Pasaron tres años
antes de que The War on Drugs nos trajera nueva música después del
éxito que supuso Lost in the
Dream
en el ya un poco lejano 2014. The War on Drugs evolucionaron
a la perfección
de ser una banda con una propuesta blues y heartland en baja
fidelidad, a crear un sonido no sólo nuevo, sino profundamente
arraigado a las raíces de la música estadounidense más pura.
Lost in the Dream
fue
en su momento un álbum que tuvo la valoración justa por dos
razones: primera, desde un principio éste
no se tiñe de excesos que pudieran provocar miradas escépticas de
gente sacra o profana en el ámbito musical, no contiene un excesivo
uso de la experimentación o de las técnicas de vanguardia que traen
a los críticos dando disertaciones eternas sobre ellas; segunda, el
disco es sencillamente bueno, la ejecución y la producción son
prácticamente impecables, pero no sólo eso, propone
un híbrido
cuyos pilares se sostienen entre dos polos casi opuestos, el
heartland rock con blues y hasta country, mezclado
con
shoegaze y el rock psicodélico. Si
logramos que ambas cosas tan dispares embonen, tendremos entonces un
disco digno de escuchar y disfrutar por un buen rato. El sonido tan
peculiar de la banda tenía también dos contrapartes, una
contraparte orgánica ejemplificada en el guitarreo y frenesí de
Bruce Springsteen, y una parte más
artificial llena de sintetizadores y largos pasajes ambient propios
de del shoegaze y de “muros de sonido”, muy comunes en esos
géneros. La fórmula encajó perfecto en un acto de apuesta o nada
por una cohesión de ambas caras de la moneda. El
resultado fue uno de los mejores trabajos de aquel año y quizás de
la década, por decir algo.
La
naturaleza introvertida de Adam Granduciel, como él mismo lo ha
señalado, hacía que tuviéramos poca o nula noticia del progreso de
la banda en la grabación de la continuación de Lost
in the Dream.
Durante todo ese tiempo no se anunció nada que no fueran fechas de
gira o mercancía nueva. Fue hasta Abril del año pasado que nos
enteramos del lanzamiento de “Thinking of a Place”, una canción
de edición especial que dura escasos once minutos en los que se
advierte en el primer instante una evolución en el sonido. Cuando
las guitarras y el teclado entran volvemos al terreno familiar,
plácido, tranquilo y acústico. La
canción gira en torno a una línea melódica y un coro que se
reiteran sin fin en un entramado hipnótico de sintetizadores,
guitarras acústicas, pianos eléctricos y la voz calma de
Granduciel. Una pieza
así descrita debería parecer tediosa con la duración que tiene, el
resultado es exactamente lo opuesto. El espacio que logra supera por
mucho al que habíamos escuchado antes, la instrumentación y la
producción son por demás detalladas hasta lo minúsculo y la
atmósfera se deja escuchar
completamente ligera. Los
solos son soberbios y encajan de maravilla. Aquellos once minutos
pasan como si nada debido a esta estructura que Granduciel logró,
son once minutos cortísimos que no pasan en balde y que detienen el
tiempo. Como ya habrán adivinado, me gustó mucho aquella pista, y
el regreso mismo fue más que triunfal.
A
diferencia de otros artistas, la banda adelantó prácticamente la
mitad del disco en sencillos promocionales antes del lanzamiento
oficial. Escuché “Holding On” y me pareció otro triunfo, tal
pareciera que todo lo que tocaba este sujeto se volvía oro. No quise
adelantar todo lo demás para que cuando saliera el disco completo
pudiera tener un rato para escucharlo como se debe, de principio a
fin, a todo volumen y con el tiempo en mis manos. El día llegó y me
dispuse a hacerlo. Del
mismo modo que en Lost
in the Dream,
esperaba una introducción épica llena de energía y de acabados
volátiles como lo fue “Under the Pressure”, y aquí una vez más
obtuvimos el caso contrario. “Up All Night” es reposada y ligera,
comienza con una batería parcialmente electrónica y un piano en
ostinato que da un punto de partida bastante inmediato; en ella
advertimos un cambio un poco radical, la “artificialidad” de la
que hablé antes llegó ahora de la mano de máquinas de ritmos, algo
por completo inesperado en un disco de la banda, la instrumentación
no ha perdido el toque del álbum anterior y el cuerpo de la misma
crece lenta pero rebosante de complejidad. El cambio radicó en un
ambiente más electrónico, en donde las guitarras pasan a un segundo
plano y dónde los instrumentos acústicos son prácticamente
inexistentes. Terminando
la introducción, “Pain” llega para regresarnos al entorno
acústico y sintético de siempre, con la cuidada y desarrollada
producción que caracteriza siempre a The
War on Drugs.
Si “Up All Night” pudiera parecer monótona por momentos, “Pain”
reorganiza todo y pone las cosas en su lugar, con guitarras de todo
tipo empalmadas una con la otra, con teclados y sintetizadores
creando ese etéreo hábitat que combina lo puro y orgánico de las
composiciones. “Pain” es buenísima, tiene un final arrasador
hecho con dos solos que dejan una sensación de majestuosidad
insuperable. “Holding On” aquí se presenta como una reiteración
de ese mismo sonido cargado de caminos y veredas, con un ritmo más
vertiginoso y con pasajes de guitarra
lap steel inmejorables.
Fue en este punto donde me di cuenta de algo importante, A
Deeper Understanding se
caracteriza por su optimismo, una sonoridad llena de acordes que
brillan en lugar de regresar a lo profundo, opuesto diametralmente al
humor que personificaba Lost
in the Dream,
con canciones como “Suffering” y “Disappearing” de tono más
bien deprimente y nostálgico. La siguiente pista vino a callarme la
boca una vez más. Aquí en “Strangest Thing” volvemos a los
momentos de melancolía. Es lenta, concisa y un poco redundante. Sin
embargo, carece del temperamento derrotista ya mencionado y crece
como “Up All Night” para llegar a un final brillante y pulcro,
igual lleno de entusiasmo.
“Knocked
Down” parece estar más emparentada con Lost
in the Dream,
es calmada, con un ritmo lento que pausa un poco la progresión
eufórica del disco, dada su duración comparada con las demás puede
ser un interludio simple y tranquilo, pero que a mi parecer dura
demasiado. Después del paréntesis “Nothing to Find” viene como
insistencia de “Holding On”, el ritmo, casi la secuencia de los
acordes, son prácticamente idénticas salvo por los falsettos de
Granduciel en la segunda, y aquí encuentro el primer problema del
disco. Aquí es donde se empieza a poner redundante y repetitivo, con
los solos reciclándose y con la vitalidad desenfrenada acaparando el
lugar. No me malentiendan, la canción no es mala en absoluto, es
impresionante, el problema sigue siendo que empieza a dar la
sensación de escuchar lo mismo una y otra vez. La primera mitad iba
inmejorable, variada pero sobretodo increíblemente concisa y
detallada. Ahora encontramos un pequeño bache que obviamente se
puede reparar y que globalmente no parece más que una muletilla
insignificante. El salvador
es “Thinking of a Place”, cuyo lugar en el tracklist la pone como
un momento cumbre en todo el álbum. El disco bien pudo terminar aquí
y sería casi una obra maestra. “In
Chains” y “Clean Living” corroboran esta sensación de caminar
en círculos, son pistas muy similares a otras ya escuchadas al
principio, creo que la redundancia llegó aquí un poco más lejos y
es lo que hace que el disco se vuelva un poco tedioso. Si antes
pudimos escucharlo sin necesidad de un descanso, ahora parece una
opción más que viable. El sonido es igual de bueno y la producción
sigue genial, el meollo del asunto es su falta de variedad con
respecto a la composición, lo que empieza a generar
un resultado indigesto. Finalmente, “You Don’t Have to Go”
soluciona esto
de forma gloriosa, con su crescendo épico y con una melodía más
simple y apacible, no
excesiva, con ese toque nostálgico que sigue remitiendo a otras
escuchas más viejas. Un final maravilloso, certero y directo al
punto.
Bien,
después de todo esta divagación la conclusión es sencilla. The War
on Drugs han creado una inquietante continuación de lo que sigue
siendo su mejor trabajo. Con mejoras significativas en cuanto a
producción y a composición que los ponen en lo más alto en cuanto
a rock contemporáneo. Antes mencioné que existían dos
partes
de su sonido, lo orgánico y lo artificial, aquí la línea que los
divide se ha desdibujado casi por completo logrando así combinar de
la mejor manera la poca ambigüedad que quedaba con respecto a una
tendencia musical nueva y sin explorar. Sin embargo, la fórmula no
puede caer en una espiral de reiteración,
las raíces de las que se nutre Adam Granduciel no se caracterizan
por ser muy variadas con respecto a sí mismas, lo que tarde o
temprano puede ser una mala jugada para una banda que tiene todavía
todo por delante y nada que perder. Si la banda sabe jugar bien sus
cartas logrará no volverse una parodia de lo que son sus mejores
grabaciones y nos entregarán otro trabajo lleno de canciones y
momentos memorables, refrescando
todo un género que está perdiendo adeptos conforme pasan los años.
Hay quién dice que el rock oficialmente murió el año pasado, la
verdad es que mientras existan discos como este podemos estar seguros
de que la roca seguirá rodando hasta el
final de los tiempos.

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