viernes, 9 de marzo de 2018

Childish Gambino - "Awaken, My Love!"


El 2017 fue un período turbulento en muchos sentidos. Nunca había visto un primer año para un presidente tan lleno de altibajos como el de Trump, México se volvió un polvorín mientras Hollywood se llenaba de escándalos de acoso. Una vez más, la verdad sea dicha, no fue el mejor año. Y en la música se notó de forma más que clara. A pesar de los tiempos que corrían, el estilo general de las corrientes de la década se asentaron y evolucionaron a pasos agigantados en poco más de 365 días. La línea que había iniciado Kanye West con My Beautiful Dark Twisted Fantasy en el 2010 y que se fundió perfectamente en los demás estilos afroamericanos con el Channel Orange de Frank Ocean en el 2012 tuvo un clímax con lanzamientos espectaculares de Tyler, The Creator, Run the Jewels, SZA, el mismo Kendrick, el 4:44 de Jay-Z de alguna u otra forma y, por supuesto, “Awaken, My Love!”. Fue un año de crecimiento increíble para la música afroamericana en días marcados por el racismo y discriminación en la sociedad estadounidense. Es casi imposible separar los lanzamientos del contexto en el que se lanzan, porque si de algo sirve el arte es para darnos esas instantáneas de los momentos en los que se creó. Como comentario extra, creo que aún no se ha medido la influencia que ese disco de Kanye tuvo en la cultura contemporánea, lo mismo el de Frank Ocean, pero de eso hablaremos más tarde, espero.

Ahora bien, Donald Glover decidió hacer aquí un disco oscuro instrumentalmente, pero lleno de optimismo en las letras. ¿Qué lo hace distinto de los demás discos del año? Pues, el meme aparte que supuso “Redbone”, el álbum mezcla de forma magistral los mejores estilos que han marcado la creciente ola de música negra. Desde “Me and Your Mama” apreciamos una obertura fuera de serie para un disco actual, con un arpegio de piano que parece canción de cuna, un coro gospel que hace crecer la tensión segundo a segundo, todo acompañado por un sintetizador estilo G-Funk de los noventa digno de Dr. Dre, para dar paso a un funk oscuro con una guitarra distorsionada que hace engrandecer la canción, pintando para ser una joya. La voz desgarradora de Glover y el coro de fondo aunado a la progresión de acordes le confieren un dramatismo que atrapa. El comienzo es un tour de force que termina con un coda digno de cualquier big band de los cincuentas. He utilizado muchas etiquetas que hacen referencia a géneros mínimo veinte años más viejos, lo heroico radica en que la producción y el retocado hacen sonar a la canción moderna, infinitamente nueva. Esta técnica de composición permanece durante todo el disco, en el que fluyen inspiraciones del pasado con instrumentación que no sólo suena actual, sino que marca pauta para lanzamientos futuros. Es por eso que en las pistas siguientes notamos el mismo sentimiento, el mismo talante y la misma decisión, haciéndolo sonar reposadamente nuevo. Y es que sucede algo curioso, la psicodelia, el soul, el funk, el space rock, el hip hop, el G-Funk, el jazz, tienen su lugar en todas y cada una de las canciones sin que parezca tedioso o saturado. La producción de Ludwig Göransson, que hizo también un trabajo deslumbrante en la banda sonora de Black Panther, hace que toda esta marejada de géneros y estilos tengan su lugar en el momento e instante adecuado. Porque aunque tengamos momentos álgidos y movidos como en “Boogieman”, aquellas pistas lentas como “Zombies” y la combinación que estos ritmos crean entre sí hacen que el álbum no sólo se mantenga a flote, sino que merezca más de la atención que ya le pusimos en un principio. Los bajos son envolventes, los teclados crean una atmósfera nocturna que bien puede sintetizar una noche de fiesta, con los cambios de humor, con el paso fugaz de las horas.

Es casi un lujo para los oídos escuchar algo tan bien estructurado. Lo digo en serio, dejando de lado los clichés de crítico pretencioso, el disco es una joya. “Redbone” es un ejemplo más que claro. Es funky, espacial, llena de soul (y de alma), muy sensual en todo sentido. Todo está en su lugar. Si pudiera pecar de algo este trabajo es de ambicioso. La composición en general es detallada hasta los rincones, con percusiones sordas pero precisas, bajos abrumadores y unos coros irreemplazables. Las guitarras pasan a un segundo plano, pero cuando salen a la superficie es para dejar fraseos y armonías concisas, procesadas con efectos muy parecidos a lo que hemos escuchado con Mark Ronson, y hasta con Tame Impala en ciertas ocasiones (“Redbone”, por ejemplo). Quizás el único punto débil de toda la maqueta es, y en esto parece haber consenso, es en el trabajo vocal. Antes había dicho que en “Me and Your Mama” la voz era desgarradora, el problema es que nunca hay una cohesión entre el modo de cantar entre una canción y otra. En “Have Some Love” parece haber una voz colectiva más que una individual, en “California” parecen más balbuceos que cantos; cuando por ejemplo tenemos “Terrified” con un estilo impecable, en “Redbone” un falsetto cae de maravilla pero ya no se escucha de la misma forma en “Baby Boy”. Es esta variedad, intencional en efecto, lo que hace que el disco parezca una gran mezcla de polifonías, pero en el mal sentido. No ayuda mucho la cuestión de que hablamos del mismo intérprete, entregando voces que se hacen pasar por diferentes personas. Un poco tedioso, sí, pero sólo un punto de flaqueza después de todo, que globalmente hasta parece nimiedad.

La verdad yo no estuve muy familiarizado con el trabajo de Childish Gambino hasta que escuché el “Awaken, My Love!”, comparado con lo anterior que ha lanzado esto parece un giro de 180° en su estilo personal. Algo curioso: lo más probable y lógico parece indicar que el meme de “Redbone” jugó un papel importante en el éxito del álbum. Los mil y un covers que le hicieron en redes sociales son casi un monumento a la creatividad. Por momentos sorprende la capacidad humana para crear fenómenos tan inútiles, el resultado es el mismo. Dejando esto de lado, el “Awaken” es un disco excelente. Sobrio, directo al punto. Uno de los mejores trabajos del año, que puso en perspectiva y revitalizó el estilo afroamericano en una amplia gama de sonidos. Tranquilo, vertiginoso, cual montaña rusa, haciendo justicia al año que se venía para entonces.



No hay comentarios:

Publicar un comentario