jueves, 2 de enero de 2020

...y en los 20's Marte será nuestro.

Curiosity is an everlasting flame that burns in everyone's mind. It makes me get out of bed in the morning and wonder what surprises life will throw at me that day. Curiosity is such a powerful force. Without it, we wouldn't be who we are today. When I was Younger, I wondered, "Why do the stars twinkle?", "Why am I me?", and I still do I had so many questions [...] Curiosity is the passion that drives us through our everyday lives. We have become explorers and scientists with our need to ask questions to wonder. Sure, there are many risks and dangers, but despite tath, we still continue to wonder and dream and create and hope. We have discovered so much about the world, but still so little. We will never know everything there is to know, but with our burning curiosity, we have learned so much.
Ensayo ganador de Clara Ma, quien le dio nombre al rover Curiosity.

No hay un momento en la historia en el que se pueda marcar el final de las grandes exploraciones marinas que en su momento dieron lugar al descubrimiento de América. Bajo mi punto de vista, tampoco lo hay aún para la Carrera espacial. Jacques Cousteau no es muy diferente de Neil Armstrong; un cohete no es muy diferente a un barco y podemos seguir completando estas analogías.
Nosotros como seres humanos no fuimos los únicos en llegar a nuevos lugares, y es que las naves espaciales no tripuladas abrieron nuestro camino hacia lugares inexplorados. En este momento, con su último impulso gravitatorio, la sonda Pioneer 10 se encuentra en un viaje a la estrella Aldebarán, la última comunicación con ella se dio el 23 de enero del 2003, pero era débil y en ese momento la sonda se encontraba tan lejos; había pasado un largo tiempo desde el 2 de marzo de 1972, cuando fue lanzada. En el 2012 la misión Voyager I abandonó el espacio dominado por la influencia del Sol y su gemela Voyager II hizo lo mismo para el 2018, y ahora se dirigen al centro de nuestra galaxia. Mientras esto sucede y las naves se alejan más y más de nosotros, sondas como la New Horizons bailan un vals con los objetos transneptunianos como nunca nadie lo imaginó. Se trata de los objetos artificiales más veloces que se hayan construidos, y eso por si sólo es un logro impresionante, más impresionante aún es pensar que son los objetos más alejados de nosotros, tan alejados que llevan artefactos para que las eventuales civilizaciones alienígenas que las encuentren puedan saber que fuimos nosotros quienes las enviamos. 
Como especie humana, nuestros aparatos han alcanzado la órbita terrestre en cientos o miles de ocasiones, también distintas sondas han llegado a la Luna (y qué decir de esas 12 personas que la pisaron), o a los planetas rocosos, o los planetas gaseosos con sus lunas, o cometas y asteroides, o el espacio profundo, o el propio Sol que se creía como imposible. La fiebre de la Luna ya vimos cuán efímera fue, pero desde ese momento había un puntito rojo pálido en la eclíptica que nos llamaba. Era yo un niño cuando en diferentes noticieros anunciaban que Marte se encontraría a simple vista desde la Tierra. Era de madrugada cuando mi papá salió con binoculares a buscarlo, mientras yo esperaba ansioso su llamado para buscar al planeta de donde los marcianos venían bailando cha-cha-chá. Fue por ese tiempo cuando un par de naves gemelas lograron llegar sanas y salvas al planeta rojo; se trataba de las sondas Spirit y Opportunity, rovers provistos de instrumentos para realizar la exploración del planeta en aspectos que las sondas Viking habían dejado de lado. Las sondas eran del tamaño de un carro de helados, y aportaron datos de Marte que nos incita a enviar nuevas sondas a continuar la exploración con sondas como la Phoenix o la Curiosity. En este momento hay cerca de ocho misiones activas en la superficie de Marte, y este año se disponen a unirse a la fiesta otras cuatro; comenzamos con los Emiratos Árabes Unidos, que celebrarás sus 50 años con un orbitador marciano llamado Hope Mars Mission; China lanzará su misión HX-1, un plan que combina orbitador y un rover de pequeñas dimensiones, al que gustan llamar Mars Global Remote Sensing Orbiter and Small Rover; la ESA y Roscosmos se unen para enviar el ExoMars, un rover destinado a la exploración como sus compañeros. De todas estas misiones hay una aún más ambiciosa, se trata de la misión Mars 2020, que se compone de un verdadero equipo de exploración, compuesto por un rover que sirve de base también a un pequeño helicóptero, lo que aumentará de manera significativa la superficie a ser explorada.

En este 2020 Marte será protagonista, aunque otras misiones serán enviadas a los rincones del universo. China continuará con la exploración de la Luna al mandar una sonda de ida y vuelta para la recolección de muestras, Europa enviará un orbitador solar, y creo que no soy el único entusiasmado por recibir a la sonda Hayabusa II que exploró el asteroide Ryugu. Quienes antes no tenían un papel importante en la exploración espacial, se lo están ganando de a poco. Vemos el caso de los Emiratos Árabes Unidos, que se aventuran a una misión directa a Marte, como ya dijimos antes, y que se vuelve una apuesta arriesgada hasta para los grandes. Ahora el mundo es de los organismos de capital privado, y son ahora ellos los gigantes de la exploración espacial.
Dentro del mundo de la aviación, un hombre visionario es Burt Rutan, sus aviones riman con lo excéntrico, y eso le valió para ganar en 2004 los 10 millones de dólares del Ansari X-Prize, que premió al primer vuelo tripulado de capital privado en alcanzar la órbita terrestre. Hubo proyectos que se inspiraron en el SpaceShipOne para iniciar una carrera espacial más dinámica. En poco más de 15 años, surgió la SpaceShipTwo junto con la SpaceShipThree, de la mano del vigin-excéntrico virgin-millonario Richard Branson; también participa Jeff Bezos que apostó junto con Branson por el turismo espacial con Blue Origin. Hasta ahora pareciera que el único beneficio del turismo espacial es el de abaratar los costos. Y es cierto. Por oto lado, tenemos todos suerte de ser contemporáneos de un genio llamado Elon Musk. 
Allá por el 2002, Musk tuvo la idea de enviar a Marte un pequeño invernadero experimental, y como la NASA no estuvo dispuesta a financiar su idea, él mismo puso manos a la obra al crear una empresa que se encargara de construir los cohetes que ocupaba para cumplir con su plan. A este genio la realidad le cayó como un balde de agua fría, pues no le fue posible enviar a Marte en su primer intento, antes había que mejorar la industria aeroespacial. Él lo hizo al lograr que sus cohetes Falcon 9 pudieran aterrizar de manera vertical después de su lanzamiento, y eso le valió para obtener el contrato que le habilita para abastecer a la Estación Espacial Internacional, o para ser la empresa con los menores costos para poner carga en órbita (considerando que de la misma manera siguen siendo altos para nosotros los mortales). De momento la batuta la lleva Elon Musk con su empresa SpaceX, que han anunciado ya sus intenciones de volver a la Luna, y de que Marte sea nuestro en los 10 años siguientes.
Parte 1
Parte 2

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