martes, 28 de enero de 2020

Los 20 Discos Favoritos de la Década por El Joaqui - Parte 2

Siguiendo con la programación de mis discos favoritos de la década. Les traigo la segunda y última parte de esta lista. Aquí me doy el lujo de escribir largo y tendido. El Rock iberoamericano tiene más presencia, y también está mi disco favorito de la década. Al final les dejo una paylist en Spotify para que disfruten un poco las que fueron mis canciones favoritas de estas grabaciones. Entonces, sin más qué decir por ahora, sigamos.




Arcade Fire – Reflektor (2013)
También lo sé, The Suburbs es mejor. Pero, mi razón también aquí es válida. Arcade Fire nunca alcanzó un nivel de concepto intelectual (más que narrativo, como pasa en los otros tres discos) ni una producción tan refinada e innovadora como en Reflektor. James Murphy aquí hace su trabajo impecablemente y la da un respiro al Pop barroco que la banda pudo haber empezado a desgastar después de repetir la fórmula. Los temas sobre enajenación de masas, sobre la hipocresía de las personas en el día a día y sobre un mundo en crisis lo vuelve un álbum difícil de escuchar. Aunque, eso sí, deja espacio para cierto optimismo en un mundo en llamas como en “Afterlife” o “I’ts Never Over (Oh Orpheus)”. Y aunque el método funcionó de maravilla, fue precisamente la repetición desmedida lo que hizo de Everything Now no sólo el peor disco de la banda, sino que la posibilidad de tener a Thomas Bangalter produciendo no es garantía de no volverte una parodia de ti mismo. Aun así, que no paguen justos por pecadores, Reflektor es una belleza.

Pistas Favoritas: “Reflektor”, “We Exist”, “Normal Person”, “Joan of Arc”, “Afterlife”.

Reseña original en el Blog.




Jack White – Lazaretto (2014)
Jack White siempre ha sido un purista que ve primero por la música y luego por todo lo demás. Desde sus tiempos dorados con los White Stripes ha intentado llevar su arte a lugares más allá de los que la industria y los convencionalismos le permitieron. No sólo tienen sus influencias claras, las deja pulcras para que su música se vierta en ellas y sea una parte cruda que el rock sigue necesitando en estos años. La producción analógica a veces tan lo-fi es no sólo una declaración de principios, nos recuerda que la tecnología si sirve para algo es para revitalizar y no para enajenar. Lazaretto fue una prueba concluyente de que White no sólo estaba en un punto cumbre en su madurez como compositor, sino de que la creatividad ya no residía en adjetivos o etiquetas como “indie rock”. Eran compositores en solitario que hacían valer precisamente los estándares que el Rock estaba perdiendo como género masivo. La amalgama Country, Blues, Hard Rock, Folk, Punk y hasta Hip Hop aunado a sintetizadores y efectos de guitarra abrumadores no sólo lo lanzaron a una experimentación más que necesaria, nos regaló la caja de Pandora de las posibilidades a todos nosotros para siempre escuchar y siempre encontrar cosas distintas en cualquier momento. Lo que hace clásicos a los clásicos, por supuesto que sí.

Pistas Favoritas: “Three Women”, “Lazaretto”, “Would You Fight for My Love?”, “The Black Bat Licorice”, “I Think I Found the Culprit”.



Telescopios – Doble de Riesgo (2018)
La verdad sea dicha, no fue una muy buena década para el Rock latinoamericano. Se habló mucho del estancamiento de la escena frente a las propuestas de todos los demás países. Y es que no fue un problema de crear música por toneladas, porque hubo, y muchísima, fue más bien un problema de originalidad. Durante todos estos años las bandas latinoamericanas se dedicaron a prácticamente imitar (porque ni siquiera emular) a las bandas que estaban saliendo del Indie rock internacional. Por ende, fue muy complicado encontrar propuestas con cierto grado de creatividad genuina y con un sello de identidad asociado a su contexto geográfico. Eso siempre se agradece cuando sucede, como ocurrió cuando me topé con Doble de Riesgo de los argentinos Telescopios. Un disco con un éxito menor que no ha sonado para nada aquí, pero que es una obra concreta y completa de principio a fin. Con tan sólo 31 minutos (ve la referencia, Cap, por favor), tiene prácticamente todo lo que un disco clásico debe tener. Existe una primera fase en la que la influencia de Tame Impala es más que obvia, con canciones llenas de espacio, reverberación y capa tras capa de sintetizadores, para dar paso a una más experimental pero que no harta porque dura precisamente lo necesario para simplemente sentar el giro hacia un nuevo lugar. Son canciones cortas pero que llegan directo al punto, con un eclecticismo que ya quisiera tener cualquier banda “progresiva” de por aquí. Hay reggaetón en “Tus Amigos de la Cia”, el post punk cálido de “La Párticula de Dios”, un beat inmenso casi de Hip Hop en “Androides” y la oscuridad necesaria en “Año Nuevo”. Y mientras la música experimenta interminablemente, las letras se vuelven crudas y reales sobre el hastío y la enajenación del hombre moderno. Un tratado sobre lo que un álbum debe tener y decir, y que no sólo apela a esta época, sino que se deja escuchar perfecto en cualquier momento y con la impresión de una vejez agraciada. Ojalá nos toque verlos por aquí pronto, que un aire fresco (rollin’ down the window) ya era más que necesario para la música cantada en español.

Pistas Favoritas: “Viña del Mar”, “Tus Amigos de la Cia”, “La Partícula de Dios”, “Año Nuevo”, “Se Quebró en la Vida Real”.




Kids See Ghosts – Kids See Ghosts (2018)
La década debió ser muy complicada para Kanye. Pero, descontextualizando un poco todos estos años para él, el 2018 fue sin duda el más caótico. En la época de la viralización digital, Kanye decidió volverse su mejor retrato y su parodia al mismo tiempo y en la misma proporción. Nadie había hablado tan abiertamente de su salud mental como lo hizo cuando lanzó Ye, ni fue blanco de críticas por cuestiones políticas cuando habló abiertamente sobre su apoyo a Trump. Entonces, a eso aunémosle el tren bala que fue publicar un disco producido por él cada semana durante medio mes de Mayo y todo Junio de ese año. Kanye estaba en un pico de creatividad que no tenía desde hacía mucho tiempo y, aunque no todos los discos fueron tan buenos, como el de Nas, hubo otros más modestos como el de Teyana Taylor y el Ye, y otras obras maestras como el Daytona de Pusha y, obviamente el Kids See Ghosts. Es sabido ya que todos duran menos de treinta minutos, algunos apenas pasan los veinte, pero, logran algo inigualable, y es que se vuelva la experiencia de un álbum de forma completa en tan poco tiempo. Están contenidos en sí mismos, son concretos, y no les falta ni les sobra nada. Por eso, el Kids See Ghosts figura por sobre todos los demás, porque tiene un nivel de oscuridad y de eclecticismo que nadie tuvo en ese año. Casi podríamos decir que la grabación en general ni siquiera es Hip Hop como tal. Hay partes pesadas como “Freee” y samples grunge como en “Cudi’s Montage”. Momentos tan abrasivos y tan perfectamente bellos como el intermedio de “Feel the Love” y otros tan enajenantes como “Kids See Ghosts”. De las mejores cosas que ha hecho Kanye, en años en los que cayó de la gracia de muchos al ganar la de Dios. Pero esa es otra historia.

Pistas Favoritas: “Feel the Love”, “Fire”, “Reborn”, “Kids See Ghosts”.




Leiva – Monstruos (2016)
La esencia clásica del rock guitarrero está un poco perdida. No que no exista, en verdad es que no sabemos dónde está. Por eso, cuando Leiva inició una carrera solista en el 2012, creo que teníamos más qué agradecerle, incluso sino supiéramos de quién se trataba. Pereza siempre fue una banda impresionante dentro del rock iberoamericano. Tenían una dosis intravenosa de indiferencia ante las poses que ahora más que nada nos hace falta. Así, Leiva sale después de la disolución y comienza una jornada un poco más modesta con Diciembre. Y, a medida que fue incrementando en soltura con su propio mensaje, en Monstruos llegó a una madurez que le permitió ser dueño ya de su bagaje musical. Este disco tiene una historia conmigo muy arraigada, desde el momento en el que escuché los primeros acordes en Palermo No Es Hollywood supe que estaba escuchando uno de mis discos de cabecera para mucho tiempo más. Porque con ese “Al otro lado de las vías estoy, el Sol se esconde, Palermo, Hollywood, siempre es de noche”, había algo que me remontaba a la impresión que tenía cuando escuchaba música de niño. Fue un balde de agua fría en tiempos en los que creía que lo había escuchado todo. Nos saturamos de música tan complicada y tan extravagante, que escuchar un álbum sincero como este siempre es un choque frontal contra el auto de las primeras impresiones. Sin embargo, fuera de lo personal, el disco tiene una de las virtudes que casi ninguna de las otras grabaciones que conforman esta lista tiene: la melodía es su pilar fundador, la piedra angular. Los coros y los versos se cantan como las mejores canciones clásicas, porque Leiva tiene una habilidad rara para escribir melodías en los compositores de ahora. Se incrustan en la cabeza y no salen por días. Con coros como “te quiero cuando me destrozas, te quiero con indecisión”, que dejan a cualquier pulmón seco de aire, hay todavía un amor por los versos cantables que yo creía que se había perdido. Una grabación de rock puro, sin pretensiones, sin interés de nada más allá de la música misma. El arquetipo perfecto de una piedra rodante, en medio de un pantano de música perecedera.

Pistas Favoritas: “El Último Incendio”, “Sincericidio”, “Hoy Tus Ojos”, “San Sebastián – Madrid”, “Palermo No Es Hollywood”.




Café Tacuba – El Objeto Antes Llamado Disco (2012)
Cuando Café Tacuba lanzó Sino en el 2007 había algo en él que dejaba un poco qué desear. No me malentiendan, es un disco que yo tengo muy cerca en mi santoral de música. Pero, viendo la carrera de la banda de forma global, parecía ser el único disco, desde el debut, que no aportaba un toque de innovador en su trayectoria. Entonces, cuando sale El Objeto cinco años después, parecía que teníamos algo de qué hablar después de todo. El cambio de sonido volvió a ser radical, y nos deja no sólo su disco más corto hasta la fecha, sino uno de los más intrigantes y accesibles al mismo tiempo. Con crossovers inesperados como la emulación electrónica de Quilapayún y la canción latinoamericana en “Olita De Altamar”, hasta la decadencia brillante en “De Este Lado del Camino”. Café Tacuba siempre ha tenido un papel creador en la escena latina más importante del que usualmente se le da. Y, a pesar de los años, con El Objeto demostraron que siguen explorando. Y eso siempre se agradece.

Pistas Favoritas: “Andamios”, “De Este Lado del Camino”, “Olita de Altamar”, “Tan Mal”, “Volcán”.




Nicolas Jaar - Sirens (2016)
Nicolas Jaar tuvo un papel mucho más importante en el sonido de esta década del que usualmente se le da. No sólo creó un estilo propio muy particular inspirado en los compositores vanguadias del siglo XX y en el House de los noventas, también acercó una electrónica muy oscura o restringida a un úblico muy reducido a una popularidad de la que pocos productores gozaron en estas épocas. Desde su Space is Only Noise logró crear estructuras minimalistas en ritmo y armonía pero infinitamente ricas en texturas y contrastes. Sin embargo, aunque parecía la banda sonora de una película negra por demás europea y de culto, fue en Sirens en donde encontró su mejor momento de musicalidad y de concepto. Nicolas Jaar es estadounidense hijo de chilenos, con mezcla entre Francia y el Medio Oriente en sus venas. Existe una pluriculturalidad en Sirens que Jaar nunca había hecho patente. Mientras que, al mismo tiempo, paralelamente vierte una queja velada a la cultura estadounidense. La portada ya de por sí es una queja velada, con una toma de Times Square un poco difusa y en la que se puede leer a la mitad: "This is Not America". La respuesta clara es de un Jaar atado a muchos lugares a la vez, desde Francia, un Nueva York que le tendió sus brazos para inmiscuirse de lleno en la electrónica, y un Chile muy arraigado en costumbres y a un pasado político convulso. La dictadura militar de Augusto Pinochet es algo que se retoma y se desmenusa desde el punto de vista de un ciudadano de a pie cuando dice: "Y fue ese día que yo me vi a mí mismo en veinte años, y nada cambia, no nada cambia [...] por estos lados." Cuando efectivamente en Chile ganó el referéndum por el No a ocho años más de dictadura, la postura política de un "No" fue mucho más que poderosa. Nicolas Jaar toma este mensaje y lo recrea mediante una pista que no sólo tiene la única letra cantada por él en español del disco, lo hace de la forma latina más lógica en estos tiempos: con Reggaetón. Peor no me malentiendan, no es ni de cerca el Reggaetón que se acostumbran los fines de semana, más bien es algo parecido a lo que yo llamaría, un Micro-reggaetón. Tiene el ritmo y la cadencia, pero está tan vertido en filtros y tiene un enfoque tan mínimo y tan experimental que lo aleja por completo incluso de la música urbana menos comercial. Jaar juega con el ritmo sincopado para introducir a un eclecticismo a su manera, mediante la mezcla de ritmos y técnicas de producción completamente ajenas una de la otra. Una de las ventajas que tuvo Sirens con respecto a su anterior trabajo fue el uso desmedido de pasajes sonoros varios. La introducción de "Killing Time" ya es de más de diez minutos y contiene al menos tres partes muy bien definidas. Espejos rompiéndose en un mar de arpegios de piano lo vuelven una sacudida inesperada, mientras que el nuevo tratamiento a la voz de Jaar como instrumento fundamental para la atmósfera se vuelve protagonista en la última parte, cuando parece que canta como, efectivamente, una sirena. Los tempos son lentos y la atmósfera gélida y sombría la mayoría del tiempo. "A Coin in Nine Hands" es una parte importante ya que mantiene el lado menos experimental y al mismo tiempo el más político, con una historia y crítica sobre las invasiones en oriente medio. Casi para finalizar (la verdad es de que aquí termina la edición original), "History Lesson" toma una canción bastante convencional y la rehace al estilo de Jaar con un solo de guitarra inesperado. Y, ahora sí, "America! I'm for the Birds" viene a terminar la edición completa con un loop de batería y de piano eléctrico hipnótico, y tranquilizador. La voz de Jaar una vez vuelve a tocar el tema de su extraña relación con la cultura americana cuando dice "The reason we don't see you, the reason's just a sound. But you don't know you'r just a sound [...] It's not complicated, I'm for the birds, not for the cages". 

Quizás uno de los mejores álbumes de Electrónica de esta década. Se toma a su manera, como desde el principio dice en "Killing Time": "He was just building his own sense of time. He was just building... time." El tiempo funciona diferente aquí, sin relojes, sin estaciones. Y un álbum perfecto.

Pistas Favoritas: "Killing Time", "A Coin in Nine Hands", "No", "History Lesson", "America! I'm for the Birds".




Kanye West – My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010)
Una vez más, no hay mucho sobre My Beautiful Dark Twisted Fantasy que no se haya dicho ya. Aquí la cosa cambia, un poco. Porque no hay forma de entender al Hip Hop moderno sin este disco. Básicamente moldeó toda la tendencia, la forma de producir, y las temáticas que iban a tener los discos de Rap en esta década. No hay un Drake, un Kendrick, Travis Scott, Tyler, Frank Ocean, Chance, Migos, Nicki Minaj, y la lista sigue, sin este álbum. Kanye llevó hasta el límite la capacidad de producir algo y lo volvió su mejor disco hasta la fecha. Hay tratados completos sobre la sociedad actual de menos de cuatro minutos, como “Power” y “Lost in the World”. Las letras se vuelven crudas, pero como se mezclan con una producción maximalista y refinada hasta los rincones, se dejan escuchar como una carta al futuro. Está claro que el Kanye que conocemos actualmente nace aquí. Después de su afrenta con Taylor Swift, el exilio lo hizo regresar recargado para dejar su declaración de principios más importante de años recientes. No escatima en recursos musicales, y los lleva hasta su última consecuencia. Y, también, lleva sus letras hasta este nivel. “Dark Fantasy” sigue siendo la mejor introducción que escuché en estos años. Porque aparte de ser sincera, deja claro que las debilidades y flaquezas deben formar parte de nuestro menú para utilizarlas como nuestro mejor escudo. A partir de aquí, casi me atrevo a decir que los discos siguientes de Kanye son notas al pie de página de MBDTF. Toma ciertos elementos y los extiende. Y, siguiendo esta lógica, sigue siendo su álbum más completo. Tiene todo y sigue siendo una fuente de inspiración infinita para todos nosotros. O eso me gusta creer.

Pistas Favoritas: “Dark Fantasy”, “Power”, “All of the Lights”, “Monster”, “Lost in the World”.




Bring Me The Horizon – That’s the Spirit (2015)
Yo siempre fui muy renuente al Metalcore. Más bien a todo lo que terminara en core. Tampoco fui muy metalero en años pasados. Lo mío era cierta afición hacia algunas bandas, cortesía de mi maestro de guitarra cuando intenté aprender a tocar un instrumento. La versatilidad no es una característica muy común en ninguna de esas dos vertientes, la verdad. Sus instrumentales suelen ser bastante predecibles, pero eso es precisamente lo que pudiera gustarnos. Durante toda esta década el Metal estuvo bastante falto de evolución. Las bandas clásicas se habían estancado, cuando no muerto, en un sonido ya muy gastado, mientras que las nuevas apun estaban intentando definir un sonido en medio de un panorama musical muy incierto. En estos años de “tómalo o déjalo” usualmente lo dejaban. No es para menos, más allá de buscar nuevos escuchas, las bandas de rock pesado se fueron marginando cada vez más, haciendo la brecha entre ellos y el público en general mucho más distinguible.

Cuando en el 2013 Bring Me The Horizon se armó de valor para llevar más allá lo que habían alcanzado en su oscuro There is a Hell…, las cosas parecían claras y sin tanto rodeo. Iban a ser una muy buena banda de Metal, moderno y bastante fresco. Sin embargo, la sorpresa vino cuando dos años después tuvimos el gusto de escuchar un That’s the Spirit que contra todo pronóstico se volvió su disco más controvertido. Por muchas razones, pero la primera y más importante: era exactamente lo opuesto a lo que Bring Me The Horizon había hecho casi diez años atrás con Count Your Blessings. Cuando lo escuché “Happy Song” por primera vez fue muy curioso. Había pasado ya un año del lanzamiento y sin embargo no paraban de hablar de él en redes sociales. Eran como un My Chemical Romance de esos años. Entonces, si uno escucha esa canción en particular, encontramos que a la mitad hay un sintetizador en bucle, modulando, distorsionado y yendo de arriba abajo como un columpio. Ahí fue donde me di cuenta de que estaba ante terreno no sólo desconocido, estaba ante una mina de oro que se abría ante mis ojos. Esto último quizá sea exceso de adulación, pero denme una oportunidad de redimirme. La verdad es un disco muy bien hecho. Desde “Doomed”, con un intro a lo Trip hop, y un bajo sintetizado en una secuencia muy acorde a la atmósfera, podemos escuchar que no será un disco de rock con tintes más bien fariseos del pasado, desde el primer minuto es un disco moderno en todo sentido. Oliver Sykes hace sus líneas con voz limpia, por completo, abandonando las voces guturales de discos pasados, y da una introducción a lo que él llamó “una celebración de la depresión”. Desde el coro ya hay mucha más esperanza que en sus discos anteriores, y el optimismo, aunque más bien entre líneas, se deja ver de alguna u otra manera. Los pasajes épicos y los coros hechos para estadios se funden en un disco gigante. Pistas como “Throne” o “Avalanche” fueron hechas para cantarse enfrente de grandes masas, su encanto reside precisamente en el dinamismo que tienen para hacerse no sólo accesibles, sino para sentir que una y otra vez las escuchamos por primera vez. La controversia también vino con varias canciones, dos en particular. Hasta hace muy poco entendí por qué “Follow You” ocupa el lugar en el tracklist que le corresponde, aparte de ser una balada, es lo más lejano que la banda ha hecho de cualquier clase de rock pesado. “Follow You” es una balada pop, así tal cual. Pero, eso sí, una balada pop muy bien hecha. Con sólo tres acordes logra crear un tono y un ambiente inmejorables que en cualquiera de las power ballads que salieron en esta época. La voz de Sykes cambia por una más lúgubre y fatalista, con un coro que intenta redimir al amor en momentos complicados. Hasta ese entonces era su pieza más comercial, Amo llegó a decirnos precisamente lo contrario. La otra canción controvertida fue “Oh No”, la canción “Anti-dance” que hicieron para cerrar el disco. La letra me mercó demasiado cuando la escuché, porque, aunque quizás no diga mucho, la moraleja es bastante sencilla, debemos dejar de buscar la diversión en lugares que ya no corresponden. “So be careful what you wish for” sigue siendo un buen mantra para la adultez.

La producción aquí llegó a alturas nunca antes pisadas. Oliver Sykes y Jordan Fish hicieron un trabajo impecable puliendo y entregando estas canciones. Una nota también para la alta fidelidad que era tan necesaria en una grabación de rock. Un crítico, de una revista que no recuerdo, dijo que quizás fuera la mejor declaración de rock en esta década, y aunque aquí este disco brilló por su ausencia en lo mejor de los 2010s, la verdad es que al menos deberíamos dejarle el beneficio de la duda a esa afirmación. Su influencia y su legado sin inmejorables aún hoy día.

Pistas Favoritas: “Doomed”, “Happy Song”, “Follow You”, “Avalanche”, “Oh No”.



Daft Punk – Random Access Memories (2013)
Para principios de la década la tendencia estaba más que clara. La época Disco y los sonidos ochenteros estaban de regreso. Y aunque las cosas dieron un giro inesperado hacia el Trap muy dramáticamente, se quedó cierta parte de su esencia un poco escondida en las canciones del final. Sin embargo, muy a pesar de eso, la alta fidelidad que era tan característica de las grabaciones de aquellos años era una de sus mejores virtudes, la producción y su calidad bajó hasta niveles que ni James Cameron en un submarino podría alcanzar. Le electrónica estaba pasando por su peor momento desde su concepción hacía ya casi veinte años, con el auge del EDM, DJs como David Guetta, Avicii, los Swedish House Mafia, Martin Garrix o Skrillex, lograron popularizar el género a costa quizás de su propia esencia. La revolución electrónica que se creó durante los finales de la década pasada y los principios de esta inundó la radio a niveles insoportables. El ritmo era el mismo, las líneas melódicas eran prácticamente iguales, no había mucha creatividad de por medio y aunque era música, por momentos ni siquiera daban ganas de hacerlo, las canciones estaban tan carentes de vida como nunca. Hubo pioneros en este sonido que rehicieron fortunas produciendo o sumándose directamente a la fórmula, otros duraron muchos años en silencio. Daft Punk es famoso por su hermetismo, por las escasas o nulas fotos que hay de ellos sin los cascos, o por sus esporádicas apariciones en público. Y de todos los que guardaron silencio entonces, el que quizás más brillaban por la añoranza, eran precisamente ellos. Daft Punk con tres discos y un concierto habían creado lo que ninguna banda logra con veinte o treinta. Revolucionaron el género al menos dos veces, y crearon un estándar para las voces robotizadas para la posteridad. Kraftwerk también lo hizo, claro, pero la encarnación moderna se la debemos a estos dos. Con Homework entregaron la parte pop de un género que aún se mantenía underground y que era marginado a salones de baile para minorías. Los ritmos pegajosos y los sintetizadores a veces minimalistas a veces abrasivos confluían en perfecta armonía para dejarnos más que satisfechos. Discovery fue la refinación pura, con el Synth pop y el Disco más patente que nunca como pilar de fondo, los clásicos están aquí y aún hoy suena moderno. El Alive 2007 vino a “reparar”, por decirlo de alguna forma, lo polarizador que había sido un Human After All crudo y sin miramientos. Skrillex dijo que ese concierto en Coachella había prácticamente creado la estética del EDM moderno, las luces, las pantallas, lo gigantesco del espectáculo. Y después de un tiempo, nos dejaron con más preguntas que respuestas, y un mar de dudas. El futuro se veía incierto para el dúo. Entonces, la campaña publicitaria más setentera que uno pudiera imaginar empezó a emerger de ciudades clave. Espectaculares con la mitad de los cascos y el sello de Columbia Records, poco a poco fue saliendo más información relacionada con nueva música. Y así, Random Access Memories vio la luz. Cuando lo compré, los discos salían los martes todavía, y desde el primer segundo supe que no iba a ser parecido a lo que había escuchado antes. El intro subí de inmediato a otro plano que no esperaba, “Give Life to Music” es una de las mejores introducciones que he escuchado nunca. Las guitarras, los sintetizadores, la batería tan perfectamente grabada y mezclada, la parte técnica ya sonaba a obra de arte.

Random Access Memories vino a probar en esos años que la mecanicidad de las composiciones en la música electrónica estaba desgastando al género de formas incontrolables. Con pistas tan atronadoras y exquisitas como “Giorgio By Moroder” y “Contact”, la alta fidelidad estaba de regreso y, a mi parecer, nunca volvió como aquí. Sí veo con un poco de desdén que este disco fue el único intento de verdad por regresar a la producción fina. Jack White, Danger Mouse, Adrian Younge y demás productores aún intentan utilizar la parte análoga lo mejor que pueden, pero nunca una parte tan orgánica como lo fue la instrumentación en vivo sonó tan bien como en RAM. El estilo viaja entre Fleetwood Mac y los Eagles, hasta Chic y los mismos Blondie. La parte Funk y Disco suena inmejorable y más allá de ser una apropiación cultural, lo que sea que eso signifique, la revitalización es impresionante. Desde las líneas “let the music in tonight, just turn on the music, let the music of your life, give life back to music”, el objetivo es claro. Porque, aunque está cantada mediante vocoders, hasta las voces procesadas suenan mucho más humano que cualquier cosa que intentaron los DJs y productores hasta entonces. Piezas lentas y contemplativas como “The Game of Love” o “Instant Crush” manejan la montaña rusa que debe ser un disco así de la mejor manera. El logro de Daft Punk fue crear quizás su obra más ambiciosa, en cuanto a producción y a composición, y aún así salir triunfantes sin un rasguño. La colaboración con Julian Casablancas resultó ser mejor de lo que esperaba, Pharrell no abruma tanto con su falsetto, y hasta Panda Bear y Todd Edwards hacen un buen regreso a las grabaciones de Daft Punk. La orquesta se vuelve el ingrediente final para volver precisamente a un disco que intentó caracterizarse por su grandilocuencia, ambición y epicidad, en una obra magistral. Dramática como una película, se mueve y cuenta historias sin necesidad de tener letra. Casi de la misma manera que hizo de Interstella 5555 la adaptación lógica para un disco también cinemático.

Una grabación robusta que permeó en influencia más de lo que los críticos han admitido, la verdad este disco brilló por su ausencia en las listas de las mejores grabaciones. También es un reflejo de los tiempos que corren y de la percepción que le dan al consumo musical. Mientras que las revistas dan preferencia al torbellino de música que es un poco más digerible en estos días, las cosas complejas y meticulosas tienen su lugar, pero no del todo. Los mejores discos de esta década, según los críticos, no se caracterizaron por tener una producción compleja, o refinada, más bien es por el mensaje. Con todo y que a veces el mensaje no está muy claro tampoco, lo visceral pero intrascendente se volvió objeto de adoración por los fanáticos, que buscaban un mensaje aparentemente intenso y profundo en obras que quizás eran sólo reflejo en un rush-of-blood-to-the-head y un momento de inercia y efusividad que de un mensaje verdadero.
La década marcó la pauta para esta clase de mensajes, perecederos como todo lo que es desechable, y reciclables como todo lo que se hace simplemente para imitar. Por eso, cuando Random Access Memories salió a la luz, agradecí muchísmo la idea de que alguien todavía se preocupara por los oídos del consumidor, aunque, es verdad, el 2013 se ve tan lejano como en un año se verá este escrito. Daft Punk nos entregó un álbum, un cuerpo de trabajo concreto y contenido en sí mismo, más allá de sencillos comerciales, de colaboraciones pedantes. Lo último que hemos escuchado de ellos, no hubo un Alive 2017, ni una adaptación cinematográfica como sucedió con sus anteriores trabajos. No sabemos qué esperar, pero ya esperar es algo.

Pistas Favoritas: “Give Life Back to Music”, “Giorgio By Moroder”, “Instant Crush”, “Beyond”, “Contact”.

La música revivió por un segundo, y será suficiente al menos por los años venideros. Hasta que nos toque escribir una vez más qué vimos y que nos hizo rememorarla, dentro de otros diez años.

Ojalá así sea. 
Hasta entonces.

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