jueves, 13 de febrero de 2025

Corina, Corina, Corina

Corina, Corina, Corina. Son las palabras con las que inicia Liliana una conversación incómoda. Y sin entrar más en una descripción  de los sucesos, dejaré aquí algunas palabras. Salí del cine contento y pensando. Sabía que acababa de ver una buena película, y camino a casa desvié un poco el recorrido que suelo tomar para dirigirme al polígono de cuatro lados donde se desarrolla gran parte de la historia. Quería encontrar a Corina y no la vi en ningún lado. A lo mejor, 25 años después, ella decidió rehacer su vida fuera de esa prisión envuelta entre cuatro calles.


Lo natural es que yo escriba una clase de reseñas acerca de libros; a veces sólo porque sí, a veces hay una razón más genuina que viene desde adentro y me obliga a tirar letras en el teclado para obtener  esos textos. Lo de aquí sale de eso, ya que quien se encarga de hablar de películas es Ibarreche. y yo sólo estoy siendo empujado por aquello que les comenté hace poco para contarles de esta película.

Voy a lanzar al aire una pregunta, luego podremos discutir con calma si es necesario responderla. ¿Es Corina la Amelie mexicana? Me parece que se esfuerza por no parecerlo. No sé cómo explicar a profundidad todas las cosas que tienen en común, desde el número de letras en los nombres, hasta la manera en que la mancomunidad de cámara y la narradora cuentan la historia. La existencia de una no implica la existencia de otra, y por fortuna el mundo en el que vivimos es tan ancho que ambas películas pueden existirsin que de toquen con la mirada. Con lo que la pregunta más bien debería ser ¿y qué si Corina es la Amelie mexicana?

Después de decir lo anterior, me gustaría agregar que, de entre todas las cosas que la película hace bien, hay una que me pareció especial. La película se esfuerza por reproducir la época. Los teléfonos que se discan, o los primeros celulares que originalmente eran enormes y blancos y el tiempo los tiñió de amarillo. Las iMac G3, las impresoras de matriz de puntos con su orquesta estridente. Los archiveros inmensos, y todo termina de encajar con los escritorios de hojalata. La oficina de la editorial no es muy distinta de las oficinas de la presidencia cuando yo iba a visitar a mi papá en los comienzos de este siglo.

Digo que se esfuerza por reproducir la época porque me la pasé buscando anacronismos y no encontré nada, pero empecé a sentir nostalgia viendo vochos en cada calle, y por supuesto que no puedo dejar de lado la nostalgia de los precios que ya no volveremos a ver.

La película está compuesta por capas, y en su centro nos encontramos con una crítica poderosa a la industria editorial, se revalora el significado de la autoria, la propiedad intelectual, y se ponen en manifiesto los escritores fantasma. Se cuestiona la solemnidad de los escritores y al estilo como un combustible de la literatura.

En otra de las capas, se atreve a cuestionar la cotidaniedad y la rutina, nos enseña a ser valientes, y no intenta forzar las relaciones con el único fin de redondear la aventura.

La volvería a ver todas las veces porque vale la pena.

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