domingo, 24 de junio de 2018

Daft Punk - Random Access Memories


El enigma hace que nos interesen más las cosas. Es la verdad. Entre menos sepamos sobre algo, nuestra naturaleza humana nos hacer querer entenderlo más. No hay nada más contagioso que una idea, y nada más obsesivo que no tener información sobre ella en absoluto. En la música siempre pasa, cuando Radiohead lanzó el ahora famoso A Moon Shaped Pool hace dos años su táctica para venderlo fue inmejorable. Básicamente nunca supimos nada de la banda durante un año, borraron todo rastro de sus redes sociales, y sólo fueron dando información sobre el disco como si en algún momento fueran a lanzarlo, quién sabe cuándo. Al final, exactamente una semana antes, anunciaron que saldría un domingo, pero el título, el tracklist, y la portada seguían siendo un misterio. Sólo hasta llegado el momento todo fue revelado y la bomba explotó. Fue una idea brillante. No cabe duda de que entre menos nos den información sobre algo que nos interesa más nos apasiona, porque la falta de respuestas nos hace querer encontrarlas, ¿no? Sin embargo, aunque el ejemplo de Radiohead es bueno, la verdad es que la banda está muy lejos de ser enigmática a comparación de otros mitos. De ésta y muchas otras agrupaciones nos sabemos al derecho y al revés sus vidas, sus tribulaciones, su imagen no es ajena a nuestro acervo cultural. Existen, por el contrario, artistas de los que lo único que tenemos es solamente eso que ellos quieren que sepamos. Y en eso, Daft Punk son los auténticos artífices.

¿Qué no se ha dicho sobre Daft Punk que no se haya escrito ya? Desde hace casi veinte años nos hemos enfocado en encontrar pistas que nos acerquen a su forma de pensar, un poco más. El porqué no es sencillo de responder y, si lo fuera, estaría muy ligado al misterio que los rodea, pero sobretodo a su música. Desde 1997 nos han entregado trabajos que de una forma u otra han hecho cambiar nuestra manera de escuchar la música electrónica. Todos, absolutamente todos sus trabajos nos han retado. Homework fue una carta en la que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo hacían declaración de principios sobre lo que el House francés podía ofrecerle al mundo. El resultado fue un disco por demás influyente en la escena rave de aquellos años, aún buscando solvencia crítica, que catapultó al french touch en la mira global. Para muchos no es extraño escuchar “Around the World” o “Da Funk” en estos días, porque su legado es imperecedero. La razón también es sencilla, el disco simplemente es genial, en todo sentido. La composición desinteresada lo hace un trabajo no sólo divertido, sino también concreto y contenido en sí mismo. El claro ejemplo de que en Europa se refinaba todo lo que creaban los estadounidenses nunca había sido tan sólido. El House, como género americano, veía en Homework una reinterpretación que haría que todos pensáramos que no son sólo locuras de otro lado. Los visuales siempre fueron parte importante en la estética del dúo, y eso que en aquella época tenemos todavía las últimas fotografías públicas que se hicieron de la banda sin alguna clase de máscara. El siguiente salto nos haría verlos como los entes que en realidad son, robots, after all. Si en Homework habían captado la atención del más puritano anti-electrónica, con Discovery no había excusa para no ser un fanático. Ahí ellos mismos refinaron su mezcla francesa de house y le agregaron el toque Synthpop que era el paso más lógico. Es difícil encontrar a alguien que no haya escuchado “One More Time”, mucho menos a alguien que no sepa decir harder better faster stronger con la voz robotizada. Son pasajes que se han incrustado en nuestra memoria, que hasta sirven para el cotorreo del más ajeno a sus canciones. Los samples que utilizaron para ese álbum aún siguen dando de qué hablar a los fanáticos que los buscan, y aunque salió ya en el nuevo milenio fue un clásico instantáneo. A partir de entonces vimos a los robots que son tan familiares. Era el comienzo de una nueva era, su atención por los detalles de la producción los hicieron casi los reyes de la vanguardia dance. Pasó un tiempo y todo tuvo que cambiar. El golpe que supuso escuchar Human After All fue algo que aún desconcierta. La crudeza y la falta de cuidado en las composiciones hizo que muchos se decepcionaran, aunque “Robot Rock” es un rolón, la neta. Sin embargo, Daft Punk nos dio un elotazo en el hocico (perdón por lo ñero pero es la verdad) cuando se supo de los primeros minutos de la gira de Alive 2006/2007 en Coachella en 2006. Los que fueron parte de ella quedaron deslumbrados por lo intrincado del espectáculo, lo impresionante de los visuales y lo increíblemente atrayente del mix de éxitos viejos y nuevos. Daft Punk cumplía diez años de debutar y aún seguían en la cima, contra todo pronóstico.

Tuvieron que pasar muchos años, más de lo que uno pudiera imaginar, para volver a saber de ellos. Y es que detrás de esos cascos, sus proyectos son casi desconocidos para los que no están a su alrededor. Los vimos esporádicamente en ciertos lugares, haciendo “Stronger” con Kanye West y saliendo en los Grammy con la famosa pirámide. El sountrack para Tron: Legacy fue un proyecto que se quedó en un lugar un poco mínimo pero que no por eso es menos virtuoso, nos muestra a la banda sabiendo capturar atmósfera y eso siempre se había agradecido. Sin embargo, ese periodo de “inactividad” sólo logró que creciera más la expectativa. Porque esos años fueron la etapa de mayor auge del EDM, de David Guetta, de Avicii, de Afrojack, de Skrillex, incluso los Swedish House Mafia debutaron y se separaron y Daft Punk todavía no sacaba disco. La verdad es que el monstruo del House que ellos mismos habían creado había pasado a ser no sólo música mayoritaria, más que el Rock incluso, sino a ser la música más mecánica y poco imaginativa de la que se tiene memoria en años recientes. De repente la radio se saturó con la misma canción hecha una y otra vez, el beat atronador y los sintetizadores hechos con plugins de computadora no nos dejaban en paz, porque eran absurdamente repetitivos, todo era igual. Ya para cuando Martin Garrix, Zedd o Kygo llegaron ya no había mucho qué mejorar. De alguna forma, todos esos años de ausencia de Daft Punk nos hacía añorar un poco más esa escuela que se veía ya vieja en comparación. Porque aunque fuera hecha por robots, se sentía más viva que nunca. Tenía esa sensibilidad que se perdió en algún momento iniciando la década. “One More Time” se escuchaba moderna aunque tuviera ya más de diez años, ahí era nada. Muy pocos se preocuparon por tener noticia del dúo y saber cuál era su opinión respecto a la incipiente escena de EDM que hacía vibrar los festivales pero que estaba más carente de vida de lo que uno imaginaba.

Fue hasta un día de los primeros de marzo del 2013, aún lo recuerdo, que se anunció que Daft Punk acababa de lanzar un comercial de televisión durante el Saturday Night Live de esa noche. No se tenía más noticia que el hecho de ver por quince segundos el logo de la banda rotando mientras una música funk se oía de fondo, sin vocales, para luego ser tragado por una transición que mostraba una mitad de cada casco de la banda y que terminaría por ser la portada. ¿Misterioso? Muchísimo. ¿Novedoso? También. La noticia fue que se escuchaba lo que parecía ser una guitarra, un bajo y una batería, elementos que uno no escucharía jamás en una pista House, no siendo tocados con ese propósito, pues. No parecía ser sample de otra canción por lo que para saberlo teníamos que estar pendientes a nuevas noticias. Una vez más, el siguiente sábado salió durante SNL otra porción de quince segundos con otra parte de la canción y el título de Random Access Memories escrito en letras cursivas cual Thriller de Michael Jackson. No se tenía conocimiento absoluto sobre lo que esto fuera a significar, y los mixes de aficionados no se hicieron esperar. Pasó un mes y en la primera noche de Coachella de ese año pudimos ver un clip más largo, pero mucho más iluminador, literalmente. Se esuchaba la misma música que en los anuncios de SNL pero ahora pudimos ver a Pharrell cantando, con Nile Rodgers tocando la guitarra y a Daft Punk tocando el bajo y la batería, en unos trajes tipo bola Swarovski que brillaban muchísimo, y con el coro de lo que ahora es “Get Lucky”. Uno ve los videos que subieron de la transmisión de Coachella y la gente se vuelve loca, y es que la expectativa sólo estaba creciendo, para que al final, presentando una lista de “protagonistas” viéramos que entre los colaboradores iban a estar viejos amigos como Todd Edwards, Chilly Gonzales pero ahora con Julian Casablancas y Giorgio Moroder, entre otros, por supuesto Pharrell y Nile Rodgers. A partir de entonces no me quise involucrar mucho, sabía que los adelantos iban a suceder, que si Daft Punk no lanzaba nada, era cuestión de tiempo para que los fanáticos lo hicieran, como pasó con “Get Lucky” una semana después, al punto de que se tuvo que lanzar con una mezcla corta antes de que las pérdidas por la filtración fueran muy importantes. Escuché ese primer sencillo y ya, fue todo. Anunciaron la fecha de lanzamiento en México para el 21 de Mayo, mi cumpleaños, y no puedo estar más agradecido. Pasaron los días y yo impaciente tuve que esperar. Recuerdo que un amigo y yo estábamos en un congreso que nos pedía estar desde temprano en el centro de la ciudad, ambos éramos fanáticos de Daft Punk y tanto él como yo nos encargamos de hartar a nuestros a los demás al menos una vez con sus canciones cuando estábamos en secundaria, por lo que cuando iba de camino hacia el evento me detuve en el Sanborns y compré la única copia que había, al parecer el disco había llegado a tiempo y yo estaba más que feliz. No tenía computadora que me permitiera pasar el disco a mi celular hasta que una chava que no tenía la más mínima idea de lo que hablaba me dejó convertirlo a MP3 para irlo escuchando de regreso a casa. Recuerdo que aquel día era la cena baile de clausura del congreso, por lo que tenía que regresar un rato después. De camino al autobús puse play a la que era la primera pista. Rayos, hasta se me pone la piel de gallina de recordar.
Give Life Back To Music” era lo mejor que había escuchado en años, desde el primer riff sabía que esto iba a ser algo único. Para cuando regresamos al congreso, ese mismo días, ya nos sabíamos casi de memoria al menos la primera mitad del disco, y recuerdo que esperando en frente de un hotel en Plaza de Armas vimos que pasó un sujeto en una camioneta con “Lose Yourself to Dance” a todo volumen, y no pudimos evitar gritarle para saludarlo fuera quien fuera, él entendió de inmediato a qué nos referíamos y nos contestó igual de eufórico, se veía el efecto que las canciones habían causado en nosotros con tan sólo unas horas. El proceso de espera para estar en sintonía con la banda después de tanto tiempo había culminado en esto, y hasta entonces era indescriptible.

Ahora, a estas alturas no puedo hablar del disco como una escucha tal cual, normalmente doy un preámbulo y voy mostrando los elementos de las canciones una por una. Aquí es diferente, porque la experiencia se fue dando de forma muy gradual, tomó mucho tiempo internarme en el álbum y el dejarlo reposar fue algo brillante. Todo esto se basa en experiencia sensible. Pero en fin, creo que ya notaron que me encantó. “Give Life Back to Music” era perfecta, no había escuchado igual, algo que sonara tan auténtico y a la vez tan moderno, tan bien hecho. Era la declaración de principios que necesitaba esta década, ya desde el puro título. Porque cuando mencioné arriba que la música estaba perdiendo vida, Daft Punk pareció leerme la cabeza y la introducción era exactamente eso, música vuelta al mundo. Sonaba a una banda de Funk, de Disco, pero con una delicadeza en la producción que no he visto en ningún álbum de estos años, en ninguno. La pista conectó conmigo de inmediato, y aunque es una pieza más bien reposada, me dejó expectante de más. La guitarra, la batería, los teclados, el bajo, todo está en su lugar, y hasta las voces robotizadas se oyen más humanas, after all. Minimalista, es una pista brillante. Es por eso que “The Game of Love” parece que baja un poco la tónica de esto y entrega una balada tipo “Something About Us” que siempre queda bien. Las voces siguen igual de meticulosamente producidas y la instrumentación mantiene esa finura que atrapa al audiófilo serio. Hasta entonces no me había puesto a investigar sobre el proceso de grabación, pero cuando seguí con “Giorgio By Moroder” entendí que todo iba sobre una tónica muy simple, la música hablaba por sí misma, y el escucha lo captaría de inmediato porque la producción misma se basaba en eso, en que el resultado fuera tan impecable que uno lo pudiera notar. El monólogo de Moroder (con un pesado acento, la neta) sobre lo que significó su carrera y el proceso de hacerse leyenda es una analogía de lo que es el arte mismo, así de sencillo. Es por eso, y por lo que digo a continuación, que esta tercera pista es La canción. Con sus casi diez minutos de duración, es progresiva, con un tinte Funk impresionante y con ritmo que no flaquea. El sintetizador se vuelve protagonista y extra al mismo tiempo, porque vemos apariciones nada forzadas y momentos en los que se vuelve el esqueleto mismo. El elemento nuevo es aquí la orquesta, una orquesta que a leguas se oye gigante y que da paso a un frenesí de distorsión y desenfreno, por mucho la mejor canción de todo el disco. “Within” sigue en la línea de “The Game of Love”, una balada con piano interpretado por Chilly Gonzales, que encapsula de igual forma la misma atmósfera de las canciones que van hasta ahora. Por mucho esperé para escuchar lo que sería la colaboración con Julian Casablancas, es por eso que “Instant Crush” me dejó un poco sacado de onda. No era lo que esperaba, teniendo en cuenta los que los Strokes han hecho, aunque la pista es muy buena, es también inesperada. Julian Casablancas canta con un falsetto que no había escuchado antes, y los sintetizadores la hacen la más retro hasta entonces. Recuerdo que esa canción fue un mantra para mí, durante unos meses, cuando el vídeo musical todavía no salía. Es buenísima. “Lose Yourself to Dance” vuelve un poco a lo que la pista de Moroder nos había mostrado, pero ahora con la guitarra chic de Nile Rodgers y las vocales que habíamos escuchado en “Get Lucky” por parte de Pharrell, con las líneas robóticas de la banda mezcladas en distintos canales y haciendo tipo crescendo, se nota espacialmente, en verdad uno siente que se van acercando y alejando las voces conforme se reproduce la pista, una vez más los detalles son lo principal. Ahora, viene la épica. Cuando leí sobre el disco ya más en forma vi que hubo tracks que eran complejas como uno no se imaginaba antes, “Touch” es una de ellas. Hecha a base de 250 pistas de grabación, con orquesta, coro, piano, trompeta. Tiene ese aire de Nueva Orleans, de esa vibra dandy que tienen muchas canciones de ahora, pero suena moderna, es inevitable, el ambiente suena nuevo, suena fresco. La versión que salió en un principio de “Get Lucky” era dos minutos más corta que la que aparece en el álbum, y aunque los dos minutos no aportan mucho, la verdad es que suena igual de buena. Hasta ahora no he tenido adjetivos malos sobre las canciones, pero es que no puede ser de otra forma, al menos yo no veo cómo. Los restos de lo que fue la banda sonora para Tron dejaron secuela, porque en “Beyond” se aprecia la orquesta como nunca. Nocturna, la letra de la canción va pasando, verso a verso, a una capa más profunda de la existencia, por así decirlo: “close your rise and rise, higher still, endless thrill, to the land of love, beyond love...”. La producción aquí es mínima pero certera, de formas que sólo Daft Punk puede lograr. “Motherboard” sigue esta línea, y va por un sendero más instrumental en la que el ambiente se vuelve primordial, el detalle es exquisito y las texturas son ricas en dinamismo. “Fragments of Time” viene a sacarnos un poco de esa especie de oscuridad que comparten “Beyond” y “Motherboard” con una pista pop cantada por Todd Edwards y que evoca a “Touch” por momentos. También la producción es mínima y se enfoca en la melodía más que en la atmósfera. Ligera y reposada, una pequeña joya. Como dato, cabe aclarar que parece que la banda hace un guiño a la estructura de Discovery, de igual forma pasan varias pistas sin vocales, la gran mayoría en realidad, desde que termina “Harder Better Faster Stronger” hasta “Short Circuit”, para seguir con la penúltima canción, cantada por Edwards, “Face to Face”, como regresándonos a tierras más familiares antes de finalizar con otra épica. Aquí fue el mismo caso. “Doin’ it Right” es otra pista mínima, quizás la más electrónica, con una batería sintética y un bajo atronador, al estilo house. Panda Bear de Animal Collective canta muy adhoc y la canción deja una impresión genial. “Contact” sigue siendo inesperada. La canción nos prepara con un ritmo sincopado, que crece conforme los sintetizadores lo hacen, para terminar con un subidón que deja sin aliento. Lleno de distorsión, es el último empuje para un álbum que ya de por sí impresionaba con cada pista.

Me tomó mucho hacer el recuento de todo aquellos primeros meses. Lo escuché incesantemente, casi de forma adictiva. Me aprendí las canciones de memoria. Y es que entonces yo era alérgico al EDM, estaba en todos lados, era inevitable escuchar una canción de esas al menos una vez en el día. Por eso, cuando pensaba en la posibilidad de que Daft Punk se volviera un Afrojack me desanimaba un poco. Quizás fue por eso que me gustó tanto el Random Access Memories, porque ya desde el principio intentaba regresarnos a esas tierras que uno creía deshabitadas. Si nos estábamos saturando de tanta música desechable, lo lógico era volver al inicio, a lo básico. Lo que inspiró a la música House desde el principio fue aquella ola Disco que fue relegada cuando cayó de la gracia de todos, se volvió música marginal. Hasta que distintas bandas, distintos artistas, encontraron cierta alegre nostalgia y empezaron a samplear los vinilos de aquellos días, nacieron los DJs que ahora conocemos. Pero no sólo eso, nació también una nueva ola de Hip Hop, con Dr. Dre usando toda clase de samples para crear el G-Funk por ejemplo. Daft Punk no sólo quiso regresar al House de antaño, regresó al Funk, al Disco mismos. Regresaron a ese sonido de otra época pero le dieron su propio toque, aún se escucha francés aunque es puramente estadounidense. Tenemos aquí una muestra de eclecticismo que no ha sido igualada, porque las influencias que lo componen son tan variadas que uno las distinguiría, sin embargo aquí se escuchan perfecto, al unísono. La declaración de principios fue eso, ellos dijeron que estaban desencantados con los samples, y contrataron a todo un repertorio de músicos de sesión veteranos en la música de aquellos años, gente que trabajó Stevie Wonder, Michael Jackson, Prince, la lista sigue. El resultado fue un disco de manufactura exquisita que es un lujo para los oídos no sólo musical, también técnica y sónicamente. Le pusieron tanto cuidado a la mezcla y al rango dinámico que los ingenieros fueron acreedores al Grammy como mejor producción en el disco. Lo análogo convive con armonía en lo digital y una cosa no riñe con otra. La mejor forma de aterrizar todo lo que aprendimos en diez años de EDM fue que perdimos de vista la vitalidad de la música, y aquí Daft Punk vuelve a imponerse por mérito propio.

Quizás estemos ante el disco mejor producido en lo que va de la década. Los excesos sinfónicos que suponen crear una Banda sonora como la de Tron los inspiró para imaginar algo épico, una carta del pasado que se oye más nueva que nunca. La táctica de marketing no fue la excepción, y la banda optó por los viejos promocionales gigantes en las carreteras, como aquellos discos que se promocionaban en la era pre-internet. El empeño a la masterización del vinilo fue notada por muchos críticos que unánimemente lo nombraron uno de los discos del año. Para mí es la declaración más importante en lo que va de la década. Porque Daft Punk nos acostumbra a lanzamientos muy esporádicos pero que de alguna forma redefinen lo que entendemos por música electrónica en el momento que salen. Así pasó con Homework que atrajo a gente profana al género, con Discovery que hizo entender a los mismos Djs que el Synthpop y el New Wave siguen siendo fuente de inspiración para el Disco moderno, con Human After All que los excesos también cansan y ahora con Random Access Memories que la música debe tener espíritu y vivacidad para que sea imperecedera. Para mí sigue siendo el mejor disco para los 2010s, en una época llena de Hip Hop (que no necesariamente es malo), de Trap y de otros horrores, es un deber artístico aspirar a la grandeza, no importa que afán pretencioso de los artistas de ahora nos impongan, el arte tiene que aspirar a ser mejor cada vez, sino no sirve y digan lo que digan los que sólo saben hacer basura disfrazada de vanguardia, finalmente sólo esconden su mediocridad con afanes estéticos que ni ellos entienden.

Han pasado cinco años desde el regreso de Daft Punk y, aunque hemos estado inmersos en otra clase de eventos socioculturales que le dan más relevancia a otras expresiones, el disco no sólo envejece con gracia, no se ha perdido en la maraña de lo desechable. Porque representa al culminación de un año que vio el renacimiento de la ola de música afroamericana, desde Franz Ferdinand hasta Paul McCartney, pasando por Arcade Fire y los Arctic Monkeys. No tiene que ser necesariamente recordado y escuchado cada fin de semana, hemos visto su influencia en la nueva ola de Nü Disco, en un regreso de Nile Rodgers a las colaboraciones, a Giorgio Moroder de vuelta en los festivales rompiendo la pista con sets impresionantes, a The Weeknd creando hitazos instantáneos con Thomas y Guy-Man, a Kanye West pidiendo inspiración al dúo, en fin, en un sin fin de formas. No hemos visto de nuevo a la banda en vivo, y es comprensible, después de el Alive 2006/2007 sólo han aparecido en vivo en ocasiones que se cuentan con los dedos de la mano, una de ellas fue cuando recibieron todos los Grammy a los que fueron nominados en el 2014, presentando “Get Lucky” con un mash up de otras canciones, de Chic y de Stevie Wonder, contando con la colaboración de Pharrel, Nile Rodgers (por supuesto) y el propio Stevie Wonder. No he visto en vida una mejor presentación en los Grammy (salvo las de Kendrick, pero ahí va mezclado otro rollo más político que igual queda impecable), porque la interpretación fue brillante, con “Another Star” sirviendo de grand finale, una belleza. Es también curioso como con ciertos artistas nos aferramos sólo a lo que nos dan, porque de Daft Punk sólo sabemos lo que ellos mismos presentan, el mito y la leyenda que han creado detrás de esos cascos de robot es lo mismo que ellos decidieron hacer, argumentan que no creen en el culto a la imagen, sin embargo sus disfraces y su estética los ha vuelto íconos, por su hermetismo, pero también por la calidad de su música. En el documental Daft Punk Unchained todos los artistas que han colaborado con ellos y los que se han inspirado sólo tienen de referente lo que han pasado juntos y lo que muestran de resultado, los que no los conocen ni siquiera eso, sólo tienen el impacto que sus canciones han generado en ellos y en tantos otros. Las leyendas hacen eso, las leyendas no necesitan más.

Corren tiempos buenos para la gente marchosa, dijo Serrat, y el año en que salió RAM no era menos inquieto. Fue un año impresionante para la música, lleno de nuevas expresiones, del comienzo de una nueva forma de escucharla, del inicio del final de otras carreras, de una visión más amplia para la industria. Aquel disco fue uno de los más influyentes en mi vida, y aunque los demás lo olviden, que no creo, el trabajo por sí mismo es una joya. Aprendí otra manera de hacer música, de escucharla. Espero tengamos noticias de ellos pronto, ya viene siendo tiempo de una nueva declaración de su parte. Los excesos están regresando y a veces uno necesita aterrizar. De cualquier forma, y hagan lo que hagan, lo que han hecho hasta ahora habla por sí mismo, y siempre vale la pena volver a aquellos días. Siempre. Igualmente de eso se trata esto, con la banda o el artista que sea. A todos ellos, gracias.

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