viernes, 24 de enero de 2025

Poeta chileno

Desde hace tiempo huyo de responder a la pregunta de cuál es mi libro/escritor favorito. Con los años, a veces menciono a Rayuela/Cortázar, Pedro Páramo/Juan Rulfo, Por quién doblan las campanas/Hemingway, y un largo etcétera que depende de lo primero que recuerde. En este punto, pienso que la dupla Poea chileno/Zambra tiene los elementos para ser mencionada cuando no encuentre refugio cuando me llegue la pregunta.

Los últimos textos que he escrito aquí han sido para hablarles de lo lúcidos que son los libros Bonśai y La vida privada de los árboles en este momento de la literatura. Vamos a decir que con este texto se acaba la primera serie de reseñas de libros de Alejandro Zambra, ya que en la FIL del año pasado Anagrama se encargó de proteger mis finanzas al no haber llevado más libros de este autor.

¿Qué méritos tiene Alejandro Zambra para ocupar tres reseñas en este blog? Quizá se trate de uno de los narradores más relevantes en el siglo para el español como lengua. Desde su primera novela nos envuelve en la brevedad, ya que quizá se trate de algo exagerado llamarla cuento, y en el sentido opuesto se puede advertir que novela no sea el género que mejor la describe. Los franceses a este tipo de libros que se encuentran en el limbo los llaman nouvelle. Bajo otra lupa, Cortázar mencionaba que en un combate de boxeo, las novelas ganaban por puntos mientras que los cuentos por knock out. Supongo que acudí a una pelea de box para la que no estaba preparado, y así fue como Zambra acabó por knoquearme con un certero golpe desde el comienzo de Bonsái

Puedo argumentar que para el segundo combate yo estaba mejor preparado para afrontar los golpes de su segunda novela, pero La vida privada de los árboles acabo por vencerme en una decisión unánime de los jueces. 


Ahora, en la tercera vez que me enfrento a la lectura de Alejandro Zambra, caía en la cuenta que se trataba de un combate largo con un libro de unas 400 páginas. Hasta aquí voy a dejar la analogía del boxeo ya que la veo innecesaria para el resto del texto, y por su parte hablaré más directo. Al desmembrar la estructura, descubrí que el autor mantuvo el elemento de la brevedad al esconder cuatro nouvelles en esta novela, de modo que son cuatro historias que coexisten entre la portada y la contraportada.

Los inicios de Gonzalo solo con Carla y Gonzalo solo. Gonzalo nuevamente con Carla y ahora con Vicente. La vida de Vicente y la aparición de Pru. Al final un epílogo, por llamarlo de alguna manera.

Chile es un país al que no le importa mucho no haber ganado un mundial de futbol, ya que se honran de haber ganado dos veces el mundial de poesía. Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Y fuera de eso es una lista bastante larga de poetas que no ganaron el Nobel, pero quizá sí obtuvieron el premio Cervantes o los juegos florales de la región de Atacama, y me gustaría hacer aquí una pausa de la historia para incluir algunos de estos poetas y queden en la curiosidad del lector:

Raúl Zurita, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Vicente Huidobro, Roberto Bolaño, Pablo de Rokha, Elicura Chihuailaf o Carmen Berenguer.

Volviendo a acá, Zambra hace un ejercicio en el que desde dentro del mundo literario nos muestra ese mismo escenario en Santiago, una crítica sutil a la poesía chilena, pero con ojos de poeta los sucesos cotidianos se tornan extraordinarios. Las relaciones humanas se enlazan con la poesía. Cuando inicié el libro, alguna vez le preguntaba: «Alejandro Zambra, ya me hiciste llorar, ¿qué más quieres de mí?» Y lo que obtuve además de eso fue una novela muy divertida e introspectiva, me hacía pensar y me conmovió múltiples veces.

Por ejemplo, en este momento yo sólo puedo relatar desde este lado, siendo hijo; no tengo las credenciales para hablar de aquel lado, siendo padre o padrastro; sin embargo es fácil empatizar con ese momento en la vida de Gonzalo. En algunos años, quizá me tocará estar del otro lado y pondré al final de esta reseña un addendum al respecto.

Debo confesar que en este punto de la vida no he leído a Los detectives salvajes de Bolaño, y mientras sigue entre mis proyectos de lectura que voy postergando, con la información que tengo en este momento acerca de esa novela, me gustaría decir que cuando Gonzalo y Vicente se asumen los protagonistas de esta historia, ellos se vuelven Los detectives domésticos. Ambos en su cruzada personal de convertirse en poetas chilenos.

Rescato, para terminar, los poemas que más me gustaron.

Primero la poesía pueril de Gonzalo, cuando experimentaba con haikús:

*

El viento en los árboles

dibujabas con los ojos

cerrados


*

Los lunares de tu

muslo izquierdo

me los comí

Luego ya maduro escribe:

GARFIELD

Cada vez que un avión se cae

en cualquier parte del mundo

los diarios chilenos informan

si hay chilenos

entre las víctimas.

Pero mi hijo de cuatro años

no pregunta si murieron chilenos

pregunta si murieron niños

porque los niños pertenecen

al país de los niños

igual que los muertos pertenecen

al país de los muertos.


Eso pienso mientras camino

con mi hijo por el cementerio

y lo veo alejarse corriendo

en dirección de una lápida

donde un remolino de papel

y un Garfield de peluche

manifiestan la visita reciente

de unos padres desolados.


Mi hijo de cuatro años juega

con el peluche de un niño muerto

y yo temo que quiera llevárselo a casa

pero no dice nada, no quiere

llevárselo: unos segundos más tarde

lo deja respetuosamente

en el mismo lugar

y se despide no sé si del peluche

de la lápida

o del niño muerto.


Mientras Vicente lee su poema, aún sin nombre:

si vuelves a mi casa no te olvides:

la llave que es redonda es de la reja


pintaron con acrílico naranja

la llave de la puerta principal


las otras llaves nunca las usamos

es una puerta vieja con dos chapas


cerramos solamente la de abajo

mi casa tiene doce interruptores


y diez enchufes dobles y uno triple

y hay dos alargados no muy largos


la clave del internet ya la conoces


la casa tiene grietas invisibles

y gatos desafiantes en el techo


y manchas que no veo en las paredes

y un árbol de limones bien amargos.


Y yo rescato estos poemas porque es poco probable que aparezcan en esas guías telefónicas de los poetas jóvenes que comunmente se llaman antologías.

miércoles, 8 de enero de 2025

La vida privada de los árboles

 Con anterioridad les había hablado aquí del libro Bonsái. Desde entonces he buscado los otros libros del autor, y hasta este momento llevo dos que conseguí en la FIL del año pasado. Es, pues, mi responsabilidad salir del silencio de estos meses que han pasado para hablarles de lo que ha sucedido desde entonces hasta ahora que leí este segundo libro: La vida privada de los árboles.


Compré una maceta de un tamaño mediano, tierra suficiente para hacer tres pasteles de lodo, y semillas de varios árboles. Estoy por decidir de cuál árbol haré mi primer bonsai, y después ya veremos y les cuento. 

También, desde entonces, leí este libro,.

La escritura de Alejandro Zambra tiene algo que no he podido descifrar. No se parece a nada de lo que conozco, y a la vez me gusta más que muchas de las cosas que conozco. Desafía al intelecto al entregarte la historia ultraprocesada de tal forma que uno no encuentra nada nuevo que pueda pasar, pero te mantiene en vilo el tiempo suficiente para al final mostrarte que aún hay cosas pendientes, que estaban ahí escondidas detrás de una puerta de vidrio. La vez pasada les contaba que Zambra reveló la muerte de la protagonista al inicio del libro y esto sólo desapareció en la historia para contarnos todo lo demás y volver como una tormenta de bofetadas.

Ahora no se por dóde emperzar. Sigo esperando que Verónica vuelva. Julián y yo la hemos esperado porque su hija, Daniela, aguarda. Julián es el padrastro de Daniela. Es más feo que el papá de Daniela y es más joven. Luego Zambra hace  una serie de comparaciones entre ambos, y quizá lo hace para que el lector tome un bando. Cuando hablamos de padres y padrastros, el público tendería a tomar un bando. Pero Verónica ya tomó uno, y la historia muestra la manera en que tal vez Daniela también tomaría un bando, cuando las circunstancias la van forzando a afrontar la decisión..

Me costó reponerme del golpe que fue para mí leer Bonsái. Podemos decir que Bonsái es hermanastra de La vida privada de los árboles, y digo hermanastra porque comparten cosas, pero hay tantas otras que las distancían y diferencían. Alejandro Zambra es el padre de ambas, pero cada una es de distinta madre, no sé cómo explicarlo y apelaré a que ciegamente me crean. Como hijas suyas, Zambra  trató de educar a ambas novelas de manera similar, siendo en este caso el mimimalismo literario (que los critico definen y quizá Zambra ni enterado estaba). También es evidente cuando el autor lee poesía, y educa en este camino a sus novelas-hijas, lo cual es algo que uno como lector agradece.

La manera en que se conocen Julián y Verónica es una maravilla para nosotros, los amantes del pastel de tres leches. Por lo que no podemos decir que el libro pueda ser una historia de amor, y quizá sólo es una consecuencia de la vida con Karla. Tal vez sea mejor definirlo por los relatos que hace Julián a Daniela para antes de dormir cuando están en la habitación blanca, y que llanamente llaman La vida privada de los árboles; que son las cosas que en la cotidianidad suceden a los robles y los álamos, y los baobabs. Después de la peregrinaión que de lunes a sábado él hace por cuatro universidades de Santiago, los domingos se convierte en escritor. En sus domingos comienza a obsesionarse con los bonsái y escribe un libro con ese título, que trata de un hombre joven que se dedica a cuidar un bonsái. En este punto de la historia, las hermanastras se conectan y logra desviar nuestra atención de que Verónica no ha regresado de su clase de dibujo.

Tal vez he dejado muchas cosas al aire, pero si cierro las comisuras de la corta novela con esta reseña, entonces ya ustedes sabrían todo lo que pasa, y se molestarían conmigo por contárselos. Y sin sonar rebuscado, los invito a este proyecto de lectura que quizá te tome una tarde.

Así como disfruté la lectura de este libro, en una futura crisis existencial, disfrutaré su relectura. Y seguiré esperando a Verónica junto  a Julián y Daniela, sólo que yo sentado en la habitación verde.