Cuenta
la leyenda que cuando Tupac Shakur salió de la cárcel allá en
1995, él ya tenía prácticamente hecho el plan sobre el disco que
serviría de regreso; que inmediatamente, en su primer día de
libertad, ya había grabado la que sería su canción más recordada
hasta entonces. Tupac fue el verdadero heredero del sonido de la
costa oeste. Las letras eran inventivas, directas al punto. Fue uno
de los protegidos de Dr. Dre y su sonido era el G-Funk más avanzado
hasta entonces, sin la necesidad de haber sido producido por Dr. Dre
mismo. Los beats demoledores de N.W.A. habían fundado una escuela de
Djs que expandieron los límites de lo que el sampleo y la
instrumentación en vivo eran capaces. Los discípulos de aquella
corriente musical supieron hacer evolucionar al género y en All
Eyez on Me estaba más fresco
que nunca.
Quiero
ser breve, una nota breve es lo mejor que puedo hacer para un disco
de dos horas. En efecto, All Eyez on Me fue
el primer disco doble en el Rap que era número uno en la lista de
éxitos. Es un compendio de lírica por sí mismo y las bases que
conforman cada pista hacen que uno pueda estudiarlo de ambas formas.
Sin embargo, uno puede advertir un cambio ligero a la hora de la
producción de un disco a otro, esto quizás porque en su mayoría
las canciones de la primera mitad fueron creadas bajo la dirección
de Daz Dillinger y en la segunda parte por Johnny J. Ahora, lo
primordial: el disco es una obra maestra. Creado
en plena guerra entre costas y augurando la caída de Death Row
Records, la creatividad fluye
hasta en los momentos más oscuros. “Ambitionz az a Ridah” es una
declaración de principios que juega y sirve de principio a fin. Es
quizás una de las canciones más conocidas de Tupac en la que la
base mínima no opaca la capacidad del rapero. En
ella habla sobre su condena por abuso sexual y se sincera con todos
los demás, sin reparos y sin pelos en la lengua.
En estos días es más común encontrar la dinámica en
la que uno encuentra una introducción oscura para dar paso a pistas
más superficiales, aquí fue el caso. Pero es que es una primera
canción más que apropiada, la base es refinada
y, si uno quita el hecho de que la maqueta
aún tiene esa aura que suena a los noventas, ya suena avanzada
incluso en estos días. Continuando con esta línea “All About U”
y “Skandalouz” se escuchan de maravilla. Ambas tienen ese aire
funk que es movido como el demonio y que suena impecable, hip hop en
su estado más puro. Después de estas pistas el disco se empieza a
poner un poco más oscuro conforme que pasan las canciones, los
efectos son macabros y las letras se tornan inesperadamente sinceras.
Los ánimos suben un poco cuando escuchamos un remix de ese ya himno
“California Love”, aunque sin las cuerdas que caracterizaban el
inicio de la misma, la conclusión es la misma, es un clásico de la
década de los noventas, en todo sentido. “Whatz
Ya Phone” termina con una onda Disco
un primer álbum
que ya sonaba adelantado a su época. Más aún, si el disco hubiese
terminado aquí, igual sería una obra maestra. La atmósfera general
es casi uniforme, no hay carencia de cohesión en cada
segundo y si uno elige
escuchar una canción completamente al azar puede estar seguro de que
no encontrará ningún momento flojo o pasaje excesivo. El tema sigue
siendo casi el mismo, la vida de gangster, el dinero, la fama, las
mujeres. Aunque estos ya suenan clichés en el mundo del rap, si algo
caracterizó a Tupac era lo cerca que estaba de la realidad
afroamericana, y su forma de plasmarla era algo único, era una
perspectiva cruda, sincera, pero que por momentos se tornaba poética.
En
el segundo disco iniciamos con una base agresiva, cortesía de Dr.
Dre. Un subidón de humor que
parece hecho para sorprender de inmediato. Las canciones que
conforman esta parte del disco no se diferencian mucho. Más
elaboradas, menos crudas a la ahora de mostrar el acabado final. El
avance en la tecnología para la grabación musical
creció
a pasos agigantados durante toda esa década, tanto que estoy seguro
de que Tupac nunca se dio cuenta de que estaba creando uno de los
discos más ambiciosos que
se habían escuchado hasta entonces. Digo esto último porque existen
pistas que sí son hip hop pero sus raíces parece que estuvieran en
otro lado, “Holla at Me” por ejemplo, cuya base no difiere mucho
de lo que habíamos escuchado en la primera mitad, pero en
donde la ambientación es
casi obra de Trent Reznor con ese toque industrial. Tupac se muestra
dueño de sus recursos como si se jugara el pellejo en cada verso, es
incisivo y no pierde el ritmo
en absoluto. Esta segunda mitad es más abrasiva,
más oscura aún, por momentos, pero mucho más intrincada y difícil
de discernir. Los pasajes son un poco más largos y la
instrumentación está mejor construida. Las últimas dos pistas son
completamente contemplativas. Demasiado honestas. Ya en “Heaven
Ain’t Hard 2 Find” vemos un Tupac moderado,
pero a su manera. Casi parece un epitafio, fue el último disco que
lanzó en vida y quizás por eso fue que se volvió un hito en la
historia de los discos en los años noventa. Lejos de reavivar el
mito de la muerte de Tupac, el trabajo
por sí mismo es una genialidad. Tupac no tuvo que morir para que el
disco ya fuera un clásico. Completamente adelantado a su tiempo, All
Eyez on Me es una escucha
obligada para todo aquel que se jacte de gustar de la música.
Tupac
Shakur ha pasado la prueba del tiempo de muchas formas. Más allá de
la trágica muerte que aún el día de hoy sigue sin resolverse y de
su vida tan controvertida, fue la voz y el paso lógico que tenía
que dar un género que cada vez ganaba más adeptos. All
Eyez on Me es ese toque de aire
fresco que el hip hop estaba esperando en aquellos días y que nunca
pasará de moda. Podemos escucharlo aún hoy en día y sigue sonando
brillante e inteligente. Tuvo que pasar mucho tiempo para que
pudiéramos encontrar un heredero digno, como muchos otros que los
hay, de verdad. No por nada To Pimp a Butterfly iba
a terminar en “Caterpillar” en vez de “Butterfly”, para que
al hacer el acrónimo pudiera decir ToPAC.
Se ha dicho muchísimo sobre la vida de Shakur y sobre el ejemplo y
legado que nos dejó la
misma. Cuando Snoop Dogg
mencionó que Tupac vivía en
sus discos como persona más que como cualquier
otro papel en el que lo conociésemos,
no sólo lo decía enserio, quería que lo entendiéramos. Nunca
sabremos qué nos pudo deparar el futuro si Tupac Shakur siguiera
viviendo, la verdad es que, si de algo ha servido el paso de los
años, Tupac Shakur ya está
en el olimpo de la historia de la música, allá donde las canciones
hablan por sí mismas. Tupac Shakur, sí, el mejor rapero que haya
vivido.
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