domingo, 18 de agosto de 2024

Bonsái

Quiero hacer bonsáis.


Quiero tener la paciencia para ver a una jacaranda florecer sobre la palma de mi mano, y con una maniobra escoger otro reducto de bosque que elevaré frente a mi rostro para ser admirado más de cerca. Quiero modelar las ramas de los árboles con alambre por varios días, emulando lo que el viento a veces hace en un suspiro cuando hay tormentas (quiero salir corriendo mientras grito ¡mis bonsáis! cuando hay tormenta).

Quiero escribir sobre bonsáis.

Escribir por ejemplo la noche está estrellada y se mecen las ramas de los bonsáis a lo lejos. Quizá inicie escribiendo acerca de los 10 cuidados que debes tener con los bonsáis (el número 9 te sorprenderá). Escribir sobre cómo les hablo a estos árboles mientras los podo, escribir sobre los gritos que sólo yo oigo cuando los cambio de macetas. 

Quiero escribir sobre cómo estaba observando los gansos después de una siesta reparadora post-jetlag. Escribir lo refrescante que es tomar un café frío en un día soleado. Escribir cómo saqué de la amplia bolsa de mi chamarra un libro bastante delgado, luego lo exploré con mis manos y un poco con mi vista hasta que inevitablemente mis ojos apuntaran a la región de la portada donde se leía el título Bonśai de Alejandro Zambra.

Estamos en agosto, y aquel día que observaba gansos era en el ya agotado mes de julio. Debo decir que en esta ausencia de reseñas yo sí había leído; no les mentiré, hubo cosas tanto buenas como malas; sin embargo, tuvimos que llegar a esta época del año que ya describí para que se rompieran las barreras y yo me animara a hablarles de un libro por fin. Si tuvieran que leer sólo un libro este año, que sea este.

Basta ya de venderles el humo, déjenme hablarles de este libro.

Sucede que cuando observamos un árbol, alguna fuerza decidió a base de improvisación la forma que tomaría; con un bonsái, su creador se encarga de mover sus ramitas a la posición que ocupará en el futuro. Con la literatura, hay escritores que se ponen a teclear esperando que la historia se encuentre a sí misma, aquí Alejandro Zambra visualiza cómo quiere su libro y desde el inicio moldea esas ramas. Las poda. Quita la maleza.

Al final se muere, eso lo sabemos desde el principio. Los personajes aparecen en el lugar en que deben estar, y cuando no son necesarios son retirados con una sutileza acompañada de una amabiliad que se agradece. Julio y Emilia, se trata de su historia, se trata de cómo una cosa llevó a la otra en la casa de las mellizas Vergara. Se trata de la mentira que se relaciona con leer a Proust. Se trata de Emilia viviendo con Anita. Se trata de una pareja que comenzó «a pensar parecido y a disimular las diferencias»; que descubre «que la vida sólo tiene sentido si encontrabas a alguien que te la cambiara, que destruyera tu vida». 

Zambra moldea esas ramas, Zambra corta esas ramas en algún momento y luego la historia es aquello que pasa en Madrid. Es María, pero también es Emilia; es un dibujo, luego otro dibujo. Son los bonsáis. Es la muerte.

Y aquí termina lo que tengo que decir de la historia, los invito a leer estas 82 páginas para que descubran qué hay detrás de esas cosas que he podado. Los invito a ver mis bonsáis cuando logre que no se me mueran. Los invito a que descubran tomar un café frío en un día soleado y me digan qué les pareció. Yo seguiré buscando los libros de Alejandro Zambra para dejarme sorprender de nuevo con su estilo narrativo.