El
cambio de milenio se ve muy lejos ya. El mundo no estaba preparado
para lo que se venía, en todo sentido. La tecnología, el arte, la
forma de vida, todo se ve tan viejo y anticuado. Hablamos de aquellos
años como si hubieran pasado cincuenta o más, como si aunque
hubiéramos vivido en ella, el reflejo de entonces se vea difuminado
por una nube de lejanía. La verdad sea dicha, no somos los mismos de
entonces para acá. Vimos el auge y caída de las boy bands, el
comienzo de las disqueras independientes tomando el volante, la caída
del gangsta rap, la del pop punk. Parece un torbellino. Pero, eso sí,
si hacemos un recuento de los artistas que marcaron aquella década
hay nombres que salen de inmediato: Radiohead, Linkin Park, The White
Stripes, Kanye West, The Strokes, Britney Spears (para bien o para
mal), Coldplay, Gorillaz, la lista sigue. Los escándalos no
estuvieron ausentes, las noticias volaban, dando siempre de qué
hablar en unos años en los que MTV era la única plataforma vox
populi para escuchar y enterarse de lo último en música, antes de
que Facebook y YouTube hicieran todo más fácil y, por lo mismo,
desechable. Entonces, si alguien fue el vivo ejemplo del escándalo y
que se merezca el título de ícono fue
Eminem, todo esto gracias al que es y siempre será su mejor álbum:
The Marshall Mathers LP.
Ya era escándalo cuando salió The Slim Shady LP, una
placa marcada siempre por el humor negro, la irreverencia, la
libertad de palabra, los beats impresionantes. Aquel fue un disco
convulso, pero sobretodo oscuro. Eminem siempre canalizaba su
atribulada vida en letras bastante explícitas y en narraciones
particularmente irreales. Fue algo completamente nuevo para la
década, hasta entonces estábamos acostumbrados al gangsta rap de
N.W.A. y derivados, no este tipo de bizarrez. Sin embargo, cuando
pensábamos que no podía ser más extraño llegó el segundo LP. Fue
un parteaguas que vendió 1.78 millones de copias en su primera
semana y que se volvió un hito en el hip hop.
No
es para menos, el Eminem de entonces era más indiferente, más
agresivo, mucho más atormentado. El
sonido del Slim Shady LP
fue expandido y llevado a la parte más oscura en la psique del
rapero. Will the Real Slim Shady please stand up?
Era la frase que teníamos como referencia para este disco, sin
dudas. Pero hasta esa canción no está exenta de una vibra oscura
que la permea por entero, es graciosa, irreverente, pero oscura como
un cementerio. Discutir el trasfondo de todo
ese entramado que conforma el tronco común del disco y que
representa el contexto en sí de la música de aquellos años podría
tomarnos horas y creo que ni así podríamos ponernos de acuerdo.
Baste decir que de principio
a fin el disco está cargado de un sentimiento ambiguo de
introspección y megalomanía. “Kill You” es un ejemplo claro,
Eminem habla sin tapujos sobre descuartizar mujeres, sobre
su eterna relación conflictuada con su madre, drogas por aquí y por
allá. La letra es por demás agresiva, irreverente y nada acorde con
el status quo de las buenas conciencias. No es broma, se torna oscura
y enferma conforme pasa, y es la primera canción. Letras como esta
aparecen por todos lados, en “Remember Me”, “Criminal” por
decir ejemplos. Es una mezcla extraña entre sodomía y abierta
drogadicción, mezclada con comentarios sardónicos sobre
homosexualidad. Hay una línea en el sketch “Steve Berman”, en el
que el presidente de Interscope Records, Steve Berman, resume todo
perfectamente: You know why Dre’s record was so
successfull? He’s rapping about big screen TVs,
blunts, 40s and bitches, you’re rapping about homosexuals and
vicodin, I can’t sell this shit!.
Sin embargo, a pesar de todo este entramado de psicopatía
megalómana, Eminem presenta también un disco bastante personal. En
el que siempre encontramos al rapero evaluando de
forma constante sus
sentimientos, estudiando irónicamente la percepción que existe
sobre él por parte de los medios de comunicación y la gente en
general. Canciones como “The
Way I Am”, “Marshall Mathers” y “Kim” están en constante
sintonía con su psique atormentada. En la primera da una declaración
de principios en la que no le debe nada a nadie y que se volvería
una fórmula para crear sencillos exitosos. La última revela de
forma agresiva sus pensamientos sobre su ex esposa Kim Mathers.
Es
un disco complejo en el que los beats se entremezclan con letras
histriónicas. Aquí también observamos la increíble capacidad de
Em para contar historias. El ejemplo más que claro está en “Stan”.
La mejor pista del álbum, sin equivocarnos.
En ella dejamos de lado el sarcasmo y las drogas para obtener una
narrativa sólida en la que vemos el deslinde entre el Eminem
introspectivo y el Marshall Mathers interesado en la creación de
personajes. Encontramos la historia sobre un fan obsesionado con el
mismo Eminem y que llega al grado de matarse por estar en presencia
del mismo. Mediante cartas, vemos cómo le reprocha al rapero el
hecho de que no pudiera estar con él en persona por una u otra
razón, que conforme avanza la canción pareciera ignorarlo
sistemáticamente. La manía
llega al punto en el que el fan deja de lado las relaciones
interpersonales, como la que tiene con su esposa embarazada, con
tal de ver a Em. La historia termina con Eminem diciéndole que no
pudo contestar sus cartas, que ha estado ocupado. Nota como aumenta
el tono agresivo de su redacción y le pide que se calme, que no es
nada del otro mundo. Finalmente relata que vio que se había enterado
de la muerte de alguien, semanas antes, y
que
el descuido horrendo lo enfermó, pero más enfermizo aún era el
hecho de que el nombre que salió en
las noticias era el de él:
Stan.
Ejemplos
como éste abundan en la discografía de Eminem. La razón de que
aquí cobren mayor importancia es que los recursos de estilo y de
narrativa no los ha vuelto
a encontrar jamás. The Marshall Mathers LP sigue
siendo el punto cumbre en la lírica de Eminem. No hemos encontrado
letras tan agresivas, tan explícitas y tan bien elaboradas como las
que aquí presenta. Siempre contrastando el delirio moral entre lo
malo y lo bueno y el punto en el que ambos convergen. El
disco es un clásico no por sus ventas, no por su controversia, no
por
el nombre de quien lo firma. Es
un clásico porque supone un punto artístico inigualable en la
carrera de Eminem y del rap en general. Está hecho con una capa de
plomo que lo cubre contra los ataques del tiempo y lo descubre para
volverlo imperecedero. Aún y cuando no pensábamos que las cosas no
podían ponerse más raras.
Los
años han pasado y han sido más amigables con el álbum que con el
propio Eminem. Y es que, a pesar de que tenía todo un arsenal de
recursos, el hombre detrás del seudónimo sigue siendo un humano.
Mantuvo su postura anti-condescendencia hasta donde pudo, mostrando
indiferencia ante los comentarios mediáticos y arreglando las
controversias a su manera. Un episodio especialmente importante fue
cuando, en medio de la polémica por sus letras homófobicas, invitó
a Elton John a cantar con él
en los Grammy, el clásico de siempre: “Stan”. Sin
embargo, conforme fueron pasando los años, Eminem fue entregando
discos con inteligencia lírica y musical definidas pero pobres en
inspiración. La debacle se vino desde Encore,
cuando el dramatismo y la agresividad del rapero se vio mermada por
la falta de creatividad, con todo y que es mi álbum favorito
personal, las cosas como son. Luego de eso entró en rehabilitación
por un más que explícito abuso de drogas y el resultado fue
Relapse. A éste
siguió Recovery para
completar un álbum doble que no aporta nada nuevo a su
carrera y en el que las letras pasan más bien desapercibidas. Cuando
esperaba muy poco de él anunció la segunda parte de éste disco al
que nos referimos: The Marshall Mathers LP 2.
Una segunda parte parecía más bien un ejercicio de mercadotecnia. Y
aunque no regresa a la intensidad de su lírica, si es un retorno
a lo bien hecho y le da un toque de aire fresco a algo que parecía
más bien encaminado al final. Y ahora, iniciando el 2018, seguimos
todos en shock por el que fue su último lanzamiento hace un mes:
Revival. Eminem
siempre ha sido político y controversial por
igual, ya
en el 2004 cuando con “Mosh” amenzaba con matar a Bush entre
otras cosas. Es por eso que no pasó desapercibido el mensaje que le
tenía guardado a Trump, un
personaje que, aunque no lo
queramos ver, representa una figura mucho más nefasta de lo que fue
Bush en su momento.
Eminem no pudo resistir la tentación y le ha dedicado más de un
verso a la administración y a su gabinete, advirtiendo
incluso con no importarle perder la mitad de su fanbase con tal de
criticar al “presidente”. Ésta carga que nos ha tocado, padecer
más que ver, en lo que concierne a Trump, marca
muchísimo el ambiente en Revival, y
aunque no era una reseña sobre él, dicho sea de paso, el disco es
malísimo. Sin dudas, el peor que ha sacado Eminem en su carrera. Y
lo dejamos así.
Parece
que la justicia no se lleva de la mano con el paso del tiempo. Pero,
y muy a su pesar, The Marshall Mathers LP sigue
siendo una obra maestra. Consistente, internamente coherente. Un
ejemplo de la energía que era capaz de propagar el hip hop y una
instantánea de lo turbulentos que fueron los comienzos del nuevo
milenio. Cínico sería decir que los años de ahora son menos
convulsos, pero qué se la ha de hacer.

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