Arcade Fire – Reflektor (2013)
También lo sé, The
Suburbs es mejor. Pero, mi razón también aquí es válida. Arcade Fire nunca
alcanzó un nivel de concepto intelectual (más que narrativo, como pasa en los
otros tres discos) ni una producción tan refinada e innovadora como en Reflektor.
James Murphy aquí hace su trabajo impecablemente y la da un respiro al Pop
barroco que la banda pudo haber empezado a desgastar después de repetir la
fórmula. Los temas sobre enajenación de masas, sobre la hipocresía de las
personas en el día a día y sobre un mundo en crisis lo vuelve un álbum difícil
de escuchar. Aunque, eso sí, deja espacio para cierto optimismo en un mundo en
llamas como en “Afterlife” o “I’ts Never Over (Oh Orpheus)”. Y aunque el método
funcionó de maravilla, fue precisamente la repetición desmedida lo que hizo de Everything
Now no sólo el peor disco de la banda, sino que la posibilidad de tener a
Thomas Bangalter produciendo no es garantía de no volverte una parodia de ti
mismo. Aun así, que no paguen justos por pecadores, Reflektor es una
belleza.
Pistas Favoritas: “Reflektor”,
“We Exist”, “Normal Person”, “Joan of Arc”, “Afterlife”.
Reseña original en el Blog.
Reseña original en el Blog.
Jack White – Lazaretto
(2014)
Jack White siempre ha
sido un purista que ve primero por la música y luego por todo lo demás. Desde
sus tiempos dorados con los White Stripes ha intentado llevar su arte a lugares
más allá de los que la industria y los convencionalismos le permitieron. No sólo
tienen sus influencias claras, las deja pulcras para que su música se vierta en
ellas y sea una parte cruda que el rock sigue necesitando en estos años. La
producción analógica a veces tan lo-fi es no sólo una declaración de
principios, nos recuerda que la tecnología si sirve para algo es para
revitalizar y no para enajenar. Lazaretto fue una prueba concluyente de
que White no sólo estaba en un punto cumbre en su madurez como compositor, sino
de que la creatividad ya no residía en adjetivos o etiquetas como “indie rock”.
Eran compositores en solitario que hacían valer precisamente los estándares que
el Rock estaba perdiendo como género masivo. La amalgama Country, Blues, Hard
Rock, Folk, Punk y hasta Hip Hop aunado a sintetizadores y efectos de guitarra
abrumadores no sólo lo lanzaron a una experimentación más que necesaria, nos
regaló la caja de Pandora de las posibilidades a todos nosotros para siempre
escuchar y siempre encontrar cosas distintas en cualquier momento. Lo que hace
clásicos a los clásicos, por supuesto que sí.
Pistas Favoritas: “Three
Women”, “Lazaretto”, “Would You Fight for My Love?”, “The Black Bat Licorice”, “I
Think I Found the Culprit”.
Telescopios – Doble de
Riesgo (2018)
La verdad sea dicha, no
fue una muy buena década para el Rock latinoamericano. Se habló mucho del
estancamiento de la escena frente a las propuestas de todos los demás países. Y
es que no fue un problema de crear música por toneladas, porque hubo, y
muchísima, fue más bien un problema de originalidad. Durante todos estos años
las bandas latinoamericanas se dedicaron a prácticamente imitar (porque ni
siquiera emular) a las bandas que estaban saliendo del Indie rock
internacional. Por ende, fue muy complicado encontrar propuestas con cierto
grado de creatividad genuina y con un sello de identidad asociado a su contexto
geográfico. Eso siempre se agradece cuando sucede, como ocurrió cuando me topé
con Doble de Riesgo de los argentinos Telescopios. Un disco con un éxito
menor que no ha sonado para nada aquí, pero que es una obra concreta y completa
de principio a fin. Con tan sólo 31 minutos (ve la referencia, Cap, por favor),
tiene prácticamente todo lo que un disco clásico debe tener. Existe una primera
fase en la que la influencia de Tame Impala es más que obvia, con canciones
llenas de espacio, reverberación y capa tras capa de sintetizadores, para dar
paso a una más experimental pero que no harta porque dura precisamente lo
necesario para simplemente sentar el giro hacia un nuevo lugar. Son canciones
cortas pero que llegan directo al punto, con un eclecticismo que ya quisiera
tener cualquier banda “progresiva” de por aquí. Hay reggaetón en “Tus Amigos de
la Cia”, el post punk cálido de “La Párticula de Dios”, un beat inmenso casi de
Hip Hop en “Androides” y la oscuridad necesaria en “Año Nuevo”. Y mientras la
música experimenta interminablemente, las letras se vuelven crudas y reales
sobre el hastío y la enajenación del hombre moderno. Un tratado sobre lo que un
álbum debe tener y decir, y que no sólo apela a esta época, sino que se deja
escuchar perfecto en cualquier momento y con la impresión de una vejez
agraciada. Ojalá nos toque verlos por aquí pronto, que un aire fresco (rollin’
down the window) ya era más que necesario para la música cantada en
español.
Pistas Favoritas: “Viña
del Mar”, “Tus Amigos de la Cia”, “La Partícula de Dios”, “Año Nuevo”, “Se
Quebró en la Vida Real”.
Kids See Ghosts – Kids
See Ghosts (2018)
La década debió ser muy
complicada para Kanye. Pero, descontextualizando un poco todos estos años para
él, el 2018 fue sin duda el más caótico. En la época de la viralización
digital, Kanye decidió volverse su mejor retrato y su parodia al mismo tiempo y
en la misma proporción. Nadie había hablado tan abiertamente de su salud mental
como lo hizo cuando lanzó Ye, ni fue blanco de críticas por cuestiones
políticas cuando habló abiertamente sobre su apoyo a Trump. Entonces, a eso
aunémosle el tren bala que fue publicar un disco producido por él cada semana
durante medio mes de Mayo y todo Junio de ese año. Kanye estaba en un pico de
creatividad que no tenía desde hacía mucho tiempo y, aunque no todos los discos
fueron tan buenos, como el de Nas, hubo otros más modestos como el de Teyana
Taylor y el Ye, y otras obras maestras como el Daytona de Pusha
y, obviamente el Kids See Ghosts. Es sabido ya que todos duran menos de
treinta minutos, algunos apenas pasan los veinte, pero, logran algo
inigualable, y es que se vuelva la experiencia de un álbum de forma completa en
tan poco tiempo. Están contenidos en sí mismos, son concretos, y no les falta
ni les sobra nada. Por eso, el Kids See Ghosts figura por sobre todos
los demás, porque tiene un nivel de oscuridad y de eclecticismo que nadie tuvo
en ese año. Casi podríamos decir que la grabación en general ni siquiera es Hip
Hop como tal. Hay partes pesadas como “Freee” y samples grunge como en “Cudi’s
Montage”. Momentos tan abrasivos y tan perfectamente bellos como el intermedio
de “Feel the Love” y otros tan enajenantes como “Kids See Ghosts”. De las
mejores cosas que ha hecho Kanye, en años en los que cayó de la gracia de
muchos al ganar la de Dios. Pero esa es otra historia.
Pistas Favoritas: “Feel
the Love”, “Fire”, “Reborn”, “Kids See Ghosts”.
Leiva – Monstruos (2016)
La esencia clásica del
rock guitarrero está un poco perdida. No que no exista, en verdad es que no
sabemos dónde está. Por eso, cuando Leiva inició una carrera solista en el
2012, creo que teníamos más qué agradecerle, incluso sino supiéramos de quién se
trataba. Pereza siempre fue una banda impresionante dentro del rock
iberoamericano. Tenían una dosis intravenosa de indiferencia ante las poses que
ahora más que nada nos hace falta. Así, Leiva sale después de la disolución y
comienza una jornada un poco más modesta con Diciembre. Y, a medida que
fue incrementando en soltura con su propio mensaje, en Monstruos llegó a
una madurez que le permitió ser dueño ya de su bagaje musical. Este disco tiene
una historia conmigo muy arraigada, desde el momento en el que escuché los
primeros acordes en Palermo No Es Hollywood supe que estaba escuchando
uno de mis discos de cabecera para mucho tiempo más. Porque con ese “Al otro
lado de las vías estoy, el Sol se esconde, Palermo, Hollywood, siempre es de
noche”, había algo que me remontaba a la impresión que tenía cuando
escuchaba música de niño. Fue un balde de agua fría en tiempos en los que creía
que lo había escuchado todo. Nos saturamos de música tan complicada y tan
extravagante, que escuchar un álbum sincero como este siempre es un choque
frontal contra el auto de las primeras impresiones. Sin embargo, fuera de lo
personal, el disco tiene una de las virtudes que casi ninguna de las otras
grabaciones que conforman esta lista tiene: la melodía es su pilar fundador, la
piedra angular. Los coros y los versos se cantan como las mejores canciones
clásicas, porque Leiva tiene una habilidad rara para escribir melodías en los
compositores de ahora. Se incrustan en la cabeza y no salen por días. Con coros
como “te quiero cuando me destrozas, te quiero con indecisión”, que
dejan a cualquier pulmón seco de aire, hay todavía un amor por los versos
cantables que yo creía que se había perdido. Una grabación de rock puro, sin
pretensiones, sin interés de nada más allá de la música misma. El arquetipo
perfecto de una piedra rodante, en medio de un pantano de música perecedera.
Pistas Favoritas: “El Último
Incendio”, “Sincericidio”, “Hoy Tus Ojos”, “San Sebastián – Madrid”, “Palermo
No Es Hollywood”.
Café Tacuba – El
Objeto Antes Llamado Disco (2012)
Cuando Café Tacuba lanzó
Sino en el 2007 había algo en él que dejaba un poco qué desear. No me
malentiendan, es un disco que yo tengo muy cerca en mi santoral de música.
Pero, viendo la carrera de la banda de forma global, parecía ser el único
disco, desde el debut, que no aportaba un toque de innovador en su trayectoria.
Entonces, cuando sale El Objeto cinco años después, parecía que teníamos
algo de qué hablar después de todo. El cambio de sonido volvió a ser radical, y
nos deja no sólo su disco más corto hasta la fecha, sino uno de los más
intrigantes y accesibles al mismo tiempo. Con crossovers inesperados como la
emulación electrónica de Quilapayún y la canción latinoamericana en “Olita De
Altamar”, hasta la decadencia brillante en “De Este Lado del Camino”. Café
Tacuba siempre ha tenido un papel creador en la escena latina más importante
del que usualmente se le da. Y, a pesar de los años, con El Objeto
demostraron que siguen explorando. Y eso siempre se agradece.
Pistas Favoritas: “Andamios”,
“De Este Lado del Camino”, “Olita de Altamar”, “Tan Mal”, “Volcán”.
Nicolas Jaar - Sirens (2016)
Nicolas Jaar tuvo un papel mucho más importante en el
sonido de esta década del que usualmente se le da. No sólo creó un estilo
propio muy particular inspirado en los compositores vanguadias del siglo XX y
en el House de los noventas, también acercó una electrónica muy oscura o
restringida a un úblico muy reducido a una popularidad de la que pocos
productores gozaron en estas épocas. Desde su Space is Only Noise logró
crear estructuras minimalistas en ritmo y armonía pero infinitamente ricas en
texturas y contrastes. Sin embargo, aunque parecía la banda sonora de una
película negra por demás europea y de culto, fue en Sirens en
donde encontró su mejor momento de musicalidad y de concepto. Nicolas Jaar es
estadounidense hijo de chilenos, con mezcla entre Francia y el Medio Oriente en
sus venas. Existe una pluriculturalidad en Sirens que Jaar
nunca había hecho patente. Mientras que, al mismo tiempo, paralelamente vierte
una queja velada a la cultura estadounidense. La portada ya de por sí es una
queja velada, con una toma de Times Square un poco difusa y en la que se puede
leer a la mitad: "This is Not America". La respuesta clara es de un
Jaar atado a muchos lugares a la vez, desde Francia, un Nueva York que le
tendió sus brazos para inmiscuirse de lleno en la electrónica, y un Chile muy
arraigado en costumbres y a un pasado político convulso. La dictadura militar
de Augusto Pinochet es algo que se retoma y se desmenusa desde el punto de
vista de un ciudadano de a pie cuando dice: "Y fue ese día que yo
me vi a mí mismo en veinte años, y nada cambia, no nada cambia [...] por
estos lados." Cuando efectivamente en Chile ganó el referéndum
por el No a ocho años más de dictadura, la postura política de un
"No" fue mucho más que poderosa. Nicolas Jaar toma este mensaje y lo
recrea mediante una pista que no sólo tiene la única letra cantada por él en
español del disco, lo hace de la forma latina más lógica en estos tiempos: con
Reggaetón. Peor no me malentiendan, no es ni de cerca el Reggaetón que se
acostumbran los fines de semana, más bien es algo parecido a lo que yo
llamaría, un Micro-reggaetón. Tiene el ritmo y la cadencia, pero
está tan vertido en filtros y tiene un enfoque tan mínimo y tan experimental
que lo aleja por completo incluso de la música urbana menos comercial. Jaar
juega con el ritmo sincopado para introducir a un eclecticismo a su manera,
mediante la mezcla de ritmos y técnicas de producción completamente ajenas una
de la otra. Una de las ventajas que tuvo Sirens con respecto a
su anterior trabajo fue el uso desmedido de pasajes sonoros varios. La
introducción de "Killing Time" ya es de más de diez minutos y
contiene al menos tres partes muy bien definidas. Espejos rompiéndose en un mar
de arpegios de piano lo vuelven una sacudida inesperada, mientras que el nuevo
tratamiento a la voz de Jaar como instrumento fundamental para la atmósfera se
vuelve protagonista en la última parte, cuando parece que canta como,
efectivamente, una sirena. Los tempos son lentos y la atmósfera
gélida y sombría la mayoría del tiempo. "A Coin in Nine Hands" es una
parte importante ya que mantiene el lado menos experimental y al mismo tiempo
el más político, con una historia y crítica sobre las invasiones en oriente
medio. Casi para finalizar (la verdad es de que aquí termina la edición
original), "History Lesson" toma una canción bastante convencional y
la rehace al estilo de Jaar con un solo de guitarra inesperado. Y, ahora sí,
"America! I'm for the Birds" viene a terminar la edición completa con
un loop de batería y de piano eléctrico hipnótico, y tranquilizador. La voz de
Jaar una vez vuelve a tocar el tema de su extraña relación con la cultura
americana cuando dice "The reason we don't see you, the reason's
just a sound. But you don't know you'r just a sound [...] It's
not complicated, I'm for the birds, not for the cages".
Quizás uno de los mejores álbumes de Electrónica de esta década. Se toma a su manera, como desde el principio dice en "Killing Time": "He was just building his own sense of time. He was just building... time." El tiempo funciona diferente aquí, sin relojes, sin estaciones. Y un álbum perfecto.
Pistas Favoritas: "Killing Time", "A Coin in Nine Hands", "No", "History Lesson", "America! I'm for the Birds".
Kanye West – My
Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)
Una vez más, no hay mucho
sobre My Beautiful Dark Twisted Fantasy que no se haya dicho ya. Aquí la
cosa cambia, un poco. Porque no hay forma de entender al Hip Hop moderno sin este
disco. Básicamente moldeó toda la tendencia, la forma de producir, y las
temáticas que iban a tener los discos de Rap en esta década. No hay un Drake,
un Kendrick, Travis Scott, Tyler, Frank Ocean, Chance, Migos, Nicki Minaj, y la
lista sigue, sin este álbum. Kanye llevó hasta el límite la capacidad de
producir algo y lo volvió su mejor disco hasta la fecha. Hay tratados completos
sobre la sociedad actual de menos de cuatro minutos, como “Power” y “Lost in
the World”. Las letras se vuelven crudas, pero como se mezclan con una
producción maximalista y refinada hasta los rincones, se dejan escuchar
como una carta al futuro. Está claro que el Kanye que conocemos actualmente
nace aquí. Después de su afrenta con Taylor Swift, el exilio lo hizo regresar
recargado para dejar su declaración de principios más importante de años
recientes. No escatima en recursos musicales, y los lleva hasta su última
consecuencia. Y, también, lleva sus letras hasta este nivel. “Dark Fantasy”
sigue siendo la mejor introducción que escuché en estos años. Porque aparte de
ser sincera, deja claro que las debilidades y flaquezas deben formar parte de
nuestro menú para utilizarlas como nuestro mejor escudo. A partir de aquí, casi
me atrevo a decir que los discos siguientes de Kanye son notas al pie de página
de MBDTF. Toma ciertos elementos y los extiende. Y, siguiendo esta
lógica, sigue siendo su álbum más completo. Tiene todo y sigue siendo una
fuente de inspiración infinita para todos nosotros. O eso me gusta creer.
Pistas Favoritas: “Dark
Fantasy”, “Power”, “All of the Lights”, “Monster”, “Lost in the World”.
Bring Me The Horizon – That’s
the Spirit (2015)
Yo siempre fui muy
renuente al Metalcore. Más bien a todo lo que terminara en core. Tampoco
fui muy metalero en años pasados. Lo mío era cierta afición hacia algunas
bandas, cortesía de mi maestro de guitarra cuando intenté aprender a tocar un
instrumento. La versatilidad no es una característica muy común en ninguna de
esas dos vertientes, la verdad. Sus instrumentales suelen ser bastante
predecibles, pero eso es precisamente lo que pudiera gustarnos. Durante toda
esta década el Metal estuvo bastante falto de evolución. Las bandas clásicas se
habían estancado, cuando no muerto, en un sonido ya muy gastado, mientras que
las nuevas apun estaban intentando definir un sonido en medio de un panorama
musical muy incierto. En estos años de “tómalo o déjalo” usualmente lo dejaban.
No es para menos, más allá de buscar nuevos escuchas, las bandas de rock pesado
se fueron marginando cada vez más, haciendo la brecha entre ellos y el público
en general mucho más distinguible.
Cuando en el 2013 Bring Me The Horizon se armó de valor para llevar más allá lo que habían alcanzado en su oscuro There is a Hell…, las cosas parecían claras y sin tanto rodeo. Iban a ser una muy buena banda de Metal, moderno y bastante fresco. Sin embargo, la sorpresa vino cuando dos años después tuvimos el gusto de escuchar un That’s the Spirit que contra todo pronóstico se volvió su disco más controvertido. Por muchas razones, pero la primera y más importante: era exactamente lo opuesto a lo que Bring Me The Horizon había hecho casi diez años atrás con Count Your Blessings. Cuando lo escuché “Happy Song” por primera vez fue muy curioso. Había pasado ya un año del lanzamiento y sin embargo no paraban de hablar de él en redes sociales. Eran como un My Chemical Romance de esos años. Entonces, si uno escucha esa canción en particular, encontramos que a la mitad hay un sintetizador en bucle, modulando, distorsionado y yendo de arriba abajo como un columpio. Ahí fue donde me di cuenta de que estaba ante terreno no sólo desconocido, estaba ante una mina de oro que se abría ante mis ojos. Esto último quizá sea exceso de adulación, pero denme una oportunidad de redimirme. La verdad es un disco muy bien hecho. Desde “Doomed”, con un intro a lo Trip hop, y un bajo sintetizado en una secuencia muy acorde a la atmósfera, podemos escuchar que no será un disco de rock con tintes más bien fariseos del pasado, desde el primer minuto es un disco moderno en todo sentido. Oliver Sykes hace sus líneas con voz limpia, por completo, abandonando las voces guturales de discos pasados, y da una introducción a lo que él llamó “una celebración de la depresión”. Desde el coro ya hay mucha más esperanza que en sus discos anteriores, y el optimismo, aunque más bien entre líneas, se deja ver de alguna u otra manera. Los pasajes épicos y los coros hechos para estadios se funden en un disco gigante. Pistas como “Throne” o “Avalanche” fueron hechas para cantarse enfrente de grandes masas, su encanto reside precisamente en el dinamismo que tienen para hacerse no sólo accesibles, sino para sentir que una y otra vez las escuchamos por primera vez. La controversia también vino con varias canciones, dos en particular. Hasta hace muy poco entendí por qué “Follow You” ocupa el lugar en el tracklist que le corresponde, aparte de ser una balada, es lo más lejano que la banda ha hecho de cualquier clase de rock pesado. “Follow You” es una balada pop, así tal cual. Pero, eso sí, una balada pop muy bien hecha. Con sólo tres acordes logra crear un tono y un ambiente inmejorables que en cualquiera de las power ballads que salieron en esta época. La voz de Sykes cambia por una más lúgubre y fatalista, con un coro que intenta redimir al amor en momentos complicados. Hasta ese entonces era su pieza más comercial, Amo llegó a decirnos precisamente lo contrario. La otra canción controvertida fue “Oh No”, la canción “Anti-dance” que hicieron para cerrar el disco. La letra me mercó demasiado cuando la escuché, porque, aunque quizás no diga mucho, la moraleja es bastante sencilla, debemos dejar de buscar la diversión en lugares que ya no corresponden. “So be careful what you wish for” sigue siendo un buen mantra para la adultez.
La producción aquí llegó a alturas nunca antes pisadas. Oliver Sykes y Jordan Fish hicieron un trabajo impecable puliendo y entregando estas canciones. Una nota también para la alta fidelidad que era tan necesaria en una grabación de rock. Un crítico, de una revista que no recuerdo, dijo que quizás fuera la mejor declaración de rock en esta década, y aunque aquí este disco brilló por su ausencia en lo mejor de los 2010s, la verdad es que al menos deberíamos dejarle el beneficio de la duda a esa afirmación. Su influencia y su legado sin inmejorables aún hoy día.
Pistas Favoritas: “Doomed”,
“Happy Song”, “Follow You”, “Avalanche”, “Oh No”.
Daft Punk – Random Access
Memories (2013)
Para principios de la
década la tendencia estaba más que clara. La época Disco y los sonidos
ochenteros estaban de regreso. Y aunque las cosas dieron un giro inesperado
hacia el Trap muy dramáticamente, se quedó cierta parte de su esencia un poco
escondida en las canciones del final. Sin embargo, muy a pesar de eso, la alta
fidelidad que era tan característica de las grabaciones de aquellos años era una
de sus mejores virtudes, la producción y su calidad bajó hasta niveles que ni
James Cameron en un submarino podría alcanzar. Le electrónica estaba pasando
por su peor momento desde su concepción hacía ya casi veinte años, con el auge
del EDM, DJs como David Guetta, Avicii, los Swedish House Mafia, Martin Garrix
o Skrillex, lograron popularizar el género a costa quizás de su propia esencia.
La revolución electrónica que se creó durante los finales de la década pasada y
los principios de esta inundó la radio a niveles insoportables. El ritmo era el
mismo, las líneas melódicas eran prácticamente iguales, no había mucha creatividad
de por medio y aunque era música, por momentos ni siquiera daban ganas de
hacerlo, las canciones estaban tan carentes de vida como nunca. Hubo pioneros
en este sonido que rehicieron fortunas produciendo o sumándose directamente a
la fórmula, otros duraron muchos años en silencio. Daft Punk es famoso por su
hermetismo, por las escasas o nulas fotos que hay de ellos sin los cascos, o
por sus esporádicas apariciones en público. Y de todos los que guardaron silencio
entonces, el que quizás más brillaban por la añoranza, eran precisamente ellos.
Daft Punk con tres discos y un concierto habían creado lo que ninguna banda
logra con veinte o treinta. Revolucionaron el género al menos dos veces, y crearon
un estándar para las voces robotizadas para la posteridad. Kraftwerk también lo
hizo, claro, pero la encarnación moderna se la debemos a estos dos. Con Homework
entregaron la parte pop de un género que aún se mantenía underground y que era
marginado a salones de baile para minorías. Los ritmos pegajosos y los
sintetizadores a veces minimalistas a veces abrasivos confluían en perfecta
armonía para dejarnos más que satisfechos. Discovery fue la refinación
pura, con el Synth pop y el Disco más patente que nunca como pilar de fondo,
los clásicos están aquí y aún hoy suena moderno. El Alive 2007 vino a “reparar”,
por decirlo de alguna forma, lo polarizador que había sido un Human After All
crudo y sin miramientos. Skrillex dijo que ese concierto en Coachella había prácticamente
creado la estética del EDM moderno, las luces, las pantallas, lo gigantesco del
espectáculo. Y después de un tiempo, nos dejaron con más preguntas que
respuestas, y un mar de dudas. El futuro se veía incierto para el dúo.
Entonces, la campaña publicitaria más setentera que uno pudiera imaginar empezó
a emerger de ciudades clave. Espectaculares con la mitad de los cascos y el
sello de Columbia Records, poco a poco fue saliendo más información relacionada
con nueva música. Y así, Random Access Memories vio la luz. Cuando lo
compré, los discos salían los martes todavía, y desde el primer segundo supe
que no iba a ser parecido a lo que había escuchado antes. El intro subí de
inmediato a otro plano que no esperaba, “Give Life to Music” es una de las
mejores introducciones que he escuchado nunca. Las guitarras, los sintetizadores,
la batería tan perfectamente grabada y mezclada, la parte técnica ya sonaba a
obra de arte.
Random Access Memories vino a probar en esos años que la mecanicidad de las composiciones en la música electrónica estaba desgastando al género de formas incontrolables. Con pistas tan atronadoras y exquisitas como “Giorgio By Moroder” y “Contact”, la alta fidelidad estaba de regreso y, a mi parecer, nunca volvió como aquí. Sí veo con un poco de desdén que este disco fue el único intento de verdad por regresar a la producción fina. Jack White, Danger Mouse, Adrian Younge y demás productores aún intentan utilizar la parte análoga lo mejor que pueden, pero nunca una parte tan orgánica como lo fue la instrumentación en vivo sonó tan bien como en RAM. El estilo viaja entre Fleetwood Mac y los Eagles, hasta Chic y los mismos Blondie. La parte Funk y Disco suena inmejorable y más allá de ser una apropiación cultural, lo que sea que eso signifique, la revitalización es impresionante. Desde las líneas “let the music in tonight, just turn on the music, let the music of your life, give life back to music”, el objetivo es claro. Porque, aunque está cantada mediante vocoders, hasta las voces procesadas suenan mucho más humano que cualquier cosa que intentaron los DJs y productores hasta entonces. Piezas lentas y contemplativas como “The Game of Love” o “Instant Crush” manejan la montaña rusa que debe ser un disco así de la mejor manera. El logro de Daft Punk fue crear quizás su obra más ambiciosa, en cuanto a producción y a composición, y aún así salir triunfantes sin un rasguño. La colaboración con Julian Casablancas resultó ser mejor de lo que esperaba, Pharrell no abruma tanto con su falsetto, y hasta Panda Bear y Todd Edwards hacen un buen regreso a las grabaciones de Daft Punk. La orquesta se vuelve el ingrediente final para volver precisamente a un disco que intentó caracterizarse por su grandilocuencia, ambición y epicidad, en una obra magistral. Dramática como una película, se mueve y cuenta historias sin necesidad de tener letra. Casi de la misma manera que hizo de Interstella 5555 la adaptación lógica para un disco también cinemático.
Una grabación robusta que permeó en influencia más de lo que los críticos han admitido, la verdad este disco brilló por su ausencia en las listas de las mejores grabaciones. También es un reflejo de los tiempos que corren y de la percepción que le dan al consumo musical. Mientras que las revistas dan preferencia al torbellino de música que es un poco más digerible en estos días, las cosas complejas y meticulosas tienen su lugar, pero no del todo. Los mejores discos de esta década, según los críticos, no se caracterizaron por tener una producción compleja, o refinada, más bien es por el mensaje. Con todo y que a veces el mensaje no está muy claro tampoco, lo visceral pero intrascendente se volvió objeto de adoración por los fanáticos, que buscaban un mensaje aparentemente intenso y profundo en obras que quizás eran sólo reflejo en un rush-of-blood-to-the-head y un momento de inercia y efusividad que de un mensaje verdadero.
La década marcó la pauta
para esta clase de mensajes, perecederos como todo lo que es desechable, y
reciclables como todo lo que se hace simplemente para imitar. Por eso, cuando Random
Access Memories salió a la luz, agradecí muchísmo la idea de que alguien
todavía se preocupara por los oídos del consumidor, aunque, es verdad, el 2013
se ve tan lejano como en un año se verá este escrito. Daft Punk nos entregó un
álbum, un cuerpo de trabajo concreto y contenido en sí mismo, más allá de
sencillos comerciales, de colaboraciones pedantes. Lo último que hemos
escuchado de ellos, no hubo un Alive 2017, ni una adaptación cinematográfica
como sucedió con sus anteriores trabajos. No sabemos qué esperar, pero ya
esperar es algo.
Pistas Favoritas: “Give
Life Back to Music”, “Giorgio By Moroder”, “Instant Crush”, “Beyond”, “Contact”.
La música revivió por un
segundo, y será suficiente al menos por los años venideros. Hasta que nos toque
escribir una vez más qué vimos y que nos hizo rememorarla, dentro de otros diez
años.
Ojalá así sea.
Hasta
entonces.
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