martes, 6 de marzo de 2018

La Poesía en la Práctica


«¿cómo guardar y transmitir el silencio?
¿Cómo enriquecerlo, 
de generación en generación?»
‒Gabriel Zaid.

Es difícil encontrar un libro de Gabriel Zaid, y creo que se torna aún más complicado encontrar precisamente el que uno busca. Este libro llegó a mí como un préstamo de mi dealer de libros y por sus breves y profundos ensayos me atraparon. Gabriel Zaid es todo un icono en los círculos intelectuales de México por su severa y aguda crítica a todo. La Poesía en la Práctica es la historia no contada de la poesía y sus formas, con la sociedad y sus formas, así como las interacciones que puedan llegar a tener; y esa historia se puede leer a través de catorce pequeños ensayos que engloban un orbe de visiones en torno a estas dos cosas.
La ciudad y los poetas es la primera parte de este libro, aquí nos encontramos con la ciudad de Monterrey como núcleo a partir del cual empieza a surgir lo demás: empieza a surgir Gabriel Zaid, que se subió en hombros de gigantes como lo fueron Alfonso Reyes o Pedro Garfias (es tal el respeto hacia Garfias que llega a decir: «una de las cosas que hacen importante a Monterrey es que Pedro Garfias haya andado por aquí»)En Monterrey y en todo México la poesía no interesa, y esto es algo que pone de manifiesto Zaid al mostrar que de los mil ejemplares impresos de Subordinaciones de Carlos Pellicer y Libertad bajo palabra de Octavio Paz, con precio de lanzamiento de $10 y $8, no hayan sido agotados por 300 mil familias en quince años (claro, hasta la fecha en que se lanzó este libro); y agrega: «Si mañana, por una mutación sociológica, la gente hallara en Cervantes la pausa que refresca, surgiría toda una industria cervantina en cantidades industriales, de esta manera se superaría la barrera y la poesía interesará a las masas», y ahora parafraseando a Gabriel Zaid en su idea de un modelo comercial de la literatura, nos encontraríamos con ediciones del Quijote en salas de espera, con las hermanas Brönte en un cuarto de hotel como cortesía, Cortázar para el bolsillo o para la cama para el presumir... El trabajo podría mañana y tarde tener un Tolstoi-break. Las estaciones de radio no se darían abasto con las peticiones de leer a tal o cual autor. Leer bien Ulises traería una gran popularidad y no menos dinero en la radio y en la televisión. Y si la gente llegara a convencerse de que es una vergüenza tener el mismo modelo de biblioteca siempre, los mismos ejemplares: que habría que cambiar y obtener las ediciones más recientes...
Todos somos ignorantes. Como nosotros los ingenieros, los físicos, matemáticos, biólogos y otras áreas de la ciencia y la tecnología somos ignorantes en temas del área social-humanística; así también los historiadores, filósofos, literatos, humanistas y otros estudiosos de las ciencias sociales son ignorantes en temas del área científica-tecnológica: esto es a lo que él denomina Las dos inculturas. Y a pesar de eso, dice: «La cultura moderna es una sola, cada vez más inabarcable: nos vuelve a todos cada vez más incultos». 
Él mismo se encarga de brindar una definición que vale para definir y separar de una vez y por todas la poesía de sus hijos. «No hay móvil humano que no apunte en la dirección de unidad contemplable que nos mueve, nos atrae, nos inspira. No es algo que esté en el hombre, sino aquello sólo en lo que el hombre puede estar.» Aquí se logra distinguir la poesía de la prosa «como dos universos incomunicables». Y añade: «Los poetas son hombres que se niegan a utilizar el lenguaje [...] La prosa es utilitaria por esencia [...] La obra de arte tiene su propio mundo, pero además ensancha al mundo». La práctica, en cambio, tiene que ver con la manera en que se juega con el mundo «Lo práctico es algo más que lo meramente práctico [...] El arte no se opone a la vida práctica: es la forma suprema de la vida práctica». Si escribimos algo por ganar un concurso o premio, si queremos que sea publicado, si queremos que sea leído, o incluso si escribimos por escribir solamente, estamos convirtiendo todo lo que sale en total y utilitaria prosa; si en cambio se escribe por escribir y no importa en lo sumo el resultado se está escribiendo poesía, que es un vehículo para pasar a un estado real y pertenecer, así como él dice: «Si  alguien es capaz de leer lo que yo estoy leyendo al escribir, es que eso está ahí: es real y me hace real. Si yo creo en lo que hago, pero nadie más lo cree, quizá tenga razón, o quizá la perdí, sin darme cuenta».
La segunda parte del libro es literalmente una Máquina de cantar. En 1997 Kasparov era vencido por la IBM Deep Blue en ajedrez, en 2016 AlphaGo venció Lee Sedol en el Go, y sólo es cuestión de tiempo antes de que esa victoria se logre extender a, por ejemplo, el campo de la literatura. Desde un poema hecho a computadora, compuesto por 3,500 palabras y 128 modelos sintácticos se ha logrado avanzar en esa dirección hacia la derrota de nosotros los más débiles en este campo. Si observamos con detenimiento este poema, es notable que el camino es aún largo, pero ya se vislumbra la siguiente gran victoria.

Oh, panic not this docile juice
Finally, few of my jackets did distrust the goose
To those cell”s ho ashes, a raccon may sting
Ah, to rectify was black; to refuse is nourishing.


Que traducido puede leerse:

Oh, no te asustes de este dócil jugo
Finalmente pocas de mis chaquetas desconfiaron del ganso
Un mapache puede picar esas cenizas calientes de la celda
Ay, rectificar fue negro, negarse es alimenticio.

Así como este de aquí, bajo ciertas consideraciones, pudiera ser posible una máquina que trate de crear todos los sonetos del mundo (o cualquier otra composición). Se requiere de un teclado finito, además el número de combinaciones de siete teclas es finito e incluye todas las sílabas posibles en español, y el número de combinaciones de 154 sílabas es finito e incluye todos los sonetos habidos y por haber en español. Si se considera que el número de sonetos buenos será ínfimo en comparación con el número de sonetos malos lo que nos queda es una sombría predicción: «sólo hay un número finito de buenos sonetos posibles. Algún día, alguien estará escribiendo el último buen soneto de la literatura universal. A menos que ese día haya pasado y, por piedad  o por justicia, las musas guarden el secreto».

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