domingo, 1 de abril de 2018

Arcade Fire - Reflektor


Hace no mucho tiempo Arcade Fire no era ni la mitad de ambiciosos de lo que son ahora. No me malentiendan, es la ambición en el buen sentido, si es que lo hay, de tratar de ir siempre un poco más allá de los cánones y los límites. Todo aquello ocupa osadía y un toque muy fuerte de autoconocimiento, si uno es consciente de sus debilidades y en lugar de minimizarlas las potenciamos junto con nuestras virtudes, las obras maestras salen por sí mismas. Los primeros álbumes de Arcade Fire eran osados, potentes, simples en su composición pero complejos en su temática, como muñecas rusas. Quizás los exponentes más importantes del pop barroco, su folk melancólico con ciertos teclados refinados los hicieron la sensación de la música independiente. Funeral ya es considerado uno de los mejores discos en lo que va del siglo, y Neon Bible no se queda atrás, es su Kid A. Luego con The Suburbs la banda subió de tono de forma amplia, extendió el sonido inicial y lo llevó a rincones más cercanos al new wave y al rock alternativo en general y el resultado fue igual de explosivo pero menos inmediato. Después de todo, fue la primera banda independiente en ganar el Disco del Año en los Grammy. Quiero pensar que el ver esa expansión del sonido y que diera resultados tan buenos debió ser una tentación difícil de resistir, es común entre músicos el querer siempre ir un poco más allá, aprovechando la ola del momento y tirarnos en la arena hasta donde tope. Arcade Fire estaba cocinando algo con esto en mente y después del 2010 las cosas no volvieron a ser las mismas.

También no hace mucho, bueno, ahora mucho para los tiempos que corren, escribí una nota sobre Reflektor. Tenía dieciséis años y la música entonces era más bien una experiencia de vida que un consumo cotidiano. Recuerdo que escribí, porque no la he encontrado, que el disco me pareció insuperable. Que era un lanzamiento triunfante después de arriesgar casi toda la carrera de una banda brillante. Recuerdo que me leí el ensayo de Sören Kierkegaard del que habla Win Butler sobre el concepto del disco. Cuando lo escuché por primera vez quedé más que impresionado por esa capacidad de crear un disco tan aparentemente simple como voluptuoso y complejo. Porque eso era Reflektor entonces: complejo, con un potencial intelectual increíble. De igual forma recuerdo el ejercicio mental de poner en perspectiva un disco como éste frente a otros tres anteriores que, decía yo, eran “joyas contemporáneas”. Quizás entonces me tomaba más enserio la escritura de las notas y escuchaba la música con una inocencia que me esfuerzo porque no desaparezca, eran tiempos más sencillos.

Han pasado casi cinco años del lanzamiento y cuatro desde que escribí aquella nota. Escuchar y hablar sobre el Reflektor siempre ha sido algo interesante para mí, porque a mí parecer está envejeciendo con gracia. Mientras Arcade Fire se vuelven monstruosamente más grandes, de forma inevitable, todo ese respeto y admiración en nuestros días por su trabajo tuvo un punto de quiebre aquí, en éste disco, porque retaron no sólo a sus fans, sino a una industria entera, y llevaron al límite lo que una banda de indie rock podía hacer en aquellos años. Fue su disco de madurez. Los excesos que ahora nos parecen normales en las agrupaciones, es muy probable que tengan sus raíces aquí. No está demás regresar a hablar sobre él, se lo merece y ya de camino me lo paso a tope escribiendo.

Un resumen bien puede ser esa frase en “Normal Person” que dice: oh man, do you like rock and roll music? ‘Cause I don’t know if I do...” Ya es el abstract en un disco que no se digiere fácil y que fue bastante controvertido cuando salió. Cuando apareció “Reflektor” yo no tenía mucho tiempo de haber escuchado a la banda, no tan conscientemente. Eso sí, fue un cambio, diametral: Arcade Fire estaba haciendo disco y funk. Pero enganchaba, tenía una melodía pegajosa que no cansaba en absoluto. Dura casi ocho minutos y no parece que sea para tanto, tiene unos momentos oscuros y unas bases de sintetizador abrumadoras que a la primera escucha uno tiene ganas, de inmediato, de volverla a poner. En una fiesta la puse y me sorprendió que nadie la hubiera escuchado, recuerdo que nos calló a todos, y a los primeros dos minutos varios ya estaban bailando, en silencio, como en trance. La pista tiene un ambiente sombrío, pero alegre, no se necesita ver la portada para preciar tonalidades de grises brillantes que aporta el instante y hasta la voz de Bowie parece traída del espacio exterior. En suma, me gustó mucho. El disco iba a salir un mes después y yo me tardé otros más en encontrarlo. Cuando lo tuve en mis manos me sorprendió el cuidado que le pusieron al empaque. Era un disco doble y cada compartimento en la caja de cartón tenía su libreto con letras, que mezcladas con ciertas fotografías distorsionadas y en distintas escalas de color daban la impresión de tener un pequeño periódico en mis manos, era una belleza el arte mismo, y la caja en sí ya brillaba mucho con una estatua de Orfeo y Eurídice en un pedestal casi futurista. Todos estos eufemismos están demás, pero en verdad es buenísimo. Había leído que el primer CD tenía una pista oculta, antes de la primera canción, en el pregap. El pregap que es una porción de datos que contiene el CD-ROM y que no se indexa en la lista de canciones; estoy seguro que varios de nosotros hemos visto segundos negativos cuando se acaba una pista y empieza otra, esos segundos están en se intervalo llamado pregap y normalmente no son más de dos o tres. Pues aquí la pista, registrada como “Reflective Age”, dura más de diez minutos y está hecha con base en porciones de las canciones de la primera mitad invertidas; se escucha una parte del coro de ciertas pistas para que, de forma casi épica, finalice con unos minutos en reversa de “Reflektor”, de modo que las últimas notas de “Reflective Age” sean las primeras que “Reflektor” pero en reversa, dando el efecto de estar escuchando un espejo sonoro, lo más cerca que alguien ha estado de hacer algo así. Ya la idea me había gustado bastante, pero más que eso me dejó impactado, sobre todo cuando leí el trasfondo conceptual del álbum y el ensayo de Kierkegaard antes mencionado. El texto se llama “Two Ages” y es una crítica que hizo el filósofo a un libro que se llamaba de la misma manera. En él, Kierkegaard habla sobre la enajenación de los medios masivos y define dos “épocas”, la Presente y la Revolucionaria. Menciona el cómo se generan cambios en gran medida debido a que siempre existe una generación (la revolucionaria) que navega contracorriente frente a otra (la presente) que consume cualquier esfuerzo de mejora. Kierkegaard dice que normalmente la Época presente dura más que la anterior gracias a que las personas en la Época revolucionaria, o son engullidas por el monstruo mediático (Kierkegaard lo definía como una masa informe que no reacciona salvo cuando se trata de disminuir el esfuerzo de cambio) o bien los avances que logran son mínimos pero duraderos para los próximos años. En resumen, Kierkegaard dice que la Época actual se caracteriza por ser el reflejo opuesto de la otra: si en la Época revolucionaria la gente se reconocía por hacer algo, en la Época presente la gente no hace nada. Kierkegaard decía esto en pleno Siglo XIX, y cuando leí esto y vi la forma en que se estructuraba el concepto del disco, ya me pareció una obra maestra. Intelectual y artísticamente importante. Arcade Fire siempre se han caracterizado por el mensaje contemplativo pero socialmente congruente que han lanzado trabajo con trabajo. Ya sea viéndolo nostálgicamente como en The Suburbs o como crítica abierta en Neon Bible. Aquí, Reflektor viene a ser la puesta al día en cuanto al punto de vista de los Win Butler sobre cómo ven las relaciones hoy en día, o en aquellos años.

Aunque Reflektor no es propiamente un álbum conceptual, su dirección está mucho más definida que un gran número de trabajos que pomposamente usan este molde. “Reflektor” habla de un pseudoamor, de esos que se volvieron tan comunes en nuestros días con las redes sociales: “we’re so connected, but are we even friends?” También me topé con el dato de que James Murphy estaba produciendo el disco. Sólo hasta que escuché a LCD Soundsystem entendí y caí en la cuenta del cambio que había logrado en ellos. Aquí era más que palpable y conforme las pistas avanzan, la “mecanicidad” de la que se habla con LCD se nota hasta en los cortes más cercanos a los primeros días de la banda. “We Exist” continúa con la línea de “Reflektor”: disco, rebosante de ritmo, pero con el toque barroco tan familiar. Hay sintetizadores y cuerdas, mezcladas de modo tan meticuloso que confluyen como peces en el agua. Uno advierte de inmediato que se trata de una pista de Arcade Fire, aunque en un principio suene tan diferente. Ahora, “Flashbulb Eyes” sí es un cambio, inesperado y difícil de entender. Tiene esa base tropical que no termina de encajar, con reverberaciones y delays un poco fuera de lugar, quizás sea una de las menos memorables, incluso ahora. Por ahí encontré que Win Butler y la banda viajó a Haití después del terremoto, ya que Regine tiene familia ahí, y la influencia caribeña también es más que latente. “Here Comes the Night Time” es un ejemplo claro. Tiene unos tambores tribales y un comienzo tan acelerado que parece un despegue a la estratosfera. Es muy buena, sobretodo si nos deshacemos de las ataduras a las que nos acostumbramos cuando hablamos de tal o cual banda, por eso el disco fue entonces un ejercicio importante sobre prejuicios. A la mitad nos encontramos con una celebración tipo reggae, no le pidió nada a los mejores trabajos en aquel año. Luego, “Normal Person” es otro subidón de imprevisto. Es pesada, con unas guitarras distorsionadas y un solo de incisivo que la vuelven imparable. Tiene una base que la vuelve tanto ligera como una erupción volcánica, con coros mezclados a la perfección. “You Already Know” es un terreno más conocido, menos denso y más amigable. No es mala, pero da la sensación de que es un lugar de relleno, con todo y que la producción sigue siendo impecable. Para finalizar la primera mitad, “Joan of Arc” es un regreso a lo oscuro, como una segunda parte, más profunda, de “You Already Know”. Un homenaje a Juana de Arco, mantiene el tema lírico de la enajenación y de creación de mártires en tiempos convulsos. Es probable que Reflektor bien pudo quedar como un disco convencional, con menos canciones, aquí es notable, pero al menos esta primera parte, más que algo cansado, es difícil de entender, aún ahora que el trabajo ha pasado por tantas tribulaciones.

Pasan varios minutos antes de que empiece la siguiente mitad con una inesperada y, por supuesto prescindible, segunda parte de “Here Comes the Night Time”. No hay esa vitalidad, esa energía que contagiaba de golpe la primera. Es lenta, tediosa por montones, y no mejora minuto a minuto. Aquí reitero lo que decía antes, hay pistas que están de más. “Awful Sound (Oh Eurydice)” llega a rescatar un poco una introducción malísima. Arcade Fire también habló de las otras influencias artísticas del álbum: el Mito de Orfeo. Según Win Butler, la película El Orfeo Negro es una de sus favoritas, y aunado al ideal de entablar discusión sobre los medios de comunicación y la desesperanza entre el hastío de la vida moderna, la historia de amor florece y le aporta al concepto una imagen genial. El folk electrónico nunca les había quedado tan bien, con un coro hecho para los estadios, aún en el disco suena de maravilla. Luego volvemos a encontrar una “Flashbulb Eyes” difícil de comprender, “It’s Never Over (Oh Orpheus)” es una capirotada extraña, tiene un coda bastante definido y acaba con gracia, pero los electrónicos y las guitarras distorsionadas en la mitad la hacen inusual, como que no termina de cuadrar. Aún con todo este tiempo que ha pasado me cuesta trabajo hablar de algunas canciones, en este caso no es mala, pero requiere atención especial, puede que sea un espejismo o una mina de oro por sí misma. Continuando con el programa llega “Porno”, quizás la más predecible y la más innecesaria de todo el disco. Los sintetizadores no logran enganchar y parece que fue preparada de último minuto. En muy pocas ocasiones la batería eléctrica queda bien fuera del mundo del dance, aquí es un caso en el que falla. Tiene cierta atmósfera, pero no alcanza ningún punto importante. Aunque, he de admitir, escucharla ahora es más placentero que cuando salió, a eso me refiero con que está llegando a la senectud en gracia. Una sección de cuerdas marca el paso a una batería que introduce una de las joyas de todo el álbum: “Afterlife” vale su peso en oro. No es densa, en absoluto, los coros son estremecedores y la voz de Win Butler se sincera para lograr una canción perfecta. Así, ni más ni menos. La letra, el sentimiento de esperanza con vista al futuro le otorga a la banda una madurez que no habían encontrado antes. Aquí el trabajo de James Murphy fue brillante, sin exceso, directo al punto. El ritmo disco y hasta los saxofones quedan en su mejor momento, y logran un punto cumbre que emociona, no me parece que haya una igual en toda su discografía. Recuerdo que hace unos años fue mi mantra, y me da gusto ver que no ha mermado en ella el paso del tiempo. La conclusión y caída de cortinas llega con “Supersummetry”, once minutos de pasajes ambientales. Los primeros minutos son electrónicos, suaves y dejan un buen sabor de boca, los siguientes son un muro orquestal que está mezclado a un volumen muy bajo, con un aire de Ígor Stravinski y Arvo Pärt. No es malo, pero también a esto me refiero con que el trabajo pudo durar mucho menos. Entonces Arcade Fire no se caracterizaban por ser auto indulgentes, eran bastante críticos y disciplinados con lo que entregaban, por lo que la razón de hacer un disco tan largo en estas condiciones sigue siendo un misterio para mí.


Uno puede charlar por horas y horas sobre Arcade Fire y su papel de moldeadores del rock moderno. Dan para mucho material porque más allá de ser la clásica banda indie que habla de sus excesos de juventud, ellos traen un mensaje mucho más profundo, o traían. Digo esto último porque a pesar de la tardanza pudimos ver la continuación de Reflektor verse concretada en Everything Now, el peor álbum que ha lanzado la banda hasta ahora. Las inquietudes respecto a la forma en que la sociedad se comunica y las relaciones que uno establece con el pasado, lejos de hacer a la banda más contemplativa y consciente de su papel en la música actual, los volvió una parodia de sí mismos. El legado que ellos mismos se impusieron de Reflektor sigue presente, pero convertido en una caricatura. Creo que no estábamos listos para lo que tenían que decir después de una obra tan controvertida como esta, pero la verdad es esa. Reflektor polarizó a los fans y a la crítica, hubo reseñas que lo desdeñaron por completo y otras que lo tomaron como arte mayor. Independientemente de lo que digan los críticos, el disco habla por sí mismo. Cuando fue lanzado me tuvo meses enteros buscando claves y pistas que me ayudaran a entender mejor el mensaje. Siempre me han gustado aquellos discos que se comportan como rompecabezas, porque si son buenos me van a regalar horas de búsqueda agradable. Octavio Paz dijo que un clásico se vuelve clásico porque permite segundas lecturas y en cada una vamos a encontrar algo nuevo. Aquí Reflektor es de esos pocos momentos en la música en el que uno puede esperar todo de una banda y aún así quedar satisfechos con todo y sus fallas. Porque el entramado conceptual es, a mi parecer, la mejor parte de un trabajo así. Para mí sigue siendo un disco muy importante, ha estado ahí desde entonces y no me canso de escucharlo. No fue el mejor del grupo y sigue sin serlo, pero tiene un toque que lo hace más enganchador que los demás, no sabría cómo explicarlo. No se trata de entenderlo, ahí radica la inocencia. Después de todo lo que pasó con la banda y la decepción que conllevó su regreso, ahora más que nunca Reflektor vuelve a ser una constante, porque las relaciones humanas siguen siendo las mismas, nuestras manías no han cambiado para nada, pero cuando uno es más joven, el darse cuenta de eso es como ver el mundo tal cual por primera vez, se abre una ventana de posibilidades infinitas. No se trata de canonizar a un disco, pero la influencia que ha tenido en mí durante todo este tiempo va más allá de cualquier crítica que yo pueda tener sobre él. En aquellos días entendía menos el mundo y me parecía que lo tenía en mis manos: “the more you see the less you know”. Ahora quién sabe lo que depare el futuro, pero de algo puedo estar seguro: Reflektor estará ahí. 

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