sábado, 14 de abril de 2018

Paul McCartney - New


No hay existe algo sobre Paul McCartney que podamos pensar y que no se haya dicho ya. No lo hay, así de sencillo. Por las razones que sean, queramos o no McCartney es un referente de la cultura popular obligado. Quienes no gustan de su música mínimo tuvieron que escucharlo una vez para tener sus razones (y no, la fama y lo extremadamente mediatizados que están él y sus bandas no son un argumento para demeritarlo, porque también están los intelectualoides de sillón). No hace falta mencionar a los Beatles como la banda más importante en la música popular, nuevamente queramos o no. El legado de las composiciones del dúo Lennon-McCartney las hacen una de las más famosas de todos los tiempos y la lista sigue. Los mitos abundan, las verdades también: quizás estemos ante el compositor de música pop más prolífico e importante de nuestros tiempos. Porque, inesperadamente, no podemos especular sobre lo que pudo ser John Lennon en tiempos modernos, no podemos ni imaginar las tendencias que él estaría siguiendo, por eso la leyenda perdura. Pero McCartney permanece, y el artista también. Todo esto ya se ha dicho, infinitas veces, parece ya de panfleto y suena hasta tedioso cuando uno lo lee. La verdad es que las reinvenciones de Paul y sus incursiones en géneros tan variados lo hacen acreedor de eso y más. No se trata de que nos guste, pero tengo un par de amigos que hablan de los Beatles como la roña, y su único pecado fue ser populares. Eso, comrades, no es una razón que valga. Y es que Paul ha hecho de todo: rock, pop, electrónica, ballet, jazz y hasta tiene un oratorio genial. No puedo negar que desde niño me gustan los Beatles, son de las primeras canciones que tengo memoria, están prácticamente en mi ADN. Pero otra vez, esto no es nuevo. A todos, quiero creer, nos tocó se parte de esa experiencia que es escuchar a los Beatles. En fin, sin caer en fanatismos, su influencia es enorme.

Recuerdo que hace casi diez años me topé en internet con lo que era Memory Almost Full, el que entonces era el último disco de Paul. No tenía la más mínima idea de que estaba haciendo él o lo que hizo después de los Beatles, era irrelevante para mí, supongo. Pero ese disco vino a callarme la boca. Era buenísimo, era como si nunca hubiésemos perdido a la banda, porque sonaba a ellos por montones, era rock convencional y puro, bastante agradable. Tenía momentos alegres, vertiginosos, dramáticos pero no saturados, era casi lo que un disco necesitaba para ser bueno. Me prometí seguirle la pista, si Paul McCartney seguía haciendo discos como éste no veo porqué habría de fallar. La verdad es que tomó mucho tiempo para que volviera a lanzar un disco normal. Produjo un disco con el músico Youth, hizo un ballet, y lo más cercano fue ese disco de covers de jazz Kisses on the Bottom. De ahí en más no hubo prácticamente nada. Fue hasta hace cinco años cuando, casi al finalizar el año, anunció New.

Me tomó un poco más encontrarlo porque, ahora que tiene una disquera independiente, al parecer los discos de un beatle toman más en llegar aquí. Llegando a mi casa lo primero que hice fue ponerlo en el reproductor y sentarme. El inicio es inesperado, “Save Us” es un prólogo corto pero concreto. Recuerdo que la escuchaba muchas veces al día, era pegajosa, concisa y directa al punto. El cambio de sonido aquí fue notorio, valga la redundancia, suena “nuevo”. Era como si estuviera escuchando de nuevo a los Beatles pero con una distorsión llena de fuzz y de efecto, muy de las nuevas bandas y con esos coros armonizados que lo hacían épico. Dura poco más de dos minutos y es simplemente genial. Luego, llegó la que ahora es mi favorita. “Alligator” es una balada en baja fidelidad en la que habla sobre buscar a la persona indicada, pero con un cansancio que se nota hasta en los arreglos. Con teclados sutiles, una guitarra acústica, batería y bajo se puede crear algo así de bello. Hay un tinte folk en el disco, como de pop barroco, y se nota en canciones como “On My Way To Work” y “Early Days”. En la primera tenemos una pieza muy pop, con palmadas acordes a estos días y con acabado sencillo; mientras que en la segunda es simplemente McCartney con su guitarra haciendo oda a sus tiempos de juventud. Como dato, parece que aclara el como fueron las tensiones entre él y John con una simple línea: “Now everybody seems to have their own opinion, who did this and who did that. But as for me I don't see how they can remember when they weren't where it was at”. “Queenie Eye” es otro balde con agua fría, porque aunque uno esté acostumbrado a todo para estos días, una pista así de Paul siempre va a tomar por sorpresa. Tiene unos coros tremendos y unos arreglos muy de George Martin, con un ritmo vertiginoso. Hasta ahora el disco va siguiendo una línea que ya se va definiendo, tendremos una pista acelerada y una tranquila a partir de aquí. Luego, “New” viene a ser otra pista muy queenie eye, con teclados y armonías muy parecidas, pero agradables a tope. Paul mencionó en una entrevista, cuando iba a salir el disco, que iba a ser una grabación con toques un poco vanguardistas, muy apegado a la tecnología y a las tendencias actuales. Si uno no toma en cuenta esto mientras lo escucha, parece sólo un disco de rock convencional que va que vuela, hasta “Appreciate”. Aquí se cruza una línea que no creí que se fuera a cruzar. Es experimental, con una voz procesada, un ritmo artificial y todo sintetizado electrónicamente; tiene unos pasajes un poco bizarros, con guitarras aquí y allá, y con una atmósfera un poco oscura. No tengo mucho que decir sobre ella, pero no me gustó cuando la escuché por primera vez, ahora es cuando la entiendo un poco mejor y hasta le he agarrado cariño. Continuando, otra de mis favoritas, “Everybody Out There” nos regresa a territorios más familiares. Es rock convencional, en estado puro, sobria y decidida, con una letra genial hecha para conectar con el público en vivo; es de las mejores que hay en el disco porque mantiene la esencia de lo que debe llevar una buena canción, así de simple: “there but fot the grace of God go You and I, we’re the brightest objects in the sky”. La estructura que antes mencioné sigue su curso con “Hosanna”, y dos pistas después con “Looking at Her”; la primera es un interludio oscuro, con guitarras acústicas ycon ambiente hasta por los rincones, mientras que la segunda es una pequeña balada pop con unos breakdowns electrónicos que uno no se espera en lo más mínimo. Durante todo el 2013 hubo una tendencia de revisitar la música afroamericana: el disco, el funk, el R&B, el soul. Casi todos los artistas que lanzaron algún trabajo ese año hicieron algo siguiendo esta línea, McCartney no fue la excepción: “I Can Bet” es la versión funk de un beatle en tiempos modernos, y es igualmente buena. Para finalizar, McCartney nos lleva por “caminos” extraños y nada claros en la que quizás sea la pista más experimental de todo el álbum, “Road” también es una declaración de principios. Es lenta, y narra una historia de gente varada en lo desconocido, que se traduce finalmente en un momento de oscuridad interior. Deja un sabor un poco amargo de boca, pero no por eso es menos virtuosa, está excepcionalmente compuesta. Para calmar un poco el final tan agrio, “Scared” se mantiene como una pista oculta y es una pieza en piano que hace olvidar los pasajes de “Road”.

Ahora me he dado cuenta de que utilicé muchos eufemismos para referirme a este disco. Si alguien estaba leyendo y se quedó a la mitad no lo culpo. Pero es que este disco es un poco extraño de describir. Por varias razones, una es que mantiene una simpleza que lo hace un trabajo tan convencional como bien hecho, otra es que la producción y los arreglos son de lo más inesperados en la discografía de McCartney. Hay momentos turbulentos y muy alegres, pero todo eso marcado por un aura de tecnología y de experimentación que no se discierne tan fácil, porque está incrustada en la frontera de su sonido, no es la base ni la columna vertebral de la composición. A lo que me refiero es que existen muchos discos cuyo propósito original era experimentar, ver hasta donde la “aleatoreidad” (otro eufemismo) llevaba al artista, esta clase de trabajos demandan una atención extra, porque su secreto se encuentra precisamente en entender el proceso de manufactura para aprovechar al máximo la experiencia; un poco injusto para el escucha de a pie, pero, seamos sinceros, el escucha de a pie es más bien un receptor que no se dedica a expandir mucho el conocimiento que tiene sobre el tema, aunque suene mal, la experimentación no está hecha para esa clase de personas. Luego, vienen las obras que hacen lo opuesto, comienzan con piezas normales, hechas con una fórmula muy sencilla, y a mitad del proceso los artistas se proponen introducir cierto régimen del azar a la hora de utilizar sus instrumentos. Aquí es más fácil ver el camino que sigue la idea original, porque se entiende desde el principio y nuestro cerebro se acostumbra a ese patrón, sin embargo los acabados son los que terminan volviendo a todo el álbum algo de qué hablar. Son esta clase de álbumes los que se vuelven armas de doble filo, puede que funcionen o pueden que las canciones se arruinen por la autoindulgencia. Cuando el disco triunfa en esto, se vuelve una obra de arte que merece que la escuchemos muchas veces, porque vamos siempre a encontrar algo nuevo. El caso de la música experimental es tema aparte, porque simboliza toda esa parte irracional, por decirle de alguna forma, a la que nuestro cerebro puede llegar a traducir la inspiración, algo como lo que distintos poetas, entre ellos Octavio Paz, llamaron “la otra orilla”. El New es de esos discos que triunfan con creces y el resultado es inmejorable. En entrevistas Paul dijo que quiso contratar productores jóvenes para hacer versiones de lo que un álbum significaba para él. Entre ellos están Paul Epworth (quien produjo “Rolling in the Deep” y a Coldplay), Mark Ronson (un Back to Black memorable y “Uptown Funk” deberían ser suficiente referencia), Ethan Johns (Kaiser Chiefs, Kings of Leon) y, por supuesto, Giles Martin, hijo del veterano de guerra George Martin. El resultado que logró con ellos es, no sólo un sonido renovado, sino una oda impresionante a su música y a la de épocas pasadas. Porque todos estos productores tienen en común un conocimiento excepcional sobre lo retro, son casi los artífices de esta nueva ola de música negra dentro del rock actual. New bien podría ser una especie de carta de principios sobre lo que un músico emérito como Paul tiene que decir en los tiempos modernos sin perder la esencia de lo que siempre ha sido.


Cuando era más joven, entonces, no tenía ni idea de lo que esto significaba pero el disco me gustó muchísimo, quizás porque era desinteresado y tenía mejores cosas que decir. Ahora que lo veo de lejos y tengo en cuenta lo que ha significado para mí, puedo escuchar “Alligator” de la misma forma que antes, “Everybody Out There” como un casi un himno, y entender las distintas cosas que han pasado desde entonces. El disco ha envejecido con gracia, y sigue siendo la misma experiencia agradable que significó cuando yo tenía dieciséis, ahí es nada. No lo han tomado en cuenta en las listas recientes de los mejores discos, pero no lo ocupa, porque su confidencia lo relega a ese punto en el que ya no se tiene nada qué probar. Incluso antes que nada, Paul ya estaba ahí. 

lunes, 9 de abril de 2018

Atrapados en la escuela



¿Recuerdan esos Libros del rincón que repartía la SEP y que se encontraban en nuestros salones de clase en aquella lejana época de la primaria y secundaria? Alguna suerte del destino me hizo tener uno de estos libros escondido por algunos años hasta hace poco que me encontré sorpendido al encontrarlo. Quise leerlo para saber si me dejaba más sorprendido el encontrarlo que su contenido. Bien, debo decir que este no ha sido uno de mis libros preferidos, pero tiene encerradas entre sus páginas cosas interesantes. Nos encontramos aquí autores un poco desconocidos, como lo son los propios compiladores Beatriz Escalante y José Luis Morales; y podemos llegar a encontrar a algunos consagrados como José Agustín, Óscar de la Borbolla, Paco Ignacio Taibo II.
Algo que llamó mi atención desde el comienzo fue la manera particular en que se ordenó este conjunto de cuentos, iniciando de los protagonistas más jóvenes hasta los que se pudiera llamar adultos. Los cuentos no siguen un orden particular más que ese, sigue una trayectoria rectilínea. Por lo mismo, nos encontramos con un niño de primaria que se asume como el hombre de la casa después de la separación de sus padres, uno más grande que se da por irse a luchar junto a Marcos en su mente mientras en cuerpo es el abanderado de la escolta en sexto de primaria, luego se ve un cuento policiaco (si se me vale la equivalencia corta a una novela policiaca) donde el protagonista se presume inocente, y pasamos por un tramo de la historia narrada por José Agustín en su novela De Perfil (a propósito de el tabaco y el qué serás de grande), para después desembocar en una historia de amor/desamor como a todos nos pudo haber sucedido en la secundaria. 
Esto más que ser una antología de cuentos se transforma en un manojo de adolescentes y un manojo de problemas. Entre esos manojos se pueden clasificar incluso aquellos que se refieren a la vida en la escuela, aquellos que se refieren a los amigos, a la familia... y al amor: tal como Misa de 7Mi segundo beso, La amiga de mamá, Esmeralda en el metro  y Bye bye love, donde el amor y el álgebra se confabulan: «Las mujeres no eran como el álgebra [...] Eran una incógnita, casi no tenían solución [...] Si las cosas del amor se resolvieran tan fácil como las ecuaciones de álgebra. Si el amor se estudiara en libros. Porque él era A y ella era B y el resultado C era el amor; pero, ahora, los factores habían cambiado. B era la incógnita a despejar. B=X. A+B=C. A=Jaime. C=Amor. B=X.» 
No quiero que vean estas síntesis un spoiler a cada historia, más bien pretendo que se sientan en la libertad de que si lo leen lo puedan explorar sin temor a qué se puedan encontrar.
Como este es un texto repartido en cientos de miles escuelas primarias y secundarias, tal vez no tenga tanta violencia como se espere, ni tanto sexo, ni alcohol, ni cigarro o drogas, porque como podrán adivinar son niños quiénes lo podrían leer... por eso la historia le cause algo de malestar si la siente lenta, sin embargo cuando yo estaba en la primaria, esta hubiera reunido el tipo de cosas que me hubiera gustado leer en aquel tiempo.

sábado, 7 de abril de 2018

Bitacora del contacto #3.

Después de dos apasionantes entregas con un avance reducido, y también después de seguir una guía de cómo acondicionar nuestro SatFinder para poder usarlo más de manera que sea más accesible y además nos daba la posibilidad de montarlo en una caja con toda la circuitería necesaria para poder realizarlo. Bien, en la primera bitácora del contacto se planteó realizarlo con Arduino, en la segunda con un jack de audio conectado a la computadora. Ahora, damos un giro hacia cómo lo plantemos al inicio y decidimos hacerlo con Arduino. Antes de que los puristas se molesten con nosotros y dejen de leer este avance a nuestro proyecto, déjenme decirles que esto es por cuestiones meramente presupuestarias; estamos conscientes de que existen mejores maneras (por ejemplo una FPGA, un DSP, un microcontrolador más potente, etc.), sin embargo por ahora en esta etapa de inicio sólo lo queremos usarlo como un banco de pruebas y partir de ahí hacia una mejor solución... en fin.
Trataré de ser breve con esto, pues ahora tenemos significativamente más fotos que mostrarles. Como por ejemplo, pasamos de tener un SatFinder, en el que había mucho volumen vacío, a tener ahora una tarjeta con algunos cables soldados para así controlar el potenciómetro y los demás periféricos que nos sirven para este proyecto
Si se fijan con detenimiento, haciendo un gran zoom, podrán darse cuenta que estuvimos a nada de arruinar la placa. :v

Para apoyarnos en la realización de este proyecto tenemos el abrigo de San Google, quien nos ha ayudado a encontrar una gran cantidad de artículos y sitios relacionados con esto, como ese bonche de hojas impresas que se aprecia ahí, que además tiene un doble propósito: en esta foto nos ayuda a ocultar el café y el azúcar para que no aparezcan en esta captura. Bien, en realidad para poder suministrar energía al proyecto ocupamos alrededor de 24 V, por suerte contamos una fuente ATX que facilita el trabajo y también nos funciona como banco de pruebas en todas las de este desarrollo. Si no conocen algo de electrónica, no se preocupen, en realidad uno de los propósitos del proyecto es lograr que sea replicable (así como nosotros nos basamos en documentación de terceros que han logrado desarrollos similares), para que se pueda caminar sobre nuestros aciertos y no caigan en nuestros mismos errores, porque hemos enfrentado varios, como por ejemplo estar a menos de un milímetro de regarla al soldar los componentes tan diminutos. No se deje engañar por este desorden. Ahí ya tenemos conectados nosotros un Arduino y con esto iniciamos la parte importante de muestrear los datos.

Ya al final, después de algunas quemaduras y también de algunos cables soldados, nos encargamos de probarlo con el Arduino. Notamos que cuando se variaba la sensibilidad con el potenciómetro, entonces este resultado se podía apreciar en la gráfica. Esta gráfica que se muestra corresponde al nivel cuando el potenciómetro se encuentra en el máximo nivel, lo que indica la máxima sensibilidad dada.

Ahora, la siguiente etapa se encontraría en poder modelar la antena y de esta manera obtener el mejor control de posicionamiento (algo bastante importante). El método ingenieril consiste en realizar un dibujo sobre un software CAD lo más detallado posible para así poder observar los parámetros importantes como lo puedan ser el momento de inercia, el centro de masa, entre algunos otros. Para nuestra suerte encontramos un modelo como el nuestro que se encontraba parametrizado, únicamente con nuestros datos de antena se pudo obtener algo bastante acertado que nos será de gran ayuda en los demás cálculos.

Más o menos esta fue otra tarde de la bitácora del contacto. Pronto esperamos poderles suministrar a ustedes una descripción más detallada, una bibliografía más detallada y unas imágenes de mayor calidad. Hasta la siguiente.


domingo, 1 de abril de 2018

Arcade Fire - Reflektor


Hace no mucho tiempo Arcade Fire no era ni la mitad de ambiciosos de lo que son ahora. No me malentiendan, es la ambición en el buen sentido, si es que lo hay, de tratar de ir siempre un poco más allá de los cánones y los límites. Todo aquello ocupa osadía y un toque muy fuerte de autoconocimiento, si uno es consciente de sus debilidades y en lugar de minimizarlas las potenciamos junto con nuestras virtudes, las obras maestras salen por sí mismas. Los primeros álbumes de Arcade Fire eran osados, potentes, simples en su composición pero complejos en su temática, como muñecas rusas. Quizás los exponentes más importantes del pop barroco, su folk melancólico con ciertos teclados refinados los hicieron la sensación de la música independiente. Funeral ya es considerado uno de los mejores discos en lo que va del siglo, y Neon Bible no se queda atrás, es su Kid A. Luego con The Suburbs la banda subió de tono de forma amplia, extendió el sonido inicial y lo llevó a rincones más cercanos al new wave y al rock alternativo en general y el resultado fue igual de explosivo pero menos inmediato. Después de todo, fue la primera banda independiente en ganar el Disco del Año en los Grammy. Quiero pensar que el ver esa expansión del sonido y que diera resultados tan buenos debió ser una tentación difícil de resistir, es común entre músicos el querer siempre ir un poco más allá, aprovechando la ola del momento y tirarnos en la arena hasta donde tope. Arcade Fire estaba cocinando algo con esto en mente y después del 2010 las cosas no volvieron a ser las mismas.

También no hace mucho, bueno, ahora mucho para los tiempos que corren, escribí una nota sobre Reflektor. Tenía dieciséis años y la música entonces era más bien una experiencia de vida que un consumo cotidiano. Recuerdo que escribí, porque no la he encontrado, que el disco me pareció insuperable. Que era un lanzamiento triunfante después de arriesgar casi toda la carrera de una banda brillante. Recuerdo que me leí el ensayo de Sören Kierkegaard del que habla Win Butler sobre el concepto del disco. Cuando lo escuché por primera vez quedé más que impresionado por esa capacidad de crear un disco tan aparentemente simple como voluptuoso y complejo. Porque eso era Reflektor entonces: complejo, con un potencial intelectual increíble. De igual forma recuerdo el ejercicio mental de poner en perspectiva un disco como éste frente a otros tres anteriores que, decía yo, eran “joyas contemporáneas”. Quizás entonces me tomaba más enserio la escritura de las notas y escuchaba la música con una inocencia que me esfuerzo porque no desaparezca, eran tiempos más sencillos.

Han pasado casi cinco años del lanzamiento y cuatro desde que escribí aquella nota. Escuchar y hablar sobre el Reflektor siempre ha sido algo interesante para mí, porque a mí parecer está envejeciendo con gracia. Mientras Arcade Fire se vuelven monstruosamente más grandes, de forma inevitable, todo ese respeto y admiración en nuestros días por su trabajo tuvo un punto de quiebre aquí, en éste disco, porque retaron no sólo a sus fans, sino a una industria entera, y llevaron al límite lo que una banda de indie rock podía hacer en aquellos años. Fue su disco de madurez. Los excesos que ahora nos parecen normales en las agrupaciones, es muy probable que tengan sus raíces aquí. No está demás regresar a hablar sobre él, se lo merece y ya de camino me lo paso a tope escribiendo.

Un resumen bien puede ser esa frase en “Normal Person” que dice: oh man, do you like rock and roll music? ‘Cause I don’t know if I do...” Ya es el abstract en un disco que no se digiere fácil y que fue bastante controvertido cuando salió. Cuando apareció “Reflektor” yo no tenía mucho tiempo de haber escuchado a la banda, no tan conscientemente. Eso sí, fue un cambio, diametral: Arcade Fire estaba haciendo disco y funk. Pero enganchaba, tenía una melodía pegajosa que no cansaba en absoluto. Dura casi ocho minutos y no parece que sea para tanto, tiene unos momentos oscuros y unas bases de sintetizador abrumadoras que a la primera escucha uno tiene ganas, de inmediato, de volverla a poner. En una fiesta la puse y me sorprendió que nadie la hubiera escuchado, recuerdo que nos calló a todos, y a los primeros dos minutos varios ya estaban bailando, en silencio, como en trance. La pista tiene un ambiente sombrío, pero alegre, no se necesita ver la portada para preciar tonalidades de grises brillantes que aporta el instante y hasta la voz de Bowie parece traída del espacio exterior. En suma, me gustó mucho. El disco iba a salir un mes después y yo me tardé otros más en encontrarlo. Cuando lo tuve en mis manos me sorprendió el cuidado que le pusieron al empaque. Era un disco doble y cada compartimento en la caja de cartón tenía su libreto con letras, que mezcladas con ciertas fotografías distorsionadas y en distintas escalas de color daban la impresión de tener un pequeño periódico en mis manos, era una belleza el arte mismo, y la caja en sí ya brillaba mucho con una estatua de Orfeo y Eurídice en un pedestal casi futurista. Todos estos eufemismos están demás, pero en verdad es buenísimo. Había leído que el primer CD tenía una pista oculta, antes de la primera canción, en el pregap. El pregap que es una porción de datos que contiene el CD-ROM y que no se indexa en la lista de canciones; estoy seguro que varios de nosotros hemos visto segundos negativos cuando se acaba una pista y empieza otra, esos segundos están en se intervalo llamado pregap y normalmente no son más de dos o tres. Pues aquí la pista, registrada como “Reflective Age”, dura más de diez minutos y está hecha con base en porciones de las canciones de la primera mitad invertidas; se escucha una parte del coro de ciertas pistas para que, de forma casi épica, finalice con unos minutos en reversa de “Reflektor”, de modo que las últimas notas de “Reflective Age” sean las primeras que “Reflektor” pero en reversa, dando el efecto de estar escuchando un espejo sonoro, lo más cerca que alguien ha estado de hacer algo así. Ya la idea me había gustado bastante, pero más que eso me dejó impactado, sobre todo cuando leí el trasfondo conceptual del álbum y el ensayo de Kierkegaard antes mencionado. El texto se llama “Two Ages” y es una crítica que hizo el filósofo a un libro que se llamaba de la misma manera. En él, Kierkegaard habla sobre la enajenación de los medios masivos y define dos “épocas”, la Presente y la Revolucionaria. Menciona el cómo se generan cambios en gran medida debido a que siempre existe una generación (la revolucionaria) que navega contracorriente frente a otra (la presente) que consume cualquier esfuerzo de mejora. Kierkegaard dice que normalmente la Época presente dura más que la anterior gracias a que las personas en la Época revolucionaria, o son engullidas por el monstruo mediático (Kierkegaard lo definía como una masa informe que no reacciona salvo cuando se trata de disminuir el esfuerzo de cambio) o bien los avances que logran son mínimos pero duraderos para los próximos años. En resumen, Kierkegaard dice que la Época actual se caracteriza por ser el reflejo opuesto de la otra: si en la Época revolucionaria la gente se reconocía por hacer algo, en la Época presente la gente no hace nada. Kierkegaard decía esto en pleno Siglo XIX, y cuando leí esto y vi la forma en que se estructuraba el concepto del disco, ya me pareció una obra maestra. Intelectual y artísticamente importante. Arcade Fire siempre se han caracterizado por el mensaje contemplativo pero socialmente congruente que han lanzado trabajo con trabajo. Ya sea viéndolo nostálgicamente como en The Suburbs o como crítica abierta en Neon Bible. Aquí, Reflektor viene a ser la puesta al día en cuanto al punto de vista de los Win Butler sobre cómo ven las relaciones hoy en día, o en aquellos años.

Aunque Reflektor no es propiamente un álbum conceptual, su dirección está mucho más definida que un gran número de trabajos que pomposamente usan este molde. “Reflektor” habla de un pseudoamor, de esos que se volvieron tan comunes en nuestros días con las redes sociales: “we’re so connected, but are we even friends?” También me topé con el dato de que James Murphy estaba produciendo el disco. Sólo hasta que escuché a LCD Soundsystem entendí y caí en la cuenta del cambio que había logrado en ellos. Aquí era más que palpable y conforme las pistas avanzan, la “mecanicidad” de la que se habla con LCD se nota hasta en los cortes más cercanos a los primeros días de la banda. “We Exist” continúa con la línea de “Reflektor”: disco, rebosante de ritmo, pero con el toque barroco tan familiar. Hay sintetizadores y cuerdas, mezcladas de modo tan meticuloso que confluyen como peces en el agua. Uno advierte de inmediato que se trata de una pista de Arcade Fire, aunque en un principio suene tan diferente. Ahora, “Flashbulb Eyes” sí es un cambio, inesperado y difícil de entender. Tiene esa base tropical que no termina de encajar, con reverberaciones y delays un poco fuera de lugar, quizás sea una de las menos memorables, incluso ahora. Por ahí encontré que Win Butler y la banda viajó a Haití después del terremoto, ya que Regine tiene familia ahí, y la influencia caribeña también es más que latente. “Here Comes the Night Time” es un ejemplo claro. Tiene unos tambores tribales y un comienzo tan acelerado que parece un despegue a la estratosfera. Es muy buena, sobretodo si nos deshacemos de las ataduras a las que nos acostumbramos cuando hablamos de tal o cual banda, por eso el disco fue entonces un ejercicio importante sobre prejuicios. A la mitad nos encontramos con una celebración tipo reggae, no le pidió nada a los mejores trabajos en aquel año. Luego, “Normal Person” es otro subidón de imprevisto. Es pesada, con unas guitarras distorsionadas y un solo de incisivo que la vuelven imparable. Tiene una base que la vuelve tanto ligera como una erupción volcánica, con coros mezclados a la perfección. “You Already Know” es un terreno más conocido, menos denso y más amigable. No es mala, pero da la sensación de que es un lugar de relleno, con todo y que la producción sigue siendo impecable. Para finalizar la primera mitad, “Joan of Arc” es un regreso a lo oscuro, como una segunda parte, más profunda, de “You Already Know”. Un homenaje a Juana de Arco, mantiene el tema lírico de la enajenación y de creación de mártires en tiempos convulsos. Es probable que Reflektor bien pudo quedar como un disco convencional, con menos canciones, aquí es notable, pero al menos esta primera parte, más que algo cansado, es difícil de entender, aún ahora que el trabajo ha pasado por tantas tribulaciones.

Pasan varios minutos antes de que empiece la siguiente mitad con una inesperada y, por supuesto prescindible, segunda parte de “Here Comes the Night Time”. No hay esa vitalidad, esa energía que contagiaba de golpe la primera. Es lenta, tediosa por montones, y no mejora minuto a minuto. Aquí reitero lo que decía antes, hay pistas que están de más. “Awful Sound (Oh Eurydice)” llega a rescatar un poco una introducción malísima. Arcade Fire también habló de las otras influencias artísticas del álbum: el Mito de Orfeo. Según Win Butler, la película El Orfeo Negro es una de sus favoritas, y aunado al ideal de entablar discusión sobre los medios de comunicación y la desesperanza entre el hastío de la vida moderna, la historia de amor florece y le aporta al concepto una imagen genial. El folk electrónico nunca les había quedado tan bien, con un coro hecho para los estadios, aún en el disco suena de maravilla. Luego volvemos a encontrar una “Flashbulb Eyes” difícil de comprender, “It’s Never Over (Oh Orpheus)” es una capirotada extraña, tiene un coda bastante definido y acaba con gracia, pero los electrónicos y las guitarras distorsionadas en la mitad la hacen inusual, como que no termina de cuadrar. Aún con todo este tiempo que ha pasado me cuesta trabajo hablar de algunas canciones, en este caso no es mala, pero requiere atención especial, puede que sea un espejismo o una mina de oro por sí misma. Continuando con el programa llega “Porno”, quizás la más predecible y la más innecesaria de todo el disco. Los sintetizadores no logran enganchar y parece que fue preparada de último minuto. En muy pocas ocasiones la batería eléctrica queda bien fuera del mundo del dance, aquí es un caso en el que falla. Tiene cierta atmósfera, pero no alcanza ningún punto importante. Aunque, he de admitir, escucharla ahora es más placentero que cuando salió, a eso me refiero con que está llegando a la senectud en gracia. Una sección de cuerdas marca el paso a una batería que introduce una de las joyas de todo el álbum: “Afterlife” vale su peso en oro. No es densa, en absoluto, los coros son estremecedores y la voz de Win Butler se sincera para lograr una canción perfecta. Así, ni más ni menos. La letra, el sentimiento de esperanza con vista al futuro le otorga a la banda una madurez que no habían encontrado antes. Aquí el trabajo de James Murphy fue brillante, sin exceso, directo al punto. El ritmo disco y hasta los saxofones quedan en su mejor momento, y logran un punto cumbre que emociona, no me parece que haya una igual en toda su discografía. Recuerdo que hace unos años fue mi mantra, y me da gusto ver que no ha mermado en ella el paso del tiempo. La conclusión y caída de cortinas llega con “Supersummetry”, once minutos de pasajes ambientales. Los primeros minutos son electrónicos, suaves y dejan un buen sabor de boca, los siguientes son un muro orquestal que está mezclado a un volumen muy bajo, con un aire de Ígor Stravinski y Arvo Pärt. No es malo, pero también a esto me refiero con que el trabajo pudo durar mucho menos. Entonces Arcade Fire no se caracterizaban por ser auto indulgentes, eran bastante críticos y disciplinados con lo que entregaban, por lo que la razón de hacer un disco tan largo en estas condiciones sigue siendo un misterio para mí.


Uno puede charlar por horas y horas sobre Arcade Fire y su papel de moldeadores del rock moderno. Dan para mucho material porque más allá de ser la clásica banda indie que habla de sus excesos de juventud, ellos traen un mensaje mucho más profundo, o traían. Digo esto último porque a pesar de la tardanza pudimos ver la continuación de Reflektor verse concretada en Everything Now, el peor álbum que ha lanzado la banda hasta ahora. Las inquietudes respecto a la forma en que la sociedad se comunica y las relaciones que uno establece con el pasado, lejos de hacer a la banda más contemplativa y consciente de su papel en la música actual, los volvió una parodia de sí mismos. El legado que ellos mismos se impusieron de Reflektor sigue presente, pero convertido en una caricatura. Creo que no estábamos listos para lo que tenían que decir después de una obra tan controvertida como esta, pero la verdad es esa. Reflektor polarizó a los fans y a la crítica, hubo reseñas que lo desdeñaron por completo y otras que lo tomaron como arte mayor. Independientemente de lo que digan los críticos, el disco habla por sí mismo. Cuando fue lanzado me tuvo meses enteros buscando claves y pistas que me ayudaran a entender mejor el mensaje. Siempre me han gustado aquellos discos que se comportan como rompecabezas, porque si son buenos me van a regalar horas de búsqueda agradable. Octavio Paz dijo que un clásico se vuelve clásico porque permite segundas lecturas y en cada una vamos a encontrar algo nuevo. Aquí Reflektor es de esos pocos momentos en la música en el que uno puede esperar todo de una banda y aún así quedar satisfechos con todo y sus fallas. Porque el entramado conceptual es, a mi parecer, la mejor parte de un trabajo así. Para mí sigue siendo un disco muy importante, ha estado ahí desde entonces y no me canso de escucharlo. No fue el mejor del grupo y sigue sin serlo, pero tiene un toque que lo hace más enganchador que los demás, no sabría cómo explicarlo. No se trata de entenderlo, ahí radica la inocencia. Después de todo lo que pasó con la banda y la decepción que conllevó su regreso, ahora más que nunca Reflektor vuelve a ser una constante, porque las relaciones humanas siguen siendo las mismas, nuestras manías no han cambiado para nada, pero cuando uno es más joven, el darse cuenta de eso es como ver el mundo tal cual por primera vez, se abre una ventana de posibilidades infinitas. No se trata de canonizar a un disco, pero la influencia que ha tenido en mí durante todo este tiempo va más allá de cualquier crítica que yo pueda tener sobre él. En aquellos días entendía menos el mundo y me parecía que lo tenía en mis manos: “the more you see the less you know”. Ahora quién sabe lo que depare el futuro, pero de algo puedo estar seguro: Reflektor estará ahí.