sábado, 8 de mayo de 2021

Inventario de los Inventarios

Voy a escribir este texto rápido porque me siguen y me están respirando en la nuca. Resulta que no había escrito nada porque a fuerza quería que mi primera reseña de este año fuera sobre este libro, y al final resulta un poco irónico que lo haya acabado cuando se cumple un año de que me me enterara de su existencia. Durante el año de la peste, como muchos, me acostumbré a las cosas que llegaron gratis gracias al internet, y quedé en verdad fascinado por los diferentes videos proporcionados por el Colegio Nacional con las diferentes conferencias de José Emilio Pacheco. El dominio del tema con una humildad que me asombra.


Seré optimista al emplear el plural, por lo que perdonen si por aquí vem erorres ds dedu, np som intencionales, es sólo que no soy perfecto... y el que esté piedra de tiros que libre el primer pecado. Encontré eso en algún día de algún mes de algún año en alguno de los tres tomos de esta recopilación; JEP lo tomó a su vez de no sé dónde porque ya lo he olvidado y en realidad se me olvidó anotar, porque estaba entretenido con este libro tan sabroso (¿me es permitido usar sabroso como adjetivo para los libros?).
Iniciemos nosotros a hablar del prólogo, donde tenemos a un Juan Villoro ques se encarga de hablarnos flores y flores de nuestro autor en cuestión. Debo decir que quedé fascinado por la manera en que se relatan los momentos en que se invita a JEP a dar una conferencia y él hablaba por horas y horas acerca del por qué él no era el adecuado para dar esa conferencia, recorriendo todos los recovecos del tema. En fin, eso me animó un poco más a querer adentrarme en las páginas, primero para el tomo uno, luego para el segundo tomo y está de más decir que ocurrió lo mismo con el tercer tomo. Nada sorpresivo, era necesario dejarlo claro ya que la recopilación, por su naturaleza, se puede leer en cualquier secuencia.
En el orden de las cosas, es necesario que aquí les diga que encontramos temas distintos, el Inventario es una caja en la que todo cabe, por lo que así es fácil ver en publicaciones sucesivas a un conjunto de hermosos poemas que son vecinos de un magnífico ensayo histórico; aunque voy a hacer una pausa aquí para decir que mi género favorito es esa máquina if que relata la historia que pudo haber ocurrido si (abusando de los tiempos verbales)... Si JEP aún viviera no sé cuán triste hubiera estado por la reciente muerte de Vicente Rojo, qué hermosos poemas nos regalaría, qué vida nos esperaría a la vuelta de la página. ¿Qué seguiría después de ganar el Cervantes? Sólo la máquina if lo sabe; esperemos alguna vez nos diga la clave que haría de México ese país que nos merecemos.
Las historias ocultas que hay en el metro, las leyendas que hay en cada esquina, los libros escondidos en los bazares de ocasión. Se trata de historias que corren paralelas a los gigantes del periodismo cultural en este país como La cultura en México y México en la cultura, también los Cuadernos de unicornio del buen Arreóla, o esa crónica sobre cómo la imprenta Madero se transformó en ERA para la fortuna de todos nosotros con esos libros tan maravillosos. En este punto me permito, como lo hicieron ya otros antes de mí, agradecer a Julio Scherer por darle lugar a JEP primero en Excelsior y después cuando por azares de la historia se pasaron a Proceso para continuar con esa admirable labor periodística hasta el 2014 cuando murió después de entregar el último inventario, algo sobre Juan McCornick (Gelman en realidad, pero en estos días es fácil hacer un Pedrito Sola).
En aquella ocasión él habló de Gelman por motivo de su muerte, pero también es este espacio en donde se rinde homenaje a los merecidos ganadores, del premio Cervantes por un lado, mientras que también es un almanaque donde puntualmente informaba de los pormenores del Nobel literario. En el primer caso todos eran amigos, era sencillo retomar las cartas y conversaciones para esbozar en unas pocas cuartillas el por qué es meritorio ese premio. Cuando hablamos de los Nobel se vuelve complicado establecer quién va a ganar porque la búsqueda se extiende de los países hispanohablantes hacia el resto del mundo, y sin importar que el premio cayera en el patio trasero o en la lejana tierra baldía, JEP tomaba ese manojo de libros leídos para escupirlos en nuestro plato y decirnos con las palabras más sintéticas quién es ese personaje de nombre raro, qué escribe y rompe además con la clásica polémica en torno a este premio. Al final, en ambos casos tenemos una bibliografía básica para hacernos amigos del ganador y simular que estamos forjando nuestro proipio criterio, cuando en realidad JEP es quien nos lo incrusta en esa sucesión de palabras.
El autor que tenemos aquí es el maestro de los homenajes, como ya se pudieran dar una idea; y en este momento de sentarme a redactar, quienes vienen a mi mente con el lujo que significa ser homenajeados son Carlos Fuentes, Octavio Paz, Friedrich Katz, Joaquín Díaz-Canedo, Sergio Pitol, Fernando Benítez, y también a Elena Garro, Carmen Mondragón, Elena Poniatowska... (aquí me lamento de nuevo en no haber tomado notas).
Me imagino lo difícil que debe ser postrarse neutro ante la historia, también lo difícil que es esto cuando ante nosotros tenemos hidalgos como lo son por supuesto Alfonso Reyes, Ramón López Velarde y Álvaro Obregón. Aquí retomo a Nahui Olin por todas las veces que me lamenté no haberla conocido mientras babeaba sobre las páginas. José Emilio Pacheco los menciona hasta el hartazgo, y esto de ninguna manera es queja, siempre es un honor conocer más acerca de estos personajes, por lo que me quedo satisfecho por lo encontrado aquí, por lo que fue omitido por cuestión de espacio y por lo que nos perdimos por el trágico paso de la vida.


Coda

Alta traición
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.


Retales

Ô toi que j’eusse aimée...
Y ahora una digresión Consideremos
esa variante del amor que nunca
puede llamarse amor
Son aislados instantes sin futuro

En la ciudad donde estaré tres días
nos encontramos
Hablamos cien palabras
Pero un brillo en los ojos un silencio
o el roce de las manos que se despiden
prende la luz de la imaginación

Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
y se duele
(«No habernos conocido...»)

Y sin quererlo ni sabelo entraste
en un célibe harén de sombra y humo

Intocable
incorruptible al yugo del amor
viva en lo que llamó De Rougemont
la posesión por pérdida.


Seis años
Seis años. Unas cuantas palabras. No hacen falta más para explorar este inmenso milímetro de mundo. Playa de oro, viñas de la arena, troncos de la tormenta porosos como en corcho. Mundo sin mí que ahora está conmigo y ofrece si recién llegado el mar que es lo mejor de su casa. Nadie me retiene. Entro en el agua, me sostengo a flote y avanzo. Poder de vida o muerte. Sabor salobre de la dicha. Como un llamado, las grandes olas distantes. Escojo el mundo y nado de regreso. Jamás la tierra volverá a ser tan mía.

La “y”
En los muros ruinosos de la capilla
florece el musgo pero no tanto
como las inscripciones: la selva
de iniciales talladas a navajas en la piedra
que, unida al tiempo, las devora y confunde.

Letras borrosas, torpes, contrahechas.
A veces desahogos, insultos.
Pero invariablemente,
las misteriosas iniciales unidas
por la “y” griega:
manos que acercan,
piernas que se entrelazan, la conjunción
copulativa, huella en el muro
de cópulas que fueron, o no se realizaron.
Cómo saberlo.

Porque la “y” del encuentro también simboliza
los caminos que se bifurcan: E. G.
Encontró a F. D. Y se amaron.
¿Fueron «felices para siempre»?
Claro que no, tampoco importa demasiado.

Insisto: se amaron,
una semana, un año o medio siglo.
Y al fin
la vida los separó o los desunió la muerte
(una de dos sin otra alternativa).

Dure una noche o siete lsutros, ningún amor
termina felizmente (se sabe).
Pero aún la separación
no prevalecerá contra lo que juntos tuvieron.

Aunque M. A. haya perdido a T. H.
y P. se quede sin N.,
hubo el amor y ardió un instante y dejó
su humilde huella, aquí entre el musgo
en este libro de piedra.


Posdata

A largo plazo
Valiente en la medida de su maldad,
la gota se arriesga
a perforar la montaña
en los próximos cien mil años.

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