viernes, 21 de diciembre de 2018

The National - Sleep Well Beast



Ha tomado mucho remontar el paso del Rock en estos días. En otras ocasiones he mencionado esto, y es que los discos que han salido en esta década casi presagian un naufragio seguro para el género. Hace unos días estaba con unos amigos y estábamos intentando encontrar cuáles eran los artistas de Rock más importantes de este periodo y fue muy difícil. Porque las bandas que iniciaron en el pasada nos han decepcionado terriblemente: Arcade Fire, Arctic Monkeys, Muse, The Killers, The Strokes, Franz Ferdinand, Interpol, Coldplay. El “Rock joven” ya no lo es en realidad, y las nuevas bandas la verdad es que no prometen mucho, casi nada, más bien. El auge de la Electrónica, lejos de anunciar una nueva forma de entenderlo, lo polarizó muchísimo más, pudiera ser que la respuesta estaba en el música dance menos comercial, como Aphex Twin, Boards of Canada, Autechre, Burial; como ya lo mostró Radiohead en el Kid A. Es sólo hasta tiempos muy recientes que hemos visto una mezcla que no cause escepticismo inmediato entre Rock y los samples sintetizados. Radiohead aparte por ejemplo, ellos ya lo hacían bastante bien. Y aquí entra The National.

Porque, ha costado entender que no se tiene que hacer música con ritmo dance y guitarras para volver electrónico algo que no lo era. No, el equipo y el enfoque es lo que le costó mucho esfuerzo a los artistas entender, y aunque el crecimiento y la frescura apenas se palpan en estos años, ha sido un buen comienzo. Su Sleep Well Beast es un ejemplo claro de esto. No es muy difícil de entenderlos, tampoco. The National se una a la lista anterior de bandas que en los años 2000 iniciaron una nueva ola de Rock fruto de la agonía del Brit Pop de Blur y de Oasis. Con el paso de los años se han mantenido más discretamente alejados de los reflectores, pero no por eso menos relevantes. Han mantenido un sonido bastante coherente y que en Sleep Well Beast adquiere un nuevo tono, más oscuro, más envolvente. Trouble Will Find Me ya tenía tintes electrónicos, y se mantenía más en el revival del New Wave que ha permeado un poco estos días. Entonces, este último disco viene a concretar la producción más sintética, mucho más artificial, pero más atrayente. Y sí, mantiene la nube oscura que hizo al New Wave tan interesante, pero a la vez tan presto al sarcasmo, allá hace más de treinta años.

Y es que, Sleep Well Beast es un caso un poco extraño. En el buen sentido de la palabra. Porque la voz de Matt Berninger no le permite llegar a momentos de desenfreno total muy característico de las bandas de hoy. No, su voz tiene un registro bajo que se oye muy bien en pasajes que no abundan en aceleración a ultranza. Quizás en ese sentido, es que todo éste álbum navega en esta línea contemplativa que inicia en “Nobody Else Will Be There”. Los teclados ya forman una parte importante de la grabación, y las guitarras son mínimas, aunque están en el lugar correcto. No hay exceso de nada, toda la instrumentación está donde debe estar. Es una introducción muy larga, que sienta el humor del disco desde entonces, con la voz de Berninger, recordando a los mejores años de Interpol con un toque electrónico muy a lo que hacen The XX. Cuando pasamos a “Day I Die” tenemos su sonido tan característico una vez más, Post-punk casi en su totalidad, con el aparatejo de banda de Rock original y los arreglos sintéticos que no van a faltar. Luego, “Walk It Back” regresa a la producción que inició en la primera pieza. Aquí, la voz de Berninger es tan baja que casi parece que está recitando la letra, y aunque hay acordes mayores en su mayoría, Lou Reed vino a dejar su huella casi inconsciente. Podemos empezar a advertir lo que será más o menos la idea musical del disco. Las bases rítmicas pasan de un lado a otro entre el Rock más convencional y los samples artificiales que van a colonizar buena parte de la pista. En buena medida, casi hasta parece que estos dos estilos de producción se saltan uno y uno, porque “The System Only Dreams in Total Darkness” vuelve a la convencionalidad. Y así sucesivamente, el disco tiene dos partes, una rockera centrada en la guitarra y la batería acústica, y la otra que está llena de melodías más atmosféricas hechas con sintetizador y scratches de sonidos prefabricados. “Born To Beg” está más cerca del primer lado que del otro, pero los loops constantes lo ponen en un punto medio, porque el piano es más cálido y la voz juega muy bien con esto. Luego, esta idea continúa con “Empire Line” y “I’ll Still Destroy You”. La primera es una joya, porque aunque parte de un beat electrónico, el ambiente y el cómo lo resuelve es una genialidad. Es Post-rock sin los crescendos (ya sé, es contradictorio) alarmantes y con las vocales más confidentes. La última es más cercana al Drum and Bass, pero con líneas melódicas melancólicas encima de unas baterías atronantes. Ésta sí parece bastante prescindible, porque tiene un final casi épico, pero en general es bastante repetitiva y poco inspirada. Luego, “Guilty Party”, que toma su curso también de una base industrial, en general continúa con la directriz de la pista anterior, que ya de por sí quedaba claro cuando ésta apareció. Entonces “Carin at the Liquor Store” regresa a la programación habitual, muy necesaria a estas alturas. Una balada concisa y clara, centrada en el piano, que es un momento estelar en el disco, sin dudas. El solo de guitarra es inmejorable en tiempos en los que es casi un sacrilegio hacer algo así. Después de quince minutos artificiales, se agradece un regreso de lo profundo así. “Dark Side of the Gym” continúa esto, y el resultado también es buenísimo. Aunque la estructura algo insistente en el ritmo hacen pensar que pudo durar un poco menos, sin quitar el final, porque ese cuarteto de cuerdas (sampleado por supuesto) es cumbre. Para entonces, llegamos al final con “Sleep Well Beast” que otra vez trae la base electrónica. No aporta mucho musicalmente, y también pudo durar mucho menos de los seis minutos que ya alcanza. La verdad se queda en medio de esa suite que comenzó con “Empire Line”. Si la banda hubiera querido sentar precedente con estas pistas, quizás puedo quedarse sólo con estas dos y la más atmoférica entre “I’ll Still Destroy You” y “Guilty Party”, ahí sí hubiera quedado en coherencia perfecta.

Bien, aquí no es muy difícil entender el concepto. No es un disco particularmente complejo. La producción es variada y ecléctica, aunque por momentos da la sensación de que nos encontramos en el mismo mar que no arriesga mucho, porque existe una cierta atmósfera que está presente en todo momento, entre las líneas vocales que se quedan en un registro nada variado, las guitarras pasaron, como ya dije, a un segundo plano. Aquí lo impresionante es la instrumentación y la noción de espacio que generan con los sintetizadores. Es un disco envolvente, aunque no abrasivo, que queda perfectamente con la etiqueta de contemplativo. El gran avance es que, a comparación de Trouble Will Find Me, el salto al vacío que dan con este nuevo enfoque es, a mi parecer, el mayor logro de Sleep Well Beast. Como casi siempre, hubo momentos que eran perfectamente prescindibles, porque el álbum dura una hora, pero en parte gracias a que intentaron lograr una cohesión entre las pistas electrónicas sin que se perdiera de vista la parte tradicional. Es complicado lograr un disco que tenga todas nuestras ambiciones y que no pierda coherencia, misma que sólo te puede dar tu zona de confort, para bien o para mal.

Aquí, The National hace una prueba para el resto de los años. Porque, en verdad, costó mucho hacer entender a los roqueros que quizás el futuro para volver a darle frescura al género está en los electrónicos. Hace no mucho le preguntaron a Enrique Bunbury qué opinaba de lo que decían de que el Rock estaba muriendo, y él, afable, dijo que quizás había dejado de ser un género mayoritario, pero que disco como el que sacó The National iban a hacer que las bandas fueran cabezas de carteles de los festivales. La solución no es fácil de obtener. Cuando Bowie lanzó Blackstar a principios del 2016 dejó una Piedra de Rosetta que sería el traductor de muchos otros géneros fundidos en uno solo, y es que el Rock necesitaba eso, que alguien se arriesgara a dar el paso al eclecticismo y nos dejáramos de falsas poses. The National logró pues, iniciar un proceso interno que desembocará en algo completamente distinto a lo que ellos mismos siquiera estaban contemplando hacer, y aunque el ejercicio es redituable más para ellos, un precedente se necesita para volver a hacer rodar a la piedra. Sleep Well Beast es, entonces, una especie de carta al futuro, y así, que ojalá nos respondan los que pudieron entenderla.

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