house. La revelación vino de un dúo pionero en el house francés que decidía no hacer más música que no se sintiera viva. Después de esto no debe sorprender que varios discos posteriores fueran comparados con el enfoque que tuvo éste: el Currents de Tame Impala y ahora Woman. Y es que Woman puede tener ese calificativo de “retro” que reciben todos aquellos álbumes que suenan a años ochentas. Sin embargo, existe una gran diferencia: no vivimos en los años ochentas y no estamos tratando con los Bee Gees. A primera impresión “Safe and Sound” promete un entorno disco y bailable en todo sentido: un bajo slap impecable, sintetizadores a manera de orquesta, un coro cantando letras que no tienen porqué ser profundas y una producción limpia y concisa. Parece que se abandonó la sucia maqueta de su predecesor y crean un ambiente festivo que deja un muy buen sabor de boca. El horror viene después, porque Woman no es sólo “Safe and Sound”. En este punto también vemos cómo la brecha entre Daft Punk y Justice se hace más grande cada vez. La razón es simple: Woman tampoco es el Random Access Memories. El último fue una declaración de principios en tiempos en los que todas las canciones parecían estar hechas con una Mac, una declaración en la que la música habla por sí sola y no requería una explicación de trasfondo que no fueran las canciones mismas. Ahora, Woman falla por la misma razón que falló el rock progresivo al entrar la década de los años ochentas: su exceso. El disco está plagado de canciones perdidas en un muro de sonido que no permite al escucha adentrarse en él, divaga en líneas melódicas que se repiten infinitamente y flaquea con vocales que lejos de ser una nostálgica remembranza de Chic o de Donna Summer parecen una parodia de lo que ellos mismos hicieron en Audio, Video, Disco. Lejos de ser la declaración de principios que fue el Random Access Memories, Woman pierde vuelo en un mar de sintetizadores y máquinas de ritmo que no proponen algo nuevo y que abusan de lo que se hizo hace más de treinta años. Canciones como “Pleasure”, “Stop” y “Love S.O.S.” tienen una producción rica en dinámicos pero con esas vocales y líneas que se reiteran como si no hubiera final y que llegan a ser abrumadoras. La gran mayoría de las canciones en la lista requiere un tijeretazo a fin de que no divague tanto en su propia autocomplacencia. Luego, pistas como “Randy” y “Alakazam!” levantan un poco el vuelo en un disco que no pide que le prestemos atención, no es que no la merezca, simplemente parece ser olvidable. A pesar de esto, el disco como un todo tiene una gran gama de sonidos y atmósferas, pero se pierde, de forma continua, en clímax que nunca llegan y en melodías que deben durar menos de lo que duran en el corte final. Woman tiene todo para llegar a grandes canciones, porque la producción, como ya dije, es impecable; tiene muchos brazos de dónde agarrarse para lograr su cometido. No obstante, se suelta y se queda a medio camino, regresando a lo profundo.
No es una decepción pero sí algo un poco desalentador. Y entra nuestra premisa del principio: después de Cross parece que hemos escuchado todo de Justice. Es muy injusto que así sea, porque después de todo se agradece siempre el toque humano en días en los que la música es la misma desde David Guetta; pero de Justice siempre se va a pedir más. Y así las cosas, con lanzamientos como este, veremos cómo el dúo es desplazado lentamente hacia un Olimpo que recordará su debut más como un clásico en solitario que como el inicio de una carrera brillante en la música de los últimos años. Una vez más, nos comimos a Justice.

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