viernes, 1 de junio de 2018

Foals - Holy Fire



El rock alternativo ha cambiado tanto que no se sabría ni por dónde empezar. Desde que R.E.M. y los Smiths dieron un salto a lo fugaz con sus canciones el panorama ha evolucionado irremisiblemente a lo incalculable. Y es que no ha sido para menos, todas estas bandas han estado muy ligadas a la contracultura, a la libertad creativa. De alguna forma los grupos y los artistas de aquel entonces nos demostraron que no se necesitaba seguir una línea de marketing voraz para que la música fuera exitosa, lo era por sí misma. Después de eso hemos visto pasar una cantidad gigantesca de discos memorables, otros no tanto, que han moldeado géneros y generaciones completas. Desde Nirvana, My Bloody Valentine, Radiohead, Muse, los Strokes, Interpol, Arcade Fire, Franz Ferdinand y, claro, los Foals.

Quizás en menor grado que otras bandas, cuando los Foals salieron a escena con su singlar debut Antidotes, el indie rock volv a saborear el sonido de una banda que mantenía intactos sus principios creativos de sus inicios. Era math rock amigable, con síncopas y ritmos cambiantes que armonizaban unas guitarras, jugando con armonías casi infantiles. Tenía momentos épicos, agresivos, pero al mismo tiempo fríos y reposados. Era una combinación bastante concreta y que prometía muchísimo. Con el tiempo y un par de discos, la banda consolidaría ese sonido y lo sabría llevar de una manera impresionante en los conciertos en vivo. Y es que, aquel debut es un Franz Ferdinand, un Funeral, un Turn on the Bright Lights, atemporal, siempre moderno. Por eso mismo, y como aquellas agrupaciones, el despegue los catapultó a lo que fue su cumbre y, como dijo Serrat, tuvo a ser cuesta abajo el resto del camino. Era muy difícil mantener ese ritmo, esa intensidad, y el resultado fue un Total Life Forever que se relegó a un lanzamiento menor. Sin embargo, y aquí entramos, después de unos años Holy Fire vino a llenar de combustible ese cohete que caía a la deriva.

Holy Fire es genial, así de sencillo. Por muchas razones. Para empezar fue producido por Flood y Alan Moulder, ambos productores veteranos que desde los ochentas han ayudado a crear obras maestras, desde un Violator de Depeche Mode o un Downward Spiral de Nine Inch Nails, a un Sam’s Town que ha sido injustamente infravalorado. Ellos de alguna forma han moldeado el sonido alternativo desde los noventas con una visión sónica muy distinta a lo que se acostumbraba, y también hicieron que podamos escuchar trabajos fantásticos completamente ajenos a todo eso que inunda la radio. La hazaña que hicieron en Holy Fire es palpable y se nota a leguas la distancia entre su debut y ésta entrega. Luego, aunque el disco mantiene una simpleza y un sonido reposado, más ligero, el groove y la atmósfera se mantienen impecables y ninguna choca con la otra. La banda se fue alejando de los excesos del math rock y nos regalaron algo que le puede gustar tanto al más puritano como al ajeno sin remedio. La dinámica se mueve entre ritmos fáciles y coros para las arenas. Es una montaña rusa que no da espacio a la predicción fácil, y sin embargo suena bastante uniforme durante los más de cuarenta minutos que ensalza. Desde la introducción en “Prelude” vemos esa agresividad pasiva de la que hablo y logran con creces sentar precedente al crear expectativa. Ahora, “Inhaler” llega aprovechando el subidón y lo lleva a otro nivel, con un coro tan abrasivo que no da lugar para respirar, es una de las mejores pistas del disco, es intensa y a la vez brillante. Aquel 2013 estuvo muy marcado por la influencia disco y funk en las grabaciones, “My Number” es el primer ejemplo de esto, un éxito total, y es que el ritmo es bailable pero recuerda a otra época; aquí la guitarra es la que guía toda la cosa y cumple la proeza de crear un coro para grandes conciertos. Aunque el disco tiene varias pistas que pudieran considerarse baladas, “Bad Habit” no es mero sentimentalismo, da un descanso a lo grandilocuente. Luego, vemos que “Everytime” continúa con lo que “My Number” dejó, una versión tranquila de “Inhaler” por decirlo de alguna forma, y que llega a un clímax que asombra. Cuando pasamos a “Late Night” sólo confirmamos el aire funk que apadrina a toda la grabación, porque es un funk lento (de esos que no se bailan hace tiempo) que con un solo de guitarra menos catártico controlan la atmósfera y entregan una pista impresionante, algo que nunca hubiera imaginado a alguien que los escuchó por primera vez hace diez años. Si bien, “Late Night” es un poco oscura, “Out of the Woods” sale a ver la luz del día y es otra canción muy buena, que funciona como fondo o como escucha consciente. Y ahora, mi favorita personal, “Milk & Black Spiders” combina lo mejor de todas estas partes; con un ritmo rápido pero agradable, con una letra directa al punto y un puente que genera un arranque inmejorable, el final es arrollador y una belleza, ahí es nada. Dedíquensela a alguien, que valga mucho la pena, háganlo. Después de unos momentos de tranquilidad (hotel y casino), “Providence” regresa a lo agresivo, con la que probablemente sea la más abrasiva de todas las canciones del disco. Por momentos recuerda a los tiempos de sus primeras grabaciones. Para finalizar, “Stepson” y “Moon” resumen lo que he tratado anteriormente, con la primera siendo un modo tribal de mostrarlo, y la última como una conmovedora balada cuyos arreglos ambient son magníficos.

Ahora bien, el disco es buenísimo por las razones que mencioné antes. Pero no sólo por eso. Es así porque logra encapsular todo lo que un buen disco debe tener. Tiene sus momentos álgidos, aquellos que no lo son tanto, y otros en los que la tranquilidad sienta bien. Es algo que no se da siempre, la cohesión entre las canciones permiten que podamos escucharlo en cualquier momento que nos encontremos y el resultado viene siendo el mismo. Es difícil encontrar una obra así, que no sólo se mantenga por sí misma, sino que sea fiel a lo que en un principio proponían como banda. Es complicado de seguir y, sobretodo, de lograr. Aquel año fue cumbre para los Foals, porque entendieron todo aquello que necesitaban para lograr un trabajo completo y contenido en sí mismo. Para cuando What Went Down llegó, la fórmula no sólo había sido descubierta, también fue perfeccionada. Nada más sencillo e imposible de lograr.

Cuando los escuché por primera vez yo era alérgico al indie rock, estaba cansado de la pretensión de las bandas, o quizás de quienes los escuchaban, y prefería buscar otras cosas. Fue hasta que una amiga me los recomendó y me atrapó. A partir de entonces empecé a buscar más bandas y entendí que tuve siempre en mis narices todo un mundo por conocer. Que en cierta medida ha estado marcado por el exceso, los ideales de juventud o la carencia de ellos, la experimentación y la repetición descarada. De alguna forma aquel disco fue muy importante para lo que pude escuchar después, porque entendí que las influencias variaban y era cuestión de suerte encontrar algo que de verdad valiera la pena. El sólo acto de escucharlo significó abrir una puerta que no entendía del todo y que había pasado por alto. Como he dicho antes, el 2013 fue un año impresionante para la música, porque nos libramos de cosas que no necesitábamos escuchar, pero encontramos otras que en estos cinco años terminaron hartándonos. No imagino la música actual sin estos lanzamientos.

Supongo que nunca podré pagarle aquella amiga el favor que me hizo al hacerme escuchar a los Foals por primera vez. Quién hubiera dicho que estaría escribiendo esto sobre ellos cinco años después, ya más viejo, en teoría. La vida es así, supongo. Y siempre se agradece.

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