Acabo de leer una nota sobre el centenario del Partido Comunista de México. La carta me sorprende por su espontaneidad, lo surreal de su aparición. Porque mientras la leo, estoy escuchando una lista de reproducción de Nick Cave, con "Into My Arms" de fondo, también a media pausa de leer su Sickbag Song.
Sus reflexiones me fascinan como me relajan. Su cotidianidad me abruma por lo fantástico de la misma. Por eso es que una nota del PCM me abruma todavía más. Nick Cave, un perfecto burgués cantándole a alguien sobre su anhelo de un amor desde su (ausente) espiritualidad. Nada menos espiritual que la doctrina marxista para recordarme que es posible un mundo aparte, ajeno por completo a la mente inquieta de Cave, nombrando canciones como "Rings of Saturn", "Higgs Boson Blues" y "Your Funeral My Trial".
Nadie nos habló DE VERDAD sobre el Bosón de Higgs los cuatro años que estuve en la carrera de Física. Y creo que entendí todo cuando Nick dice: "it's hot, that's why they call it the hotspot". Y la máxima: "Hannah Montana does the african Savannah".
Entonces, se teje otro hilo ramificado de mundos paralelos. Con el telón de acero detrás, el infame golpe de estado en Bolivia, nuestras opiniones que están demás y la otredad de ver el mundo desde la lente de una pantalla oscura que cabe en la bolsa de mi pantalón.
Soluciones vacías para tiempos vacíos.
11/11/19.
lunes, 11 de noviembre de 2019
sábado, 2 de noviembre de 2019
The Black Parade: Un Sgt. Pepper's para esta época.
Antes que nada, sí, el
título de la nota es correcto. Venga que iré directo al grano y repetiré la
premisa como si no la hubieran leído ya lo suficiente: My Chemical Romance anuncia
su regreso después de casi siete años desde su separación. Los años no pasan en
balde, la verdad, y después de un tiempo es difícil ponerlos en perspectiva.
Sin embargo, ahí están y parece que será el primero de muchos. ¿Qué ha pasado
desde la última vez que aparecieron? Casi nada, el mundo es un completo caos y el
rock está en su peor momento desde que se creó.
My Chemical Romance es
una de esas bandas juveniles que le tiran a un grupo en particular, o eso creía
yo. Su público estaba tan bien definido que no era difícil imaginarse quiénes
eran los que escuchaban, era cuestión de verlos en la calle. La afirmación es
clasista, por supuesto que sí. Innecesaria y pedante, boy oh boy también.
Porque yo los escuché bastante hace ya muchos años y nunca, ni por asomo, se me
ocurrió intentar siquiera pertenecer a ese gremio social al que apelaban. Yo fui
alumno de un guitarrista metalero de la vieja escuela, y MCR era casi pecado
mencionarlos, sin embargo, vaya que los escuchaba. ¿Por qué? Yendo al punto
como me propuse, porque han creado al menos tres discos que son casi obras
maestras. A pesar de todo, cuando anunciaron su regreso, el clasismo y el
prejuicio seguían en boga como si nunca se hubiera ido, con todo y que sus
seguidores ya crecimos bastante.
Hará ya mucho tiempo que
me topé con el Black Parade. El video para “Welcome to The Black Parade”
era el cliché para los emo de aquel entonces y sus imágenes eran el trasfondo
visual de varios muchachos de aquella época. La tipografía exagerada, el
maquillaje y las poses de la banda eran todo lo que necesitaban. Sin embargo,
algo más sutil se quedaba casi debajo de la conversación, y era la música. Porque
podías odiar a MCR y a sus seguidores, podías vomitar incluso cuando te los
mencionaran, pero la música nunca se tocaba. La razón es simple: francamente no
tenían mucho qué criticar. El melodrama, la voz exagerada de Gerard Way,
quizás, pero más allá de lo infinitamente subjetivo, no podían reprocharles
nada.
Cuando lo escuché fue
parte por parte, tenía yo algo así como 11 años y el rock era aún nuevo y
temible para mí. Yo nunca me pregunté si ellos eran rock, porque para mí lo eran.
Tenían guitarras distorsionadas, ritmos vertiginosos, baterías atronadoras. Lo
eran, lo son, lo seguirán siendo. Y dejemos esa conversación ahí, por favor.
Volviendo a lo otro, tuve que ir por partes. Escuchando canción por canción,
durante varias semanas. Un día, por fin me hice con todo el disco y pude
escucharlo completo. En Wikipedia había leído que era un disco conceptual, una ópera
rock que contaba la historia de El Paciente, un muchacho al que le detectan cáncer
de corazón y en el que relata su historia a manera de flashback. Ah, comprendí,
de ahí el melodrama y la pose lúgubre. Debía ser de esa manera, no otra.
También leí que musicalmente se habían basado en las otras ya clásicas óperas
rock, Ziggy Stardust, The Wall, Tommy, pero, obviamente, las palabras
David Bowie, Pink Floyd y The Who seguían siendo muy lejanas para mí. Aunque, y
eso era verdad, los Beatles vaya que los conocía, y sus trajes versionados como
un desfile negro del Sgt. Pepper’s eran una referencia más que obvia.
Con todo y que la alusión era tan clara, nunca se me ocurrió pensar que el Sgt.
Pepper’s no sólo fuera un álbum conceptual, sino que en realidad fuera el
primero. Entonces, aunque yo no entendía el inglés, vaya que la música evocaba
los sentimientos de El Paciente por sí misma. Era oscura, cargada de emotividad
y de un toque bastante lúgubre. “Mama
we al go to hell” no era muy difícil de descifrar, tampoco. Pero vamos, eso
no era tampoco lo especial.
Lo que ha hecho
importante al Black Parade es que ha envejecido muy bien. Aún hoy se
escucha moderno después de 13 años y no le pasa factura el tiempo. Las
canciones aún suenan frescas y densas en su justa medida, y conforme he ido
creciendo y llegando a la dolorosa adultez, muchas de sus letras comenzaron a
cobrar sentido. Porque todo el disco está lleno de pasajes memorables, de
situaciones inmejorables en las que la historia, la interpretación vocal de Way
y la ejecución de la banda alcanzan un punto de clímax casi perfecto. Aunque
existe, por momentos, un sobrecargo de melodrama, la atmósfera se mantiene
infranqueable de principio a fin, y vaya qué final. Partes como en las que
cantan: “A light to burn all the empires, so bright the sun is ashamed of rise
and be in love with al lof these vampires” en “The Sharpest Lives” son ya
clásicos para la posteridad, y cuyo significado, nuevamente, no se entiende
hasta que uno pasa por momentos así. La canción habla sobre la adicción al
alcoholismo y las drogas del protagonista, y en mayor o menor medida, uno no
necesita emular a la par los vicios de Gerard Way para entender que la mínima
resaca provoca una sensación similar. Aquí vi yo maestría, cuando los sentimientos
y la música encajaban de manera única.
Conforme iba avanzando en
edad, no pude evitar encontrar, ahora sí, el casi plagio de “In the Flesh” y “Five
Years” de Floyd y Bowie en “The End”. Las dos son las introducciones a sus
respectivos discos, y aunque acá la copia es más que descarada, la verdad es
que sigue encajando perfecto. “Dead!”, “This is How I Disappear” y “House of
Wolves” siguen siendo un tour de forcé frenético cada una. “Teenagers” con su
punk blues todo ecléctico también es una joya, y “Disenchanted” como balada
envenenada cumple su propósito. Sin embargo, la oscuridad verdadera, la que está
dentro de todos nosotros, ajá ajá, es “Famous Last Words”. Esta pieza es la que
se lleva el trofeo a una de las mejores canciones de la década pasada. Es dura,
incisiva, pesada, densa y poco amigable, pero con un coro infinitamente más
cómodo que cualquiera que intentara hacer algo parecido en aquellos años. “Cancer”, “Mama” y “Sleep” también cumplen con
creces su papel dramático durante la historia.
Ni hablar del aspecto
visual. “Welcome to The Black Parade” sigue siendo una pintura móvil mientras
que “Famous Last Words” acaba con el desfile y se vuelve uno de los videos más
oscuros de los que tengo memoria. Dado que todo en el disco sigue una trama,
las referencias a los personajes están volcadas de lleno en el vídeo para el
primer sencillo. Mother War, Fear y Regret, todos están representados, mientras
que El Desfile Negro, son la banda misma, de igual manera que lo haría un
introductorio Roger Waters rompiendo el cuarto muro en “In the Flesh?”. Los
trajes siguen siendo la primera parte de la resemblanza para el Sgt. Pepper’s,
pero es que la estructura del mismo casi parece emularla. Llena de intriga, de
complejidad para su época, quizás sea la última gran ópera rock hemos visto
hasta ahora.
El tiempo no es muy
amable con los artistas. Sin embargo, con este disco no sólo lo ha tenido en
justa medida, lo ha enaltecido, como la obra conceptual que ya era, con su
complejidad, su ritmo vertiginoso y su drama todo contenido en casi cincuenta
minutos de escenas para una memoria. Su intencionada grabación llena de mala
vibra y de atmósfera densa como en su momento fue el proceso para The
Downward Spiral de Nince Inch Nails en la casa de Cielo Drive donde
ocurrieron los asesinatos de Charles Manson, fue hecha también en una residencia
con fama de embrujada, y aunque las cosas parecen alinearse para cumplir con no
sólo el cliché de la banda maldita, sino con el paso de una trama muy bien
hecha, parece que no es necesario agregarle fantasmas a las canciones. La
presencia escénica de Gerard Way durante la gira que culminó en la Ciudad de
México, da cuenta de que aún se podían tener a Freddie Mercury o David Bowie en
un escenario muy a pesar de su ausencia en aquellos días. Puede que en estos días ya podamos decir que también Way fue la voz de toda una generación. La última ópera rock,
ya enmarcada en los pasillos de la memoria colectiva, más allá de si vivan o mueran
quienes la imaginaron en primer lugar. “Nothing you can say can’t stop me going
home”. Vaya resumen.
viernes, 1 de noviembre de 2019
Prototipo de calaverita
I
La muerte sin bigote andaba
pues al pedir el muertito
anoche con su niñito
ningún camote atajaba.
Eso era muy de mañana
pues al pedir el muertito
anoche con su niñito
ningún camote atajaba.
Caminaba la huesuda
en calles de Zacatecas,
como dicen siempre cada
una de las calaveras.
Eso era muy de mañana
toda esa larga calle
de tiendas cerradas llena
y la muerte iba, ya sin llave.
Eso era muy de mañana,
todo estaba cerrado,
iba yo pobre desvelado
reconocí a la catrina.
Me golpeó la huesuda,
fue a mitad de este agosto,
yo la vi y se quedó muda
a ella ya la había visto.
Estaba muy apenada ella
su mandíbula al suelo fue
y sin ella era bella
y andando continué.
Me dijo un largo "te extraño",
me dijo que había errado,
dijo que este no era el año,
admitió haberla regado.
Ella me encerró en una urna
y me dijo "te voy a enseñar".
Fui a parar a una caverna
mas no lo acabé de soñar.
Comimos un pan de muerto
después de ahí desayunar,
la parca me empezó a explicar
y yo de comer quedé harto.
Tal vez no sea su culpa.
Dice que es el sindicato
donde ella de ahí es un gato.
Para ellos sí no hay disculpa.
Dije "déjame aquí".
"Aún te falta Iván
tu nombre no está ahí
tu tumba no excavarán"
Ya no recuerdo qué pasó
desperté lejos de allí
una lágrima rodó
y en llanto me zambullí.
Me despedí de la parca,
después de todo es mi amiga
lo cual me causa fatiga
por siempre sentirla cerca.
"A ella dile que la extraño
que luego se lo diré yo mismo.
De seguro será otro año
para el que falta un abismo".
No entendí lo que me dijo.
Respondí con balbuceos
distribuidos en voceos
dentro de un gran revoltijo.
Y a ti pelona, mi amiga
cuando la Tierra cruce aquí
con sólo un poco de miga
elevaré un quiquiriquí.
después de todo es mi amiga
lo cual me causa fatiga
por siempre sentirla cerca.
"A ella dile que la extraño
que luego se lo diré yo mismo.
De seguro será otro año
para el que falta un abismo".
Ve aquella flor de allá arriba,
mira aquella mariposa.
¿Acaso ella no es hermosa?
Reencarnan desde arriba.
No entendí lo que me dijo.
Respondí con balbuceos
distribuidos en voceos
dentro de un gran revoltijo.
Y a ti pelona, mi amiga
con sólo un poco de miga
elevaré un quiquiriquí.
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