martes, 4 de febrero de 2020

Y retiemble en sus centros la Tierra

Inicié el año leyendo una novela que fue todo un descubrimiento. Yo no conocía a Gonzalo Celorio, y tras leer la contraportada del libro, me doy cuenta que este catedrático de la UNAM cuenta ya con otras novelas publicadas. Las sorpresas aumentaron cuando me adentré en las páginas de la historia.
El personaje principal es el Doctor Juan Manuel Barrientos, es un profesor de la facultad de filosofía y letras que es un erudito aficionado a los bares y cantinas, los libros, la historia y las mujeres (incluyendo a sus alumnas). Según tengo entendido, el personaje se coló en la novela, procedente de otra novela publicada del autor: Amor propio, y hasta donde mi comprensión me permitió entender, no es necesario haber leído la otra novela para comprender el desarrollo de la historia.
Y retiemble en sus centros la Tierra se puede leer como una guía de viajes de la mano de un local de la misma capital hacia los recovecos más escondidos, de los bares y de las cantinas, de las calles y callejones, de los edificios y las personas. Otra dirección en la que veo el libro es como un manual de la manera en que se beben los diferentes brebajes alcohólicos, o un instructivo para realizar un viacrucis (manera en que se refieren en Madrid a un recorrido por las cantinas), porque cada capítulo corresponde a una estación del viacrucis bíblico.
El Doctor Barrientos había acordado encontrarse con sus alumnos para iniciar el recorrido, pero llega temprano al Salón La Luz y se ve obligado a comenzar él solo el itinerario, con la esperanza de que en el camino se le peguen sus acompañantes; en su sendero afloran de su mente los fantasmas de sus recuerdos, de su más profunda infancia hasta la misma mañana; de su mente afloran tribulaciones de lo que hará cuando lleguen sus alumnos, cuando llegue Ximena y después cuando queden solos ellos dos y todos se hayan ido.
A la par que transcurre esta historia, una trama de muerte corre en sentido contrario de manera paralela y una historia de amor surge en la orilla de la línea del tiempo con un ímpetu que se desarrolla hasta adelante por no sé cuánto tiempo.

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