sábado, 5 de abril de 2025

El Conejo ha ̶a̶l̶u̶c̶i̶n̶a̶d̶o̶ alunizado: diez años y doce meses después



Era 2014 y los días eran más fáciles. El comienzo fue improvisado, y a todos los que alguna vez colaboraron en el proyecto les conté la misma historia:

Como todas las grandes ideas de nuestro tiempo, todo surgió viendo un capítulo de Los Simpsons.

Me refieroal episodio donde parodian El ciudadano Kane (una de tantas que hace la serie), cuando el señor Burns compra todos los medios de comunicación de Springfield. Aquella historia durabalo que un parpadeo comparada con la película de Orson Wells, pero dejó en mí la una semilla: la idea de imprimir un diario en casa. Fue mi momento ¡Eureka! que describo como si hubiera descubierto el fuego, pero ya lo entenderán después si me da para expresarlo tal y como quiero.

No me enfrentaba a William Randolph Hearst, ni a Charles Forest Kane, no siquiera al señor Burns. Mi rival era más íntimo: la ensura de mi propia apatía, mi propia flojera. Y mi voz que madura.

(Paréntesis: Yo no fui el primero que cometió la osadía de decir que esta película es la segunda mejor de la historia del cine, pero quizá suscribo con esta idea.)

Tomé la decisión una noche de insomnio de sábado. El domingo lo pasé maquetando y ajustando todo para que el primer número quedara en dos hojas tamaño oficio, dobladas por la mitad.

Si piensa que lo que sigue es pura nostalgia, está usted en lo correcto, aunque apelo a llamarlo saudade por el simple placer de usar esa palabra. Esta es la historia de cuando tuve una fanzine,y esto hacía que la vida tuviera un ritmo más acompasado.

La revista tenía una portada con el nombre, y al centro una imagen relacionada con el tema del mes, luego un epígrade, quizá al estilo de Borges. Luego, alguna que otra cosa más que llenaba la vista.

Sobre el nombre, no hay mucho misterio, en aquel tiempo aún no existía el ChatGPT y tenía que hacer lluvia de ideas conmigo mismo. Y entre tantas posibilidades (no crean que tantas), terminé llamando a la revista "El Conejo en la Luna". No hay una razón clara. A veces las cosas se sostienen sólo por su sonido o por cómo se sienten al decirlas.

Quizá debí haber lanzado una convocatoria desde el inicio, pero la falta de textos me llevó a improvisar y llenar de textos las páginas cuando faltaba ayuda. Entre las cosas, comencé con la reseña de un libro (aquella vez fue "De la Tierra a la Luna"), y esa costumbre se mantuvo hasta el último número. Ese germen brotó hacia este blog.

De último momento había decidido que la imagen que estaría en la portada del primer número sería una foto que había encontrado donde se ve a Zacatecas de mediados del siglo pasado. El lunes siguiente, ya tenía el original impreso, y al salir de la la prepa, fui al lugar donde solía fotocopiar mis tareas y salí cargando una bolsa con cien copias.
El primero de los retos fue ensamblarlas; mecánicmante tomar cada par de hojas, doblarlas por la mitad, engraparlas, y lograr que se formara un pila de revistas que pudiera llevar en mi mochila. El reto mayor fue traspasar la capa de timidez que me envolvía y que a su vez no me permitía abrir la boca para decirle a mis compañeros de prepa que sacaran dos pesos de su bolsa para comprar el primer número de la revista "El Conejo en la Luna". Decirles. por ejemplo:

Damita, caballero, no se guarden sus cositas, yo no vengo a robarle más que un minuto de su muy amable atención. El día de hoy vengo a ofrecere este primer número de la revista que es mi nuevo proyecto. Estas hojas engrapadas que ve aquí son el esfuerzo de mi fin de semana, Aquí tengo el nuevo texto de Susana Sábado, los poemas de Marcelo de los Campos, las críticas de Leonardo de la Viña, las meditaciones de Virginia Loba, lo que sea eso que escribió Juan Pablo Sastre, rellené lo que faltaba con algo que yo mismo escribí, y repartí los deseos de que esta revista crezca entre la portada y la contraportada. Si no traen dos pesitos ahorita se las puedo fiar, o si conoces a alguen que pueda estar interesado, yo se la llevo hasta su salón.

No todas las veces dije esas palabras /en realidad, ninguna). La mayoría de las veces sólo extendía la mano con una torpe sonrisa, cargando con la vergüenza. Los cien ejemplares comenzaron a irse, y en mi mano quedaron unas 80 revistas, esto fue mi modesto triunfo. Y mi boque madura.

La contraportada incluía una convocatoria para recibir colaboraciones. Así varios compañeros comenzaron a mandar textos que habían escrito para sus clases, fue también cuando el Joaqui nutría las páginas con sus entrañables reseñas musicales. Ese segundo número se vendió por completo.

Como el primer número ocupaba salir con prisa, ni siquiera hubo tiempo de ponerle un logo. Fue en ese segundo múmero que hasta sobró tiempo despúes de improvisar este logo en paint.


Una actualización de este logo se logró cuando Luis colaboró en el sexto número y le dio una nueva imagen a la revista (es la que estáal inicio). Y mi voz quema dura,

En este punto el proyecto tomó vuelo. Recibíamos más textos cada mes. Algunos profesores pedían copias para leer con sus alumnos. Comenzó la venta de guerrillas en el Café zapatista. Las revistas que quedaban cada mes se venían con el tiempo. Y con la cantidad de textos que recibíamos en aumento, cada mes el precio aumentaba un poco, en una jugada que parecía atentar contra la economía familiar.

Con el impulso que tomaba la revista, me pareció buena idea mandar a imprimir algunas tazas con el logo. Repartí algunas con colaboradores y vendí las demás. No fue un gran negociom pero ahora el café sabe mejor cuando se mira hacia atrás. Si algún día llegan por un café a mi casa, quizá les toque una de esas tazas.


Con el tiempo perdímos las colaboraciones. Se nos acabaron los seudónimos. La inocencia de los días fáciles fue desvaneciéndose. Nos alcanzó la universidad, y con ella el peso de nuevas responsabilidad. La gravedad nos arrebató la esfera de cristal que sosteníamos entre las manos y, como un suspiro, se escuchó: "Rosebud". O cualquier otra palabra que sirviera como despedidad. Y mi voz quemadura.

Sólo dejamos de publicar, nunca hubo un cierre formal. Si aún siente la necesidad de compartir algún texto, puede enviarlo a revistaelconejoenlaluna@gmail.com, si alguna vez se suspende el silencio que venimos manejando, lo consideraremos.

Yo, junto con todos mis seudónimos, les damos las gracias.