Hace no mucho tiempo
Arcade Fire no era ni la mitad de ambiciosos de lo que son ahora. No
me malentiendan, es la ambición en el buen sentido, si es que lo
hay, de tratar de ir siempre un poco más allá de los cánones y los
límites. Todo aquello ocupa osadía y un toque muy fuerte de
autoconocimiento, si uno es consciente de sus debilidades y en lugar
de minimizarlas las potenciamos junto con nuestras virtudes, las
obras maestras salen por sí mismas. Los primeros álbumes de Arcade
Fire eran osados, potentes, simples en su composición pero complejos
en su temática, como muñecas rusas. Quizás los exponentes más
importantes del pop barroco, su folk melancólico con ciertos
teclados refinados los hicieron la sensación de la música
independiente. Funeral ya es
considerado uno de los mejores discos en
lo que va del siglo, y Neon
Bible no se queda atrás, es su
Kid A. Luego con The
Suburbs la banda subió de tono
de forma amplia, extendió el sonido inicial y lo llevó a rincones
más cercanos al new wave y al rock alternativo en general y el
resultado fue igual de explosivo pero menos inmediato. Después de
todo, fue la primera banda independiente en ganar el Disco del Año
en los Grammy. Quiero pensar
que el ver esa expansión del sonido y que diera resultados tan
buenos debió ser una
tentación difícil de
resistir, es común entre músicos el querer siempre ir un poco más
allá, aprovechando la ola del momento y tirarnos en la arena hasta
donde tope. Arcade Fire estaba cocinando algo con esto en mente y
después del 2010 las cosas no volvieron a ser las mismas.
También
no hace mucho, bueno, ahora
mucho para los tiempos que
corren, escribí una nota sobre Reflektor.
Tenía dieciséis años y la música entonces era más bien una
experiencia de vida que un consumo cotidiano. Recuerdo que escribí,
porque no la he encontrado, que el disco me pareció insuperable.
Que era un lanzamiento triunfante después de arriesgar casi toda la
carrera de una banda brillante. Recuerdo que me leí el ensayo de
Sören Kierkegaard del que habla Win Butler sobre el concepto del
disco. Cuando lo escuché por primera vez quedé más que
impresionado por esa
capacidad de crear un disco tan aparentemente simple como voluptuoso
y complejo. Porque eso era Reflektor entonces:
complejo, con un potencial intelectual increíble. De igual forma
recuerdo el ejercicio mental de poner en perspectiva un disco como
éste frente a otros tres anteriores que, decía yo, eran “joyas
contemporáneas”. Quizás entonces me tomaba más enserio la
escritura de las notas y escuchaba la música con una inocencia que
me esfuerzo porque no desaparezca, eran tiempos más sencillos.
Han
pasado casi cinco años del lanzamiento y cuatro desde que escribí
aquella nota. Escuchar y hablar sobre el Reflektor siempre
ha sido algo interesante para mí, porque a mí parecer está
envejeciendo con gracia. Mientras Arcade Fire se vuelven
monstruosamente más grandes,
de forma inevitable, todo ese respeto y admiración en nuestros días
por su trabajo tuvo un punto de quiebre aquí, en éste disco, porque
retaron no sólo a sus fans, sino
a una industria entera, y llevaron al límite lo que una banda de
indie rock podía hacer en aquellos años. Fue su disco de madurez.
Los excesos que ahora nos parecen normales en las agrupaciones,
es muy probable que tengan sus raíces aquí. No está demás
regresar a hablar sobre él, se lo merece y ya de camino
me lo paso a tope
escribiendo.
Un
resumen bien puede ser esa frase en “Normal Person” que dice: “oh
man, do you like rock and roll music? ‘Cause I don’t know
if I do...” Ya es el
abstract en un disco que no se digiere fácil y que fue bastante
controvertido cuando salió. Cuando apareció “Reflektor” yo no
tenía mucho tiempo de haber escuchado a la banda, no tan
conscientemente. Eso sí, fue un cambio, diametral: Arcade Fire
estaba haciendo disco y funk. Pero enganchaba, tenía una melodía
pegajosa que no cansaba en absoluto. Dura casi ocho minutos y no
parece que sea para tanto, tiene unos momentos
oscuros y unas bases de sintetizador abrumadoras que a la primera
escucha uno tiene ganas, de inmediato, de volverla a poner. En una
fiesta la puse y me sorprendió que nadie la hubiera escuchado,
recuerdo que nos calló a todos, y a los primeros dos minutos varios
ya estaban bailando, en silencio, como en trance. La pista tiene un
ambiente sombrío,
pero alegre, no se necesita ver la portada para preciar tonalidades
de grises brillantes que aporta el instante y hasta la voz de Bowie
parece traída del espacio exterior. En suma, me gustó mucho. El
disco iba a salir un mes después y yo me tardé otros más en
encontrarlo. Cuando lo tuve en mis manos me sorprendió el cuidado
que le pusieron al empaque. Era un disco doble y cada compartimento
en la caja de cartón tenía su libreto con letras, que mezcladas con
ciertas fotografías distorsionadas y en distintas escalas de color
daban la impresión de tener un pequeño periódico en mis manos, era
una belleza el arte mismo, y la caja en sí ya brillaba mucho con una
estatua de Orfeo y Eurídice en
un pedestal casi futurista. Todos estos eufemismos están demás,
pero en verdad es buenísimo.
Había leído que el primer CD tenía una pista oculta, antes de la
primera canción, en el pregap. El
pregap que es una porción de
datos que contiene el CD-ROM y que no se indexa en la lista de
canciones; estoy seguro que varios de nosotros hemos visto segundos
negativos cuando se acaba una pista y empieza otra, esos segundos
están en se intervalo
llamado pregap y normalmente
no son más de dos o tres. Pues aquí la pista, registrada como
“Reflective Age”, dura más de diez minutos y está
hecha con base en porciones
de las canciones de la primera mitad invertidas; se escucha una parte
del coro de ciertas pistas para que, de forma casi épica, finalice
con unos minutos en reversa de “Reflektor”, de modo
que las últimas notas de “Reflective Age” sean las primeras que
“Reflektor” pero en reversa, dando el efecto de estar escuchando
un espejo sonoro, lo más cerca que alguien ha estado de hacer algo
así. Ya la idea me había
gustado bastante, pero más que eso me dejó impactado, sobre todo
cuando leí el trasfondo conceptual del álbum y el ensayo de
Kierkegaard antes mencionado. El texto se llama “Two Ages” y es
una crítica que hizo el filósofo a un libro que se llamaba de
la misma manera. En él,
Kierkegaard habla sobre la enajenación de los medios masivos y
define dos “épocas”, la Presente
y la Revolucionaria.
Menciona
el
cómo se generan cambios en gran medida debido a que siempre existe
una generación (la revolucionaria) que navega contracorriente frente
a otra (la presente) que consume cualquier esfuerzo de mejora.
Kierkegaard dice que normalmente la Época presente dura más que la
anterior gracias a que las personas en la Época revolucionaria, o
son engullidas por el monstruo mediático (Kierkegaard lo definía
como una masa informe que no reacciona salvo cuando se
trata de disminuir el esfuerzo de cambio) o bien los avances
que logran son mínimos pero duraderos para los próximos años. En
resumen, Kierkegaard dice que la Época actual se caracteriza por ser
el reflejo opuesto de
la otra: si en la Época revolucionaria la gente se reconocía por
hacer algo, en la
Época presente la gente no hace nada.
Kierkegaard decía
esto en pleno Siglo XIX, y cuando leí esto y vi la forma en que se
estructuraba el concepto del disco, ya me pareció una obra maestra.
Intelectual y artísticamente importante. Arcade Fire siempre se han
caracterizado por el mensaje contemplativo pero socialmente
congruente que han lanzado trabajo con trabajo. Ya sea viéndolo
nostálgicamente como en The Suburbs o
como crítica abierta en Neon Bible.
Aquí, Reflektor viene
a ser la puesta al día en cuanto al punto de vista de los Win Butler
sobre cómo ven las relaciones hoy
en día, o en aquellos años.
Aunque
Reflektor no es
propiamente un álbum conceptual, su
dirección está mucho más definida que un gran número de trabajos
que pomposamente usan este molde. “Reflektor” habla de un
pseudoamor, de esos que se volvieron tan comunes en nuestros días
con las redes sociales: “we’re so connected, but are we
even friends?” También me
topé con el dato de que James Murphy estaba produciendo el disco.
Sólo hasta que escuché a LCD Soundsystem entendí y caí en la
cuenta del cambio que había logrado en ellos. Aquí era más que
palpable y conforme las pistas avanzan, la “mecanicidad” de la
que se habla con LCD se nota hasta en los cortes más cercanos a los
primeros días de la banda. “We Exist” continúa con la línea de
“Reflektor”: disco, rebosante de ritmo, pero con el toque barroco
tan familiar. Hay sintetizadores y cuerdas, mezcladas de modo tan
meticuloso que confluyen como peces en el agua. Uno advierte de
inmediato que se trata de una pista de Arcade Fire, aunque en un
principio suene tan diferente. Ahora,
“Flashbulb Eyes” sí es un cambio, inesperado y difícil de
entender. Tiene esa base
tropical que no termina de encajar, con reverberaciones y delays un
poco fuera de lugar, quizás sea una de las menos memorables, incluso
ahora. Por ahí encontré que Win Butler y la banda viajó a Haití
después del terremoto, ya que Regine tiene familia ahí, y la
influencia caribeña también es más que latente. “Here Comes the
Night Time” es un ejemplo claro. Tiene unos tambores tribales y un
comienzo tan acelerado que parece un despegue a
la estratosfera. Es muy buena, sobretodo si nos deshacemos de las
ataduras a las que nos acostumbramos cuando hablamos de tal o cual
banda, por eso el disco fue entonces un ejercicio importante sobre
prejuicios. A la mitad nos encontramos con una celebración tipo
reggae, no le pidió nada a los mejores trabajos en aquel año.
Luego, “Normal Person” es otro subidón de
imprevisto. Es pesada, con
unas guitarras distorsionadas y un solo de incisivo que la vuelven
imparable. Tiene una base que la vuelve tanto ligera como una
erupción volcánica, con coros mezclados a la perfección. “You
Already Know” es un terreno más conocido, menos denso y más
amigable. No es mala, pero da la sensación de que es un lugar de
relleno, con todo y que la producción sigue siendo impecable. Para
finalizar la primera mitad, “Joan of Arc” es un regreso a lo
oscuro, como una segunda parte, más profunda, de “You Already
Know”. Un homenaje a Juana de Arco, mantiene el tema lírico de la
enajenación y de creación de mártires en tiempos convulsos. Es
probable que Reflektor bien
pudo quedar como un disco convencional, con menos canciones, aquí es
notable, pero al menos esta primera parte, más que algo cansado, es
difícil de entender, aún ahora que el trabajo
ha pasado por tantas tribulaciones.
Pasan
varios minutos antes de que empiece la siguiente mitad con una
inesperada y, por supuesto prescindible, segunda parte de “Here
Comes the Night Time”. No hay esa vitalidad, esa energía que
contagiaba de golpe la primera. Es lenta, tediosa por montones, y no
mejora minuto a minuto. Aquí reitero lo que decía antes, hay pistas
que están de más. “Awful
Sound (Oh Eurydice)” llega a rescatar un poco
una introducción malísima.
Arcade Fire también habló de las otras influencias artísticas del
álbum: el Mito de Orfeo. Según Win Butler, la película El
Orfeo Negro es una de sus
favoritas, y aunado al ideal de entablar discusión sobre los medios
de comunicación y la desesperanza entre el hastío de la vida
moderna, la historia de amor florece y le aporta al concepto una
imagen genial. El folk electrónico nunca les había quedado tan
bien, con un coro hecho para los estadios, aún en el disco suena de
maravilla. Luego volvemos a encontrar una “Flashbulb Eyes”
difícil de comprender, “It’s Never Over (Oh Orpheus)” es una
capirotada extraña, tiene un coda bastante definido y acaba con
gracia, pero los electrónicos y las guitarras distorsionadas en la
mitad la hacen inusual,
como que no termina de cuadrar. Aún con todo este tiempo que ha
pasado me cuesta trabajo hablar de algunas canciones, en este caso no
es mala, pero requiere atención especial, puede que sea un espejismo
o una mina de oro por sí misma. Continuando con el programa llega
“Porno”, quizás la más predecible y la más innecesaria de todo
el disco. Los sintetizadores no logran
enganchar y parece que fue
preparada de último minuto. En muy pocas ocasiones la batería
eléctrica queda bien fuera del mundo del dance, aquí es un caso en
el que falla. Tiene cierta atmósfera, pero no alcanza ningún punto
importante.
Aunque, he de admitir,
escucharla ahora es más placentero que cuando salió, a eso me
refiero con
que está llegando a la senectud en
gracia. Una
sección de cuerdas marca el paso a una batería que introduce una de
las joyas de todo el álbum: “Afterlife” vale su peso en oro. No
es densa, en absoluto, los coros son estremecedores y la voz de Win
Butler se sincera para lograr una canción perfecta. Así, ni más ni
menos. La letra, el sentimiento de esperanza con vista al futuro le
otorga a la banda una madurez que no habían encontrado antes. Aquí
el trabajo de James Murphy fue brillante, sin exceso, directo al
punto. El ritmo disco y hasta los saxofones quedan en su mejor
momento, y logran un punto cumbre que emociona, no me parece que
haya una igual en toda su discografía. Recuerdo que hace unos años
fue mi mantra, y me da gusto ver que no ha mermado en ella el paso
del tiempo. La conclusión y caída de cortinas llega con
“Supersummetry”, once minutos de pasajes ambientales. Los
primeros minutos son electrónicos, suaves y dejan un buen sabor de
boca, los siguientes son un muro orquestal que está mezclado a un
volumen muy bajo, con un aire de Ígor
Stravinski y Arvo Pärt. No
es malo, pero también a esto me refiero con
que el trabajo
pudo durar mucho menos. Entonces Arcade Fire no se caracterizaban por
ser auto indulgentes, eran bastante críticos y disciplinados con lo
que entregaban, por lo que la razón de
hacer
un disco tan largo en estas condiciones sigue siendo un misterio para
mí.
Uno
puede charlar por horas y horas sobre Arcade Fire y su papel de
moldeadores del rock moderno. Dan para mucho material porque más
allá de ser la clásica banda indie que habla de sus excesos de
juventud, ellos traen un mensaje mucho más profundo, o traían. Digo
esto último porque a pesar de la tardanza pudimos ver la
continuación de Reflektor verse
concretada en Everything Now,
el peor álbum que ha lanzado la banda hasta ahora. Las inquietudes
respecto a la forma en que la sociedad se comunica y las relaciones
que uno establece con el pasado, lejos de hacer a la banda más
contemplativa y consciente de su papel en la música actual, los
volvió una parodia de sí mismos. El legado que ellos mismos se
impusieron de Reflektor sigue
presente, pero convertido en una caricatura.
Creo que no estábamos listos
para lo que tenían que decir después de una obra tan controvertida
como esta, pero la verdad es esa. Reflektor polarizó
a los fans y a la crítica, hubo reseñas que lo desdeñaron por
completo y otras que lo tomaron como arte mayor. Independientemente
de lo que digan los críticos, el disco habla por sí mismo. Cuando
fue lanzado
me tuvo meses enteros buscando claves y pistas que me ayudaran a
entender mejor el mensaje. Siempre me han gustado aquellos discos que
se comportan como rompecabezas, porque si son buenos me van a regalar
horas de búsqueda agradable. Octavio Paz dijo que un clásico se
vuelve clásico porque permite segundas lecturas y en cada una vamos
a encontrar algo nuevo. Aquí Reflektor es
de esos pocos momentos en la música en el que uno puede esperar todo
de una banda y aún así quedar satisfechos con todo y sus fallas.
Porque el entramado conceptual es, a mi parecer, la mejor parte de un
trabajo
así. Para mí sigue
siendo un disco muy
importante, ha estado ahí desde entonces y no me canso de
escucharlo. No fue el mejor del grupo y sigue sin serlo, pero tiene
un toque que lo hace más enganchador que los demás, no sabría cómo
explicarlo. No se trata de entenderlo, ahí radica la inocencia.
Después de todo lo que pasó con la banda y la decepción que
conllevó su regreso, ahora más que nunca Reflektor vuelve
a ser una constante, porque las relaciones humanas siguen siendo las
mismas, nuestras manías no han cambiado para
nada, pero cuando uno es más
joven, el darse cuenta de eso es como ver el mundo tal cual por
primera vez, se abre una ventana de posibilidades infinitas. No se
trata de canonizar a un disco, pero la influencia que ha tenido en mí
durante todo este tiempo va más allá de cualquier crítica que yo
pueda tener sobre él.
En aquellos días entendía menos el mundo y me parecía que lo tenía
en mis manos: “the more you see the less you know”.
Ahora quién sabe lo que depare
el futuro, pero de algo puedo estar seguro: Reflektor
estará ahí.

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