sábado, 14 de abril de 2018

Paul McCartney - New


No hay existe algo sobre Paul McCartney que podamos pensar y que no se haya dicho ya. No lo hay, así de sencillo. Por las razones que sean, queramos o no McCartney es un referente de la cultura popular obligado. Quienes no gustan de su música mínimo tuvieron que escucharlo una vez para tener sus razones (y no, la fama y lo extremadamente mediatizados que están él y sus bandas no son un argumento para demeritarlo, porque también están los intelectualoides de sillón). No hace falta mencionar a los Beatles como la banda más importante en la música popular, nuevamente queramos o no. El legado de las composiciones del dúo Lennon-McCartney las hacen una de las más famosas de todos los tiempos y la lista sigue. Los mitos abundan, las verdades también: quizás estemos ante el compositor de música pop más prolífico e importante de nuestros tiempos. Porque, inesperadamente, no podemos especular sobre lo que pudo ser John Lennon en tiempos modernos, no podemos ni imaginar las tendencias que él estaría siguiendo, por eso la leyenda perdura. Pero McCartney permanece, y el artista también. Todo esto ya se ha dicho, infinitas veces, parece ya de panfleto y suena hasta tedioso cuando uno lo lee. La verdad es que las reinvenciones de Paul y sus incursiones en géneros tan variados lo hacen acreedor de eso y más. No se trata de que nos guste, pero tengo un par de amigos que hablan de los Beatles como la roña, y su único pecado fue ser populares. Eso, comrades, no es una razón que valga. Y es que Paul ha hecho de todo: rock, pop, electrónica, ballet, jazz y hasta tiene un oratorio genial. No puedo negar que desde niño me gustan los Beatles, son de las primeras canciones que tengo memoria, están prácticamente en mi ADN. Pero otra vez, esto no es nuevo. A todos, quiero creer, nos tocó se parte de esa experiencia que es escuchar a los Beatles. En fin, sin caer en fanatismos, su influencia es enorme.

Recuerdo que hace casi diez años me topé en internet con lo que era Memory Almost Full, el que entonces era el último disco de Paul. No tenía la más mínima idea de que estaba haciendo él o lo que hizo después de los Beatles, era irrelevante para mí, supongo. Pero ese disco vino a callarme la boca. Era buenísimo, era como si nunca hubiésemos perdido a la banda, porque sonaba a ellos por montones, era rock convencional y puro, bastante agradable. Tenía momentos alegres, vertiginosos, dramáticos pero no saturados, era casi lo que un disco necesitaba para ser bueno. Me prometí seguirle la pista, si Paul McCartney seguía haciendo discos como éste no veo porqué habría de fallar. La verdad es que tomó mucho tiempo para que volviera a lanzar un disco normal. Produjo un disco con el músico Youth, hizo un ballet, y lo más cercano fue ese disco de covers de jazz Kisses on the Bottom. De ahí en más no hubo prácticamente nada. Fue hasta hace cinco años cuando, casi al finalizar el año, anunció New.

Me tomó un poco más encontrarlo porque, ahora que tiene una disquera independiente, al parecer los discos de un beatle toman más en llegar aquí. Llegando a mi casa lo primero que hice fue ponerlo en el reproductor y sentarme. El inicio es inesperado, “Save Us” es un prólogo corto pero concreto. Recuerdo que la escuchaba muchas veces al día, era pegajosa, concisa y directa al punto. El cambio de sonido aquí fue notorio, valga la redundancia, suena “nuevo”. Era como si estuviera escuchando de nuevo a los Beatles pero con una distorsión llena de fuzz y de efecto, muy de las nuevas bandas y con esos coros armonizados que lo hacían épico. Dura poco más de dos minutos y es simplemente genial. Luego, llegó la que ahora es mi favorita. “Alligator” es una balada en baja fidelidad en la que habla sobre buscar a la persona indicada, pero con un cansancio que se nota hasta en los arreglos. Con teclados sutiles, una guitarra acústica, batería y bajo se puede crear algo así de bello. Hay un tinte folk en el disco, como de pop barroco, y se nota en canciones como “On My Way To Work” y “Early Days”. En la primera tenemos una pieza muy pop, con palmadas acordes a estos días y con acabado sencillo; mientras que en la segunda es simplemente McCartney con su guitarra haciendo oda a sus tiempos de juventud. Como dato, parece que aclara el como fueron las tensiones entre él y John con una simple línea: “Now everybody seems to have their own opinion, who did this and who did that. But as for me I don't see how they can remember when they weren't where it was at”. “Queenie Eye” es otro balde con agua fría, porque aunque uno esté acostumbrado a todo para estos días, una pista así de Paul siempre va a tomar por sorpresa. Tiene unos coros tremendos y unos arreglos muy de George Martin, con un ritmo vertiginoso. Hasta ahora el disco va siguiendo una línea que ya se va definiendo, tendremos una pista acelerada y una tranquila a partir de aquí. Luego, “New” viene a ser otra pista muy queenie eye, con teclados y armonías muy parecidas, pero agradables a tope. Paul mencionó en una entrevista, cuando iba a salir el disco, que iba a ser una grabación con toques un poco vanguardistas, muy apegado a la tecnología y a las tendencias actuales. Si uno no toma en cuenta esto mientras lo escucha, parece sólo un disco de rock convencional que va que vuela, hasta “Appreciate”. Aquí se cruza una línea que no creí que se fuera a cruzar. Es experimental, con una voz procesada, un ritmo artificial y todo sintetizado electrónicamente; tiene unos pasajes un poco bizarros, con guitarras aquí y allá, y con una atmósfera un poco oscura. No tengo mucho que decir sobre ella, pero no me gustó cuando la escuché por primera vez, ahora es cuando la entiendo un poco mejor y hasta le he agarrado cariño. Continuando, otra de mis favoritas, “Everybody Out There” nos regresa a territorios más familiares. Es rock convencional, en estado puro, sobria y decidida, con una letra genial hecha para conectar con el público en vivo; es de las mejores que hay en el disco porque mantiene la esencia de lo que debe llevar una buena canción, así de simple: “there but fot the grace of God go You and I, we’re the brightest objects in the sky”. La estructura que antes mencioné sigue su curso con “Hosanna”, y dos pistas después con “Looking at Her”; la primera es un interludio oscuro, con guitarras acústicas ycon ambiente hasta por los rincones, mientras que la segunda es una pequeña balada pop con unos breakdowns electrónicos que uno no se espera en lo más mínimo. Durante todo el 2013 hubo una tendencia de revisitar la música afroamericana: el disco, el funk, el R&B, el soul. Casi todos los artistas que lanzaron algún trabajo ese año hicieron algo siguiendo esta línea, McCartney no fue la excepción: “I Can Bet” es la versión funk de un beatle en tiempos modernos, y es igualmente buena. Para finalizar, McCartney nos lleva por “caminos” extraños y nada claros en la que quizás sea la pista más experimental de todo el álbum, “Road” también es una declaración de principios. Es lenta, y narra una historia de gente varada en lo desconocido, que se traduce finalmente en un momento de oscuridad interior. Deja un sabor un poco amargo de boca, pero no por eso es menos virtuosa, está excepcionalmente compuesta. Para calmar un poco el final tan agrio, “Scared” se mantiene como una pista oculta y es una pieza en piano que hace olvidar los pasajes de “Road”.

Ahora me he dado cuenta de que utilicé muchos eufemismos para referirme a este disco. Si alguien estaba leyendo y se quedó a la mitad no lo culpo. Pero es que este disco es un poco extraño de describir. Por varias razones, una es que mantiene una simpleza que lo hace un trabajo tan convencional como bien hecho, otra es que la producción y los arreglos son de lo más inesperados en la discografía de McCartney. Hay momentos turbulentos y muy alegres, pero todo eso marcado por un aura de tecnología y de experimentación que no se discierne tan fácil, porque está incrustada en la frontera de su sonido, no es la base ni la columna vertebral de la composición. A lo que me refiero es que existen muchos discos cuyo propósito original era experimentar, ver hasta donde la “aleatoreidad” (otro eufemismo) llevaba al artista, esta clase de trabajos demandan una atención extra, porque su secreto se encuentra precisamente en entender el proceso de manufactura para aprovechar al máximo la experiencia; un poco injusto para el escucha de a pie, pero, seamos sinceros, el escucha de a pie es más bien un receptor que no se dedica a expandir mucho el conocimiento que tiene sobre el tema, aunque suene mal, la experimentación no está hecha para esa clase de personas. Luego, vienen las obras que hacen lo opuesto, comienzan con piezas normales, hechas con una fórmula muy sencilla, y a mitad del proceso los artistas se proponen introducir cierto régimen del azar a la hora de utilizar sus instrumentos. Aquí es más fácil ver el camino que sigue la idea original, porque se entiende desde el principio y nuestro cerebro se acostumbra a ese patrón, sin embargo los acabados son los que terminan volviendo a todo el álbum algo de qué hablar. Son esta clase de álbumes los que se vuelven armas de doble filo, puede que funcionen o pueden que las canciones se arruinen por la autoindulgencia. Cuando el disco triunfa en esto, se vuelve una obra de arte que merece que la escuchemos muchas veces, porque vamos siempre a encontrar algo nuevo. El caso de la música experimental es tema aparte, porque simboliza toda esa parte irracional, por decirle de alguna forma, a la que nuestro cerebro puede llegar a traducir la inspiración, algo como lo que distintos poetas, entre ellos Octavio Paz, llamaron “la otra orilla”. El New es de esos discos que triunfan con creces y el resultado es inmejorable. En entrevistas Paul dijo que quiso contratar productores jóvenes para hacer versiones de lo que un álbum significaba para él. Entre ellos están Paul Epworth (quien produjo “Rolling in the Deep” y a Coldplay), Mark Ronson (un Back to Black memorable y “Uptown Funk” deberían ser suficiente referencia), Ethan Johns (Kaiser Chiefs, Kings of Leon) y, por supuesto, Giles Martin, hijo del veterano de guerra George Martin. El resultado que logró con ellos es, no sólo un sonido renovado, sino una oda impresionante a su música y a la de épocas pasadas. Porque todos estos productores tienen en común un conocimiento excepcional sobre lo retro, son casi los artífices de esta nueva ola de música negra dentro del rock actual. New bien podría ser una especie de carta de principios sobre lo que un músico emérito como Paul tiene que decir en los tiempos modernos sin perder la esencia de lo que siempre ha sido.


Cuando era más joven, entonces, no tenía ni idea de lo que esto significaba pero el disco me gustó muchísimo, quizás porque era desinteresado y tenía mejores cosas que decir. Ahora que lo veo de lejos y tengo en cuenta lo que ha significado para mí, puedo escuchar “Alligator” de la misma forma que antes, “Everybody Out There” como un casi un himno, y entender las distintas cosas que han pasado desde entonces. El disco ha envejecido con gracia, y sigue siendo la misma experiencia agradable que significó cuando yo tenía dieciséis, ahí es nada. No lo han tomado en cuenta en las listas recientes de los mejores discos, pero no lo ocupa, porque su confidencia lo relega a ese punto en el que ya no se tiene nada qué probar. Incluso antes que nada, Paul ya estaba ahí. 

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