«[…] Juan era un
candidato perfecto,
tenía una promesa para
cada gente y nunca lo oí repetirse…
ni lo vi cumplir
ninguna, por cierto.»
‒Jorge Ibarguengoitia, Los relámpagos de agosto.
Jorge
Ibargüengoitia ganó el Premio Casa de las
Américas con esta novela en 1964. El premio es cubano y la novela tiene una
historia mexicana en ella. La historia se desarrolla en una etapa
posrevolucionaria, pero para los que han estudiado un poco de la historia de
México advierten que esa historia ha pasado, está ocurriendo y ocurrirá en
México y tal vez sólo cambien las circunstancias, la época y uno o dos nombres
propios. Es la novela una parodia a las casi satíricas autobiografías escritas
por los generales revolucionarios en la época posrevolucionaria a modo de demostrar
que ellos tenían la razón. La novela se escribe en la época en que los últimos
generales revolucionarios se encontraban en el poder, y es por eso que llegó en
el momento correcto.
Esta fue la
primera novela de Ibargüengoitia, y en ella cuenta la historia del general
Arroyo, quien en un principio establece una dedicatoria hacia Matilde «que supo
sobrellevar con la sonrisa en los labios el cáliz amargo que que significa ser
la esposa de un hombre íntegro». Ellos viven en su hogar y con esto se
encontraban felices, lejos de los horrores de la revolución, cuando su
tranquilidad se perturba al recibir un telegrama del presidente electo Marcos
González para invitarlo a formar parte del gabinete, en la Ciudad de México. Él
acepta y al día siguiente aborda el tren, donde se encuentre con Macedonio Gálvez...
Mientras viajaba en el tren se encuentra con la noticia de que el general
González había fallecido a causa de una apoplejía. En este punto inicia una
lucha electoral por varios frentes. Diversos personajes se enfrentan
políticamente para poner a su candidato en la silla presidencial.
El general
Arroyo es uno de los principales nombres que se escuchaba para ascender a la
silla, y a pesar de ser un hombre de ideales no se consideraba la mejor opción,
y a la vez tenía él a su candidato.
La realidad (la
realidad de verdad) era otra, pues los partidos políticos anunciaban a sus
candidatos que sólo desviaban la atención del candidato oficial. Alguna vez el
autor expresó que la revolución fue un movimiento sin sentido alguno, pues no
hubo líderes ni unión entre ellos, sólo desató regido por la opresión militar;
al final del libro se nota que no hubo grandes cambios, pues se cambió de la
oligarquía científica a una
oligarquía militar. Una conclusión es
que la revolución mexicana no existió, y únicamente consistió en un golpe de
estado que permitió el crecimiento industrial y comercial del país.
Como les digo,
si se quiere una historia de México con falsos héroes, verdaderos villanos y un
contexto acorde a la realidad, entonces este es su libro de historia
posrevolucionaria no oficialista de cabecera.

Gracias. Éxito y enhora buena
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