No
hay existe algo sobre Paul McCartney que podamos pensar y que no se
haya dicho ya. No lo hay, así de sencillo. Por las razones que sean,
queramos o no McCartney es un referente de la cultura popular
obligado. Quienes no gustan de su música mínimo tuvieron que
escucharlo una vez para tener sus razones (y no, la fama y lo
extremadamente mediatizados que están él y sus bandas no son un
argumento para demeritarlo, porque también están los
intelectualoides de sillón). No hace falta mencionar a los Beatles
como la banda más importante en la música popular, nuevamente
queramos o no. El legado de las composiciones del dúo
Lennon-McCartney las hacen una de las más famosas de todos los
tiempos y la lista sigue. Los mitos abundan, las verdades también:
quizás estemos ante el compositor de música pop más prolífico e
importante de nuestros tiempos. Porque, inesperadamente, no podemos
especular sobre lo que pudo ser John Lennon en tiempos modernos, no
podemos ni imaginar las tendencias que él estaría siguiendo, por
eso la leyenda perdura. Pero McCartney permanece, y el artista
también. Todo esto ya se ha dicho, infinitas veces, parece ya de
panfleto y suena hasta tedioso cuando uno lo lee. La verdad es que
las reinvenciones de Paul y sus incursiones en géneros tan variados
lo hacen acreedor de eso y más. No se trata de que nos guste, pero
tengo un par de amigos que hablan de los Beatles como la roña, y su
único pecado fue ser populares. Eso, comrades, no
es una razón que valga. Y es que Paul ha hecho de todo: rock, pop,
electrónica, ballet, jazz y hasta tiene un oratorio genial. No puedo
negar que desde niño me gustan los Beatles, son de las primeras
canciones que tengo memoria, están prácticamente en mi ADN. Pero
otra vez, esto no es nuevo. A
todos, quiero creer, nos tocó se parte de esa experiencia que es
escuchar a los Beatles. En
fin, sin caer en fanatismos,
su influencia es enorme.
Recuerdo
que hace casi diez años me topé en internet con lo que era Memory
Almost Full, el que entonces era
el último disco de Paul. No tenía la más mínima idea de que
estaba haciendo él o lo que hizo después de los Beatles, era
irrelevante para mí, supongo. Pero ese disco vino a callarme la
boca. Era buenísimo, era como si nunca hubiésemos perdido a la
banda, porque sonaba a ellos por montones, era rock convencional y
puro, bastante agradable. Tenía momentos alegres, vertiginosos,
dramáticos pero no saturados, era casi lo que un disco necesitaba
para ser bueno. Me prometí
seguirle la pista, si Paul McCartney seguía haciendo discos como
éste no veo porqué habría de fallar. La verdad es que tomó mucho
tiempo para que volviera a lanzar un disco normal. Produjo un disco
con el músico Youth, hizo un ballet, y lo más cercano fue ese disco
de covers de jazz Kisses on the Bottom.
De ahí en más no hubo prácticamente nada. Fue hasta hace cinco
años cuando, casi al finalizar el año, anunció New.
Me
tomó un poco más encontrarlo porque, ahora que tiene una disquera
independiente, al parecer los discos de un beatle toman más en
llegar aquí. Llegando a mi casa lo primero que hice fue ponerlo en
el reproductor y sentarme.
El inicio es inesperado, “Save Us” es un prólogo corto pero
concreto.
Recuerdo que la escuchaba muchas veces al día, era pegajosa, concisa
y directa al punto. El cambio de sonido aquí fue notorio, valga la
redundancia, suena “nuevo”. Era
como si estuviera escuchando de nuevo a los Beatles pero con una
distorsión llena de fuzz y de efecto, muy de las nuevas bandas y con
esos coros armonizados que lo hacían épico. Dura poco más de dos
minutos y es simplemente genial. Luego, llegó la que ahora es mi
favorita. “Alligator” es una balada en baja fidelidad en la que
habla sobre buscar a la persona indicada, pero con un cansancio que
se nota hasta en los arreglos. Con
teclados sutiles, una guitarra acústica, batería y bajo se puede
crear algo así de bello. Hay un tinte folk en el disco, como de pop
barroco, y se nota en canciones como “On My Way To Work” y “Early
Days”. En la primera tenemos una pieza muy pop, con palmadas
acordes a estos días y con acabado sencillo; mientras que en la
segunda es simplemente McCartney con su guitarra haciendo oda a sus
tiempos de juventud. Como dato, parece que aclara el como fueron las
tensiones entre él y John con una simple línea: “Now
everybody seems to have their own opinion, who did this and who did
that. But as for me I don't see how they can remember when they
weren't where it was at”. “Queenie
Eye” es otro balde con agua fría, porque aunque uno esté
acostumbrado a todo para estos días, una pista así de Paul siempre
va a tomar por sorpresa. Tiene unos coros tremendos y unos arreglos
muy de George Martin, con un ritmo vertiginoso. Hasta ahora el disco
va siguiendo una línea que ya se va definiendo, tendremos una pista
acelerada y una tranquila a partir de aquí. Luego, “New” viene a
ser otra pista muy queenie eye, con teclados y armonías muy
parecidas, pero agradables a tope. Paul mencionó en una entrevista,
cuando iba a salir el disco, que iba a ser una grabación con toques
un poco vanguardistas, muy apegado a la tecnología y a las
tendencias actuales. Si uno no toma en cuenta esto mientras lo
escucha, parece sólo un disco de rock convencional que va que vuela,
hasta “Appreciate”. Aquí
se cruza una línea que no creí que se fuera a cruzar. Es
experimental, con una voz procesada, un ritmo artificial y todo
sintetizado electrónicamente; tiene unos pasajes un poco bizarros,
con guitarras aquí y allá, y con una atmósfera un poco oscura. No
tengo mucho que decir sobre ella, pero no me gustó cuando la escuché
por primera vez, ahora es cuando la entiendo un poco mejor y hasta le
he agarrado cariño. Continuando,
otra de mis favoritas, “Everybody Out There” nos regresa a
territorios más familiares. Es rock convencional, en
estado puro, sobria y decidida, con una letra genial hecha para
conectar con el público en vivo; es de las mejores que hay en el
disco porque mantiene la esencia de lo que debe llevar una buena
canción, así de simple: “there
but fot the grace of God go You and I, we’re the brightest objects
in the sky”.
La estructura que antes mencioné sigue su curso con “Hosanna”, y
dos pistas después con “Looking at Her”; la primera es un
interludio oscuro, con guitarras acústicas ycon ambiente hasta por
los rincones, mientras que la segunda es una pequeña balada pop con
unos breakdowns electrónicos que uno no se espera en lo más mínimo.
Durante todo el 2013 hubo una tendencia de revisitar la música
afroamericana: el disco, el funk, el R&B, el soul. Casi todos los
artistas que lanzaron algún trabajo ese año hicieron algo siguiendo
esta línea, McCartney no fue la excepción: “I Can Bet” es la
versión funk de un beatle en tiempos modernos, y
es igualmente buena. Para finalizar, McCartney nos lleva por
“caminos” extraños y nada claros en la que quizás sea la pista
más experimental de todo el álbum, “Road” también es una
declaración de principios. Es lenta, y narra una historia de gente
varada en lo desconocido, que se traduce finalmente en un momento de
oscuridad interior. Deja un sabor un poco amargo de boca, pero no por
eso es menos virtuosa, está excepcionalmente compuesta. Para calmar
un poco el final tan agrio, “Scared” se mantiene como una pista
oculta y es una pieza en piano que hace olvidar los pasajes de
“Road”.
Ahora
me he dado cuenta de que utilicé muchos eufemismos para referirme a
este disco. Si alguien estaba leyendo y se quedó a la mitad no lo
culpo. Pero es que este disco es un poco extraño de describir. Por
varias razones, una es que mantiene una simpleza que lo hace un
trabajo tan convencional como bien hecho, otra es que la producción
y los arreglos son de lo más inesperados en la discografía de
McCartney. Hay momentos turbulentos y muy alegres, pero todo eso
marcado por un aura de tecnología y de experimentación que no se
discierne tan fácil, porque está incrustada en la frontera de su
sonido, no es la base ni la columna vertebral de la composición. A
lo que me refiero es que existen muchos discos cuyo propósito
original era experimentar,
ver hasta donde la “aleatoreidad” (otro eufemismo) llevaba al
artista, esta clase de trabajos demandan una atención extra, porque
su secreto se encuentra precisamente en entender el proceso de
manufactura para aprovechar al máximo la experiencia; un poco
injusto para el escucha de a pie, pero, seamos sinceros, el escucha
de a pie es más bien un receptor que no se dedica a expandir mucho
el conocimiento que tiene sobre el tema, aunque suene mal, la
experimentación no está hecha para esa clase de personas. Luego,
vienen las obras que hacen lo opuesto, comienzan con piezas normales,
hechas con una fórmula muy sencilla, y a mitad del proceso los
artistas se proponen introducir cierto
régimen del azar a la hora de utilizar sus instrumentos. Aquí es
más fácil ver el camino que sigue la idea original, porque se
entiende desde el principio y nuestro cerebro se acostumbra a ese
patrón, sin embargo los acabados son los que terminan volviendo a
todo el álbum algo
de qué hablar. Son esta clase de álbumes los que se vuelven armas
de doble filo, puede que funcionen o pueden que las canciones se
arruinen
por la autoindulgencia. Cuando el disco triunfa en esto, se vuelve
una obra de arte que merece que la escuchemos muchas veces, porque
vamos siempre a encontrar algo nuevo. El
caso de la música experimental es tema aparte, porque simboliza toda
esa parte irracional, por decirle de alguna forma, a la que nuestro
cerebro puede llegar a traducir la inspiración, algo como lo que
distintos poetas, entre ellos Octavio Paz, llamaron “la otra
orilla”. El New
es de esos discos que triunfan con creces y el resultado es
inmejorable. En entrevistas Paul dijo que quiso contratar productores
jóvenes para hacer versiones de lo que un álbum significaba para
él. Entre ellos están Paul Epworth (quien produjo “Rolling in the
Deep” y a Coldplay), Mark Ronson (un Back
to Black
memorable y “Uptown Funk” deberían ser suficiente referencia),
Ethan Johns (Kaiser Chiefs, Kings of Leon) y, por supuesto, Giles
Martin, hijo del veterano de guerra George Martin. El
resultado que logró con ellos es, no sólo un sonido renovado, sino
una oda impresionante a su música y a la de épocas pasadas. Porque
todos estos productores tienen en común un conocimiento excepcional
sobre lo retro, son casi los artífices de esta nueva ola de música
negra dentro del rock actual. New
bien
podría ser una especie de carta
de principios sobre lo que un músico emérito como Paul tiene que
decir en los tiempos modernos sin perder la esencia de lo que siempre
ha sido.
Cuando
era más joven, entonces, no tenía ni idea de lo que esto
significaba pero el disco me gustó muchísimo, quizás porque era
desinteresado y tenía mejores cosas que decir. Ahora que lo veo de
lejos y tengo en cuenta lo que ha significado para mí, puedo
escuchar “Alligator” de la misma forma que antes, “Everybody
Out There” como un casi un himno, y entender las distintas cosas
que han pasado desde entonces. El disco ha envejecido con gracia, y
sigue siendo la misma experiencia agradable que significó cuando yo
tenía dieciséis, ahí es nada. No lo han tomado en cuenta en las
listas recientes de los mejores discos, pero no lo ocupa, porque su
confidencia lo relega a ese punto en el que ya no se tiene nada qué
probar. Incluso antes que nada, Paul
ya estaba ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario