jueves, 11 de junio de 2020

El Libro Salvaje

Leí en alguna parte que dominar un género literario era similar a dominar una lengua. Juan Villoro sucede a una familia de académicos doctos en la ensayística, y con su praxis logró adquirir su voz en el género, se hizo bilingüe con el cuento, trilingüe con la novela y ahora con su arribo a la poesía y al teatro podemos deshacernos de todos los prefijos y sólo describirlo como políglota. 
Fuera de su contexto académico, de su trabajo periodístico y su faceta futbolera, Juan Villoro se ha preocupado por llevar la literatura al público infantil. Lo ha hecho a través de varios de sus cuentos, y creo que su esfuerzo más notable ha sido a través de El Libro Salvaje.
La historia inicia con un niño de nombre Juan, que con su hermana Carmen se encuentra en el medio del divorcio de sus padres. En ese proceso es enviado a la casa de su tío Tito mientras su hermana pasa el verano con una amiga.
No me sorprendió que este libro infantil haya atrapado a un cuasi-señor de 22 años; en fin, me sigue atrapando Bob Esponja. No sé cuál fue la situación que me llamó la atención en la narrativa, como la biblioteca extravagante que se encuentra dentro de la casa del Tío Tito, con una clasificación que es pura parafernalia y que es por completo diferente a la Dewey o la clasificación de la biblioteca del Congreso de los EE. UU.
Existieron dos búsquedas paralelas, una de ellas fue encomendada por el Tío Tito con la cacería de El Libro Salvaje y la otra búsqueda surgió de manera espontánea cuando Juan decide escapar de la solemnidad de la biblioteca y va a la farmacia del otro lado de la calle, y ahí conoce a Catalina...
Además de bibliófilo, el tío Tito es naturalmente un gran lector que extrapola la literatura a la cocina, con platillos que aluden a momentos literarios.

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