Durante
el último año se han visto cosas muy extrañas. Regresos
inesperados y, quizás, bandas que están brillando aún más por su
ausencia. La buena noticia es que el mundo sigue girando y la gente
sigue haciendo cosas, las conozcamos o no. Tal parece ser que
conforme más nos llenamos de música excesiva, dígase dubstep,
hardcore punk volátil, trap casi vomitivo, hay cada vez una cantidad
mayor de músicos apostando por la quietud. Es más congruente
reinventarlo todo y tener algo qué decir aunque nos tome años a
tener que mimetizarse con lo que es basura perecedera. No hace mucho
que que distintas bandas, entre ellas los War on Drugs y Queens of
the Stone Age, empezaron a revitalizar estilos que parecían más
lejanos cada vez. El boogie, el country, el funk rock, el sureño, el
heartland fueron parte de toda esa red que ha experimentado un
revival en lo que va de la década. También hay otras variantes de
los mismos géneros un poco más experimentales pero que mantienen su
esencia como si de eso dependiera todo. Y aquí entra Dallas Green.
El
compositor canadiense ha estado ligado a diferentes proyectos en
muchos estilos. City and Colour quizás sea su banda con material
mejor logrado. Y es que If I Should Go Before You es
casi un tratado de sonido y atmósfera. El folk estadounidense está
presente en todo momento y no pierde latencia canción tras canción.
Hay blues por todas partes, hay acordes country, hay guitarras de
rock and roll. Hasta aquí no hay nada nuevo, los requisitos son
básicamente los de siempre. La atmósfera es la que impresiona de
entrada. Hay baterías new wave, por todos lados hay sintetizadores
con ambiente muy refinado y guitarras con distorsiones tan bien
procesadas que es un shoegaze que ni My Bloody Valentine ni Tom
Petty imaginaron. Quitando
las etiquetas, el disco es un híbrido que no suena a híbrido, que
se desenvuelve perfecto y que mantiene esa línea de música
norteamericana igual de agradable que siempre, cuando es agradable,
claro.
If
I Should Go tiene casi tres años
que fue lanzado. Y aunque pasó casi desapercibido, no es necesario
que mucha gente lo escuche para sentar precedente. “Woman”
es una introducción tremenda. Oscura, épica como un regreso de
batalla. Una
oda a la mujer más que a una pareja en concreto, ni John Lennon pudo
llegar a este nivel de contemplación por la figura femenina en su
canción homónima. Con nueve minutos es un pasaje lento, que si se
requiriera una imagen visual que representara tan sólo la música,
bien puede ser la portada con sus nubes y su campo casi ruinoso. Aquí
es donde digo que es un tratado de atmósfera, hay sonidos por todos
lados, guitarras con efectos imprecisos y con teclados permeando
todo, pero el resultado es magistral. Sí hay un toque muy sureño en
la canción, pero nunca con esta oscuridad. Rodeada de crescendos y
de momentos muy resonantes, también hay algo de post rock ahí. Las
guitarras marcan el modo en el que se desenvolverán durante el resto
de las canciones y con un coda que regresa a lo profundo, la primera
pista ya quita el aliento. No recuerdo cuando fue la última vez que
escuché por primera vez una canción que me remitiera a paisajes
completos como los que evoca con la pura guitarra. Green canta con un
registro alto, casi falsetto muy
a lo Bon Iver, pero con voz
ligera que encaja perfecto en este trabajo. Luego, “Northern Blues”
viene a alegrar un poco los ánimos. Un rock más concreto pero no
por eso más descuidado.
La
instrumentación es variada con pianos Rhodes aquí y allá y con
baterías casi
líquidas. La voz de Green es
prácticamente igual a “Woman” y da
la impresión de que arrulla
por momentos. También es una pista muy bien ideada, casi como si los
Black Keys se encontraran con el U2 de Brian Eno. El blues se ve más
latente cada vez, y en “Mizzy C” como en la pista que da el
nombre al álbum se nota de inmediato. En ésta última, encontramos
una balada que no empalaga, sino todo lo contrario. “Killing Time”
mantiene la misma línea que “Northern Blues” pero con una vibra
más indie, más pop. La primera mitad del disco se ve un poco
oscura, y es fácil notar la diferencia entre las dos partes porque
terminando ésta última canción
“Wasted Love” es más rock, con
una base más movida y más alegre. Un blues rock con un coro
pegajoso como sanguijuela. La onda indie también se nota más aquí,
y la comparación con los Black Keys vuelve a ser inevitable, con una
espina como de los White Stripes por ahí también, pero con vocales
folk y country. Las siguientes pistas como “Runaway” y “Map of
the World” son
por mucho más americanas, más en la línea de Kings of Leon que de
Bruce Srpingsteen pero con el estilo siempre característico que no
he escuchado más que en este álbum en particular. Incluso “Lover
Come Back” suena alegre a pesar de ser una balada lenta, con swing
casi de vals. “Friends” también es alegre y al final encapsula
un muro de sonido que termina en su punto, con coro, sintetizador,
guitarras soberbias y un órgano envolvente. Para finalizar, “Blood”
provee un alcance reposado, hecha casi con guitarra acústica, nunca
sonó más como Bon Iver que aquí, con segundas voces y pianos que
se toman su tiempo, la progresión de acordes del final estremece,
llena de ambiente y con acabado muy fino. Después de todo un viaje
entre la sombra y la luz, una pista como esta siempre se agradece.
Ahora
bien, todo este rodeo lleva a una conclusión, tan simple como
importante. No sólo es posible mezclar géneros completamente
dispares, sino que puede sonar de maravilla. Es una obra de arte por
sí misma. El ambient, el post rock, el shoegaze, el new wave, la
psicodelia, el garaje rock confluyen como iguales con el folk, el
blues, el country, el rock and roll, y el rock sureño. Y no termina
aquí, la atmósfera es completamente etérea, casi inmaculada, pero
con el sentimiento humano que hace que cualquier trabajo suene
conciso y coherente. Todo aquí es orgánico, y aunque adopta cierta
artificialidad, no la hace la columna vertebral y el resultado es una
experiencia sonora más que placentera. Quizás sea necesario
regresar a este tipo de grabaciones para recordar que no es necesario
hacer la misma
música siempre, ni vivir de las viejas glorias, sino que todavía
podemos retomar la antorcha que nos dejaron hace más de treinta años
y hacer lo que nos corresponde ahora. Tal vez podamos hacer algo casi
tan bueno como éste disco. Y aún así, el mundo sigue girando.

No hay comentarios:
Publicar un comentario