domingo, 13 de enero de 2019

Tres historias de ciencia ficción y un disco

Desde el verano del año pasado tuve la oportunidad de abordar tres libros que hablan de ciencia ficción, que en este invierno, ya 2019, acabé de reseñar. Mi experiencia se completó cuando vi sus adaptaciones al cine. Las obras de la ciencia ficción a las que me estoy refiriendo son los gigantes del siglo XX «2001: Odisea en el espacio», «Yo, Robot» y «Crónicas Marcianas», mismas que fueron escritas por los también gigantes Arthur C. Clark, Isaac Asimov y Ray Bradbury.

Yo, Robot es una serie de relatos escritos a lo largo de diez años entre 1940 y 1950, y publicados por primera vez en un sólo tomo a finales de 1950. Este libro, y cada uno de sus relatos, son obra de Isaac Asimov, y nos presentan por vez primera sus tres leyes de la robótica, mismas que a continuación me permito enumerar:
Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
Un robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entrasen en conflicto con la primera ley.
Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.
Lo importante con respecto a esto, es que estas leyes han estado vigentes hasta nuestros días como referente acerca de lo que un robot debe y no debe hacer; llegando incluso a fundamentarse en ellas las leyes que gobiernan la inteligencia artificial.
Se trata, en todos y cada uno de los relatos, acerca de conflictos ocasionados para una máquina el cumplimiento de cada ley. Los relatos no se encuentran conectados de lo que se dice conectados, y con esto hago énfasis en que en realidad se pueden leer por separado en la dosis que uno desee, y también se pueden leer en el orden que a cada quién le plazca. No se encuentran conectados más allá de compartir personajes, una de ellas es Susan Robin, una experta mundial en robótica que, ya anciana, concede una entrevista a la prensa interplanetaria, que desde el futuro nos trae estos relatos del pasado a nuestro presente. También, como si fuera un programa de comedia, cada robot protagonista es un amasijo de defectos, que van desde ser uno de los primeros modelos en ser fabricados (como Robbie, un robot de compañía con la capacidad de congeniar con humanos), hasta ser máquinas demasiado sofisticadas y perfectas como para obedecer las tres leyes de la robótica.
Como queda constancia en algunas de mis reseñas anteriores en las que menciono a Isaac Asimov como uno de mis divulgadores científicos (por no achicar su campo) preferidos, ahora desde el punto de vista de narrador de relatos literarios y de ciencia ficción, nos deja ver a un escritor que cuida hasta el más mínimo detalle al momento de enlazar los relatos. Es algo que se valora mucho. Sin embargo, puede llegar a ser tedioso para el lector darse un recorrido por las largas que transcurren en torno a cómo se violan las leyes de la robótica, y esto llega a ser un trabalenguas, un acertijo y un vaivén en el que se discuten cada una de las variantes en las violaciones a las leyes. Pero es satisfactorio, para mí como miembro de la humanidad, saber que se lograron resolver las violaciones a las leyes de la robótica.
Bien, no es mi intención ahondar en cada relato, y es por esa razón que mejor pasaremos a la segunda parte de esto: la película.

Contrario a lo que se pueda sugerir con este título, en realidad «Yo, Robot», como película, no es una adaptación del libro homónimo, es más bien en una adaptación libro «Isaac Asimov’s Caliban» de Roger McBride Allen (en realidad yo tampoco lo sabía, investigué esto después de notar algunas inconsistencias entre el libro y la adaptación), en el que se combinan las tramas en un universo basado en Robot/Empire/Foundation como parte de las historias más relevantes de Isaac Asimov en el marco de la ciencia ficción. El título es en realidad sólo para acercarlo a alguno de los títulos de Isaac Asimov, dando esa falsa ilusión de pertenencia.
Si bien, en realidad la película también habla acerca de los conflictos de las máquinas con las tres leyes de la robótica, no habla de manera directa de los relatos que se tratan en el libro, pues es una historia completamente aparte, y se echan de lado a los personajes que sustentan el libro; desdeñan a la experta mundial en robótica Susan  Robin.
La película no es como el libro, y eso en verdad es algo que me aleja de considerarlo una adaptación. Es una buena película de parte de Alex Proyas como director, y por el hecho de contar con Will Smith como actor protagonista en la historia, facilita que todos hagamos un esfuerzo extra para que nos guste la película. El final de toda esta trama, se está un poco más cerca de resolver los errores que abundan en los robots para entender y aceptar en su sistema las tres leyes de la robótica.

Por último, es posible que cuando se refiera a «I, Robot», lo primero que llegue a la cabeza sea el disco de «The Alan Parsons Project» que se lanzó con el ligeramente modificado nombre de «I Robot». Es un punto intermedio en la cronología, que existe entre la publicación del libro y el estreno de la película, y sirve para resaltar más al libro. «The Alan Parsons Project» nos deja en este disco una serie de diez relatos musicalizados con los que se cubre la trama del libro. Yo no sé mucho de música, y tampoco les puedo hablar mucho de eso emocionándolos con lo que se debe escribir en la buena música, sin embargo es importante mencionar esta adaptación que sí le hace justicia al libro.




Cuando se refiere, por su parte, a «Crónicas marcianas», Ray Bradbury nos deja una historia joven, contemporánea con «Yo, Robot». Como escritor autodidacta, desde muy temprano él desarrollo su estilo, es por esto mismo que no existe mucho abismo si lo comparamos con «Fahrenheit 451» (la misma que es considerada por muchos como su máxima). En esta historia, los habitantes de la tierra comienzan a enviar las primeras misiones tripuladas a nuestro vecino planeta Marte con la intención de colonizarlo. Intercalados entre cada relato, Bradbury utiliza la elipsis para mostrarnos la manera en que los marcianos dan su punto de vista acerca de la vida en la Tierra en los instantes inmediatos anteriores a la primer expedición. En las primeras, todos mueren a manos de los marcianos, aunque los marcianos saben bien que los seres humanos seguirán llegando al planeta.
La primera expedición, al igual que la segunda, transcurrieron de manera lisa y llana, pero la que más llega a impactar es la tercera, donde se expone a los marcianos como crueles e inhumanos (a falta de un término mejor) al momento de aniquilar a los miembros de la tripulación. En la tercera expedición, los terrestres se hacen de una réplica de un auténtico pueblo norteamericano que se obtuvo de las memorias de los visitantes anteriores, para con esto engañar la memoria de los nuevos visitantes, haciéndoles creer que se han encontrado con sus seres queridos en un lugar que le sigue a la muerte. Los marcianos, haciéndose pasar por los seres queridos de los astronautas, se encargan de recibir a capitán junto con otras miembros de la tripulación, quienes son seducidos por los fieles recuerdos para después envenenarlos y dejarlos morir mientras duermen; todo fue un engaño, engaño que por la mañana dio como resultado enterrar 17 ataúdes.
De manera similar a lo que ocurrió en América con las conquistas de los ejércitos españoles, al concretarse la cuarta expedición, se descubre que los marcianos, al menos la mayoría de ellos, ha muerto a causa de la varicela, enfermedad llevada por las misiones anteriores. Continuando la analogía, los exploradores vandalizan los monumentos marcianos y una chispa de empatía llega a surgir en Spender, miembro de la tripulación, con el objetivo impedir que sus colegas sigan destruyendo el patrimonio anterior a ellos. Después de una enardecida discusión con el capitán Wilder, Spender muere por un tiro en el pecho, acabando así el último defensor de la cultura marciana.
A partir de este punto, los relatos empiezan con la narración de cómo fueron llegando las siguientes expediciones, cómo poco a poco los pequeños campamentos se fueron convirtiendo en asentamientos, pueblos y ciudades. Una vez que el planeta rojo se encuentra poblado, Bradbury empieza a tomar temas que son visibles en otros relatos suyos, como la censura hacia los escritores que se refleja en el cuento «Uscher II» como referencia a «La casa Usher» de Edgar Allan Poe.
De la misma manera, todos estamos seguros que la humanidad acabará destruyéndose a sí misma, estamos a 5 minutos del fin del mundo y no es de sorprender que ese fin del mundo pudo haber llegado en el ya lejano 2005, cuando por el éxodo masivo de vuelta a la tierra y la guerra nuclear, ambos planetas protagonistas se quedan casi desiertos. Una historia curiosa de esa época es la del vendedor salchichas que espera con ansias recibir a los terrícolas con el único puesto de salchichas en todo Marte. Marte se hace más solitario y las pocas personas que quedan no saben de la existencia de los demás, se creen dueños de Marte y de toda la cultura sobreviviente, sin embargo es mucho tesoro para un solo hombre. En «El picnic de un millón de años», que transcurre ocho años y un poco más desde esta fecha, una familia huye de la Tierra y en Marte se encargan de quemar todo recuerdo de las leyes y burocracia de la Tierra.
El autor desperdigó otros cuentos relacionados con las crónicas marcianas en otros de sus libros, sin embargo, hasta aquí, a grandes rasgos, son los que se toman en cuenta para los tres episodios de la serie televisiva que se lanzó con este mismo nombre. En la serie, los tres episodios concuerdan con el libro. La serie no está muy bien realizada, los actores no son los mejores y los escenarios, junto con el guión, son en realidad la mejor parte de la adaptación.

Por útlimo, en la tercera parte de esta reseña, les quiero hablar de la dupla Arthur C. Clarke/Stanley Kubrick que desarrolló todo un fenómeno en la ciencia ficción. Primero, C. Clarke se encargó de escribir «El Centinela», un pequeño cuento en el que se trata el descubrimiento de un objeto en nuestra Luna, el cual había sido dejado ahí hace eones por alguna civilización alienígena. El objeto estaba ahí, esperando a que alguna civilización de la Tierra diera su primer salto hacia el espacio y lo descubriera; era un objeto hecho con un mineral pulido y de forma piramidal, estaba rodeado por un campo de fuerza esférico, repeliendo el polvo lunar a la espera que llegara esta civilización, para que mutuamente anunciaran su descubrimiento a sus respectivas razas. Arthur C. Clarke escribió al respecto en el cuento: «Era sólo cuestión de tiempo antes de que nosotros encontráramos la pirámide y abrirla a lafuerza. Ahora sus señales han cesado, y aquellos que la dejaron ahí estarán volviendo sus mentes a la Tierra. Quizás ellos desean audar a nuestra infantil civilización. Pero ellos deben ser los mismos, muy viejos, y el viejo a menudo tiene celos del joven.»
Después de ser publicado en varias revistas, el libro llamó la atención de Kubrick como director, y entre ambos escribieron la novela «2001: Odisea en el espacio», el cual sirvió como base para elaborar el guión de la película homónima. Según Clarke, «El Centinela» es a una bellota como «2001: Odisea en el espacio» es a un roble.
Hablando ahora de la dualidad novela/libro, se tiene a «El Centinela» con algunos cambios como argumento central de la historia. Al inicio de la película (y del tiempo), llega un artefacto a la Tierra que empieza por interactuar con los simios homínidos, empieza por darles órdenes como una suerte de reto, buscando a la especie que tenga rastros de inteligencia. Al parecer es una búsqueda conjunta entre distintas naves por toda la Tierra y por todo el universo, y de manera súbita desaparece el artefacto desaparece. Después de descubrir ese objeto en la Luna, se rastrea la señal que envió el artefacto hasta una de las lunas de Júpiter. La misión parte en la nave Discovery el año 2001 con cinco tripulantes, tres de los cuales se encuentran en hibernación, lo que deja a los tripulantes David Bowman y Frank Poole como los únicos tripulantes despiertos, contando con su mutua compañía y la de HAL 9000: una computadora que a partir de aquí se convertirá en un ícono de la cultura popular. Las tareas de alimentarse, hacer ejercicio, ejercitarse y jugar ajedrez, hacen a este viaje una aventura monótona para estos dos personajes, aliviada acaso un poco por la comunicación con los familiares (con un retraso de 7 minutos por la distancia), además de las tareas propias de la nave. Súbitamente la antena que ayuda a mantener comunicaciones con la Tierra se avería y Bowman sale de la nave a repararla, sin embargo un análisis por parte de los tripulantes y del control de misión en la Tierra contradicen a la insistencia de HAL 9000 en el error. El error vuelve a a ocurrir después de que los tripulantes comenzaran a hablar de apagar la computadora, tras lo cual es Poole quien sale a realizar la reparación y es asesinado por HAL 9000. Bowman se encuentra con ánimos de venganza, por lo que camina hacia donde se encuentra el núcleo central de HAL para desconectarlo y una a una desconecta las tarjetas de memoria mientras HAL se hace cada vez más tonto, tras lo cual aparece una grabación en la que el Dr. Floyd explica cuál es la verdadera misión: investigar el origen de la señal proveniente de una de las lunas de Júpiter.
El viaje continúa y la vida monótona a bordo de la nave se hace cada vez más trivial al quedar Bowman como el único despierto en el Discovery. Él sale en una nave a investigar un enorme monolito que orbita Ío, una de las lunas galileanas hasta la cual se rastreó la señal. El monolito deja de parecer sólido y David se sumerge en un viaje en un viaje psicodélico, en el que por la velocidad supeluminica percibe el efecto Doppler en los cambios cromáticos a lo largo de su viaje. Al final de ese viaje se encuentra en esa habitación, ya sin el traje de astronauta, y vistiendo una bata de baño de color verde olivo. Frente a él hay un espejo, y en él se ve cada vez más viejo hasta que de súbito se transforma en un feto en una esfera transparente sobre la cama, y se desvance la escena hasta quedar flotando en el espacio sideral sobrela Tierra, con lo que la película acaba con el mismo «Also Sprach Zarathustra» de Strauss con el que inició.
Mi experiencia de otro planeta me muestra que, si algún rasgo comparten los escritores de ciencia ficción, es que eran muy optimistas con nuestra posición en el futuro/presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario