«Cuando a un americano se le pone una idea en la cabeza, nunca falta otro americano que le ayude a realizarla. Con sólo que sean tres, eligen un presidente y dos secretarios. Si llegan a cuatro, nombran un archivero, y la sociedad funciona. Siendo cinco se convocan en asamblea general, y la sociedad queda definitivamente constituida».
—De la Tierra a la Luna. Capítulo I.
«Fue Julio Verne quien me decidió a la astronáutica».
—Yuri Gagarin. Primer ser humano en llegar al espacio.
Julio Verne es una figura que no podemos quitarnos de encima 100 años después de que se encontraba viviendo en nuestro mundo. Ahora a partido a quién sabe dónde a seguir trayendo historias, o a huir de la realidad. Julio Verne es uno de ese franceses de los que el pueblo celebra cada 14 de julio aunque no interviniera para nada en el evento de la toma de la Bastilla, pero este personaje llena de Francia al mundo con la incursión de sus obras en cada latitud del globo y por la inclusión de al menos un personaje paisano suyo en la mayoría de ellas. No vamos a desdeñar sus predicciones que a lo mejor han sido tan acertadas como equívocas, sin embargo se atrevió a hablar en pro del ingenio humano de una vez y por todas para catapultarnos al mundo de ahora. Él no fue inventor, es cierto; ah pero si lo fuera...
Yo no sé qué poderes tenía Verne, que además de poder predecir que el ser humano se aventuraría a explorar su vecindad, también adivinó así que los que llevaban el temple para lograrlo eran nuestros vecinos del norte; esto a pesar e estar recuperándose de una cruel guerra en contra de la esclavitud (como vemos: un país de contrastes).
La necesidad de explorar ese planeta es algo que puede pasar a segundo plano porque no existen beneficios de la explotación de sus selénicos terrenos cuando en realidad todo son suposiciones que hacen los selenógrafos de su época cuando comparan sus observaciones con lo que se encuentra aquí en la Tierra. Si se comparan los parajes de la Luna con un queso es evidente la similitud y el porqué mucha gente considera la composición de nuestro satélite como de queso. Por el bien de la ciencia y de la historia que aquí transcurre, esa hipótesis banal se desecha e inmediatamente Barbicane y Nicholl le muestran a Ardan la verdadera selenografía. En este punto quiero hacer un gran paréntesis acerca de la historia, y en general de Verne. Julio Verne es un hombre que no se toma para nada sus historias a la ligera, y es por esto que a través de estas y otras novelas la justificación científica de todos los aspectos de la historia sale a relucir. Aquí tenemos a Barbicane y a Nicholl, quienes están adoctrinados científicamente y con precisión matemática son los encargados de calcular cuestiones de vital importancia para el desarrollo de la misión, como lo es la cantidad de combustible a utilizar, y de la misma manera la cantidad de distintos insumos necesarios, así como las dimensiones ideales del proyectil y del cañón que dispararía a este proyectil hasta nuestro astro. De la misma manera en que sirven de calculadoras humanas en la primera parte de la misión, sirven a la vez de divulgadores de la ciencia para dar luz a Ardan y a nosotros como lectores acerca de los diferentes fenómenos que ocurren en el trayecto. Mi conclusión favorita a la que llegaron estos genios se da después de algún tiempo después de salir de la tierra, cuando se preguntaron la razón de no haber escuchado el disparo del cañón: viajaban más rápido que la velocidad del sonido. Es por esta razón de precisión que me atrevo a decir que de seguro Von Braun o Buzz Aldrin tenían este para novelas para cumplir el sueño mortal de llegar a la Luna; y en general de cualquier pionero de lograr su meta científica tecnológica.
Julio Verne contó con un aliado científico para poder escribir estas dos novela. Tenemos aquí de asesor científico al observatorio de Cambridge en Inglaterra. El motivo de que el grupo de científicos que ahí laboraban eran la autoridad científica de la mano de ellos es que Verne anota otro gol cuando se establecen las latitudes entre las cuales es recomendable su uso para la colocación de las bases de lanzamiento espacial. En Florida se ubica actualmente Cabo Cañaveral, que es usado tanto por la NASA como por la fuerza aérea de EEUU y por Elon Musk por sus cualidades cuasi-ecuatoriales. Pues bien, como en este punto lo habrán adivinado (o si tal vez ya son conocedores de la historia), la base del cañón se encuentra en Florida, y también los ojos del mundo se colocaron en ese punto cuando Barbicane, Nicholl y Ardan se embarcaron en su viaje como cuando Neil, Buzz y Edwin lo hicieron una centuria después. No dejan de asombrarme estos paralelismos entre la verdad y la ficción que inspiró a esa verdad, y acaso otro paralelismo se da cuando ambas naves llegan al océano para culminar su aventura como verdaderos héroes.

