sábado, 31 de marzo de 2018

City and Colour - If I Should Go Before You


Durante el último año se han visto cosas muy extrañas. Regresos inesperados y, quizás, bandas que están brillando aún más por su ausencia. La buena noticia es que el mundo sigue girando y la gente sigue haciendo cosas, las conozcamos o no. Tal parece ser que conforme más nos llenamos de música excesiva, dígase dubstep, hardcore punk volátil, trap casi vomitivo, hay cada vez una cantidad mayor de músicos apostando por la quietud. Es más congruente reinventarlo todo y tener algo qué decir aunque nos tome años a tener que mimetizarse con lo que es basura perecedera. No hace mucho que que distintas bandas, entre ellas los War on Drugs y Queens of the Stone Age, empezaron a revitalizar estilos que parecían más lejanos cada vez. El boogie, el country, el funk rock, el sureño, el heartland fueron parte de toda esa red que ha experimentado un revival en lo que va de la década. También hay otras variantes de los mismos géneros un poco más experimentales pero que mantienen su esencia como si de eso dependiera todo. Y aquí entra Dallas Green.

El compositor canadiense ha estado ligado a diferentes proyectos en muchos estilos. City and Colour quizás sea su banda con material mejor logrado. Y es que If I Should Go Before You es casi un tratado de sonido y atmósfera. El folk estadounidense está presente en todo momento y no pierde latencia canción tras canción. Hay blues por todas partes, hay acordes country, hay guitarras de rock and roll. Hasta aquí no hay nada nuevo, los requisitos son básicamente los de siempre. La atmósfera es la que impresiona de entrada. Hay baterías new wave, por todos lados hay sintetizadores con ambiente muy refinado y guitarras con distorsiones tan bien procesadas que es un shoegaze que ni My Bloody Valentine ni Tom Petty imaginaron. Quitando las etiquetas, el disco es un híbrido que no suena a híbrido, que se desenvuelve perfecto y que mantiene esa línea de música norteamericana igual de agradable que siempre, cuando es agradable, claro.

If I Should Go tiene casi tres años que fue lanzado. Y aunque pasó casi desapercibido, no es necesario que mucha gente lo escuche para sentar precedente. “Woman” es una introducción tremenda. Oscura, épica como un regreso de batalla. Una oda a la mujer más que a una pareja en concreto, ni John Lennon pudo llegar a este nivel de contemplación por la figura femenina en su canción homónima. Con nueve minutos es un pasaje lento, que si se requiriera una imagen visual que representara tan sólo la música, bien puede ser la portada con sus nubes y su campo casi ruinoso. Aquí es donde digo que es un tratado de atmósfera, hay sonidos por todos lados, guitarras con efectos imprecisos y con teclados permeando todo, pero el resultado es magistral. Sí hay un toque muy sureño en la canción, pero nunca con esta oscuridad. Rodeada de crescendos y de momentos muy resonantes, también hay algo de post rock ahí. Las guitarras marcan el modo en el que se desenvolverán durante el resto de las canciones y con un coda que regresa a lo profundo, la primera pista ya quita el aliento. No recuerdo cuando fue la última vez que escuché por primera vez una canción que me remitiera a paisajes completos como los que evoca con la pura guitarra. Green canta con un registro alto, casi falsetto muy a lo Bon Iver, pero con voz ligera que encaja perfecto en este trabajo. Luego, “Northern Blues” viene a alegrar un poco los ánimos. Un rock más concreto pero no por eso más descuidado. La instrumentación es variada con pianos Rhodes aquí y allá y con baterías casi líquidas. La voz de Green es prácticamente igual a “Woman” y da la impresión de que arrulla por momentos. También es una pista muy bien ideada, casi como si los Black Keys se encontraran con el U2 de Brian Eno. El blues se ve más latente cada vez, y en “Mizzy C” como en la pista que da el nombre al álbum se nota de inmediato. En ésta última, encontramos una balada que no empalaga, sino todo lo contrario. “Killing Time” mantiene la misma línea que “Northern Blues” pero con una vibra más indie, más pop. La primera mitad del disco se ve un poco oscura, y es fácil notar la diferencia entre las dos partes porque terminando ésta última canción “Wasted Love” es más rock, con una base más movida y más alegre. Un blues rock con un coro pegajoso como sanguijuela. La onda indie también se nota más aquí, y la comparación con los Black Keys vuelve a ser inevitable, con una espina como de los White Stripes por ahí también, pero con vocales folk y country. Las siguientes pistas como “Runaway” y “Map of the World” son por mucho más americanas, más en la línea de Kings of Leon que de Bruce Srpingsteen pero con el estilo siempre característico que no he escuchado más que en este álbum en particular. Incluso “Lover Come Back” suena alegre a pesar de ser una balada lenta, con swing casi de vals. “Friends” también es alegre y al final encapsula un muro de sonido que termina en su punto, con coro, sintetizador, guitarras soberbias y un órgano envolvente. Para finalizar, “Blood” provee un alcance reposado, hecha casi con guitarra acústica, nunca sonó más como Bon Iver que aquí, con segundas voces y pianos que se toman su tiempo, la progresión de acordes del final estremece, llena de ambiente y con acabado muy fino. Después de todo un viaje entre la sombra y la luz, una pista como esta siempre se agradece.


Ahora bien, todo este rodeo lleva a una conclusión, tan simple como importante. No sólo es posible mezclar géneros completamente dispares, sino que puede sonar de maravilla. Es una obra de arte por sí misma. El ambient, el post rock, el shoegaze, el new wave, la psicodelia, el garaje rock confluyen como iguales con el folk, el blues, el country, el rock and roll, y el rock sureño. Y no termina aquí, la atmósfera es completamente etérea, casi inmaculada, pero con el sentimiento humano que hace que cualquier trabajo suene conciso y coherente. Todo aquí es orgánico, y aunque adopta cierta artificialidad, no la hace la columna vertebral y el resultado es una experiencia sonora más que placentera. Quizás sea necesario regresar a este tipo de grabaciones para recordar que no es necesario hacer la misma música siempre, ni vivir de las viejas glorias, sino que todavía podemos retomar la antorcha que nos dejaron hace más de treinta años y hacer lo que nos corresponde ahora. Tal vez podamos hacer algo casi tan bueno como éste disco. Y aún así, el mundo sigue girando. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario