«...tal vez si México no fuera un país tan injusto, Los otros no hubieran decidido conquistarlo.»
Mientras navegaba a dos pies por la biblioteca, tuve la suerte de encontrarme con un libro de Hugo Hiriart que se encontraba en lo más alto de un estante. A Hiriart tuve el gusto de conocerlo hace poco más de un año y tuve también el gusto de recibir su firma en su libro «El arte de perdurar». Me costaba trabajo creer que ese hombre tuviera tan incisiva crítica, de manera que acabé ese libro habiendo conocido a través de la prosa a uno de los ensayistas más importantes de México en el siglo XX y lo mucho que nos dure en el siglo XXI.
Conociendo a Hiriart como ensayista, tomé el libro «La destrucción de todas las cosas» porque en mi mente sonaba como una gran crítica a, bueno, todas las cosas que importan y que no importan. Fue grande mi sorpresa al leer que se trataba de una novela y quise más leerlo.
Desde las primeras clases de historia de la primaria es que llegamos a saber la manera en que sucedió el choque de dos de las más importantes culturas del momento con quizá los dos líderes más importantes de la época: Moctezuma y Hernán Cortés (con perdón de Pizarro y Atahualpa). El choque del que hablamos sepultó la gran Tenochtitlán con una lápida del México moderno, mismo que en distintas ocasiones estuvo a punto de ser conquistado y destruido por españoles (como los últimos síntomas de una gripe), franceses (en dos ocasiones), gringos (en al menos otras dos ocasiones) y no quiero ponerme a numerar todas las veces que nosotros mismos casi lo llevamos a la destrucción. Es por eso que llegando ya al mundo globalizado y sin enemigos expresos del que gozamos, nos resulta difícil pensar que exista otra horda dispuesta a destruirlo. Es por eso que la lectura de esta novela es importante, pues nos lleva a pensar en esa posibilidad impensable...
Pongamos que el sueño de Hollywood se realiza y llega a la tierra una civilización más avanzada. Olvidemos los parajes que se extienden como escenario en nuestro vecino del norte y comencemos por proponer la invasión en un país que no es una potencia mundial, como México. El tiempo no importa, realmente el autor fue cuidadoso de primero lograr que bajo los seudónimos de los personajes no importe el tiempo. Mucho se ha dicho de el choque de culturas y su similitud con lo que experimentaron las culturas ancestrales hace medio milenio, es por eso que responder las preguntas lleva a una aterradora respuesta. ¿Qué pasaría con el choque de culturas? Los otros, como los llaman, hacen su aparición a través de algunos intérpretes y terminan imponiéndose a la fuerza de a poco. Es muy difícil que culturas con eones de diferencia en su desarrollo evolutivo se logren poner de acuerdo, y es por eso que terminan chocando y llegamos a una crónica de un spoler anunicado... Lo interesante es entonces la pulpa, lo que se encuentra en medio de este inicio y de este final de los que les hablo.
Existen varios papeles gubernamentales que se asumen en la novela a través de ingeniosos seudónimos, como lo mencioné. Incluso Los otros en un primer momento fueron llamados marcianos, ya sea un poco por ignorancia, ya sea también por la influencia de la cultura popular. Lo cierto es que no podían encontrarse más equivocados, pues Los otros no pertenecían a esta dimensión. Ese fue el primer error del flamante secretario de gobernación, el segundo fue ver con ojos en forma de signo de pesos ($) al contacto como una oportunidad económica para el país y/o su bolsillo. El México en el que se sitúa la novela se encuentra satirizado, por lo que no es de sorprender la injusticia proverbial en este sistema sumergido en una larga conquista que va más allá de un proceso de mestizaje histórico, lo que provoca que exista una amplia división en la sociedad que se encuentra conquistada. Siempre existen los traidores al yugo del opresor: hace 500 años los tlaxcaltecas, en este contexto los más desfavorecidos. Todos estos, quienes vieron en el invasor una oportunidad para una ventaja futura una vez liberados.
Hace 500 años las balas y el metal vencieron a la obsidiana. En esta invasión las armas que ahora denominamos convencionales son vencidas por armas que se encuentran fuera de la comprensión del ser humano. Es cierto que Los otros llegaron a cambiar nuestra concepción del mundo, y por lo mismo impusieron ellos mismos sus mismas reglas, que relegaron a las nuestras sobremanera. Califican de aberrante la distribución de nuestras casas, consideran el hábito de fumar una aberración de aberraciones y nuestra formar de bailar una expresión de salvajes.
En la novela tenemos personajes como Comezón y Puchurreta que se presentan como falsos héroes por su incompetencia, y espere a leerla para enterarse de su cargo y la relación con esto.

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