sábado, 17 de marzo de 2018

Bring Me The Horizon - That's The Spirit

Hace un par de años alguien auguraba que el Rock estaba muriendo. Nada menos el año pasado las ventas de discos se enfocaron por mucho en música relacionada al Hip Hop y R&B que al Rock por sí mismo. La pregunta que sale a la luz es natural: ¿de qué nos estamos perdiendo? Podemos responder de muchísimas formas esta cuestión y aún así creo que no daríamos con una respuesta que agrade a todos. Y ahí está el problema. Siempre es una cuestión de actitud. Las alas más extremistas del género (por decirles de alguna forma) siempre han sido aquellos asociados con el Metal, los intelectualoides van más al Progresivo y los adolescentes-en-búsqueda se conforman con el Alternativo. El poner de acuerdo a todas estas subculturas es un trabajo titánico. Creo yo que la verdad es un poco más dolorosa: las bandas de ahora no están haciendo casi nada por refrescar a todo el movimiento. Y cuando eso sucede llegan casos como el That’s The Spirit.

Bring Me The Horizon siempre han sido vistos como la parte más comercial en un género que ya de por sí es patito feo entre los metaleros. Siendo sinceros, me cuesta trabajo imaginar bandas que como ellos estén llevando al género a los límites sonoros que han encontrado en los últimos años. Dejémonos de cosas: son una muy buena banda. No terminan de convencer a los metaleros pura sangre y son demasiado pesados para los indie. Es una posición un poco injusta pero que es predecible. El heavy metal detesta las letras genéricas que tienen BMTH en sus canciones, demasiado drama, demasiada autocompasión. Las baladas incluso tienen que sonar rudas y hasta ellos mismos les llamaron power ballads para sentar diferencia. El That’s The Spirit es un disco controvertido, por muchas razones. Es un cambio de sonido casi diametral en una banda que se consagraba con un Sempiternal oscuro pero potente. Ya desde el There Is A Hell… (el nombre completo es una mentada de madre de escribir) se advertía un cambio de sonoridad, mucho más electrónica, progresiva, orquestal. El metalcore no se caracteriza por ser muy versátil y ellos habían encontrado la fórmula secreta. Poco a poco vimos como la voz de Oliver Sykes se fue suavizando un disco a la vez y, como dijo un crítico, a veces parece que hubiera cantado así desde siempre. Ahora bien, el álbum es controvertido porque no termina de gustar ni a los fans de BMTH ni a los metaleros. La razón es muy sencilla: la metamorfosis es demasiado grande y el sonido demasiado suave. Y es comprensible, la banda salió de un Count Your Blessings que si uno no es afecto al género es imposible de escuchar: ritmos acelerados, guitarras que parecen no estar en ningún lugar, tanta compresión que lo hace inaudible. De hecho, de no ser porque el libro del disco viene con las letras, uno no puede advertir palabra que se distinga en las voces de Sykes. De forma paulatina se fueron moderando, arropando lo mainstream, pero sonando impecable. Y aquí el That’s The Spirit viene a ser al culminación de ese giro de 180°. Ya no son metal propiamente, mucho menos metalcore. Son a lo mucho un rock electrónico con guitarras distorsionadas.

Abocándonos al disco, la producción es impecable. Es brillante en todo sentido. De principio a fin las baterías suenan en su punto y los electrónicos crean una atmósfera finísima. No miento, el disco es buenísimo. Desde “Doomed” intuimos como va a ser el tono del disco y la introducción hecha a base de sintetizadores y ritmos programados es perfecta. En un pre-coro que aumenta la intensidad entramos a un coro conmovedor, el muro de guitarras hace que el ambiente sea denso e impenetrable pero los toques electrónicos la llenan de emociones. La voz de Sykes es suave y es en esta parte de la canción en la que todas las melodías y caminos convergen casi como erupción volcánica. Para cuando termina el “I think we’re doomed...” con falsetto el disco ya tiene la pinta de enganchar otros cuarenta minutos, para luego regresar a lo oscuro pero con una batería firme que acelera un paso volátil y vertiginoso. La letra de “Doomed” es deprimente, sí, dramática, también, pero por mucho más optimista que cualquier otra cosa que hayan escrito hasta entonces. Los ánimos vuelven a lo profundo, pero “Happy Song” viene a subir el nivel. El riff principal es mínimo, es bastante sencillo, pero la forma en que está mezclada la guitarra hacen que se cree una mar de guitarras que, estoy seguro, avivarán cualquier concierto en cualquier estadio. El ritmo está lleno de breakdowns propios de la electrónica, la base es casi la misma, pero el sonido en general es impecable. Cruda, con un coro que atrapa y con un puente hecho con un sintetizador oscilando para dar pie a el breakdown más pesado de todo el trabajo, quizás sea la más abrasiva en todo el repertorio. Ya el último verso “Well, that’s the spirit. Yeah, that’s the spirit...” es el resumen perfecto de todo un álbum. “Throne” viene aquí también a continuar esta línea electrónica pesada, parece una segunda parte de “Happy Song” y está muy lejos de cansar al escucha. Hay que aclarar que ellos no han sido ni de cerca los primeros en mezclar metal con electrónica de esta forma, ni siquiera son los más extremos pero, carajo, nunca ha sonado tan bien esta combinación, no como ahora. “True Friends” es la primera en la que se escucha una orquesta más que una base sintética. Estremecedora, cruda y directa al punto, quizás sea la más predecible, aunque el break galopante casi al final la hacen imponente como pocas. Luego, aquí es donde la puerca torció el rabo, al parecer, “Follow You” es La balada. Cuando escuché el álbum, de eso hace más de un año, no me pareció algo fuera del otro mundo, es una balada en la que Oliver Sykes canta al amor incondicional mientras pasa por un momento difícil. No era nada que no se hubiera hecho antes de formas completamente más melosas y más, aceptémoslo, ridículas. Por eso mismo me pareció una pista emocional, trágica hasta cierto punto. Pero hasta ahí. No sabía yo que se armó desmadre y medio entre los fans de BMTH por ella. Y ahora que lo pienso también es comprensible, después de dos primeros discos arrasadores en ritmo y en riffs, esta pista parece polarizar a cualquier fan que la escuchara. Los más radicales la han escuchado una vez y ya, mientras que los más tibios apenas pueden vivir con ella cuando ponen el disco completo. Como dije antes, es cuestión de actitud. La pista es buena, tiene un acabado impresionante y la producción es limpia hasta los rincones. “What You Need” sigue más o menos la línea de “True Friends”, es una canción de rock pesado bastante convencional, pero muy bien armada. Y ahora, “Avalanche” le hace honor a su nombre, empieza con un un ritmo desenfrenado y el coro es igual, una montaña rusa prácticamente. “Run” es un pasaje lento, agresivo pero que se toma su tiempo, es quizás una de las canciones en donde más se nota la influencia electrónica. La línea sigue un camino bien definido, son pistas pesadas pero no para considerarse metal en sentido estricto, están más ligadas al rock alternativo, al nü-metal. “Drown” es la versión de BMTH de una canción de Fall Out Boy, aunque mantiene la atmósfera intacta, es quizás la más cercana al pop punk y al emo. Casi para finalizar, “Blasphemy” también es casi una segunda parte más alegre de “Run”, mantiene una base similar y los arreglos son bastante similares, pero no por esto es tediosa, aunque si tuviéramos que escoger la canción menos memorable en todo el disco, quizás sería esta. Ahora, el final inesperado. Nunca imaginé a una banda del estilo de BMTH haciendo dance punk, ni siquiera se me ocurrió por asomo. Recuerdo que cuando la escuché por primera vez la voz me era familiar pero no le presté atención, fue hasta que escuché el disco completo que el dejà vu vino a mí. Es muy probable que los fanáticos de la banda estén molestos por “Follow You” y por “Oh No”. La influencia House es inevitable, es una canción que pondrían en un club. La intención era crear, precisamente, una canción “anti-dance”, más como crítica a aquellas personas que buscan diversión en un desfase de edad. La pista tiene una producción impecable, con sintetizadores concisos y una batería atronadora. Es quizás una de las mejores piezas en todo el tracklist.


El debate viene aquí. El trabajo fue universalmente aclamado por la crítica. La producción es inmejorable y la composición está en su mejor momento. ¿Por qué es tan polémico? Para mí es una cuestión de fondo entre todos los subgéneros del rock, la misma desde hace ya varias décadas. Más que envidia es el constante desprecio al trabajo del otro. Los rockeros, como tribu urbana, tienen la tendencia a vivir de las glorias del pasado, dejan el trabajo de escuchar lo nuevo a grupos muy selectos de jóvenes que finalmente son los que compran los boletos para los festivales. El disco sí supuso un descenso en la agresividad del grupo, pero es que a mí parecer no se han dado cuenta del valor que tiene para estos tiempos tan escasos de creatividad. La fusión entre lo electrónico y lo pesado nunca había estado mejor planteada. Sí se habían hecho casos en donde lo sintético era un acompañamiento a las guitarras y al ambiente en general, o viceversa, en donde las distorsiones se agregaban como toque a la base de una canción House, pero nunca el efecto que aquí lograron. Jordan Fish hizo un trabajo increíble a la hora de encontrar ese equilibrio. Porque lo electrónico y el metal son dos géneros particularmente pomposos. Son muy celosos a la hora de aceptar influencias de otros lados, pero aquí el resultado es insuperable. Otro crítico dijo que era la declaración de rock más importante de la década. Es más seguro que la verdad sea otra, pero por lo pronto el disco es buenísimo. No culpo a los fans por preferir discos más pesados ni a los puristas por estar más ligados a su sonido de antaño. Lo que sí es que relegan un trabajo más que aceptable a gente que no se va encargar de revitalizar al género, o tal vez sí, y ahí tendremos la cachetada con guante blanco que el disco nos dará en unos años. Ha sido el éxito comercial más importante para Bring Me The Horizon y es su obra más ambiciosa y mejor lograda. El resultado sigue siendo el mismo, es probable que empecemos a notar la influencia que el That’s The Spirit ha dejado en la memoria colectiva hasta dentro de un rato, pero para entonces quién sabe qué será lo que estaremos escuchando. La piedra rodante no está muerta, sólo está debatiéndose consigo misma cosas que muy probablemente no vengan al caso, en lugar de seguir rodando y atrapar lo que más le sirva del camino. Tenemos un deber común en despertarla.

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