El 2017 fue un
período turbulento en muchos sentidos. Nunca había visto un primer
año para un presidente tan lleno de altibajos como el de Trump,
México se volvió un polvorín mientras Hollywood se llenaba de
escándalos de acoso. Una vez más, la verdad sea dicha, no fue el
mejor año. Y en la música se notó de forma más que clara. A pesar
de los tiempos que corrían, el estilo general de las corrientes de
la década se asentaron y evolucionaron a pasos agigantados en poco
más de 365 días. La línea que había iniciado Kanye West con My
Beautiful Dark Twisted Fantasy
en el 2010 y que se fundió perfectamente en los demás estilos
afroamericanos con el Channel Orange de
Frank Ocean en el 2012 tuvo un clímax con lanzamientos
espectaculares de Tyler, The Creator, Run the Jewels, SZA, el
mismo Kendrick, el 4:44
de Jay-Z de alguna u otra forma y, por supuesto, “Awaken,
My Love!”. Fue un año de
crecimiento increíble para la música afroamericana en días
marcados por el
racismo y discriminación en la sociedad estadounidense. Es casi
imposible separar los lanzamientos del contexto en el que se lanzan,
porque si de algo sirve el arte es para darnos esas instantáneas de
los momentos en los que se
creó. Como comentario extra, creo que aún no se ha medido la
influencia que ese disco de Kanye tuvo en la cultura contemporánea,
lo mismo el de Frank Ocean, pero de eso hablaremos más tarde,
espero.
Ahora
bien, Donald Glover decidió hacer aquí un disco oscuro
instrumentalmente, pero lleno de optimismo en las letras. ¿Qué lo
hace distinto de los demás discos del año? Pues, el meme aparte que
supuso “Redbone”, el álbum mezcla de forma magistral los mejores
estilos que han marcado la creciente ola de música negra. Desde “Me
and Your Mama” apreciamos una obertura fuera de serie para un disco
actual, con un arpegio de piano que parece canción de cuna, un coro
gospel que hace crecer la tensión segundo a segundo, todo acompañado
por un sintetizador estilo G-Funk de los noventa digno de Dr. Dre,
para dar paso
a un funk oscuro con una guitarra distorsionada que hace engrandecer
la
canción, pintando
para ser una joya. La voz
desgarradora de Glover y el coro de fondo aunado a la progresión de
acordes le confieren un dramatismo que atrapa. El comienzo es un tour
de force que termina con un coda digno de cualquier big band de los
cincuentas. He utilizado muchas etiquetas que hacen referencia a
géneros
mínimo veinte años más viejos,
lo heroico radica en que la producción y el retocado hacen sonar a
la canción moderna, infinitamente nueva. Esta técnica de
composición permanece durante todo el disco, en el que fluyen
inspiraciones del pasado con instrumentación que no sólo suena
actual, sino que marca pauta para lanzamientos futuros. Es por eso
que en las pistas siguientes notamos el mismo sentimiento, el mismo
talante y la misma decisión,
haciéndolo sonar
reposadamente
nuevo. Y es que sucede algo curioso, la psicodelia, el soul, el funk,
el space rock, el hip hop, el G-Funk, el jazz, tienen su lugar en
todas y cada una de las canciones sin que parezca
tedioso o saturado. La producción de Ludwig Göransson, que
hizo también un trabajo deslumbrante en la banda sonora de Black
Panther, hace que toda esta
marejada de géneros y estilos tengan su lugar en el momento e
instante adecuado. Porque aunque tengamos momentos álgidos y movidos
como en “Boogieman”, aquellas pistas lentas como “Zombies” y
la combinación que estos ritmos crean entre sí hacen que el álbum
no sólo
se mantenga a flote, sino que merezca más de la atención que ya le
pusimos en un principio. Los bajos son envolventes,
los teclados crean una atmósfera nocturna que bien puede sintetizar
una noche de fiesta,
con los cambios de humor, con el paso fugaz de las
horas.
Es
casi un lujo para los oídos escuchar algo
tan bien estructurado. Lo
digo en serio, dejando de lado los clichés de crítico pretencioso,
el disco es una joya. “Redbone” es un ejemplo más que claro. Es
funky, espacial, llena de soul (y de alma), muy sensual en todo
sentido. Todo está en su lugar. Si pudiera pecar de algo este
trabajo es de ambicioso. La composición en general es detallada
hasta los rincones, con percusiones sordas pero precisas, bajos
abrumadores y unos coros irreemplazables. Las guitarras pasan a un
segundo plano, pero cuando salen a la superficie es para dejar
fraseos y armonías concisas, procesadas con efectos muy parecidos a
lo que hemos escuchado con Mark Ronson, y hasta con Tame Impala en
ciertas ocasiones (“Redbone”, por ejemplo). Quizás
el único punto débil de toda
la maqueta es, y en esto
parece haber consenso, es en el trabajo vocal. Antes había dicho que
en “Me and Your Mama” la voz era desgarradora, el problema es que
nunca hay una cohesión entre el modo de cantar entre
una canción y otra. En “Have Some Love” parece haber una voz
colectiva más que una individual, en “California” parecen más
balbuceos que cantos; cuando por ejemplo tenemos “Terrified” con
un estilo impecable, en “Redbone” un falsetto cae de maravilla
pero ya no se escucha de la misma forma en “Baby Boy”. Es esta
variedad, intencional en efecto, lo que hace que el disco parezca una
gran mezcla de polifonías, pero en el mal sentido. No ayuda mucho la
cuestión de que hablamos del mismo intérprete, entregando voces que
se hacen pasar por diferentes
personas. Un poco tedioso, sí, pero sólo un punto de flaqueza
después de todo, que
globalmente hasta parece nimiedad.
La
verdad yo no estuve muy familiarizado con el trabajo de Childish
Gambino hasta que escuché el
“Awaken, My Love!”,
comparado con lo anterior que
ha lanzado esto parece un giro de 180° en su estilo personal.
Algo curioso:
lo más probable y lógico parece indicar
que el meme de “Redbone” jugó un papel importante en
el éxito del álbum. Los mil
y un covers que le hicieron en redes sociales son
casi un monumento a la creatividad. Por momentos sorprende la
capacidad humana para crear fenómenos tan inútiles, el resultado es
el mismo. Dejando esto de
lado, el “Awaken”
es un disco excelente. Sobrio, directo al punto. Uno de los mejores
trabajos del año, que puso
en perspectiva y revitalizó el estilo afroamericano en una amplia
gama de sonidos. Tranquilo, vertiginoso, cual montaña rusa, haciendo
justicia al año que se venía para entonces.
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