Hace
un par de años alguien auguraba que el Rock estaba muriendo. Nada
menos el año pasado las ventas de discos se enfocaron por mucho en
música relacionada al Hip Hop y R&B que al Rock por sí mismo.
La pregunta que sale a la luz es natural: ¿de qué nos estamos
perdiendo? Podemos responder de muchísimas formas esta cuestión y
aún así creo que no daríamos con una respuesta que agrade a todos.
Y ahí está el problema. Siempre es una cuestión de actitud. Las
alas más extremistas del género (por decirles de alguna forma)
siempre han sido aquellos asociados con el Metal, los
intelectualoides van más al Progresivo y los
adolescentes-en-búsqueda se conforman con el Alternativo. El poner
de acuerdo a todas estas subculturas es un trabajo titánico. Creo yo
que la verdad es un poco más dolorosa: las bandas de ahora no están
haciendo casi nada por refrescar a todo el movimiento. Y cuando eso
sucede llegan casos como el That’s The Spirit.
Bring
Me The Horizon siempre han sido vistos como la parte más comercial
en un género que ya de por sí es patito feo entre los metaleros.
Siendo sinceros, me cuesta trabajo imaginar bandas que como ellos
estén llevando al género a los límites sonoros que han encontrado
en los últimos años. Dejémonos de cosas: son una muy
buena banda. No terminan de convencer a los metaleros pura sangre y
son demasiado pesados para los indie. Es una posición un poco
injusta pero que es predecible. El heavy metal detesta las letras
genéricas que tienen BMTH en sus canciones, demasiado drama,
demasiada autocompasión. Las baladas incluso
tienen que sonar rudas y hasta ellos mismos les llamaron power
ballads para sentar diferencia.
El That’s The Spirit es
un disco controvertido, por muchas razones. Es un cambio de sonido
casi diametral en una banda que se consagraba con un Sempiternal
oscuro pero potente. Ya desde el There Is A Hell… (el
nombre completo es una mentada de madre de escribir) se advertía un
cambio de sonoridad,
mucho más electrónica,
progresiva,
orquestal. El metalcore
no se caracteriza por ser muy versátil y ellos habían encontrado la
fórmula secreta. Poco a poco vimos como la voz de Oliver Sykes se
fue suavizando un disco a la vez y, como dijo un crítico, a veces
parece que hubiera cantado así desde siempre. Ahora bien, el álbum
es controvertido porque no termina de gustar ni a los fans de BMTH ni
a los metaleros. La razón es muy sencilla: la metamorfosis es
demasiado grande y el sonido demasiado suave. Y es comprensible, la
banda salió de un Count Your Blessings que
si uno no es afecto al género es imposible de escuchar: ritmos
acelerados, guitarras que parecen no estar en ningún lugar, tanta
compresión que lo hace inaudible. De hecho, de no ser porque el
libro del disco viene con las letras, uno no puede advertir palabra
que se distinga en las voces de Sykes. De forma paulatina se fueron
moderando, arropando lo mainstream, pero sonando impecable. Y
aquí el That’s
The Spirit viene a ser al
culminación de ese giro de 180°. Ya
no son metal propiamente, mucho menos metalcore. Son a lo mucho un
rock electrónico con guitarras distorsionadas.
Abocándonos
al disco, la producción es impecable. Es brillante en todo sentido.
De principio a fin las baterías suenan en su punto y los
electrónicos crean una atmósfera finísima. No miento, el disco es
buenísimo. Desde “Doomed” intuimos como va a ser el tono del
disco y la introducción hecha a base de sintetizadores y ritmos
programados es perfecta. En un pre-coro que aumenta la intensidad
entramos a un coro conmovedor,
el muro de guitarras hace que el ambiente sea denso e impenetrable
pero los toques electrónicos la llenan de emociones. La voz de Sykes
es suave y es en esta parte de la canción en la que todas las
melodías y caminos convergen casi como erupción volcánica. Para
cuando termina el “I think we’re doomed...”
con falsetto el disco ya tiene la pinta de enganchar otros cuarenta
minutos, para luego regresar a lo oscuro pero con una batería firme
que acelera un paso volátil y vertiginoso. La letra de “Doomed”
es deprimente, sí, dramática, también, pero por mucho más
optimista que cualquier otra cosa que hayan escrito hasta entonces.
Los ánimos vuelven a lo profundo, pero “Happy Song” viene a
subir el nivel. El riff principal es mínimo, es bastante sencillo,
pero la forma en que está mezclada la guitarra hacen que se cree una
mar de guitarras que, estoy seguro, avivarán cualquier concierto en
cualquier estadio. El ritmo está lleno de breakdowns propios de la
electrónica, la base es casi la misma, pero el sonido en general es
impecable. Cruda, con un coro que atrapa y con un puente hecho con un
sintetizador oscilando para dar pie a el breakdown más pesado de
todo el trabajo,
quizás sea la más abrasiva en todo el repertorio. Ya
el último verso “Well, that’s the spirit. Yeah, that’s
the spirit...” es el resumen
perfecto de todo un álbum. “Throne” viene aquí también a
continuar esta línea electrónica pesada, parece una segunda parte
de “Happy Song” y está
muy lejos de cansar al
escucha. Hay que aclarar que ellos no han sido ni de cerca los
primeros en mezclar metal con electrónica de esta forma, ni siquiera
son los más extremos pero, carajo, nunca ha sonado tan bien esta
combinación, no como ahora. “True Friends” es la primera en la
que se escucha una orquesta más que una base sintética.
Estremecedora,
cruda y directa al punto, quizás sea la más predecible, aunque el
break galopante casi al final la hacen imponente como pocas. Luego,
aquí es donde la puerca torció el rabo, al parecer, “Follow You”
es La balada. Cuando escuché el álbum, de eso hace más de un año,
no me pareció algo fuera del otro mundo, es una balada en la que
Oliver Sykes canta al amor incondicional mientras pasa por un momento
difícil. No era nada que no se hubiera hecho antes de formas
completamente más melosas y más, aceptémoslo,
ridículas. Por eso mismo me pareció una pista emocional, trágica
hasta cierto punto. Pero hasta ahí. No sabía yo que se armó
desmadre y medio entre los fans de BMTH por ella. Y ahora que lo
pienso también es comprensible, después de dos primeros discos
arrasadores en ritmo y en riffs, esta pista parece polarizar a
cualquier fan que la escuchara. Los más radicales la han escuchado
una vez y ya, mientras que los más tibios apenas pueden vivir con
ella cuando ponen el disco completo. Como dije antes, es cuestión de
actitud. La pista es buena, tiene un acabado impresionante y la
producción es limpia hasta los rincones. “What
You Need” sigue más o menos la línea de “True Friends”, es
una canción de rock pesado bastante convencional, pero muy bien
armada. Y ahora, “Avalanche”
le hace honor a su nombre, empieza con un un ritmo desenfrenado y el
coro es igual, una montaña rusa prácticamente. “Run”
es un pasaje lento, agresivo pero que se toma su tiempo, es quizás
una de las canciones en donde más se nota la influencia electrónica.
La línea sigue un camino bien definido, son pistas pesadas pero no
para considerarse metal en sentido estricto, están más ligadas al
rock alternativo, al nü-metal. “Drown” es la versión de BMTH de
una canción de Fall Out Boy, aunque mantiene la atmósfera intacta,
es quizás la más cercana al pop punk y
al emo. Casi para finalizar,
“Blasphemy” también es casi una segunda parte más alegre de
“Run”, mantiene una base similar y los arreglos son bastante
similares, pero no por esto es tediosa, aunque si tuviéramos que
escoger la canción menos memorable en todo el disco, quizás sería
esta. Ahora, el final inesperado. Nunca imaginé a una banda del
estilo de BMTH haciendo dance punk, ni siquiera se me ocurrió por
asomo. Recuerdo que cuando la escuché por primera vez la voz me era
familiar pero no le presté atención, fue hasta que escuché el
disco completo que el dejà vu vino a mí. Es muy probable que los
fanáticos de la banda estén molestos por “Follow You” y por “Oh
No”. La influencia House es inevitable, es una canción que
pondrían en un club. La intención era crear, precisamente, una
canción “anti-dance”, más como crítica a aquellas personas que
buscan diversión en un desfase de edad. La
pista tiene una producción impecable, con sintetizadores concisos y
una batería atronadora. Es quizás una de las mejores piezas
en todo el tracklist.
El
debate viene aquí. El trabajo fue universalmente aclamado por la
crítica. La producción es inmejorable y la composición está en su
mejor momento. ¿Por qué es tan polémico? Para mí es una cuestión
de fondo entre todos los subgéneros del rock, la misma desde hace ya
varias décadas. Más que envidia es el constante desprecio al
trabajo del otro. Los rockeros, como tribu urbana, tienen la
tendencia a vivir de las glorias del pasado, dejan el trabajo de
escuchar lo nuevo a grupos muy selectos de jóvenes que finalmente
son los que compran los boletos para los festivales. El
disco sí supuso un descenso en la agresividad del grupo, pero es que
a mí parecer no se han dado cuenta del valor que tiene para estos
tiempos tan escasos de creatividad. La fusión entre lo electrónico
y lo pesado nunca había estado mejor planteada. Sí se habían hecho
casos en donde lo sintético era un acompañamiento a las guitarras y
al ambiente en general, o viceversa, en donde las distorsiones se
agregaban como toque a la base de una canción House, pero nunca el
efecto que aquí lograron. Jordan Fish hizo un trabajo increíble a
la hora de encontrar ese
equilibrio. Porque lo electrónico y el metal son dos géneros
particularmente pomposos. Son muy celosos a la hora de aceptar
influencias de otros lados, pero aquí el resultado es insuperable.
Otro crítico dijo que era la declaración de rock más importante de
la década. Es más seguro que la verdad sea otra, pero por lo pronto
el disco es buenísimo. No culpo a los fans por preferir discos más
pesados ni a los puristas por estar más ligados a su sonido de
antaño. Lo que sí es que relegan un trabajo más que aceptable a
gente que no se va encargar de revitalizar al género, o tal vez sí,
y ahí tendremos la cachetada con guante blanco que el disco nos dará
en unos años. Ha sido el éxito comercial más importante para Bring
Me The Horizon y es su obra más ambiciosa y mejor lograda. El
resultado sigue siendo el mismo, es probable que empecemos a notar la
influencia que el That’s The Spirit ha
dejado en la memoria colectiva hasta dentro de un rato, pero para
entonces quién sabe qué será lo que estaremos escuchando. La
piedra rodante no está muerta, sólo está debatiéndose consigo
misma cosas que muy probablemente no vengan al caso, en lugar de
seguir rodando y atrapar lo que más le sirva del camino. Tenemos
un deber común en
despertarla.

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