martes, 6 de marzo de 2018

Los relámpagos de agosto

«[…] Juan era un candidato perfecto,
tenía una promesa para cada gente y nunca lo oí repetirse…
ni lo vi cumplir ninguna, por cierto.»
‒Jorge Ibarguengoitia, Los relámpagos de agosto.
 
Jorge Ibargüengoitia ganó el Premio Casa de las Américas con esta novela en 1964. El premio es cubano y la novela tiene una historia mexicana en ella. La historia se desarrolla en una etapa posrevolucionaria, pero para los que han estudiado un poco de la historia de México advierten que esa historia ha pasado, está ocurriendo y ocurrirá en México y tal vez sólo cambien las circunstancias, la época y uno o dos nombres propios. Es la novela una parodia a las casi satíricas autobiografías escritas por los generales revolucionarios en la época posrevolucionaria a modo de demostrar que ellos tenían la razón. La novela se escribe en la época en que los últimos generales revolucionarios se encontraban en el poder, y es por eso que llegó en el momento correcto.
Esta fue la primera novela de Ibargüengoitia, y en ella cuenta la historia del general Arroyo, quien en un principio establece una dedicatoria hacia Matilde «que supo sobrellevar con la sonrisa en los labios el cáliz amargo que que significa ser la esposa de un hombre íntegro». Ellos viven en su hogar y con esto se encontraban felices, lejos de los horrores de la revolución, cuando su tranquilidad se perturba al recibir un telegrama del presidente electo Marcos González para invitarlo a formar parte del gabinete, en la Ciudad de México. Él acepta y al día siguiente aborda el tren, donde se encuentre con Macedonio Gálvez... Mientras viajaba en el tren se encuentra con la noticia de que el general González había fallecido a causa de una apoplejía. En este punto inicia una lucha electoral por varios frentes. Diversos personajes se enfrentan políticamente para poner a su candidato en la silla presidencial.
El general Arroyo es uno de los principales nombres que se escuchaba para ascender a la silla, y a pesar de ser un hombre de ideales no se consideraba la mejor opción, y a la vez tenía él a su candidato.
La realidad (la realidad de verdad) era otra, pues los partidos políticos anunciaban a sus candidatos que sólo desviaban la atención del candidato oficial. Alguna vez el autor expresó que la revolución fue un movimiento sin sentido alguno, pues no hubo líderes ni unión entre ellos, sólo desató regido por la opresión militar; al final del libro se nota que no hubo grandes cambios, pues se cambió de la oligarquía científica a una oligarquía militar. Una conclusión es que la revolución mexicana no existió, y únicamente consistió en un golpe de estado que permitió el crecimiento industrial y comercial del país.
Como les digo, si se quiere una historia de México con falsos héroes, verdaderos villanos y un contexto acorde a la realidad, entonces este es su libro de historia posrevolucionaria no oficialista de cabecera.




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