viernes, 19 de enero de 2018

Emerson, Lake & Palmer - Tarkus


Emerson, Lake & Palmer siguen siendo controvertidos hasta en estos días. La razón es muy sencilla: siempre representaron la parte más pretenciosa del rock progresivo. Después de unos años de carrera la banda se volvió prácticamente todo lo que estaba mal en un género que permite ya de por sí pasajes de más de veinte minutos, en los que el exceso de virtuosismo y de exageración sonora desembocan en un pantano tan denso que sólo muy pocas personas aprecian, un pantano tedioso y con neblina que es imposible atravesar. Es por eso que, notable teniendo en cuenta la época, que cuando la banda entró en la industria fueron una de las pocas bandas que lograron el estrellato comercial pero con críticas malísimas por parte de los expertos, en tiempos en los que el rock progresivo comenzaba a dominar las listas con Pink Floyd, King Crimson, Yes y Rush. Perfilaron un estilo que tuvo su debacle en muy poco tiempo, debido siempre por sus abusos artísticos, pero que entonces fue la música del futuro. La banda no fue la excepción por obvias razones, la historia de ELP engloba casi la del género por sí misma: auge y caída, potencial y auto complacencia.

A pesar de todo, Tarkus supone un momento de transición. El segundo álbum de ELP llegó con muy poco entusiasmo. El debut pareció un intento de ejemplificar la naciente escena prog con un órgano onmipresente al estilo Doors y fue recibido con un entusiasmo notable, quizás demasiado. Hecho como un híbrido entre el rock psicodélico, música clásica y jazz, aquel álbum debut ya preveía la pretenciosa grandilocuencia pero se quedaba como un disco bastante ameno. Tarkus expande ese sonido y lo llena de largos breakdowns de batería y órgano, combinándolo con los siempre presentes pasadizos psicodélicos, manteniéndose entre un comienzo poco comprendido y el épico Trilogy. No es sorpresa que empiece con una monumental como “Tarkus”, cuyos veinte minutos son un hueso duro de roer. La introducción sigue siendo una marca registrada en la banda, toda una pieza de jazz espacial con hammonds por doquier y una batería con solos de sobra, en el mal sentido, es tanto al afán de virtuosismo que se pierde en un mar de tarolas y percusiones. Las fracciones siguientes siguen este orden, un vaivén de cambios de métrica y de velocidad, pero ahora con Greg Lake armonizando la pieza con versos escritos por él mismo. El salto a un ritmo lento llega en el momento adecuado, justo cuando se empieza a ver todo como una capirotada de abundancia. Sin embargo, la canción regresa a esos mismos lugares, se desenvuelve tarde y, conforme uno avanza, se acaban los dedos de la mano para contar las veces que regresan a los mismos solos autocomplacientes de batería y órgano. Justo cuando la canción empieza a crear un esqueleto, estas partes vienen a romper el equilibrio, y esa es la falla de una canción que prometía volverse un épico pasaje en la historia del rock progresivo. La misma nunca llega a un clímax porque está llena de ellos, los primeros diez minutos son iguales a los restantes y se reitera a sí misma indefinidamente, salvo por “Battle Field”, donde vemos un momento de distensión y Greg Lake nos regala un solo espacial más que memorable, comparable a “Echoes” en atmósfera e intensidad. Los últimos minutos siguen sin aportar nada a la pista que pueda distinguirse.

En el segundo lado del LP encontramos “Jeremy Bender”, con una melodía alegre y un ritmo bien definido al estilo de Queen en los años de A Night at the Opera. Prescindible quizás, pero que está bastante bien hecha. “Bitches Crystal” es “Tarkus” en una versión acortada. Son básicamente la misma salvo por la voz agresiva de Greg Lake y el solo en tipo blues de Keith Emerson; casi puedo apostar que están hechas en el mismo tono y la progresión de acordes no varía de la épica del primer lado del disco. El cambio viene con la primera de dos partes: “The Only Way (Hymn)”. El órgano de iglesia le da ese toque casi sacro a una pieza que se oye de maravilla. Minimalista y sobria, virtuosa en el uso del órgano con sketches de Bach, quizás sea la única que se escuche completa y con una cohesión concreta. La continuación “Infinite Space (Conclusion)” es un pasaje de piano que asemeja la banda sonora de una película muda, bien hecha y definida pero completamente despreciable; no suma nada nuevo al disco, aunque bien pudo terminarlo, ya que las siguientes pistas se vuelven una parodia de una banda en consolidación. “A Time and a Place” es una reiteración de “Tarkus” que si en “Jeremy Bender” parecía tediosa, aquí se ve convulsa, con los mismos extractos que vuelven a ambas pistas monótonas en ascenso. Continuando esta línea está “Are You Ready Eddy?” para terminar la caricatura repleta de momentos innecesarios. La misma es un rockabilly que no termina de cuajar y que sobresale por su ritmo vertiginoso llenando todo sin decir nada. Leyendo sobre el proceso de grabación encontré que fue una celebración por haber terminado Tarkus y aquí podemos ver la alarmante ausencia de auto crítica que hizo a la banda tan escandalosa por aquellos años. En el 2012 Steven Wilson remezcló el álbum y añadió una joya perdida, “Oh My Father” es una balada que no fue incluida en la versión original y que vale su peso en oro. Podemos quitar las últimas dos pistas del tracklist dejando ésta al final y el disco se salva porque se salva. Tiene una acabado perfecto, con una batería acorde al sentimiento, un piano sobrio y consistente y un solo de guitarra a la mitad que la vuelve la mejor canción del segundo lado. El virtuosismo queda de lado y se escucha genial en un álbum caracterizado por la falta de solidez.

Después de todo esto creo que se puede apreciar la conclusión. Tarkus es un álbum que en general tenía todo por delante y que falla por su carencia de creatividad, de iluminación. Ejemplifica perfecto el estereotipo del rock progresivo y lo relega al punto en el que el exceso se vuelve la parte seminal. Nunca he sido precisamente un fan de ELP, sus composiciones siempre me parecieron repetitivas y poco interesantes, pero creo que de todo lo que he escuchado éste es quizás uno de los más consistentes. Es innegable la influencia que han tenido a lo largo de los años, Dream Theater es un ejemplo más que claro, ya que siempre representaron al género tal cual es, con un punto de quiebre genial pero que después de una primera ola iba a terminar sucumbiendo a la ceguera de la sobrecarga, y alejándose cada vez más de algo tan importante como lo es la auto crítica, mencionada ya arriba. El estudio da la técnica, pero no la creatividad.



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