viernes, 12 de enero de 2018

The War on Drugs - A Deeper Understanding



Pasaron tres años antes de que The War on Drugs nos trajera nueva música después del éxito que supuso Lost in the Dream en el ya un poco lejano 2014. The War on Drugs evolucionaron a la perfección de ser una banda con una propuesta blues y heartland en baja fidelidad, a crear un sonido no sólo nuevo, sino profundamente arraigado a las raíces de la música estadounidense más pura. Lost in the Dream fue en su momento un álbum que tuvo la valoración justa por dos razones: primera, desde un principio éste no se tiñe de excesos que pudieran provocar miradas escépticas de gente sacra o profana en el ámbito musical, no contiene un excesivo uso de la experimentación o de las técnicas de vanguardia que traen a los críticos dando disertaciones eternas sobre ellas; segunda, el disco es sencillamente bueno, la ejecución y la producción son prácticamente impecables, pero no sólo eso, propone un híbrido cuyos pilares se sostienen entre dos polos casi opuestos, el heartland rock con blues y hasta country, mezclado con shoegaze y el rock psicodélico. Si logramos que ambas cosas tan dispares embonen, tendremos entonces un disco digno de escuchar y disfrutar por un buen rato. El sonido tan peculiar de la banda tenía también dos contrapartes, una contraparte orgánica ejemplificada en el guitarreo y frenesí de Bruce Springsteen, y una parte más artificial llena de sintetizadores y largos pasajes ambient propios de del shoegaze y de “muros de sonido”, muy comunes en esos géneros. La fórmula encajó perfecto en un acto de apuesta o nada por una cohesión de ambas caras de la moneda. El resultado fue uno de los mejores trabajos de aquel año y quizás de la década, por decir algo.

La naturaleza introvertida de Adam Granduciel, como él mismo lo ha señalado, hacía que tuviéramos poca o nula noticia del progreso de la banda en la grabación de la continuación de Lost in the Dream. Durante todo ese tiempo no se anunció nada que no fueran fechas de gira o mercancía nueva. Fue hasta Abril del año pasado que nos enteramos del lanzamiento de “Thinking of a Place”, una canción de edición especial que dura escasos once minutos en los que se advierte en el primer instante una evolución en el sonido. Cuando las guitarras y el teclado entran volvemos al terreno familiar, plácido, tranquilo y acústico. La canción gira en torno a una línea melódica y un coro que se reiteran sin fin en un entramado hipnótico de sintetizadores, guitarras acústicas, pianos eléctricos y la voz calma de Granduciel. Una pieza así descrita debería parecer tediosa con la duración que tiene, el resultado es exactamente lo opuesto. El espacio que logra supera por mucho al que habíamos escuchado antes, la instrumentación y la producción son por demás detalladas hasta lo minúsculo y la atmósfera se deja escuchar completamente ligera. Los solos son soberbios y encajan de maravilla. Aquellos once minutos pasan como si nada debido a esta estructura que Granduciel logró, son once minutos cortísimos que no pasan en balde y que detienen el tiempo. Como ya habrán adivinado, me gustó mucho aquella pista, y el regreso mismo fue más que triunfal.

A diferencia de otros artistas, la banda adelantó prácticamente la mitad del disco en sencillos promocionales antes del lanzamiento oficial. Escuché “Holding On” y me pareció otro triunfo, tal pareciera que todo lo que tocaba este sujeto se volvía oro. No quise adelantar todo lo demás para que cuando saliera el disco completo pudiera tener un rato para escucharlo como se debe, de principio a fin, a todo volumen y con el tiempo en mis manos. El día llegó y me dispuse a hacerlo. Del mismo modo que en Lost in the Dream, esperaba una introducción épica llena de energía y de acabados volátiles como lo fue “Under the Pressure”, y aquí una vez más obtuvimos el caso contrario. “Up All Night” es reposada y ligera, comienza con una batería parcialmente electrónica y un piano en ostinato que da un punto de partida bastante inmediato; en ella advertimos un cambio un poco radical, la “artificialidad” de la que hablé antes llegó ahora de la mano de máquinas de ritmos, algo por completo inesperado en un disco de la banda, la instrumentación no ha perdido el toque del álbum anterior y el cuerpo de la misma crece lenta pero rebosante de complejidad. El cambio radicó en un ambiente más electrónico, en donde las guitarras pasan a un segundo plano y dónde los instrumentos acústicos son prácticamente inexistentes. Terminando la introducción, “Pain” llega para regresarnos al entorno acústico y sintético de siempre, con la cuidada y desarrollada producción que caracteriza siempre a The War on Drugs. Si “Up All Night” pudiera parecer monótona por momentos, “Pain” reorganiza todo y pone las cosas en su lugar, con guitarras de todo tipo empalmadas una con la otra, con teclados y sintetizadores creando ese etéreo hábitat que combina lo puro y orgánico de las composiciones. “Pain” es buenísima, tiene un final arrasador hecho con dos solos que dejan una sensación de majestuosidad insuperable. “Holding On” aquí se presenta como una reiteración de ese mismo sonido cargado de caminos y veredas, con un ritmo más vertiginoso y con pasajes de guitarra lap steel inmejorables. Fue en este punto donde me di cuenta de algo importante, A Deeper Understanding se caracteriza por su optimismo, una sonoridad llena de acordes que brillan en lugar de regresar a lo profundo, opuesto diametralmente al humor que personificaba Lost in the Dream, con canciones como “Suffering” y “Disappearing” de tono más bien deprimente y nostálgico. La siguiente pista vino a callarme la boca una vez más. Aquí en “Strangest Thing” volvemos a los momentos de melancolía. Es lenta, concisa y un poco redundante. Sin embargo, carece del temperamento derrotista ya mencionado y crece como “Up All Night” para llegar a un final brillante y pulcro, igual lleno de entusiasmo. “Knocked Down” parece estar más emparentada con Lost in the Dream, es calmada, con un ritmo lento que pausa un poco la progresión eufórica del disco, dada su duración comparada con las demás puede ser un interludio simple y tranquilo, pero que a mi parecer dura demasiado. Después del paréntesis “Nothing to Find” viene como insistencia de “Holding On”, el ritmo, casi la secuencia de los acordes, son prácticamente idénticas salvo por los falsettos de Granduciel en la segunda, y aquí encuentro el primer problema del disco. Aquí es donde se empieza a poner redundante y repetitivo, con los solos reciclándose y con la vitalidad desenfrenada acaparando el lugar. No me malentiendan, la canción no es mala en absoluto, es impresionante, el problema sigue siendo que empieza a dar la sensación de escuchar lo mismo una y otra vez. La primera mitad iba inmejorable, variada pero sobretodo increíblemente concisa y detallada. Ahora encontramos un pequeño bache que obviamente se puede reparar y que globalmente no parece más que una muletilla insignificante. El salvador es “Thinking of a Place”, cuyo lugar en el tracklist la pone como un momento cumbre en todo el álbum. El disco bien pudo terminar aquí y sería casi una obra maestra. “In Chains” y “Clean Living” corroboran esta sensación de caminar en círculos, son pistas muy similares a otras ya escuchadas al principio, creo que la redundancia llegó aquí un poco más lejos y es lo que hace que el disco se vuelva un poco tedioso. Si antes pudimos escucharlo sin necesidad de un descanso, ahora parece una opción más que viable. El sonido es igual de bueno y la producción sigue genial, el meollo del asunto es su falta de variedad con respecto a la composición, lo que empieza a generar un resultado indigesto. Finalmente, “You Don’t Have to Go” soluciona esto de forma gloriosa, con su crescendo épico y con una melodía más simple y apacible, no excesiva, con ese toque nostálgico que sigue remitiendo a otras escuchas más viejas. Un final maravilloso, certero y directo al punto.

Bien, después de todo esta divagación la conclusión es sencilla. The War on Drugs han creado una inquietante continuación de lo que sigue siendo su mejor trabajo. Con mejoras significativas en cuanto a producción y a composición que los ponen en lo más alto en cuanto a rock contemporáneo. Antes mencioné que existían dos partes de su sonido, lo orgánico y lo artificial, aquí la línea que los divide se ha desdibujado casi por completo logrando así combinar de la mejor manera la poca ambigüedad que quedaba con respecto a una tendencia musical nueva y sin explorar. Sin embargo, la fórmula no puede caer en una espiral de reiteración, las raíces de las que se nutre Adam Granduciel no se caracterizan por ser muy variadas con respecto a sí mismas, lo que tarde o temprano puede ser una mala jugada para una banda que tiene todavía todo por delante y nada que perder. Si la banda sabe jugar bien sus cartas logrará no volverse una parodia de lo que son sus mejores grabaciones y nos entregarán otro trabajo lleno de canciones y momentos memorables, refrescando todo un género que está perdiendo adeptos conforme pasan los años. Hay quién dice que el rock oficialmente murió el año pasado, la verdad es que mientras existan discos como este podemos estar seguros de que la roca seguirá rodando hasta el final de los tiempos.

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